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Aspecto de la salud de

3.1.3 Aspecto sociopolítico

Es evidente que la problemática del embarazo no deseado atraviesa todas las clases sociales, mientras que la problemática del aborto inseguro se encuentra fundamentalmente en las clases sociales desfavorecidas. La desigualdad social es una realidad que golpea fuertemente a los países del sur global, se evidencia en las brechas profundas y cotidianas que viven las personas en el mundo donde los beneficios y privilegios son avasallados por pocos y las condiciones de precariedad parecen ser la regla para la mayoría.

Desde una perspectiva sociopolítica el aborto es entendido como una posibilidad limitada, una decisión trascendental que atraviesa el cuerpo, la historia de vida de cada persona, se relaciona con la sexualidad, la no reproducción, es la decisión autónoma de una persona con capacidad de gestar, es una decisión política que considera apropiado interrumpir un embarazo no deseado independientemente de las motivaciones que le causen.

Comprendido de manera integral y desde un concepto amplio implica entender las especifidades de cada caso, lleva como principio tener en cuenta la interseccionalidad, es decir, lo que compete a la vida de cada persona como su género, su preferencia sexual, su comunidad cultural, su condición socioeconómica, su lugar de enunciación política. Se debe reconocer la realidad de las personas trans, las formas de discriminación múltiple, las narrativas testimoniales y el derecho a acceder a un procedimiento seguro.

El concepto de aborto depende de la carga valorativa adherida a su valoración simbólica de su ubicación moral y ética; del significado, el peso y el sentido que tiene en la vida de

26 las mujeres que acuden a esta práctica; de quienes no acuden a ella por tener un

embarazo avanzado y porque no tienen la necesidad de hacerlo, y de quienes no lo hacen por prohibición y por miedo (Lagarde, Marcela. 2003, p 31).

Lo personal es político, refiere no a una bandera sino a una perspectiva legítima que cobra vigencia desde los feminismos de la segunda ola que fueron inspiración para los movimientos de mujeres y feministas en América Latina y el Caribe, la realidad del Abya Yala como lugar de enunciación, de sentidos y significados. Lo político es entones, una lucha constante por mantener vivas las afirmaciones, las ideas y los actos para que la realidad social de

desigualdad sea diferente, se transforme en cada rincón donde vivimos.

El aborto como afirmación política se manifiesta en las calles de éste continente, cada vez que se moviliza con un pañuelo verde a exigir el derecho legítimo para decidir en los cuerpos, se manifiesta en cada acto público que busca inscribir una historia diferente, una historia donde cesen los silencios y la violencia hacia las mujeres, una construcción constante que se desarrolla en las calles, en la universidad, en la oficina, en los barrios, en la casa, en la mesa, en cada relación personal, política, social y sexual.

El aborto como categoría propone reivindicar las decisiones, sacar a lo público lo que por mucho tiempo ha sido privado o dejado a consideración de autoridades como la religión, la medicina, el hombre y las representaciones socio culturales negativas al respecto. Supone desde una perspectiva política de género feminista resignificar la palabra con contenidos de cuidado, veracidad en los protocolos de salud, de reconocimiento de la libertad y la

autonomía, implica tener en cuenta los contextos de desigualdad y violencia dentro de la cultura patriarcal. Invita a utilizar el lenguaje de otros modos, una propuesta de largo aliento que supone un cambio cultural.

27 3.2 LA CUESTIÓN DEL PODER

Para abordar el tema del poder es necesario observar las distintas maneras como se expresa, una práctica que permite develar aristas y discursos. Este apartado busca realizar una lectura situada en el contexto, y el cuerpo, tejido con elementos teóricos que permiten un mayor entendimiento del fenómeno. La relación entre el poder y el aborto puede ser leída de maneras diferentes, este es un ejercicio próximo. En este sentido, se hace necesario primero acercarse a postulados de larga data como los de Michael Foucault quien subraya que el poder necesita de una lectura que comprenda las manifestaciones discursivas y el juego de relaciones móviles.

En sus palabras, (…) por poder hay que comprender, primero la multiplicidad de las

relaciones de fuerza inmanentes y propias del dominio en que se ejercen, y que son constitutivas de su organización: el juego que por medio de luchas y enfrentamientos incesantes las transforma, las refuerza, las invierte; los apoyos que dichas relaciones de fuerza encuentran las unas en las otras, de modo que formen cadena o sistema, o, al contrario, los corrimientos, las contradicciones que aíslan a unas de otras; las estrategias, por último, que las tornan efectivas, y cuyo dibujo general o cristalización institucional toma forma en los aparatos estatales en la formulación de la ley en las hegemonías sociales (1976, p 112).

