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Aunque hasta el día de hoy no se ha podido

In document Renovación nº 37 Septiembre 2016 (página 38-40)

probar documental-

mente la influencia del

luteranismo entre los

iluminados o alumbra-

dos, muchos de los

datos apuntan a tal po-

sibilidad y algunos auto-

res así lo afirman. De

todos modos, nosotros

defendemos una espiri-

tualidad que andaba de

boca en boca, que tenía

sus raíces en el Evange-

lio, que se leía, estu-

diaba y practicaba con

apetencia, y, bajo la li-

bertad erasmista y des-

pués la luterana, se

interpretaba desde el

“dejamiento en el amor

de Dios”

Los primeros historiadores de los protestan- tes españoles resaltaban la necesidad de re- formas haciendo hincapié y cargando las tintas en los abusos cometidos por la jerar- quía de la Iglesia, la relajación de costum- bres, el olvido de las cuestiones teológicas y el desconocimiento de la Biblia, el des- prestigio del papa, la huida de los valores en una sociedad enloquecida, etc. Adolfo de Castroy Menéndez y Pelayosostienen, con infinidad de ejemplos, la gravedad de la si- tuación religiosa. Castrocita el documento de Fray Prudencio de Sandoval dirigido “a los obispos y prelados y gobernadores y eclesiásticos y a los caballeros e hidalgos y a la muy noble universidad de España”. Este documento, que se lee integro en la referida historia, habla largamente de los desórde- nes que en toda suerte de personas se veían en España, y acaba en censurar a los ecle- siásticos de su siglo, pidiendo con graves y apretadas razones el remedio de tantos males que amenazaban derrocar para siem- pre el vigor de esta vasta monarquía. (Cas- tro A. d., 1851, pág.27).

La nueva historiografía revisionista, informa de lo contrario, haciendo ver que, en Es- paña, la iglesia española apenas sufrió des- prestigio. El éxito que las nuevas ideas tenían en Europa, notorios motivos para arrastrar al pueblo y convencerlo de la ne- cesidad de un cambio, “en España esto no podía suceder porque la mo- narquía mantenía todos los principios po- líticos basados en la Antigüedad tardía, por lo que ni Carlos V, ni Felipe II, podían consentir que se atacase a su particular comprensión de la realidad política, cuyo elemento esencial era la Iglesia católica con el Papa a la cabeza”.

Esta visión, aunque no deja de tener ele- mentos de verdad, distorsiona la realidad de la necesidad de la Reforma en España y los motivos por los cuales hubiese sido mayor aún que la alemana u holandesa si conside- ramos el factor de los conversos de judíos fundamentalmente. Creemos que Kamen

presenta una realidad diferente a como la presentan los reformistas antiguos españo- les (Valera,Juan Pérez, del Corro o Reinaldo González Montes) en sus escritos, sino que

dulcifica hechos que no son ciertos. Cuando dice que, en cuarenta años, después del na- cimiento de la Reforma en Alemania, Es- paña parecía inmune a ella, ignora la actividad inquisitorial con la herejía de

Mella, Pedro de Osma, o con los Iluminis- tas, erasmistas y luteranos españoles. Dice Kamen:

