ASPECTOS TEÓRICOS Y METODOLÓGICOS
IV.1. CONSIDERACIONES TEÓRICAS SOBRE LA ZOOARQUEOLOGÍA
IV.2.6. Procesamiento antrópico
Con el objetivo de identificar evidencias de procesamiento antrópico en el conjunto analizado se tuvo en cuenta una serie de modificaciones, las cuales se describen a continuación. Las mismas fueron cuantificadas en forma de porcentaje de especímenes con presencia/ausencia de las trazas (i.e., alteración térmica, fracturas antrópicas).
IV.2.6.1. Huellas de corte
Las huellas de corte se caracterizan por presentarse en forma de V en sección transversal, ser alargadas y tener estrías finas, múltiples y paralelas en sus paredes. Otros criterios adicionales para reconocerlas son su localización anatómica y orientación (Binford 1981; Shipman 1981b; Shipman y Rose 1983). Binford (1981) distinguió tres tipos básicos
56 de huellas de corte que dan cuenta de tres modos de actividades diferentes; cuereo, desarticulación y fileteo. En el caso de las actividades de cuereo, la manipulación de la piel para su extracción suele generar marcas sólo en los lugares en que está en contacto directo con el hueso (i.e., los miembros inferiores y la cabeza). Los cortes que derivan de actividades de cuereo aparecen rodeando las diáfisis de los huesos de los miembros. Con respecto a las huellas de desarticulación, éstas son algunas de las marcas más distintivas y derivan del desmembramiento de la carcasa. En la mayoría de los casos están asociadas con puntos de articulación, tales como las epífisis de los huesos largos y las superficies de las vértebras o partes pélvicas. Finalmente, en el fileteo las huellas se caracterizan por estar orientadas longitudinalmente con respecto al eje del elemento óseo. Esto se debe a que la mejor forma de remover la carne que rodea al hueso es cortar a lo largo del mismo. Existen, generalmente, dos tipos de corte: los orientados de manera longitudinal, que exponen el hueso; y los más cortos y oblicuos, que son hechos en el revés del hueso expuesto para liberarlo de la masa de carne y/o inserciones musculares (Binford 1981). En este trabajo se identificaron estas actividades considerando la frecuencia de huellas medida en porcentaje de especímenes con marcas por elemento y taxón, así como su localización anatómica (Lyman 2005).
IV.2.6.2. Fracturas antrópicas
Las fracturas pueden ser causadas por numerosos procesos y agentes tanto naturales (pisoteo, meteorización, acción de carnívoros, compresión de los sedimentos, etc.), como antrópicos (desposte, preparación de alimentos, etc.) (Binford 1981; Johnson 1985; Reitz y Wing 2008). Las clases de fractura están relacionadas con el tipo de fuerza utilizada para originarla (Johnson 1985). Las fracturas antrópicas son producto de la aplicación de una carga dinámica y presentan una serie de rasgos diagnósticos: punto de impacto, frentes de fractura que se expanden en un patrón radial, punto de rebote (si se utilizó yunque), cicatrices de lascado alrededor del impacto y superficies de fracturas lisas (Johnson 1985). Por el contrario, las fracturas producidas a través de la aplicación de una carga estática se generan como consecuencia de una presión constante ejercida sobre el hueso y no evidencian rasgos tecnológicos (Johnson 1985). En este trabajo se consideran los criterios
57 descriptos y se utilizan las siguientes categorías para describir las fracturas: antrópicas (i.e., helicoidales, transversales), postdepositacionales, actuales (producidas durante la excavación o con posterioridad a la misma) y no identificadas. Este último tipo comprende a las fracturas que pueden ser producidas tanto por factores antrópicos como naturales. El mismo se aplica principalmente para epífisis y vértebras, dado que en estos elementos es difícil reconocer rasgos diagnósticos que permitan identificar el estado del hueso al momento de recibir el impacto y el tipo de fuerza aplicado.