Se entiende el poder como las manifestaciones de las relaciones en medio de una realidad social cambiante, las interpretaciones iniciales son determinantes para comprender el concepto y la rigurosidad a la hora de ser tratado. El poder se vivencia en las diferentes formas

relacionales estratégicas como se mueve el campo social, ahora bien, es preciso situar la lectura y los lentes como se pretende abordar el tema en los siguientes planteamientos, por caso, se esfuerza en considerar los modos como el poder se manifiesta en relación con el tema

28 del aborto, es importante comprender entonces que desde la perspectiva del poder de Foucault (1976) a propósito de su lectura sobre la sexualidad, desde el siglo XVIII se vienen dando discursos sobre el sexo, en ese momento el gobierno ve a las personas no como individuos sino como una población, por tanto, se enfoca el ejercicio de control de la natalidad y la morbilidad en una relación económica y política, la economía política de la población. Cabe resaltar que la lectura del aspecto de la cuestión del poder en el aborto, puntualiza en entender lo que llamaría el autor las relaciones de fuerza múltiple, es decir, los lugares donde se expresa el ejercicio del poder, las formas de control de los dispositivos, a saber, que el teórico del que se viene haciendo referencia distingue el dispositivo de la alianza y el dispositivo de la sexualidad, el primero hace uso de mecanismos coercitivos su relación directa se hace evidente con el derecho o la ley, mientras el segundo habla de diferentes formas de control que relaciona las sensaciones del cuerpo y el control de los placeres y las sensaciones.

Se hace necesario ubicar el ejercicio del poder en relación al análisis de la cultura patriarcal en el contexto colombiano, las manifestaciones latentes de costumbres y construcciones sociales centradas en posiciones androcéntricas y estereotipadas que terminan por controlar a las

personas que en este caso defienden o consideran legitimo el derecho a abortar. EL abordaje se realiza a partir del poder o lo que llamaría Foucault los modos de cristalización donde se expresa el poder, a modo de ejemplo, el autor resalta la familia como mecanismo donde se controla el cuerpo femenino, la regulación de los nacimientos y la precocidad infantil; también se tiene en cuenta la relación de los dispositivos, y las perspectivas de teóricas

latinoamericanas en el análisis del poder, los discursos, y las practicas patriarcales que buscan ejercer control en las decisiones de las personas que deciden abortar.

29 3.2.1 La cultura patriarcal y el poder:

La dominación y el poder en América Latina viene estructurado por lo que las feministas comunitarias llaman el entronque patriarcal, resultado del poder que tenían los pueblos originarios sobre las comunidades, sumada la dominación que devino del colonialismo en manos de los españoles. Este poder se legitima a través del tiempo, se superponen prácticas de dominación manifiesta de manera específica y particular en y sobre las mujeres, controlando así la maternidad, la reproducción, la higiene, los roles determinados en la familia, los modos de comportamiento y su lugar en la sociedad.

El control de larga data deviene en transformaciones ancladas a los contextos sociales,

económicos, políticos y culturales; en el contexto colombiano el poder y el lugar de la cultura patriarcal se expresa sin rezago, tanto en la zona urbana como en la rural, en cada rincón del país se encuentra presente en los discursos y en las prácticas cotidianas, el patriarcado,

también entendido como el lugar centrado de la razón masculina se enmarca drásticamente, un poder manifiesto no sólo en las instituciones sino en la vida cotidiana.

Con el fin de ampliar el concepto se remite la comprensión de Alda Facio y Lorena Fries (2005) para quienes el patriarcado es:

Un sistema que justifica la dominación sobre la base de una supuesta inferioridad biológica de las mujeres. Tiene su origen histórico en la familia, cuya jefatura ejerce el padre y se proyecta a todo el orden social. Existen también un conjunto de instituciones de la sociedad política y civil que se articulan para mantener y reforzar el consenso expresado en un orden social, económico, cultural, religioso y político, que determina que las mujeres como categoría social siempre están subordinadas a los hombres (p 22).

30 En este sentido, el sistema patriarcal cristaliza retomando el concepto de Foucault, y

reproduce los modos de dominación no sólo hacia las mujeres sino hacia todos los cuerpos y sexualidades no binarias, es decir, al romper con los patrones históricos, el patriarcado se manifiesta en el lenguaje y en las prácticas restrictivas que operan en los diferentes sistemas e instituciones. Esto quiere decir, que si bien Michael Foucault hace una lectura determinante sobre el dispositivo de la sexualidad en cuanto el cuerpo es un objeto de saber y representación de las nacientes relaciones de poder del siglo XVI con el desarrollo de exámenes y

procedimientos, más adelante en el siglo XIX con la aparición de tecnologías médicas del sexo, son las feministas quienes hacen un análisis del fenómeno teniendo en cuenta la visión política del cuerpo y la sexualidad, así como la comprensión trascendental del sistema patriarcal como modo de reproducción del control androcéntrico.

