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ASIGNACIÓN SALARIAL SEGÚN ESCALAFÓN (2018)

CAPÍTULO II: DISEÑO METODOLÓGICO

ASIGNACIÓN SALARIAL SEGÚN ESCALAFÓN (2018)

Recuperado de: https://www.fecode.edu.co/index.php/publicaciones/tablas-salariales-general.html Uno de los docentes entrevistados afirma que

Para ser honesto, la profesión docente es muy mal paga. Lamentablemente es una de las profesiones peor remuneradas que hay en el país. Uno como persona tiene metas, tiene logros, tiene objetivos y, créanme, que yo con el sueldo del colegio en el cual laboro no permitiría darme ciertos gustos o poder acceder a ciertas cosas que en este momento tengo. (N5. Septiembre-8-2018)

Para movilizarse, este docente cuenta con un carro del que tiene que pagar cuotas mensuales. También se encuentra pagando un apartamento en donde vive él y su familia, integrada por su esposa y dos hijos pequeños. Sus esfuerzos se dirigen a mantener lo mejor posible a su familia: en la medida de lo posible ir de vacaciones, vestir bien, tratar de disfrutar espacios de ocio, etc. Es en este sentido que él afirma que el sueldo del Distrito no le es suficiente para mantener este tipo de calidad de vida que tiene en el presente. Por eso se vio obligado a conseguir un trabajo nocturno en una universidad, a costa de disfrutar su tiempo libre con sus seres queridos.

Si se tiene en cuenta que la Calidad de Vida mide aspectos objetivos como el bienestar material (Ardila. 2003), el sueldo devengado hace parte de esa objetividad, junto a la visión subjetiva de la productividad personal. Es esa productividad personal (subjetiva) la que no encaja con el bienestar material (objetiva). El maestro piensa que está siendo productivo, pero su esfuerzo no le da una remuneración suficiente.

El mal sueldo: una constante

Tener otro empleo es a lo que se ven obligados los profesores por su exigua remuneración. En este punto coinciden todos los docentes entrevistados, quienes se quejan –de una manera amarga- de ganar un mal sueldo, teniendo en cuenta la comparación con un salario profesional de otra rama productiva. Lo dejan ver en las frustraciones que tienen a nivel profesional así como en uno de los pilares importantes de la educación que ellos sueñan para el país. Esta es la razón principal -por lo menos en el plano económico- para que algunos de los profesores entrevistados opten por conseguir un segundo trabajo.

Además, se debe tener en cuenta la relación entre buen salario y labor social que expresan los maestros entrevistados. Para ellos el trabajo educativo tiene bastantes riesgos, ya que están trabajando con el futuro de personas que podrían incidir de gran manera en el futuro del país. También expresan los riesgos personales a su seguridad física y mental a los cuales se ven enfrentados día a día durante su labor. Y perciben la situación desigual en la que se encuentran frente a colegas que ejercen la profesión en otros países.

Me frustra saber que hay compañeros en otros países y reconocen la labor docente como un punto muy importante para el cambio social. Lo remuneran según ese estatus que le dan. Nosotros acá en Colombia vemos que un político, un congresista, puede ganar mucho dinero en comparación con un docente que se encarga del proceso de formación, en la crítica, en el desarrollo del ser desde la base hasta ser profesional como lo puede llegar a ser un doctor, un magíster… entonces, me frustra el hecho de no tener la remuneración –considero yo- que debería ganar un maestro, más en el proceso de formación que uno quiere llegar (llegar más allá). (N1. Marzo-19-2018)

Aquí se puede recordar lo que Amartya Sen afirma acerca de que “La falta de

de la libertad de satisfacer el hambre, para conseguir un nivel de nutrición suficiente, para poner remedio a enfermedades tratables, para vestir dignamente o tener una vivienda aceptable o para disponer de agua limpia o de servicios de saneamiento” (Sen, 2000: 20). Aunque no es el caso de los docentes entrevistados el estar insatisfechos en sus necesidades básicas, se puede evidenciar que en los casos en donde ese estado de satisfacción general, que deriva de llevar a cabo las potencialidades de la persona, como lo afirma Ardila (2003), se ve truncado por un ejemplo claro de violación a la libertad económica que está restringiendo otras libertades de los entrevistados, viéndose en la obligación de recurrir a una fuente de ingresos extra.