IV.2.6.3. Alteración térmica
Con el objetivo de identificar la alteración térmica en los especímenes óseos, se utilizó como criterio el color que presentaban los mismos. Este resulta de cambios químicos que se producen por el calentamiento (Bennett 1999). Los patrones de quemado de los huesos fueron evaluados a través de la utilización de una combinación de las categorías propuestas por Buikstra y Swegle (1989) y David (1990). Se consideran calcinados los restos cuyo color varía entre el gris, gris azulado o blanco; carbonizados aquellos con la presencia de un color negro en su superficie y ahumados los especímenes óseos cuya coloración es marrón y mantiene algunos sectores sin quemar que retienen su color original (Buikstra y Swegle 1989). No obstante, es posible que los huesos muestren una combinación de todas estas categorías (Brain 1981).
IV.2.6.4. Instrumentos óseos
Con el objetivo de identificar evidencias de manufactura ósea en los conjuntos analizados se utilizaron los criterios macroscópicos propuestos por Johnson (1985) para la identificación de los mismos. Estos son, los macrolascados, representados por grandes negativos de lascado producto del retoque intencional; y los microlascados, que son pequeños negativos de lascado generados por el uso y el pulido diferencial. Este último corresponde a un alisado altamente localizado y un pulido con pérdida de angularidad, que resulta en una superficie redondeada (Johnson 1985).
En los casos en que esto fue posible, se utilizaron los criterios propuestos por David (2004, 2007) para identificar técnicas de uso, como es el caso de pulido, raspado, surcado,
58 marcado parcial o perimetral, entre otros. También se siguieron los lineamientos de esta autora para el reconocimiento de las técnicas de fractura, como por ejemplo preparada, por flexión o por astillas (David 2004, 2007). Esta última es descripta brevemente aquí, dado que ha sido identificada en algunos casos en los sitios analizados. La técnica de fractura por astillas o splinter se utiliza para la obtención de formas base en los huesos largos y consiste en la división de la diáfisis en dos o más segmentos. Esto se logra a partir de la preparación del elemento óseo, a través de la realización de surcos profundos y longitudinales al eje del mismo. Posteriormente, se obtienen los segmentos de diáfisis a través de percusión indirecta, por la inserción de instrumentos (i.e., cuña) en el hueso previamente preparado (David 2007). Por último, se consideran los siguientes grupos morfológicos propuestos por Scheinsohn (2010) para la clasificación de los instrumentos óseos terminados, de acuerdo a la morfología de la extremidad activa: puntas dentadas, puntas, puntas romas y biseles. IV.2.7. Indicadores arqueológicos de la intensificación
A través de la bibliografía disponible acerca de los procesos de intensificación y sus correlatos materiales, se han generado una serie de expectativas arqueológicas, las cuales permiten evaluar este proceso a través del análisis del registro faunístico. Las mismas son detalladas a continuación.
IV.2.7.1. Cambios en la representación de perfiles de partes esqueletarias
En general, los cazadores-recolectores explotan los recursos que se encuentran alrededor del campamento base. Los costos de transporte en este caso serían relativamente bajos. Cuando la disponibilidad de recursos locales declina, el tiempo de procesamiento se incrementa para maximizar la utilidad. De esta forma, los cazadores-recolectores se volverían más selectivos acerca de qué porciones serán transportadas a los lugares centrales, ya que estas presas son obtenidas a mayor distancia (Nagaoka 2005). En este sentido, los perfiles de partes esqueletarias de ungulados presentarán principalmente partes de alta utilidad, debido a la declinación de los mismos en el paisaje (Broughton 1997). En el caso del Sudeste de la región pampeana, este aspecto sería esperable para el guanaco, el
59 cual es la principal presa explotada en la mayoría de los sitios (Politis 1984; Martínez y Gutiérrez 2004).