Con ello no se pretende afirmar que hay un enfrentamiento entre los sexos biológicamente hablando, por el contrario, reconocer que los mecanismos de control operan hacia los lugares que sobrepasan los márgenes, pues, históricamente diferentes actores tanto institucionales como sociales, académicos o autoridades locales han creado discursos y prácticas para opinar, mandatar y determinar en la vida y el cuerpo de las mujeres, lesbianas, gays, queer, de quienes poseen identidades sexuales diversas, sobre los cuerpos que salen de la norma socialmente aceptada, sobre quienes rompen el margen del deber ser.

LamaestraRita Segato (2008) menciona que existen formas en el racismo epistémico que no es más que la faceta relacional de un mundo eurocentrado, y caracteriza los ejes argumentales de la perspectiva de la colonialidad del poder, entre estos ejes se encuentra la colonialidad y el patriarcado como el dualismo que opone y jerarquiza la razón sobre el cuerpo.

31 El devenir de los derechos sexuales y de los derechos reproductivos, de más de medio siglo, su conocimiento y ejercicio por parte de la población, en su mayoría mujeres, ha estado acompañado de obstáculos de carácter político, religioso y sociocultural, tales como el patriarcado que tienen como trasfondo la negación de la autonomía y la

capacidad de las mujeres para decidir sobre su cuerpo, su sexualidad y su reproducción, lo cual, ha constituido la vulneración de los derechos de la población y en particular de las mujeres, a decidir sobre cómo conformar su familia, sus relaciones sexuales, si son madres o no y a decidir cuántos hijos tener y cuándo (p 27).

Teoría y práctica que se evidencia en la negación que existe aún hoy por parte de diferentes actores e instituciones (que retomaremos a continuación) las cuales insisten en negar la libertad de las personas a abortar con motivo de perpetuar sus razonamientos de mundo como debe y tiene que ser, circunstancia que relega y obliga a las mujeres y personas con capacidad de gestar a abortar de manera insegura. Así las cosas, hablar del poder en y por el cuerpo, se trata de comprender un estereotipo idealizado que se relaciona con la ética y la moral socialmente construida; así pues, quienes se permiten otros pensamientos, sentires y actos pueden encontrar variedad de obstáculos que se esconden en lo que podría denominarse políticamente correcto en una época actual o contemporánea, la aceptación de la diversidad se contrapone a posiciones y formas de ver el mundo, las cuales reproducen una valoración de la libertad a medias, ya que se aprueban ciertas prácticas en nombre de la libertad, como también se vetan en nombre de la moral y el sistema de creencias.

La insistencia histórica de control en los cuerpos, en este caso, de mujeres y personas que tienen la capacidad de gestar, a mi juicio, se expresa por lo menos en los siguientes actores: la medicina o el sistema médico, el Estado y las instituciones que hacen sus veces de

32 gobernanza, los medios de comunicación masivos, los fundamentalismos religiosos y sus

formas de expresión, y no menos importante la dominación social expresada a través de la criminalización o señalamiento social.

Facio y Fries (2005) afirman que a través del tiempo se ha otorgado un lugar a la mujer, este lugar ha sido la base de la desigualdad de todo tipo pasando por los derechos, la economía y el poder. La subordinación femenina responde al control sobre los cuerpos; agregan las autoras que en el caso de las mujeres, el disciplinamiento ha sido ejercido por los hombres y las instituciones que ellos han creado (la medicina, el derecho, la religión) con el fin de controlar la sexualidad y la capacidad reproductiva de las mujeres, expresión de la diferencia sexual (2005, p 9). La subordinación femenina se manifiesta en los ámbitos de la sexualidad, la afectividad, la política, y las asignaciones sociales que se otorgan a las mujeres por el solo hecho de serlo.

En la actualidad el panorama parece no cambiar drásticamente, si bien ha habido hitos en cuanto a normativas nacionales e internacionales como se señaló en el apartado anterior por reconocer los derechos de las mujeres a la autonomía, es un hecho, que las instituciones como el Estado, la medicina y los fundamentalismos religiosos, han sido los principales opositores a la libre determinación de decidir, a la sexualidad y a la identidad de los cuerpos.

