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5. LA VIOLENCIA, EXPRESIÓN DE LA INEFICACIA ESTATAL EN LA VORÁGINE

5.2. Violencia ausencia del Estado

5.2.2. Ausencia de lo educativo

Rivera en la novela hace una segunda denuncia de la ineficacia estatal en las regiones periféricas del país con relación al debilitamiento de instituciones que según Amaya y Palmieri (2000) pueden gestar dinámicas para la contención de la violencia, como universidades, colegios, es decir, la institución educativa, ya que su acción expande formas racionales de pautas de convivencia y la agrupación de redes sociales. Los personajes que en sus discursos verbales y accionales nombran, mencionan o sugieren un pasado academicista y/o pertenecieron a una institución educativa son Alicia, Luciano, Ramiro Estévanez y el propio Cova. Es decir, la figura del colegio como institución sólo se encuentran en las regiones centrales del país, donde hay una mayor comunicación de los principios republicanos, como se ven en Alicia, Luciano, Ramiro Estévanez y Cova:

75 Las masacres son hechos que han estado ligadas a la historia nacional. No obstante en un momento histórico donde se cree que los conceptos de republicanismo y democracia se han consolidado con la modernidad, aún el país padece la aniquilación violenta y sangrienta de sus pobladores en las regiones apartadas de los centros urbanos más importantes de la nación. En el informe del Nuevo Diario de Nicaragua se publicó una reseña de las cifras sobre masacres que hasta

el 2010 han cometido los grupos paramilitares. Parte del informe dice lo siguiente: ―Los asesinatos

confesados por paramilitares colombianos en el marco de un plan para obtener beneficios judiciales ascienden ya a más de 30,000, según la Fiscalía, una cifra que coloca a estos grupos a la altura de las dictaduras latinoamericanas más crueles. Según un informe de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía, unos 4,112 ex miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC, paramilitares) aseguraron haber perpetrado 30,470 asesinatos en 20 años, entre mediados de los ochenta y su desmovilización a partir de 2003. Las autoridades están verificando la información y hasta el momento han validado denuncias sobre 11,797 homicidios, explicó a la AFP una fuente del organismo. Una ley promovida por el gobierno del presidente Álvaro Uribe fija una pena máxima de ocho años de prisión para los paramilitares que se sometieron a la justicia, confesaron sus crímenes y acepten reparar a sus víctimas. La Fiscalía recibió declaraciones de los ex combatientes que dan cuenta de 1,085 masacres; 1,437 reclutamientos de menores; 2,520 desapariciones forzadas; 2,326 desplazamientos forzados y 1,642 extorsiones, además de 1,033 secuestros, según el

informe‖. El Nuevo diario Managua, Nicaragua - Miércoles 17 de Febrero de 2010 - Edición 10603. Tomado de http://impreso.elnuevodiario.com.ni/2010/02/17/internacionales/119213

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Voz de Alicia: -No, señora, pero entiendo algo de modistería. Estuve tres años en el colegio asistiendo a la clase. (Rivera, 2006, p. 102)

Voz de Clemente Silva refiriéndose a su hijo Luciano: ―Desesperado, el pequeñuelo

empezó a llorar y me declaró que estaba resuelto a perder la tierra antes que la deshonra de la

familia lo hiciera sonrojarse ante sus compañeros de escuela primaria‖. (Rivera, 2006, p.252) Voz de Cova refiriéndose a la educación de Alicia: ―-Despreocúpese. Alicia encuentra distracción en practicar lo que le enseñaron en el colegio. En casa divide el tiempo entre la

pintura, el piano, los bordados, los encajes...‖ (Rivera, 2006, p.127)

Voz de Cova refiriéndose a su proyecto educativo: ―Poco a poco, mis buenos éxitos

literarios irían conquistando el indulto. Según mi madre, debía tenérseme lástima. Después de mi grado en la Facultad se olvidaba todo. Hasta mis amigas, intrigadas por mi conducta,

disimularían mi pasado con esta frase: ¡Esas cosas de Arturo...!‖ (Rivera, 2006, p. 125)

