impera y debe imperar en las relaciones
humanas”
tológica de la vida y del conjunto del uni- verso, pero aceptando una gradación axioló- gica en la que los humanos ocupan un lugar central; y estas convicciones suponen defen- der el respeto a la naturaleza, sin reducirla a mera fuente de recursos y beneficios econó- micos, aun a despecho de la destrucción pro- gresiva de todo.
Un segundo aspecto problemático se refiere al papel de la intuición a la hora de mostrar la diferencia, así como la complementariedad entre la ciencia y la filosofía/metafísica. Re- sulta muy interesante advertir que la intui- ción está presente en nuestro conocimiento de la realidad, y en los diversos actos creati- vos de la inteligencia.
De ahí que, frente a las teorías que defienden un monismo metodológico, reduciendo todo método de conocimiento al científico (aun- que los filósofos de la ciencia no se ponen de acuerdo en cuál es ese método), haya que contraponer un modo diferente de acercarse a la verdad y a la realidad, mostrando que el modo científico no es el único con el que los humanos tratamos de conocernos y dar cuenta de la realidad. Así, frente al método científico que se centra en la dimensión fác- tica de la realidad, la filosofía y la metafísica tratan de dar cuenta del sentido, de la inter- pretación de los datos. Pero esa dimensión no es tan apresable como la dimensión fác- tica. De ahí que no sea tan fácil llegar a con- sensos en el ámbito filosófico, y nos encontramos con una amplia variedad de propuestas interpretativas.
Apelar a la intuición como el modo metafí- sico de conocer la realidad, resulta intere- sante, pero puede resultar insuficiente, en la medida en que la intuición constituye un pri- mer momento del conocer, pero tiene que ser completado con la comprobación de tal in- tuición; comprobación que no será similar a la que se exige en el ámbito de la ciencia, sino a una comprobación de plausibilidad, de coherencia interna de esa teoría, y a la acep- tación dentro del diálogo crítico en el ejerci- cio de la razón dialógica, propia de los humanos. La forma de entender la reflexión metafísica por parte de Tudge resulta en al- gunos momentos demasiado mística e intui- tiva, no poniéndose a veces suficiente acento
en la autocrítica de tal intuición y en la con- frontación crítica con otras racionalidades. Asimismo, al aplicar esta visión metafísica a través de la intuición al ámbito religioso, viene a asimilarse tan visión intuitiva sobre la dimensión trascendente de la realidad a la opción de fe. Por eso, entiendo que hablar de intuición en el ámbito de la fe puede reducir y empobrecer su contenido. En primer lugar, reducirla a intuición puede suponer conside- rarla un salto en el vacío, como una fe ciega, cosa que Tudge rechaza (p. 285); pero, en se- gundo lugar, podría correr el peligro de re- ducir la fe a un ejercicio intelectual sobre la realidad y su dimensión trascendente, cuando la dimensión intelectual no es más que un as- pecto de la fe, complementaria de su dimen- sión emocional y opcional por un estilo de vida y una forma cosmovisional de entender el mundo.
La fe constituye una opción existencial por alguien, que denominados Dios, en quien po- nemos nuestra seguridad y nuestra salvación, cosa que conlleva, es cierto, un modo de en- tender la realidad, pero sobre todo una forma de vida. El modelo de religiosidad que pro- pone Tudge, resulta demasiado difuso, con- sistente en una cierta divinización de la naturaleza, atribuyéndole una cierta concien- cia, no teniendo claro si se necesita creer en una instancia divina que se halla a la base de todo, y diluyendo la singularidad de lo hu- mano en el conjunto de la biosfera.
A pesar de estos reparos que planteo, consi- dero que el libro de Tudge representa una forma muy acertada de desmitificar las pro- puestas de quienes, desde el mundo de la bio- logía, nos quieren hacer creer que la biosfera, y los hombres dentro de ella, está atravesado por el egoísmo más violento y feroz, siendo, por tanto, esta ley la que impera y debe im- perar en las relaciones humanas. Frente a ello, para Tudge está claro que la coopera- ción y el altruismo son la ley con la que está troquelado todo. Citando de nuevo sus pala- bras: “aunque la competición es una cuestión inevitable, la esencia de la vida es la coope- ración. La vida no es una pelea. Es un diá- logo, y un diálogo constructivo a fin de cuentas. Si no lo fuera, no habría vida en ab- soluto” (p. 78). R
P
ese a que ha transcurrido más de un siglo, la tesis de Max Weber sobre la génesis del espíritu del capitalismo en la ética protestante no deja de suscitar estudios y controversias. Se puede decir que su sombra es alargada.[1]No es para menos, desde supublicación, la obra de Weber ha sido considerada como una investigación funda- cional de las ciencias sociales en general, de la historia económica, de la historia de las mentalidades, de la sociología histórica y de la sociología económica. Por ello, investigadores de esas disciplinas no han parado de dar vueltas a las tesis de Weber, para entenderla en su justa medida o modificarla en lo que se considere necesario.[2]
En nuestros días una de las más novedosas, o atrevidas, es la del sociólogo
e historiador estadounidense Rodney Stark, profesor de sociología en la Universidad Baylor (Texas) y editor fundador del Interdisciplinary Journal of Research on Religion. Es un autor prolífico no totalmente desconocido en España y Latinoamérica. Su obra The Rise of Christianity[3], ha sido doblemente
publicada en castellano, primero por la Editorial Andrés Bello, traducción de Sergio Coddou[4], después por la Editorial
Trotta, traducción de Antonio Piñero[5].
En los últimos años de su labor académica el profesor Rodney Stark, ha dedicado varios de sus obras al análisis del cristianismo en su relación al mundo moderno, la secularización y la visión sesgada de la Edad Media. En ¿Cómo ganó
* Director Editorial de CLIE. Doctor en Filosofía (2005) en la Saint Alcuin House, College, Seminary, University, Oxford Term (Inglaterra); Máster en Teología por el CEIBI (Centro de Investigaciones Bíblicas) de Santa Cruz de Tenerife (España); y graduado por la Welwyn School of Evangelis (Herts, Inglaterra). Es profesor de Historia de la Filosofía en el mencionado Centro de Investigaciones Bíblicas (CEIBI); Durante casi veinte años ejerció el pastorado hasta su dedicación completa a la investigación teológica y a la escritura.
Alfonso Ropero*