“En España, a diferencia de otras naciones occidentales, brillaba por su ausencia la represión religiosa, lo cual creaba un clima de refrescante libertad. “Lo interpretába- mos todo libremente”, comentaba un sa- cerdote. “En aquellos días no había necesidad de sospechar de nadie”. Estas frases, de un reconocido historiador de la Inquisición, me han sorprendido. ¿Acaso desearía Kamenun auto de fe todas las semanas? ¿Es que solo el martirio era la única posibilidad en España de manifestar la fe? La tesis de Kamenes preventiva. Si Fe- lipe IIactuó con contundencia contra los protestantes era para que no se matasen entre sí como en Francia y su apoyo inque- brantable a la Inquisición para que las ma- tanzas no fueran como en Inglaterra o los Países Bajos. Un razonamiento demasiado débil para hechos completamente distintos. Esta forma de ver de Kamenplantea un pro- blema historiográfico que tiene que ver con el Evangelio y la Espada o como lo expresó la iglesia primitiva, si “la sangre de los már- tires es semilla de la iglesia”. Se plantea el dilema de si la resistencia con la espada como lo hicieron los albigenses, los bohe- mios, los protestantes franceses, ha dado el resultado de perecer por ella en humillante derrota. Por otra parte, quienes sus armas han sido “la sangre del Cordero” y su testi- monio hasta el martirio, son los que han triunfado, dirá Andrés Fulleren Patriotismo Cristiano.Sin embargo, no todos los casos han sido iguales y solo Dios sabe el porqué de esos triunfos o derrotas. Por ejemplo, los albigenses que lucharon y resistieron fueron exterminados, mientras que españoles e ita- lianos sin luchar tuvieron ese fin. Las gue- rras defensivas de protestantes en Alemania, Suiza, Escocia y los Países Bajos tuvieron éxito, mientras los protestantes franceses levantados en armas, mientras es- taban con la espada en la mano no fueron

exterminados y si lo serán cuando permane- cieron amparados por edictos y podían ma- nifestar su fe públicamente. Los valdenses y bohemios que lucharon y han defendido sus vidas, han permanecido. Sin embargo, tam- poco podemos decir que los mártires espa- ñoles han dado la vida en vano ya que su testimonio traspasó fronteras y ha llegado

hasta nosotros. Así pues, queda claro que diferentes actuaciones frente al martirio de los santos han dado resultados desiguales.

3. “Los alumbrados”: luteranos diez años antes que Lutero

Aunque hasta el día de hoy no se ha podido probar documentalmente la influencia del luteranismo entre los iluminados o alumbra- dos, muchos de los datos apuntan a tal po- sibilidad y algunos autores así lo afirman. De todos modos, nosotros defendemos una es- piritualidad que andaba de boca en boca, que tenía sus raíces en el Evangelio, que se leía, estudiaba y practicaba con apetencia, y, bajo la libertad erasmista y después la lu- terana, se interpretaba desde el “deja- miento en el amor de Dios”. Existen muchos casos de luteranismo en años muy tempra- nos a las 95 tesis que cita John Longhrung. Entre ellos está el de Miguel Mezquita, un aragonés con puestos importantes en polí- tica, que en 1535 fue denunciado en Valen- cia con cargos de ser luterano. Según Miguel Mezquitano le importaba ser luterano “por- que a los seguidores de Lutero los llamaron correctamente “evangelistas” porque predi- caban el Evangelio Santo, mientras que los seguidores del Papa merecieron ser llama- dos “papistas”. Pero además mantenía que no había ninguna base bíblica en la tradición papal o sucesión apostólica y que Cristo había dado esa autoridad a San Pedroy a ninguno otro. Resulta muy curioso que Ba- taillon llame a Mezquita “erasmista” que fue relajado para ser quemado el 28 de enero de 1536 cosa que no ha podido en- contrar Longhrung puesto que Mezquita

fue acusado de luterano por sus comenta- rios favorables a Luteroy no a Erasmo. La tesis de Ángela Selkesostiene que la Es- paña del siglo XVI, su alma, es más religiosa que civil y los alumbrados constituyen la única herejía que echó sus raíces en suelo hispano, con términos teológicos propios y con cierto emboque luterano después. El alumbradismo para José C. Nieto, sin em- bargo, cree que no llegó a tener influencias luteranas, al menos en el caso de Juan de Valdés, aunque es evidente que al principio

Lutero creó inquietudes, principalmente entre los conversos, que se manifestó en el luteranismo de muchos de ellos y también, desde el punto de vista social, en la guerra de los Comuneros. Nosotros creemos que

Historia y Literatura

Se nos hace urgente re-

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