3.2.2 El sistema médico

Como se mencionó en el acápite anterior uno de los obstáculos hallados por especialistas en relación con el aborto en Colombia es la falla en la prestación del servicio de la salud, ésta problemática se enquista en el señalamiento por parte del equipo médico o de salud hacia las personas que deciden interrumpir su embarazo y se acercan a las prestadoras de salud a solicitar el servicio. Los malos tratos pasan por el lenguaje y sus modos de expresión,

33 poniendo en riesgo la integridad física, psicológica y emocional de quienes deciden abortar, la violencia ginecobstetra se emplea en un contexto de normatividad afirmativa, si se quiere parcial, en una larga lucha por la reivindicación de los derechos sexuales y los derechos reproductivos. Existe una falta de interpretación o conocimiento por parte del cuerpo médico en temas de aborto, por un lado, el desconocimiento de la norma permite atropellos que dilatan el procedimiento médico, por otra, los trámites burocráticos de estas instituciones acarrean muchas veces tiempo valioso para la persona que decide abortar.

La figura dominante de la medicina, y su discurso cientificista, estructuran la forma como se opera sobre los cuerpos, si bien, es importante reconocer los avances científicos y los

protocolos internacionales en la búsqueda de la salud integral, es un hecho que existen

posturas autoritarias por parte del personal médico que conllevan a cometer graves violaciones a los derechos humanos y a la autonomía de las personas que deciden abortar. A modo de ejemplo, ha habido investigaciones al respecto en América Latina, especialmente en México las autoras Brown, Pecheny y Gattoni (2013) afirman que la autonomía de las personas es relativa, es decir, depende del lugar del sujeto o de la agencia, del contexto de la mujer que consulta y decide sobre su cuerpo; la relación paciente-médico es determinante a la hora de acceder a un servicio ya que no es lo mismo quien concibe la salud como un derecho a quien entiende que el servicio médico es fuente de un servicio dado por el Estado, las condiciones subjetivas demarcan la postura y la forma como se accede a los centros médicos y cuál es el lenguaje y la forma como se intercambia información con el personal médico.

En Colombia, los obstáculos en la interrupción legal del embarazo se relacionan con la

negación para prestar un servicio de salud, se objeta conciencia desde la percepción individual pero también administrativa, han habido casos donde las empresas prestadoras de salud

34 niegan el procedimiento objetando conciencia, sin embargo, cabe preguntarnos si una entidad puede interponer éste tipo de obstáculos, si las instituciones o estructuras de salud tienen la capacidad para oponerse a las decisiones y al derecho que tienen las personas de decidir sobre sus cuerpos, o si el equipo médico, principalmente hombres tienen la decisión final en sus manos sobre la salud y la auto determinación de los cuerpos.

En las investigaciones que ha desarrollado la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres en el país, mencionan que existe una violación de las regulaciones sobre los derechos de las mujeres frente a la IVE, esto quiere decir, que los implicados durante el proceso desconocen la norma, pero además violan otro tipo de derechos como la intimidad al romper el principio de

confidencialidad, y el derecho a la información veraz y efectiva para abortar. La dilación en la prestación del servicio de salud se presenta constantemente, las personas que deciden abortar deben enfrentarse a constantes negaciones por parte de las entidades y las personas que hacen parte de este sistema médico, expresándose así el control justificado en la figura de poder que poseen dichas instituciones, y quienes pertenecen a éstas, se presentan casos donde las mujeres son enviadas a otras entidades, donde también son victimizadas y señaladas por el personal médico.

Los cuerpos de las mujeres son vistos como maquinas reproductoras, la ética profesional se difumina ante la moral individualizada y caprichosa, limitando las decisiones de las mujeres y las personas que deciden abortar por no poder acceder de manera eficaz a los servicios

médicos, más que servicios, derechos violentados.

La violencia y malos tratos a las mujeres acontece cuando en el proceso de solicitud y acceso a los servicios de IVE las solicitantes se enfrentan a prácticas y actitudes de rechazo, menosprecio y enjuiciamiento por parte de los profesionales de la salud. Asimismo, las mujeres enfrentan esta barrera cuando durante la realización del

35 procedimiento sufren de violencia obstétrica o tratos deshumanizantes (por ejemplo,

manejo inadecuado del dolor). Con frecuencia esta violencia se dirige a buscar que las mujeres cambien de decisión y/o sientan culpabilidad o arrepentimiento por su decisión (González, A. et al. 2016, p 42).

Se evidencia entonces, que el control por parte del sistema médico se expresa por la negación