¿Dónde pues hallamos las respuestas a nuestras interrogantes?
En m edio de toda su miseria, lejos de justificarse como un líder en autoridad, o de hacer caso omiso a sus trans gresiones y pretender sepultarlo como muchos han he cho y hacen, proced e a confrontar su cruda realidad sin excusas ni justificaciones.
El Salmo 51 es una abierta confesión de sus trasgresiones. Se hace cargo de su realidad como pecador, “sin excusas ni justificaciones”. En otras palabras aún siendo rey, supo decir lo que poca gente se atreve a decir: “¡Soy pecador!”. David nos enseña rá así que Dios “no per don a explica ciones, sino peca dos” .
Manifiesta tener malestar por una conciencia contami nada y que reclama limpieza.
Entiende que el pecado afrenta a Dios como a ningún otro. Reconoce su herencia pecaminosa sin presunciones de dig nidad humana. Se denomina como “nacido en pecado y concebido por su madre en maldad”. (Salmo 51:5) Hacien do esto es que llega a descubrir el secreto de lo que agrada a Dios: Lo afirma como “la honestidad y la verdad en la intimidad de uno mismo”. (Salmo 51:6) El ser honesto consigo mismo y con Dios es fundamen tal. Es llegar a tener un a conciencia transpar ente sin tapujos ni cosas escondidas. Esto es precisamente no tener “engaño en su espíritu”. (Salmo 32:2)
Y es aquí es donde creemos hallar respuesta a nuestra pregunta. Cu ando el peca dor se sabe pec ado r y recono
ciéndolo lo confiesa es cuando halla misericordia. “Al corazón contrito y humi llado no despreci arás tú Oh Dios”. (Salmo 51:17)
En esta condición David pide la transformación de su na turaleza. Ruega por un corazón limpio. Ora por la presen cia del Espíritu de Dios y el no ten er que sufrir su abando no como vio que sucediera con Saúl su antecesor.
Comprende que si pudiera seguir de alguna manera en el liderazgo, necesitará plena restauración en todos los órdenes . Tendrá que reconquistar el gozo de la salva ción.
Descubre a diferencia de Saúl, que no se puede guiar a otros estando uno mismo encadenado. No se puede enseñar a los pecadores el camino si uno va cojeando con cargas de culpas no perdonadas. Quien no tiene sus pro pio s pro ble ma s sol ucion ados no pu ed e pr eten de r ayudar a solucionar problemas ajenos. Son muchos los líderes que teniendo serias brechas en su propia perso nalidad o en sus familias presumen dar orientación y consejo a quienes se hallan en quebrantos.
David en su confesión proclama que el sacrificio acepto ante Dios, no radica en cultos o rituales sino en “un espí ritu contrito y un corazón humillado” (Salmo 51:16-17): La confesión del Salm o 32 detalla qu e Dios es perdona- dor y sabe cubrir las transgresiones que se le confiesan. Señala la fe y la confianza que todo pecad or debe ap ren der a ejercer en la bonda d de Dios. Insta a evitar actitu
des propias de los animales irracionales que como el mulo o el caballo deben ser manejados con correas y bozales. Prevé mucho s dolor es p ar a los q ue qu ed an es
tancados en la impiedad y proclama la misericordia que rodeará a los que en el Señor confían. (Salmo 32). Creemos que es aquí donde David cobra suprema sensa tez y confirma ser un homb re “según el corazón de Dios”.
5. Una advertencia para nuestros días
La conclusión que enfrentamos con David puede resumirse diciendo, que todo hombre por privilegiado que sea y sin importar cuan grande sea la misericordia de Dios sobre su vida, sigue siendo falible y como tal no pu ede dar na da po r sent ado.
“Si alguno piense estar firme míre que no caiga”, por que estas cosas “están escritas para amonestamos a nosotros” (lCorintios 10:11-12).
Las bienaventuranzas de Dios no radican en la infalibili dad del hombre, sino en el "no tener engaño en s u espí ritu”.
El que David haya sido llamado un hombre “según el corazón de Dios” puede verse en sus reacciones y actitu des que asumió ante su fracaso.
Comprendió que lo que contaba en su vida no eran sus proble mas sino la for ma en que los enfrent ara. Todas las dificultades humanas, Dios las conoce, como así las tentaciones por graves que p uedan ser (lCorintios 10:13). Lo que se espera de cada uno es la forma en que hemos
de reaccionar ante ellas. No es la evasión del problema
lo que cuenta, sino la forma com o se encaran. La
victoria sobre ellas, sin renegar de la vida ni culpar a los
demás, sin abandonar la fe y manteniendo viva la con fianza en el amor de Dios es clave para la vida en este
mundo. Es e n este campo que se forja el carácter y se
nutre la capacidad del liderazgo que luego podr á “ense ñar a los pecadores el camino”. (Salmo 51:13)
Entre los gigantes que caen, David halla restauración, precisamente porque no ab an do na la gracia y la miseri
cordia de Dios, volviéndose a El de todo corazón. No hace de su tragedia algo más grande que la gracia de Dios, error de m uchas personas que agrandan sus males po r encima de las b ondade s y la g ra da de Dios.
Por otro lado queda claro que no hay líder que pueda darse libertades con sus responsabilidades. David se que dó en casa cuando debió estar en el frente de batalla. La misericordia y la gracia de Dios lo restauraron aun que no le escudaron d e las dolorosas consecuencias que debió ver en el curso de sus años finales.