Pues váyase para Europa…

El nacionalismo exacerbado de algunos compatriotas le gritaría a este docente que se “vaya del país” cuando afirma que los sueldos en educación son mejores en el exterior. Tal como lo plantea el docente anteriormente citado, los salarios pagados en el extranjero a los profesores son superiores al establecido por el Ministerio de Educación colombiano. Pero no solamente la cantidad de dinero hace la diferencia, también éste la marca el estatus ante la sociedad que tienen los educadores. Sin contar que los incentivos para cursar estudios de posgrado y capacitaciones oficiales son significativamente mayores que en Colombia.

Para profundizar en esto, es preciso citar el “Informe de Diagnóstico sobre la Estrategia de Competencias de la OCDE para España” que publica el diario La Vanguardia, entre otras cosa porque Colombia entró al selecto club de la OCDE. Según el informe, los sueldos de los docentes en España son significativamente más altos que en el resto de sus países compañeros de club. “(…) Un maestro de educación preescolar de un centro público que no tenga experiencia obtiene en España un salario inicial de más de 36.000 dólares anuales (unos 32.500 euros al cambio actual). La media de la OCDE es notablemente inferior: no alcanza los

29.000 dólares al año”. También los profesores de secundaria gozan en el país ibérico de un sueldo superior al de los demás miembros de la OCDE: “(…) los docentes que se sitúan en la parte superior de la escala -es decir, los profesores de Bachillerato con más de 15 años de experiencia- cobran de media 57.580 dólares anuales (unos 51.600 euros al cambio actual)”. (Bonet, 2011).

Se está hablando de un promedio de 4.000 dólares al mes, unos 12 millones de pesos colombianos, a precio de cambio actual. En el informe se muestra el orgullo de España por pagar más a sus docentes que los otros miembros de su club, sin embargo, no es despreciable el salario devengado por maestros según la media de la OCDE en los demás países miembros. Sumaría unos 7.250.000 pesos colombianos mensuales, una remuneración baja para los españoles, tal como lo deja ver el informe. Las cifras están situadas en el año 2015, periodo en el que la Ministra de Educación, Gina Parody, señalaba que un profesor colombiano ganaba – en promedio- 2.500.000 de pesos, un sueldo desproporcionadamente alto como para exigir un reajuste, incremento y nivelación frente a los salarios profesionales (Duzán, 2015). Aun cuando el fino cálculo de la entonces Ministra fuera cierto, el desfase con los otros miembros de la OCDE, aparte de España, es de unos 5.000.000 de pesos, cifra que sonrojaría más al ya sonrojado país europeo por los bajos sueldos de sus colegas de club.

Además de España se encuentran otros tantos países europeos que pagan un significativo sueldo a sus docentes. Entre estos se cuentan a Francia con 27.057,98 euros, Portugal con 28.041,62 euros, Suecia pagan 31669,1 euros, Austria cancela 31.975,42 euros, Finlandia garantiza 32.497,26 euros, Holanda paga 33.677,09 euros, Dinamarca con 40.299,13 euros, Noruega con 40754 91 euros, Alemania con 52.904,95, Suiza con 60.014,03 euros Luxemburgo con 68.128,66 euros. Además de Europa se encuentran Australia con 35.110,76 euros, Estados Unidos con 37.519,14 euros, México con 36.881,50 euros, Canadá con 33.654,59 euros y Costa Rica con 28.864,46 euros. Lo sorprendente es que estos sueldos anuales los devengan profesores que dictan su primer año de clase (Goya, 2018).