IV.2.7.2. Aumento en los indicadores de procesamiento
Se espera que a medida que declina la eficiencia del forrajeamiento, se procure extraer una mayor cantidad de calorías de los elementos esqueletarios transportados al campamento base. Esto se lograría a través de la extracción de médula y/o grasa ósea (Nagaoka 2005). Se observaría una declinación en el porcentaje de huesos completos a través del tiempo, vinculada a una mayor fragmentación para la obtención de grasa y médula. Los cambios en la fragmentación de los conjuntos de guanaco son evaluados considerando la propuesta de Lyman (1994) y Wolverton (2002) (véase más adelante). La utilización de estos índices permite obtener información con respecto a la fragmentación de un conjunto, pero sólo de aquellos restos identificables, quedando fuera del análisis todos los fragmentos indeterminados. Outram (2001) propuso un método más detallado para evaluar el grado de fragmentación, el cual incluye el análisis de estos últimos restos. No obstante, por distintos motivos la propuesta de este autor (Outram 2001, 2004) no fue considerada. Por un lado, la gran mayoría de los fragmentos indeterminados presentes en las muestras analizadas era menor a 1 cm, aspecto que imposibilitó determinar con confiabilidad los criterios de contorno de la fractura, textura del borde y ángulo de la misma. Por otro lado, en este tipo de materiales tampoco pudieron relevarse variables tafonómicas, con lo cual no puede evaluarse la incidencia de agentes no antrópicos en los mismos.
La intensidad de la fragmentación en guanaco es medida utilizando la tasa de NISP/MNE por elemento (excluyendo los completos), teniendo en cuenta que a mayor completitud anatómica, menor diferencia habrá entre estas dos medidas (Lyman 1994, 2008). Sin embargo, es necesario considerar que si la fragmentación es demasiado elevada, los especímenes no podrán ser identificados, por lo cual el NISP decrecería y esta medida ya no sería útil (Marshall y Pilgram 1993). Por otro lado, para medir la extensión de la fragmentación se considera cuántos especímenes están fragmentados y cuántos permanecen enteros, midiendo el porcentaje de elementos anatómicamente completos expresado como
60 Completitud% (Lyman 1994, 2008). Habiendo descartado la acción de procesos tafonómicos que fragmentan los conjuntos, estas medidas permiten identificar la extracción de médula y de grasa ósea. A menor Completitud%, mayor extracción de médula y a mayor tasa de NISP/MNE, mayor extracción de grasa (Wolverton 2002). En la Tabla IV.1 se observan las interpretaciones de los resultados de las medidas de fragmentación.
Tabla IV.1. Interpretación de los resultados de la fragmentación. Tomado y modificado de Wolverton (2002). NISP/MNE Alto Bajo Completitud% Alto Clase 0 Sin interpretación Clase 1 Bajo uso de médula Bajo
Clase 3 Alto uso de médula
y alto uso de grasa
Clase 2 Alto uso de médula y bajo uso de grasa
Por otro lado, sumado a esto se esperaría un mayor aprovechamiento de las unidades esqueletarias, evidenciado por la presencia de huellas de corte, aunque la mayor intensidad de las mismas no reflejaría necesariamente un mayor procesamiento (véase discusión en Lyman 2005). Sin embargo, este punto puede evaluarse discriminando las actividades realizadas a través de la observación de distintos tipos de huellas, como por ejemplo de cuereo, desarticulación, fileteo, evisceración, entre otras (Binford 1981; Nilssen 2000).
IV.2.7.3. Cambios en la frecuencia de especies grandes y pequeñas
Una de las herramientas metodológicas más utilizadas para determinar la existencia de la intensificación son los cambios en la frecuencia de especies de mayor tamaño en relación a las más pequeñas. Dado un descenso en la eficiencia de forrajeamiento, se esperaría un decrecimiento de los distintos índices que dan cuenta de las frecuencias de especies de alto ranking en relación a las de taxones de bajo ranking (Broughton 1994; Nagaoka 2005). Los rankings de recursos pueden ser establecidos utilizando medidas proxy cuando no es posible calcular los retornos actuales, siendo la más común el tamaño
61 corporal (Broughton 1994). Para esto se asumen algunas premisas básicas, como que el valor energético de un organismo es relativamente proporcional a su peso; que los costos de persecución y procesamiento son mínimos para ciertos tamaños corporales intermedios y que las presas extremadamente grandes o demasiado pequeñas requieren altos costos de persecución y procesamiento. De esto se desprende que las presas grandes ocupan los primeros lugares en los rankings, mientras que las pequeñas los más bajos. La mayoría de los modelos ha utilizado, sobre la base de las premisas propuestas, el Índice de Artiodáctilos (Bayham 1979) para identificar procesos de intensificación. En algunos casos se ha determinado que los cazadores-recolectores obtenían algunas de sus presas en masa, por lo cual la tasa de retorno puede ser también dependiente de la densidad del recurso, no sólo del tamaño corporal de un animal (Ugan 2005). Por ejemplo, la introducción de las redes para la pesca puede hacer que se reduzcan los costos de persecución y se incremente el rango relativo de esos recursos. Esta variabilidad puede generarse con distintos tipos de innovaciones tecnológicas (Broughton 1997; Ugan 2005).