En contraposición a los sujetos del centro que traen una cultura letrada de escuela, con los habitantes del Llano y la Selva Amazónica, como lo son Griselda, El Mulato Correa, Sebastiana, Clarita y el General Aquiles Vácares, se infiere que no han participado del sistema institucional educativo, lo que no implica que el conocimiento únicamente les pertenezca a los del centro. Su necesidad de saber es alimentada mediante la interacción cultural desde la oralidad:

Voz de Griselda recibiendo enseñanzas de Alicia: ―-¡Y si vieras con qué trozo de mujé se ha enyugao! ¡Coloraíta que ni un merey. ¡Y las Manos que tiene pa cortá la sea, y lo modosa pa enseñá! ‖ (Rivera, 2006, p. 107)

Voz del Pipa enseñando a los indígenas: ―Aunque el Pipa les enseñó cuidadosamente los

precios razonables, sucumbieron a su ignorancia y la avilantez de los explotadores volvió a enriquecerse con el engaño‖.(Rivera, 2006, p. 209)

Voz de Griselda enseñando comportamientos a Alicia: ―Afortunadamente, la enseñé a amarrarse las naguas, a sabé portarse‖. (Rivera, 2006, p. 372)

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Como se percibe las enseñanzas culturales se dan a través del canal oral y no desde la lengua escrita, como una alternativa de transmisión cultural frente a la carencia de infraestructura educativa. Pero la ausencia de la escritura es una forma de mantener el conflicto, puesto que la oralidad es insuficiente para la contención de la agresividad y la violencia, sencillamente porque la cultura escrita responsabiliza al sujeto enunciador que Bustamante (1994) define como el mecanismo cultural que occidente instaura, mantiene y regula con la institucionalidad.

Desde esa perspectiva, La Vorágine rescata la necesidad de una política educativa que llegue a la frontera. La escritura es la posibilidad de reconocer al otro, ya que fue el ‗gran‘ momento en que Cova, se despojo de su envestidura como conquistador y reconoció el discurso del otro, y de esta manera sus diarios se tornaron en el documento escrito capaz de reclamar por una dignidad ausente en la periferia colombiana. La escritura no rompe las fronteras, por el contrario, dialoga con ellas, y escribe la oralidad, que en últimas es perpetuarla. Rivera en la novela reclama una introducción democrática de la cultura escrita. En la novela, no se posee un lápiz para certificar un documento: ―-Háganme bien y me prestan un lápiz para una firmita. -No cargamos eso.‖(Rivera, 2006, p.86 )

Hay una escritura que resulta subversiva, como lo es el diario ―La Felpa‖, y otra que sirve para perpetuar la esclavitud como lo son los cuadernos con las cuentas de los caucheros en donde se registra lo que producen, lo que consumen y lo que adeudan. También el diario de Cova se inscribe en la idea de escritura subversiva de lo cual es consciente él mismo. El impacto subversivo que alcanza la escritura es mermado con las atrocidades que los capataces le acometen a los caucheros que tuvieron contacto con el periódico ―La Felpa‖ pues el que lo haya leído se le castigue con la ceguera física y al oyente con la sordera:

No sé cómo, empezó a circular subrepticiamente en gomales y barracones un ejemplar del diario La Felpa, que dirigía en Iquitos el periodista Saldaña Roca. Sus columnas clamaban contra los crímenes que se cometían en el Putumayo y pedían justicia para nosotros. Recuerdo que la hoja estaba maltrecha, a fuerza de ser leída, y que en el siringal del caño Algodón la remendamos con caucho tibio, para que pudiera viajar de estrada en estrada, oculta entre un cilindro de bambú, que parecía cabo de hachuela.

