en una perspectiva de posmodernidad María Victoria Peralta
AVANZANDO HACIA PROPUESTAS CURRICULARES POSMODERNAS
Para analizar lo que supondría una construcción curricular desde la posmodernidad, cabe revisar lo que señalan diferentes autores respecto a ella, su diferenciación respecto a la modernidad y las derivaciones que surgen en el campo de la pedagogía infantil.
El proyecto de modernidad que cristalizó en el siglo xviii fue el resultado de un extraordinario esfuerzo intelectual de los pensadores de la Ilustración por desarrollar una ciencia objetiva con leyes universales que concebían el progreso en forma lineal y continua, estableciendo “ver- dades” como revelación de un mundo cognoscible, resultante del poder de la razón. De esta manera se elaboró un conjunto de explicaciones, leyes y principios universales en todos los campos, reconociendo una naturaleza humana inherente y preordenada, que existe indepen- diente de los contextos y de sus relaciones. Aplicada esta concepción a la investigación, se con- cibe que es posible captar la realidad con bastante precisión, ya que esta es independiente del sujeto cognoscente o indagador. De esta manera se puede describir “objetivamente” la realidad y hacer categorías que son estables y válidas para todos los contextos. Como consecuencia de ello, tienen lugar ciertas pérdidas importantes, como lo señalan Adorno y Horkheimer: “en el camino a la ciencia moderna, los hombres renuncian a toda pretensión de sentido. Sustituyen
el concepto por la fórmula, la causa y el motivo por la norma y la probabilidad”(Adorno y
Horkheimer, 1944, p. 5).
Derivando esta propuesta al campo de la ciencia pedagógica y de la educación infantil en parti- cular, empezó a constituirse un cuerpo de paradigmas, principios, criterios y normas que surgie- ron de una concepción universal de los niños y de su desarrollo y aprendizaje. De esta manera, los modelos de educación infantil, una vez construidos, se empiezan a aplicar indistintamente
María Victoria Peralta en diferentes contextos, tiempos y situaciones, llevando su mensaje modernizador, legitimador, objetivo y experto de lo que es una “buena educación” para los niños pequeños.
El “proyecto de posmodernidad”, que algunos denominan la “tercera fase de la modernidad” y otros “modernidad tardía o reflexiva”, surge en los años sesenta al admitir la inviabilidad del proyecto original de la modernidad (Bauman, 1993). A partir de ello, según señala Dahlberg (2005), se reconocen “la incertidumbre, la complejidad, la diversidad, la ausencia de linealidad, la subjetividad, la multiplicidad de perspectivas y las particularidades temporales y espaciales”. Así, se abandonan los grandes relatos y se valorizan los “pequeños”, que son variantes del cono- cimiento local y que se legitiman a sí mismos, ya que determinan sus propios criterios de com-
petencia. Junto con ello se toma mayor conciencia de que“el conocimiento se encuentra inscrito
en relaciones de poder que determinan qué se toma por verdad o por falsedad”(Dahlberg, 2005,
pp. 47 y 48).
En oposición a la investigación positivista, que es la que mayoritariamente había desarrollado la modernidad, se empieza a legitimar otra línea que no concibe a la ciencia como “una esfera neutral, ni se puede, de hecho, enfocar como tal al margen de la sociedad; por el contrario, se la
debe considerar como parte integrante de lo real”(Fonseca, 1997, p. 29). Este enfoque, derivado
de una posición interpretativa de la ciencia, en la cual esta se concibe como parte del desarrollo de la sociedad, considera los factores subjetivos provenientes del impacto y la influencia del entorno social.
En Iberoamérica, como en casi todo el mundo, se han aplicado para la primera infancia currículos de tipo modernista durante más de un siglo, con sus aportaciones a la educación del niño pequeño desde un enfoque científico. Sin embargo, tampoco puede desconocerse una fuerte tendencia de hegemonía modernizante en muchas propuestas más actuales, debido al desarrollo de verdaderas “industrias” de difusión, instalación y comercialización educacional generadas desde fines del siglo xx. De esta manera, no se hace el análisis del currículo que se explicita, del que se anula y del oculto, que actúa a través de sus diferentes formas (imágenes, cuentos, cantos, rimas, juegos, etc.), transmitiéndose banalidades, dependencias y, en definitiva, exclusiones.
Nada en educación es ingenuo ni “inocente”. Las relaciones de poder y dominancia que la teoría crítica de la educación y los planteamientos posestructuralistas ponen de manifiesto explican los complejos procesos que tienen lugar. Mientras no se haga el levantamiento de estos temas, es probable que muchos de los problemas de calidad que existen en el sector no cambien en lo sustancial. Mientras Iberoamérica siga recibiendo “recetas” pensadas por otros y no genere sus propias preguntas y respuestas, continuarán el subdesarrollo actitudinal y cultural, en desmedro de las nuevas generaciones, de los propios educadores y del desarrollo social.