En Colombia la realidad es bastante distinta. En el primer año de clase de un docente recién salido de la universidad podría percibir un salario mínimo en un colegio privado o, sí está un poco más de buenas, entraría de provisional o de planta a un colegio público ganando 1.896.063 pesos, cómo será la analizado más adelante.

Pero no solamente los sueldos altos de los docentes en Europa es lo atractivo en el exterior para los profesores que ganan exiguo salarios en Colombia. También se cuenta con reconocimiento social de su profesión y de su labor. Por ejemplo,

En Japón, el pago de bonos adicionales, la capacidad de acelerar los ascensos profesionales y la idea de enfrentar retos hacen atractiva la tarea de enseñar en las escuelas más pobres del país. En Estonia, la fuerte evolución de los salarios durante los últimos años y la autonomía para aplicar métodos creativos de

enseñanza hacen de la carrera docente una de las más codiciadas. En Finlandia, el salario no es el más alto comparado con el promedio de otros profesionales, pero sí tiene prestigio. (Passarinho, 2018).

Ser maestro, en este sentido, no es un descarte, ni un trabajo temporal, sino una profesión respetable. Eso no lo asegura un maestro o una persona perteneciente a alguna asociación de docentes de izquierda, lo afirma Andreas Schleicher, de la OCDE, quien analiza las razones por las cuales los países más exitosos de las pruebas pisa obtienen los resultados más altos. El señor Schleicher comienza analizando el buen sueldo que le pagan a los docentes: “de acuerdo con la OCDE, en general, los países que mejor aparecen en el Informe Pisa le pagan a los maestros salarios que superan el ingreso per cápita y algunos -como Corea del Sur, Alemania y Hong Kong- ofrecen salarios extremadamente competitivos” (Passarinho, N. (2018, 19 de octubre). Informe Pisa: ¿cómo tratan a sus profesores los países con la mejor educación? BBC News, Recuperado de: https://www.bbc.com/mundo/noticias-45871592). Además de otros incentivos como “la amplia oferta de cursos para profesores que garantizan su formación continua, así como la autonomía que tiene para desarrollar y probar nuevos métodos de enseñanza” (Passarinho, 2018). También Schleicher resalta la búsqueda de talentos intelectuales para ser vinculados en la educación: “"Tú quieres que las personas más talentosas y competentes en la sociedad se conviertan en maestros. Eso es lo que hemos aprendido de Finlandia". Allá, los salarios de los docentes no son fantásticos pero todo el mundo quiere ser profesor porque se considera que es una carrera increíble"” (Passarinho, 2018).

Acerca de lo mencionado anteriormente, Keith Griffin afirma “que la inversión en educación, en investigación y desarrollo -generadores de nuevos conocimientos y de nuevas tecnologías-, (…) resulta igualmente productivo, tanto si la meta es el aumento del producto nacional como la potenciación de las capacidades humanas” (Griffin, K. 2000). Invertir en educación significa también invertir en un salario digno para los profesores y para capacitación docente, no solo para hacer atractiva la carrera y que varios se decidan por estudiarla, sino que también lo vean como una opción para explotar sus potencialidades personales a través de la libertad económica.

Sin lugar a dudas si se les diera a los docentes capacitación, si se les pagara los posgrados de profesionalización en su área de conocimiento, si se diera el reconocimiento social que merecen y si tuvieran un excelente salario, los docentes en Colombia no tendrían

razones para buscar otros trabajos ni pensar en retirarse de la docencia para vivir de futuros negocios. Pero acá sucede todo lo contrario. Al profesor se le considera un perezoso afortunado que gana un buen sueldo. Por eso es necesario analizar qué tan cierto es esto.

