CAPITULO II. MARCO TEÓRICO
B. BASE TEÓRICA
2.3 AUTOCUIDADO
41 2.3.1 DEFINICIÓN DE AUTOCUIDADO.
El concepto de Autocuidado surge a partir de la enfermera norteamericana Dorothea Orem (1971) que lo define como el “conjunto de acciones intencionadas que realiza o
realizaría la persona para controlar los factores internos o externos, que pueden comprometer su vida y desarrollo posterior”.
El autocuidado por tanto, es una conducta que realiza o debería realizar la persona para sí misma. Según Orem (1971), es una actividad aprendida por los individuos, orientada hacia un objetivo, contribuyendo constantemente a la propia existencia. Para lograr que las personas sean capaces de realizar conductas para su propio beneficio, se deben hacer partícipes de sus acciones, deben ser capaces de reconocer los potenciales que poseen para lograrlo, teniendo en cuenta que existen factores básicos que pueden condicionarlo. El acto de cuidar de uno mismo requiere de una serie de conductas: la toma de conciencia del propio estado de salud, deseo consciente de satisfacer las propias necesidades de autocuidado, pensar en la posibilidad de realizar una conducta de autocuidado, analizar los pro y los contra de las alternativas, tomar una decisión acerca de la situación de salud, diseñar un plan o procedimiento, el compromiso de implementar y continuar con el plan.
Para explicar el autocuidado es imprescindible el reconocimiento de estar en riesgo, y reconocer la situación de riesgo es a su vez aceptar la condición de vulnerabilidad. “El término vulnerabilidad encierra una gran complejidad. Hace referencia a la posibilidad del daño, a la finitud y a la condición mortal del ser humano” Tomando las palabras de Lydia Feito (2007), que expresa:
El ser humano es, por tanto, vulnerable y frágil por su misma condición corporal y mortal, pero también por su capacidad de sentir y pensar, de ser con otros y de desarrollar una conciencia moral. La vulnerabilidad no sólo hace referencia a la dimensión biológica sino también a la historia del individuo en relación con otros, al daño derivado de la relación con otros.
42 Todos los sentimientos que afloran al ser testigos del dolor, el sufrimiento, la muerte, la impotencia y la desesperanza, son manifestaciones de la vulnerabilidad de la persona y los profesionales abocados a la tarea de servicio, por tanto, deben reconocer en primera instancia esta condición de ser vulnerables para poder desarrollar estrategias que permitan mitigar los efectos de su labor.
De acuerdo con ello, y parafraseando al profesor Juan Pablo Beca (2004): “El médico, y
todo profesional de la salud, necesita tener incorporadas, como carácter o virtudes personales ciertas condiciones de valores, equilibrio y salud mental para ser capaz de ayudar a otros en sus propios procesos de curación”. Según la evidencia, una de las
estrategias descritas para amortiguar las consecuencias de la labor profesional, del desgaste emocional y del ya expuesto Síndrome de BurnOut es la práctica del Autocuidado.
2.3.2 TEORÍA DEL AUTOCUIDADO
Dorothea Orem (1971) explica el concepto de autocuidado como una contribución constante del individuo a su propia existencia: “el autocuidado es una actividad aprendida
por los individuos, orientada hacia un objetivo. Es una conducta que existe en situaciones concretas de la vida, dirigida por las personas sobre sí mismas, hacia los demás o hacia el entorno, para regular los factores que afectan a su propio desarrollo y funcionamiento en beneficio de su vida, salud o bienestar”.
Define además tres requisitos de autocuidado, entendiendo por tales los objetivos o resultados que se quieren alcanzar con el autocuidado:
Requisitos de autocuidado universal: son comunes a todos los individuos e incluyen la conservación del aire, agua, eliminación, actividad y descanso, soledad e integración social, prevención de riesgos e interacción de la actividad humana.
Requisitos de autocuidado del desarrollo: promover las condiciones necesarias para la vida y la maduración, prevenir la aparición de condiciones adversas o mitigar los
43 efectos de dichas situaciones, en los distintos momentos del proceso evolutivo o del desarrollo del ser humano: niñez, adolescencia, adulto y vejez.
Requisitos de autocuidado de desviación de la salud, que surgen o están vinculados a los estados de salud.
2.3.3 TEORÍA DEL DÉFICIT DE AUTOCUIDO
Esta teoría es el núcleo del modelo de Orem (1971), establece que las personas están sujetas a las limitaciones relacionadas o derivadas de su salud, que los incapacitan para el autocuidado continuo, o hacen que el autocuidado sea ineficaz o incompleto. Existe un déficit de autocuidado cuando la demanda de acción es mayor que la capacidad de la persona para actuar, o sea, cuando la persona no tiene la capacidad y/o no desea emprender las acciones requeridas para cubrir las demandas de autocuidado.
Al estudiar la teoría de déficit de autocuidado se coincide con Orem (1971) que es una relación entre las propiedades humanas de necesidad terapéutica de autocuidado y la actividad de autocuidado en la que las capacidades de autocuidado constituyentes desarrolladas de la actividad de autocuidado no son operativas o adecuadas para conocer y cubrir algunos o todos los componentes de la necesidad terapéutica de autocuidado existentes. Esta abarca a aquellos pacientes que requieren una total ayuda de la enfermera por su incapacidad total para realizar actividades de autocuidado, ej. Cuadripléjico. Pero también valora a aquéllas que pueden ser realizadas en conjunto enfermera-paciente, ej., el baño y aquellas actividades en que el paciente puede realizarlas y debe aprender a realizarlas siempre con alguna ayuda, ej., la atención a un paciente pos operado de una cardiopatía congénita.