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A pesar de nuestro recato, un gomero del Ecuador, a quien llamábamos el Presbítero, le sopló al vigilante lo que ocurría, y sorprendieron cierta mañana, entre unos palmares de chiquichiqui, a un lector descuidado y a sus oyentes, tan distraídos en la lectura que no se dieron cuenta del nuevo público que tenían. Al lector le cosieron los párpados con fibras de

―cumare‖ y a los demás les echaron en los oídos cera caliente. (Rivera, 2006, p. 268-269) Estos eventos se asocian a lo que Todorov (1987) llama la ausencia de la memoria, puesto que es la escritura el mantenimiento de la historia, que es otra faceta moderna que expresa la novela a través de los diarios de Cova que llegan a las manos del Cónsul a través de Clemente Silva.

Rivera, en ese complejo sistema de personajes que construye en la novela, pone sobre el ‗manto‘ de la iniquidad a un francés:

Por esa época hubo para mi vida un suceso trascendental: un señor francés, a quien llamábamos el mosiú, llegó a las caucherías como explorador y naturalista. Al principio se susurro en los barracones que venía por cuenta de un gran museo y de no sé qué sociedad geográfica; luego se dijo que los amos de los gomales le costeaban la expedición. (Rivera, 2006, p. 265).

La actividad investigativa del francés es silenciada a pesar de que realizó un registro científico de las características de la flora de la selva que en este universo donde la palabra es anulada por la acción, o mejor, la racionalidad anulada por la barbarie, los elementos que puedan asociarse al progreso cultural, intelectivo y humanitario de una nación son lastimados y cercenados por la violencia que describe la novela. El discurso moderno de la libertad, la fraternidad y la igualdad no tienen cabida en zonas del país, donde el único sustrato moderno es la ambición capitalista. En primera instancia, el francés, por antonomasia, colinda en forma directa con el inicio de la racionalidad moderna. Además, como lo expresa la cita, su intención es explorar e inventariar las riquezas naturales de la zona, a manera de una seudo expedición botánica, lo que significaría la inserción de la razón y la ciencia, obviamente foránea. Sin embargo el discurso del proyecto moderno en la voz de Clemente Silva se pone en tela de juicio, puesto que inicialmente es un discurso que carece de verdadera incidencia frente a las problemáticas sociales rodean a los hombres en la selva amazónica. Clemente Silva menciona que:

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De noche, en playones solemnes, apuntaba a los cielos su teodolito y se ponía a coger estrellas, mientras que yo, cerca del aparato, le iluminaba el lente con un foco eléctrico. En lengua enrevesada solía decirme:

-Mañana te orientarás en la dirección de aquellos luceros. Fíjate bien de qué lado brillan y recuerda que el sol sale por aquí. (Rivera, 2006, p. 265)

Se evidencia un discurso alejado de la violencia que aqueja a los connacionales en estas regiones. La ciencia es poco funcional y sus códigos son ininteligibles para el colombiano que habita las regiones marginales: ―se ponía a coger estrellas‖ (Rivera, 2006, p. 265). La cultura letrada poco o nada sirve en un territorio dominado por el terror. Pareciera que el francés y el Estado Colombiano fuesen dueños de un mismo silencio. Sin embargo, cuando el francés advierte de los sucesos que enmarcan la región, nace de él un intento para poner la ciencia al servicio de un ideal, muy republicano, lo escrito en la justicia:

De allí en adelante, el lente fotográfico se dio a funcionar entre las peonadas, reproduciendo fases de la tortura, sin tregua ni disimulo, abochornando a los capataces, aunque mis advertencias no cesaban de predicarle al naturalista el grave peligro de que mis amos lo supieran. El sabio seguía impertérrito, fotografiando mutilaciones y cicatrices. (Rivera, 2006, p. 267)

Tal actitud del francés transforma la ciencia exacta en un positivismo social, donde el conocimiento debe incidir en la búsqueda de una equidad social que devuelva la dignidad a los seres irredentos que son los caucheros. Pero la fuerza de la violencia destruye cualquier tentativa de reivindicación. Todo intento de hacer justicia a través de lo escrito es aniquilado por una violencia incontrolable. El desenlace del europeo, y todo lo que connota el proyecto de la modernidad finaliza con la muerte de los gestores.