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Aspectos del proceso de urbanización de los pueblos de la Ciudad de México

3. IDENTIDADES, ACTORES Y TERRITORIO

3.1 Los pueblos de la periferia de la Ciudad de México

3.1.2 Aspectos del proceso de urbanización de los pueblos de la Ciudad de México

En este capítulo se trata la relación entre propiedad y territorio para comprender los patrones de asentamiento, así como las modalidades de organización que caracterizan los pueblos en la actualidad, puesto que por lo general éstos detentan tierras ejidales o comunales. En este sentido merece indicar cómo el sujeto involucrado se ha llamado de manera diferente -indios, campesinos, hoy en día una de las modalidades de auto-reconocimiento es la de pueblos- aunque estemos pensando a algo con cierto grado de continuidad en el tiempo (por lo que refiere a la propiedad de la tierra, así como a las estrategias de presentación frente a las instituciones, o a las formas de auto-reconocimiento y de vinculación entre lo civil y lo religioso).

Por lo que refiere al siglo XX y la Reforma Agraria es importante recordar que se reconocen dos procesos vinculados con la cuestión de la tierra. El primero es la repartición con base en la necesidad de los moradores de los núcleos de población, es decir, de tierras para trabajar. El segundo es la restitución de tierras a los pueblos por medio de la presentación de los títulos primordiales. Por consecuencia, al lado de pueblos que han podido reclamar la posesión de sus tierras con base en los títulos primordiales obteniendo tierras comunales, hubo otros que se conformaron como ejidos, que consiguieron obtener tierras para acrecentar su actividad agrícola. Entre éstos, muchos pueblos de origen antiguo que no pudieron presentar los títulos primordiales o que a pesar de todo pidieron más tierras considerándolas necesarias para su sustento. Pero también hubo núcleos que fueron formados para esta ocasión particular y por lo tanto su fecha de asentamiento es relativamente reciente.

El proceso de urbanización del valle de México en la segunda mitad del siglo XX queda estrechamente vinculado, además de con los procesos de orden macro- económico que lo impulsaron, con las formas de propiedad social de la tierra, las propiedades ejidales y comunales. En buena parte esto se debe a que la urbanización del valle se dio sobre este tipo de propiedad. Pero sobre todo por la especificidad del encuentro entre la lógica urbana y la rural que se manifiesta en la urbanización de los ejidos y que ve la presencia de actores motivados por intereses y posiciones muy diferentes: ejidatarios, fraccionadores privados, colonos, instituciones agrarias y urbanas.

Como se ha tenido ocasión de indicar, aún hoy buena parte de las tierras no urbanizadas de los municipios conurbados es propiedad de los pueblos82 bajo la tipología de tierras ejidales. En la introducción de este texto se ha indicado cómo a pesar de la definición actual de los municipios conurbados, todavía en éstos se encuentra presente un componente rural en lo relativo a las actividades que en éstos se desarrollan, así como por los usos, costumbres y prácticas sociales que sus moradores comparten. Sin embargo, si como se ha indicado al inicio de este capítulo, la absorción urbana de los pueblos establecidos a las orillas del antiguo lago no es un fenómeno reciente, también hay que recordar cómo la relación entre pueblos y ciudad tiene varias facetas. Dicha relación está caracterizada no sólo por el proceso de urbanización física de los pueblos, sino también por las relaciones de tipo funcional así como de intercambio de mercancías y comunicación entre la ciudad y su entorno o entre el modus vivendi rural, tradicional y lo urbano, moderno. Es decir que esta relación se manifiesta a nivel físico (conurbación) así como en procesos de naturaleza cultural y prácticas sociales. Es en este sentido que, como argumenta Portal, lo moderno en México se construye a partir de la integración de formas complejas o “modernas” en interrelación con lo rural “tradicional”. Esto se expresa en un mosaico muy variado de prácticas y formas de organización, como resultado de la interpretación de formas prehispánicas y coloniales, entre las cuales la religiosidad popular tiene un papel central.