En este trabajo se utiliza el Índice de Artiodáctilos (IA), que es indicativo de la eficiencia en el uso de vertebrados y puede calcularse fácilmente utilizando el NISP (véase discusión en Lyman 2008 acerca de las ventajas de esta medida por sobre el MNI). El IA tiene en cuenta la frecuencia de los especímenes de artiodáctilos en relación a los lagomorfos y se calcula dividiendo la suma del NISP total de artiodáctilos por la suma de este número y el NISP total de lagomorfos (Broughton 1994). En este caso, estos últimos animales serán reemplazados por mesomamíferos tales como los roedores (mara, coipo, vizcacha, etc.) y los armadillos. Los animales incluidos en el IA se detallarán en cada capítulo. Recientemente, Bird y colaboradores (2009) han propuesto que los índices mencionados no pueden predecir las decisiones de los cazadores-recolectores al momento de obtener presas altamente móviles, dado que la probabilidad de falla en la persecución no ha sido incluida en los esquemas de ranking. La declinación en el índice de abundancia de artiodáctilos no indicaría necesariamente un proceso de intensificación, dado que las presas poco móviles ocuparían, en realidad, un lugar más alto en el ranking y serían susceptibles a la sobreexplotación. Esto no significa que los índices para presas grandes sean poco útiles, sino que debería prestársele atención a algunas presas más pequeñas, menos móviles y de
62 alto ranking para discutir la intensificación (Bird et al. 2009). Por otro lado, Codding y colaboradores (2010) sugieren que estos índices son un marcador de las diferencias de género, dado que la caza mayor es asociada con los hombres y la caza menor con las mujeres. En respuesta a estas críticas, Broughton y colaboradores (2011) demostraron, a través de datos etnográficos y experimentales, que existe una correlación positiva entre el tamaño de la presa y la tasa post-encuentro, con escasas excepciones que se dan en los casos en que sólo un pequeño grupo de animales de menor porte es considerado. El proxy del tamaño corporal es una propiedad que puede ser utilizada con confiabilidad en contextos arqueológicos, cuando es combinada con otras líneas de evidencia (Broughton et al. 2011).
IV.2.7.4. Cambios en la riqueza y diversidad de especies explotadas
La variación espacial o estacional en la abundancia natural de distintas especies puede afectar el espectro de selección de presas disponibles para los cazadores-recolectores. Al momento de realizar análisis de colecciones arqueológicas, es necesario determinar si la variabilidad entre conjuntos arqueofaunísticos responde a cambios en la disponibilidad de las especies (temporal y espacialmente) o en las estrategias de subsistencia (Janetski 1997). Considerando que la disponibilidad de taxones se haya mantenido a lo largo del tiempo y que los sitios tengan funcionalidades similares, los cambios en la diversidad pueden ser indicativos de la existencia de un proceso de intensificación. Esto se debe a que a medida que las presas de mayor ranking comienzan a ser más difíciles de obtener, los animales que ocupan una posición más baja en un ranking comienzan a ser incorporados a la dieta.
El Ntaxa refiere a la riqueza taxonómica o el número de especies identificadas. Las mismas se suman, considerando los niveles taxonómicos de identificación alcanzados, con el objetivo de no sobredimensionar esta medida (Grayson 1991). El índice de Shannon- Wiener arroja un valor de diversidad, a partir de la obtención de logaritmos naturales de la proporción de especímenes y es calculado en esta tesis a través del programa estadístico PAST (versión 2.08). La fórmula empleada es la siguiente: H=-Σ Pi (ln Pi), donde Pi es igual a la proporción del taxón i en el conjunto. El resultado varía entre cero y la base del logaritmo que se utilice. Este puede ser comparado entre distintas muestras y a su vez es
63 complementario con el IA, dado que es esperable que a medida que decrezcan los artiodáctilos, la diversidad aumente.
64 CAPÍTULO V