• No se han encontrado resultados

Aspectos teóricos y conceptuales del proceso de intensificación

ASPECTOS TEÓRICOS Y METODOLÓGICOS

IV.1. CONSIDERACIONES TEÓRICAS SOBRE LA ZOOARQUEOLOGÍA

IV.1.1. Aspectos teóricos y conceptuales del proceso de intensificación

La intensificación fue inicialmente definida por Boserup (1965) como un proceso por el cual se incrementa la productividad total por unidad de tierra, es decir, se extrae una mayor cantidad de recursos de un área dada, pero con un mayor gasto de energía por unidad de tiempo. Esta definición ha sido fuertemente criticada por sus características economicistas y unilineales y actualmente la intensificación es definida como la capacidad de las poblaciones humanas de obtener más alimentos en una unidad dada de tiempo o espacio (Binford 1983; Morrison 1994). Existen tres estrategias que la integran: especialización, diversificación e intensificación propiamente dicha o inversión (Morrison 1994; Betts y Friesen 2004). Estas estrategias no son mutuamente excluyentes, si bien no necesariamente ocurren simultáneamente. En los últimos veinte años, estos temas comenzaron a abordarse a través de los estudios zooarqueológicos y se generó una serie de modelos de intensificación y expectativas arqueológicas al nivel de la subsistencia (Broughton 1994; Janetski 1997; entre otros). Dichos modelos han surgido principalmente de la teoría de forrajeamiento óptimo (Charnov 1976), la cual deriva del enfoque de la ecología del comportamiento (Smith 1991a, 1991b; Winterhalder y Smith 1992). No obstante, este proceso también ha sido estudiado a partir de otro tipo de enfoques teóricos, los cuales consideran aspectos sociales (Williams 1987; Lourandos 1997; Holly 2005; entre otros).

Entre los modelos propuestos desde los enfoques ecológicos, los principales son el de selección de presas, el teorema del valor marginal y el de forrajeamiento del lugar central.El decrecimiento en la eficiencia del forrajeamiento puede ser evaluado a través de los cambios en la subsistencia, los cuales pueden ser medidos considerando las diferencias de retorno energético de cada recurso (Broughton 1994, 1997). El modelo de selección de

42 presas (prey choice model) asume que la meta del forrajeamiento es maximizar la eficiencia en la adquisición de nutrientes, usualmente tomados como energía. Dicho modelo predice que las presas de alto ranking serán tomadas en cualquier lugar y momento en que sean encontradas, mientras que las de bajo ranking pueden ser o no seleccionadas, dependiendo de la abundancia de las primeras. Los rankings miden la rentabilidad de las presas y se definen como una tasa del valor neto obtenido por la adquisición de un ítem predado en relación a los costos de tiempo y procesamiento de la presa una vez que ha sido encontrada. De esto se sigue que la abundancia relativa de presas de alto y bajo ranking en la dieta puede proveer un índice de la eficiencia de forrajeamiento (Broughton 1994, 1997).

El teorema de valor marginal (marginal value theorem; Charnov 1976) predice la cantidad de tiempo óptima invertida en adquirir recursos de un parche. Esto se basa en la relación entre la ganancia energética para un parche dado y la tasa de retorno de forrajeamiento total, que es condicionada por la frecuencia con la cual los parches son encontrados. Como plantean Burger y colaboradores (2005), la decisión variable es el tiempo de procesamiento de un recurso, más que la selección específica de recursos disponibles que son adquiridos. En este sentido, el teorema de valor marginal se diferencia del modelo de selección de presas. No obstante, ambos modelos son complementarios y, en conjunción, predicen que a mayor tiempo de residencia en un parche, aumentará la dependencia de recursos de bajo ranking, es decir, con altos costos de procesamiento en relación a los beneficios (Burger et al. 2005).

El modelo de forrajeamiento del lugar central (central place foraging model; Cannon 2003) considera como variables a la distancia desde el campamento base a los recursos y las presas que retornan a dicho campamento para el consumo. En este sentido, las decisiones de los cazadores-recolectores estarían guiadas por la premisa básica de que cuanto mayor es la distancia hacia las presas, mayores serán los costos de transporte y, por lo tanto, deberían ser mayores también los retornos netos por viaje. La cantidad de tiempo que un cazador-recolector pasa procesando una carcasa estará en relación a la distancia de transporte y a la tasa de encuentro de las presas. Se asume que se explotarán primero los recursos que se encuentren alrededor del campamento base, con lo cual los costos de transporte serán bajos y los elementos trasladados serán tanto de alto como de bajo

43 rendimiento económico. A medida que la disponibilidad de recursos declina, el radio de forrajeamiento se expandirá y los costos de transporte comenzarán a incrementarse, con lo cual el tiempo de procesamiento se incrementará también, para maximizar la utilidad de la carga transportada (Cannon 2003). Al respecto, los cazadores-recolectores se volverían más selectivos acerca de qué porciones ingresarán al lugar central, las cuales serán principalmente de alto rendimiento económico.

En lo que respecta a la explicación del inicio de un proceso de intensificación, se ha planteado que ésta sería multicausal; no obstante, distintos autores han señalado a la presión demográfica como uno de sus principales desencadenantes (Kelly 1992; Broughton 1994; Betts y Friesen 2004; Nagaoka 2005; entre otros). A su vez, Binford (1983) ha propuesto que el crecimiento poblacional en grupos de cazadores-recolectores que practican una movilidad de largo término (como los Nunamiut Eskimo) provoca una restricción en las opciones de asentamiento de cada grupo e inevitablemente generará una intensificación en las estrategias de subsistencia dentro de un espacio menor (Binford 1983). Otros autores han señalado que los cambios climáticos serían los desencadenantes de este proceso, ya que conducirían a cambios en la disponibilidad de las especies, los cuales afectarían directamente la subsistencia de los grupos humanos (Meltzer 1999; Wolverton 2005; Jones 2009).

Finalmente, otros enfoques le otorgan a los aspectos sociales un rol más importante que a los ecológicos. Los procesos de cambio social, como por ejemplo la presencia de otros grupos, pueden generar un incremento en la complejidad de las relaciones sociales, las formas de intensificación económica, el sedentarismo y un aumento en el tamaño de la población (Bender 1981; Lourandos 1983, 1985; Price y Brown 1985; Williams 1987; Holly 2005; entre otros). Por lo tanto, la intensificación no es sólo una respuesta a cambios ambientales, sino que debe ser evaluada dentro de un contexto socio-económico más amplio. En este trabajo se considera que, dependiendo del contexto particular de cada sociedad, tanto los aspectos ecológicos como los sociales pueden desencadenar este proceso. Para poder identificar la existencia del mismo, se utilizará una serie de herramientas metodológicas, con algunas adaptaciones que permiten su aplicación en la región pampeana (véase apartado IV.2.5. Indicadores arqueológicos de la

44 intensificación). Si bien la mayoría de esta metodología fue generada dentro de los enfoques ecológicos, esto no invalida su utilidad para ser aplicada considerando también variables sociales.

IV.2. METODOLOGÍA