Doctores obreros

Se tiene la percepción popular –e incluso, profesional- que los profesores poco trabajan y que por esto les pagan lo que merecen. Discutir lo primero no tiene razón en este trabajo, sin embargo, lo segundo guarda relación con el tema. Los docentes entrevistados mostraron una profunda tristeza por sus sueldos devengados. Entran ganando el escalafón 2A, que suma, a precio de 2018, 1.896.063 pesos. Tanto en el paro de maestros de 2015 como en las entrevistas hechas en este trabajo, los docentes afirman que este salario no les alcanza. Esto suena algo odioso cuando se compara el sueldo de los maestros con el de una persona no profesional que gana el mínimo y trabaja más horas y más días al año. Sin embargo, a los docentes se les exige especializaciones, actualizaciones y titulaciones de sus áreas de saber, de lo que están exentos los trabajadores no profesionales. Estos estudios son realmente costosos, por lo menos en Colombia, y demandan una gran cantidad de tiempo y esfuerzos. El sueldo de 2A difícilmente alcanza para pagar una Maestría si se tiene familia con hijos. Es decir, viéndolo de otro modo, el Estado contribuye y determina el estado civil docente: la 2A es un escalafón para solteros. Quizá así, puedan pagarse un posgrado.

Cualquiera creería que al lograr graduarse de un estudio post gradual el docente tendría una mejor remuneración y, por ende, la posibilidad de cambiar su estado civil. Pero esto no es así. La realidad de 2018 nos confirma que con una especialización un docente queda ganando 164.953 pesos más en el escalafón 2A, 155.656 pesos más en 2B, 368.446 más en 2C y

402.562 pesos más en 2D (Decreto 316, 2018), apenas un 15% más que su sueldo base. Esto por una inversión de más de seis millones de pesos, lo que indica que un profesor con 2A o 2B tendría que trabajar cerca de cuatro años para poder recoger su inversión. Bueno, los de 2C y 2D tendrían que hacerlo en año y medio nada más, sin derecho a gastarse un peso de su aumento. Si lo comparamos con una especialización en otra disciplina y en otra rama de trabajo.

Pero no hay que quejarse aún. Con la especialización la subida de salario es inmediato, sin evaluaciones ni trabas (lo que es lo mismo) Las quejas vienen en el nivel de Maestría y Doctorado. Acá los docentes duplican y hasta triplican la inversión hecha en una especialización, es decir, les cuesta unos 16 millones, aproximadamente, la Maestría y unos 30 millones el Doctorado, si los cursan en Universidades Públicas. Si optan por una privada, habría que multiplicar esto por el doble y un poco más. Al momento de acreditar sus títulos de Maestría, los profesores esperarían una retribución económica inmediata, pues ya una Universidad acreditó sus capacidades disciplinares, pedagógicas y académicas al momento de avalar su cartón profesional. Pero estamos en Colombia. Lastimosamente los docentes deben presentarse para el concurso de ascenso y tienen que pasar una evaluación que permita validar el título ante el Ministerio de Educación. En este proceso pueden durar años, tal como lo muestra la experiencia de muchos profesores en varios colegios.

Solamente el maestro tiene derecho a un incremento del 15%, esto es entre 300.000 y 520.000 pesos aproximados de la categoría 2A a 2C. De lograr pasar de inmediato –o pasados un par de años- el aumento es agradecido pero no es suficiente ni justo para lo logrado académicamente. Si se asciende al nivel 3 del escalafón 1278, puede representar unos aumentos entre los 992.911 pesos hasta 1.407.939 pesos, desde la 2A a la 3D, respectivamente, lo que implica trabajar entre un año y medio y dos años, aproximadamente, para recuperar la inversión, también sin derecho a gastarse nada del aumento (Decreto 316, 2018 ). Si el estudio fue realizado en una Universidad privada les tocará trabajar el doble. Si se lloró por estos aumentos pírricos, litros de lágrimas serán derramados al enterarse la diferencia de salario entre un docente con Maestría y otro profesional con el mismo título.