En las últimas décadas del siglo XX la ciudad de México ha vivido fuertes cambios resultado de inversiones inmobiliarias en espacios diversos, entre los cuales las periferias urbanas mantienen un papel estratégico al ofrecer los nudos con mayor accesibilidad. Estos espacios periféricos se caracterizan además por una fuerte segmentación socio-territorial que es resultado de las diversas estrategias de asentamiento. Si bien los terrenos ejidales del valle han constituido la reserva para

82 Ma. Soledad Cruz, Alejandra Moreno, “Áreas rurales, recursos naturales y ordenamiento urbano”, en

la formación de asentamientos de origen popular, hoy en día se pueden identificar en la periferia de la ciudad espacios muy cercanos pero separados, caracterizados por modalidades de urbanización diferenciadas. En este contexto los pueblos del valle, aún vinculados a actividades rurales, portadores de culturas tradicionales y dueños de importantes reservas territoriales, se ven involucrados con un panorama de actores todavía más complejo que el que vinculaba la lógica agraria con la urbana. Complejidad que se traduce en lógicas socioeconómicas y de configuración de territorios distintos, desde la urbanización popular a los asentamientos cerrados para una población de nivel medio o muy alto y hasta la conformación de nuevas centralidades y lugares de esparcimiento para la ciudad.

Al reflexionar sobre los procesos de urbanización con base en las consideraciones propuestas, es posible observar el proceso de urbanización de los pueblos del valle utilizando las propuestas de Bazant. El autor reconoce a los pueblos por tener una estructura urbana ortogonal sencilla y una organización social coherente basada en barrios heredada de la estructura colonial. Además por ser antiguos y en muchos casos contar con un elevado nivel de dotación de equipamiento, servicios e infraestructura. La población se dedica a alguna actividad agrícola y se puede observar una conexión de actividades de tipo mercantilista con otras productivas, así como la coexistencia de organizaciones y tradiciones cívicas y religiosas en general de tipo comunitario que rigen la vida social del pueblo así como la gestión de los recursos.83

A partir de esta descripción se desprenden dos tipologías, que se derivan de los patrones de crecimiento y urbanización. Una plantea el proceso de expansión por crecimiento natural del pueblo, la otra de expansión por conurbación. El crecimiento a partir del casco del pueblo sigue una traza más regular y presenta lotes de mayor dimensión, mientras que el crecimiento que es resultado de la conurbación al adaptar la lotificación de tierras a una traza rural es caracterizado por un tejido irregular.

Así, para proporcionar una conceptualización de los pueblos podríamos decir que a la aproximación de Bazant (la cual da cuenta de un conjunto de calidades que caracterizan los pueblos y proporciona, con base en la análisis de algunos poblados del sur del D.F., las modalidades a través de las cuales estos asentamientos se involucran en la dinámica de urbanización), cabe añadir que un aspecto central de la relación entre pueblos y urbanización es que por lo general éstos son propietarios de tierras ejidales o comunales. En consecuencia, en el proceso de urbanización

actúan agentes específicos, reflejo del contacto entre el contexto agrario y urbano con sus respectivas legislaciones, instituciones y organismos y en ciertos casos, actores vinculados con el gran capital inmobiliario.

Para las comunidades de los pueblos, los procesos identitarios, es decir su autodefinición, queda vinculada con la relación con la tierra. Ésta que como se ha argumentado en los apartados anteriores es a la vez instrumental y simbólica, se manifiesta a través de un conjunto de prácticas que favorecen la reproducción de su identidad colectiva.

En este contexto, caracterizado por modalidades de organización comunitaria resultado de la reinterpretación de relaciones de origen colonial, se integra el ejido, como la institución agraria animada desde el Estado y que se estructura alrededor de instancias y órganos de decisión colectivos.