Para poder modificar esta situación, lo fundamental es que los educadores, las familias y las demás instituciones vinculadas asuman para la educación infantil la necesidad del cambio y la complejidad de los tiempos. Este asumir la época histórica que efectivamente se vive, tanto en su presente, como en sus proyecciones educativas –y con mayor razón en el caso de los niños–, es, por tanto, uno de los desafíos y un propósito central de la educación actual para aprovechar las oportunidades que se ofrecen. Se trata, en esta época de posmodernidades incipientes, de valorar las culturas y sentidos locales y reconocer las diversidades, al tiempo que se asume la globalización en todo lo positiva que ella puede ser, a pesar de las desigualdades y exclusiones que también produce. Lo contrario sería favorecer más las rupturas e inequidades que hasta ahora se han generado.
Analizando el escenario histórico-social actual y el quehacer pedagógico desarrollado en ciertos sectores de la región, nos encontramos frente a mayores posibilidades de poder desarrollar teorías y currículos más pertinentes a nivel macro y micro, de manera que respondan mejor a las caracte- rísticas, necesidades, fortalezas, intereses y expectativas de nuestra población infantil, sus familias y comunidades. De esta forma, surge una demanda a los profesionales y a las comunidades educativas de realizar una labor diferente a lo que tradicionalmente se ha hecho, que no ha sido sino aplicar acríticamente lo realizado por otros. Se trata de elaborar currículos que, desde sus actores y contex- tos, recojan en procesos participativos de co-construcción en espiral, sus sentidos y expectativas, que deben ser discutidos y explicitados de cara a favorecer un desarrollo humano adecuado a las demandas del mundo actual.
El cambio en la construcción curricular podría representarse en un cuadro en el que se contrastan la visión curricular desde la modernidad y la posmodernidad.
Currículos de la modernidad Currículos de la posmodernidad
Los contextos son considerados en una perspectiva universal, por lo que la historia y cultura que se selecciona y legitima corresponde básicamente a esa perspectiva.
Hay más reflexión sobre los fundamentos, incorporándose lo histórico-político, lo social y lo cultural de cada comunidad. Así, las culturas locales y de pertenencia tienen una fuerte presencia, sin desestimar otros ámbitos culturales, que son analizados críticamente en función de lo que aportan al proyecto educativo.
El marco teórico se constituye con diversos fundamentos, que se presentan separados en forma disciplinaria.
Se rompen los estancos disciplinarios y se
seleccionan ideas-fuerza que son sustentadas desde diferentes ciencias y desde el propio saber de las comunidades.
La construcción curricular la hace un grupo de
especialistas. Se genera un proceso de co-construcción en que las comunidades educativas tienen un rol preponderante, que puede ser facilitado por especialistas según lo requieran.
El proceso de construcción es de tipo más lineal
y eminentemente técnico. El proceso de co-construcción es de tipo espiral y cíclico, donde se construye, aplica, revisa y se vuelve a construir. Se asumen y abordan los conflictos culturales y sociales generados a partir de las tensiones, dominancias y exclusiones implicadas en las decisiones curriculares.
Los objetivos que se pretenden son de tipo más universal, incluso en algunos casos se entregan totalmente formulados.
Los objetivos que se plantean y discuten responden a los sentidos y necesidades de los constructores, por lo que se reformulan y se revisan permanentemente. Las comunidades educativas adoptan y adaptan
el currículo que se les propone, que viene ya definido en todos sus factores y elementos.
Las comunidades educativas diseñan, aplican y evalúan el currículo que se está creando permanentemente en sus diversos factores y elementos.
Se hace “control de calidad” de la aplicación de
los criterios de los constructores. La revisión de la calidad es un proceso permanente que se hace en función del grado de coherencia de la práctica con los objetivos que la propia comunidad educativa se ha planteado.
De forma gráfica, los posibles procesos de co-construcción posmoderna podrían representarse de la siguiente manera:
Gráfico. Currículos en concepción posmoderna
FACTORES Y ELEMENTOS DEL CURRÍCULO Contextos ampliados HISTÓRICOS-POLÍTICOS-SOCIALES- CULTURALES-AMBIENTALES PROCESO DE CO -C ONSTRUC CIÓN
FUNDAMENTOS TRANSDISCIPLINARIOS Y DE SABERES: Históricos-filosóficos-socioculturales-ambientales
Biopsicológicos-pedagógicos
Construcción y coherencia
cíclica