Los “gozosos” llegan cuando se ha superado (algunos dirán “por fin”) la evaluación de ascenso hacia el nivel 3 con Maestría y más si se tiene en sus haberes un Doctorado. Aquí la plata llega en fajos de alta denominación. O pues esto puede pensar una persona que solo vea el monto devengado y no el tiempo, el esfuerzo, los sacrificios y las comparaciones con otros profesionales que tengan el mismo título. En dinero bruto se está hablando de sueldos de 4.209.738, 4.941.710, 6.240.112 y 7.163.444 pesos mensuales para los escalafones 3A, 3B, 3C y 3D, respectivamente. Un “sueldazo”, dirían algunos. Sin embargo, la diferencia con el sueldo de Maestría está entre 1.000.000 y 1.200.000 pesos nada más. Pero en el nivel 2 levemente sobre pasa los 400.000 pesos (Decreto 316, 2018). Un Doctorado que dura de

cuatro a cinco años para conseguirlo, con una inversión de entre 30 y 50 millones (según la Universidad) y con una inversión de tiempo y esfuerzos incalculable, tiene una recompensa de máximo 1.200.000 pesos. Eso no es justo para lo que representa académica y socialmente un estudio de esta importancia.

Resulta más injusto cuando se compara con doctores de otras ramas laborales. La peor vergüenza profesional magíster y doctoral se pasa al momento de trabajar horas extras en el mismo Distrito. Después de cuatro años de sacrificios y rigurosidad académica, de privaciones de tiempo e inversiones significativas de dinero, un docente gana 35.160 pesos la hora, si está en 3D, es decir, en la máxima categoría del escalafón 1278. Pero si está en 2A recibe 12.142 pesos. Parece un chiste al mejor estilo del humor negro, pero es la dura realidad. Mientras que un doctor en una universidad puede cobrar unos 200.000 pesos la hora, uno en el Distrito no supera los 36.000 pesos. Si se tiene en cuenta que para lograr un Doctorado es requisito obligatorio haber publicado, saber al menos un idioma distinto al idioma materno, haber escrito una tesis doctoral, entre otros. No se compadece recibir 35.160 pesos frente a toda la preparación profesional de un doctor (Decreto 3116, 2018). Vale la pena recalcar que esta remuneración la alcanza un docente en el escalafón 3D, después de haber estado durante años en la carrera docente.

Años son años, en cantidad. Con la actual evaluación, al ritmo de cuatro años por grado en el escalafón, un docente asciende de la 2A a la 3D en unos 32 años aproximadamente. Toda una vida. El máximo sueldo lo podría disfrutar si entrara a los 20 años para que, por lo menos, pudiera gozar de 5 años del sueldo máximo antes de salir pensionado. Esto contando la aprobación consecutiva de todos los exámenes. De perder alguno, la 3D sería una quimera.

Docente por “escampadero”.

Para el grupo de docentes entrevistados, la opción de un segundo trabajo para poder tener unos mejores ingresos repercute de forma negativa en la calidad de la educación que brindan a sus estudiantes. Así lo deja ver uno de ellos:

En cuanto a tiempos, que fueran más extensos: para alcanzar a ver las temáticas, pero, aparte de la profundización en los temas, que ese tiempo sea reconocido porque nosotros buscamos dictar en otros

lugares porque el dinero no es suficiente para el estilo de vida que uno quiere llevar. Que fuera bien remunerado”. (N2-Mayo-10-2018)

Teniendo dos trabajos, los esfuerzos profesionales y la vida familiar se parte en dos. En esta lógica el docente está obligado a atender dos responsabilidades en el mismo tiempo que pueden emplear para el disfrute personal y el progreso en un solo trabajo. Y la cuestión se complica un poco. En los dos trabajos el profesor no tiene un reconocimiento social justo como el que debería tener cualquier profesional. Sus esfuerzos no solamente son mal recompensados económicamente sino también malagradecidos a nivel social. Las políticas públicas colombianas han reforzado está máxima al incluir de manera deliberada a profesionales no licenciados dentro del gremio docente, iniciando una competencia por una de las vacantes de estabilidad laboral que ofrece el Distrito. El mensaje es claro para la mayoría de profesores: cualquiera puede ser docente en Colombia. Esto lleva a reforzar la frustración