• No se han encontrado resultados

B.B.a Pedro Figari.

Nacido en 1861, el Dr. Pedro Figari fue un hombre público multifacético34 y, al mismo tiempo, uno de los nombres más

reconocidos de la plástica uruguaya. En 1912 escribió una importante obra, titulada “Arte, Estética, Ideal” que pasó totalmente inadvertida en el ámbito local. Hubo que esperar a 1920 cuando esa obra fue reeditada en Europa con críticas elogiosas35 para que comenzara a construirse la imagen del

Figari filósofo.

33 En efecto, los autores coinciden en que estos tres autores opacan otras

conceptualizaciones que puedan haber surgido, con la excepción, quizás, de las ideas expuestas por el propio José Batlle y Ordóñez durante su vasta actuación y por Joaquín Torres García, a su regreso a Uruguay hacia 1934.

34 Se destacó en su carrera de abogado, así como en su cargo de inspector de la

Escuela de Artes y Oficios que actualmente lleva su nombre, donde pretendió realizar una transformación conceptual de gran aliento. Asimismo, realizó una importante carrera política y ocupó una banca de representante nacional; fue embajador de Uruguay en Francia.

35 En particular se habla de los conceptos vertidos por Henri Delacroix y luego

34

Cada uno de los conceptos que conforman el título de la obra ocupa un tomo de la misma, en el cual explicita su pensamiento fundamental. Figari ve en los esfuerzos de positivistas y materialistas dirigidos por la razón, una manera de ordenar la evolución humana atendiendo a la evolución natural. Su manera de pensar se inscribe en el evolucionismo que confía en la superioridad del hombre quien “por su propia naturaleza... por la mayor complejidad de su organización, y de su inteligencia...” 36 se dirige

indefectiblemente a su mejoramiento que, para el filósofo, es el “ideal”.

Participa entonces de esa actitud positiva de comienzos del siglo XX que confía en la mejora del ser humano a través de la razón y del conocimiento científico:

“La ciencia, como resultado de un sesudo esfuerzo investigatorio, habrá operado este prodigio terrenal sobre un mar de quimeras desesperantes, funéreas, letales.”37

En esta afirmación se observa lo que hay en común y lo que hay de diferente entre el pensamiento de Figari y el de la vanguardia europea: al creer en la mejora progresiva y racional, obviamente que niega, como toda la modernidad uruguaya, las rupturas y los saltos bruscos que pregonaba la vanguardia europea en los mismos años. Además, reafirma la majestad de la “realidad”, al hablar de la “óptima realidad, que nos da cuanto somos y tenemos”38 Será este

concepto de la realidad y de la vida que irá modificando al

36 Ibídem, Pág. 11.

37 FIGARI, Pedro (Montevideo, 1912): “El Arquitecto”. Impresora de los Pocitos

(1998). Montevideo, Uruguay.

38 FIGARI, Pedro (Montevideo, 1912. “Arte, Estética, Ideal”. Impresora de los

35

hombre y a las sociedades “dentro de un criterio normal, cuya generosidad es superior a todo elucubración”.39

El crecimiento y la mejora, que conducen a la libertad y a la igualdad, no llegarán mecánicamente a partir de un cambio en las estructuras físicas, sino que vendrán de la mano del conocimiento. En su esfuerzo por construir la superación del hombre, él mismo se preocupó por trazar algunos caminos interesantes. Es así que, desde el cargo de Inspector de la Escuela de Artes y Oficios, además de ensayar el desarrollo decorativo a partir de los elementos de la fauna y la flora nativas, propone una nueva manera de encarar la formación en los oficios, pensando en un artesano culto seguramente en la línea de los que se formaban en los Talleres Vieneses en la misma época.

Consecuentemente, su concepto no es el de un mundo ideal ni de una utopía a realizar, sino que es el del progreso continuo. No piensa en un estado de cosas en que todo quedará resuelto para siempre, sino que el hombre “a medida que avanza va descubriendo nuevas vías aprovechables en su inextinguible afán de satisfacer sus aspiraciones”.40

Considera al arte y la ciencia como aspectos complementarios de la acción del hombre, en la medida que, mientras que el arte hace a los procedimientos que se siguen en la búsqueda del conocimiento - el arte es un medio de investigación -, la ciencia es el resultado de esa búsqueda, la ciencia es “arte evolucionado“. Este acercamiento entre el mundo de la especulación artística y el de las verdades científicas está presente con mucha fuerza en las vanguardias racionalistas de los años 20.

39 Ibídem Pág.77. 40 Ibídem Pág.11.

36

Cabe recordar al Le Corbusier que señalaba que la arquitectura y la ciencia son una misma cosa porque ambas dependen del número.

Sin embargo, Figari no participa tampoco de la construcción de una historia basada en héroes, dado que la acción de esos héroes enseguida empalidece ante la insaciable sed de progreso de los hombres. Por esta razón, “los nombres de los más grandes benefactores de la humanidad, de ayer no más, están ya olvidados...”41. Sin embargo hay elementos en

común con la vida de los héroes: al igual que los héroes, hace un culto de la acción y del trabajo.

No se trata tampoco de distinguir un arte útil de un arte bello, dado que en ambos casos se trata de satisfacer necesidades humanas. Obviamente que Figari desarrolla un concepto biológico del arte. Uno de los aspectos diferenciales de su filosofía es que no distingue entre sustancia (o materia) orgánica e inorgánica. Para Figari, “todo es vida en la realidad. Todo lo que ha existido existe, y no puede dejar de existir”.42

En una obra posterior, titulada “El Arquitecto” de 192843

se encuentra un poema muy interesante, titulado justamente “Cosmos”, fechado en 1927, donde expresa su ideal de totalidad vital:

“…saturado el Cosmos de substancia y de energía proteiformes que vibran con ansia vital…

41 Ibídem Pág. 13.

42 FIGARI, Pedro: Arte, estética, ideal (Montevideo, 1912) Pág. 481 – 2.

43 FIGARI, Pedro (París, 1928): “El Arquitecto”. Impresora de los Pocitos

(1998). Montevideo, Uruguay. Se trata de una obra dedicada a su hijo arquitecto, fallecido tempranamente, donde conjunta la expresión poética con el virtuosismo del dibujo de ilustración, de manera que lo subtitula “Ensayo poético con acotaciones gráficas”.

37

…Todo es afirmación-vida; todo es continuidad.”44

Estos conceptos se trasmiten claramente a través de su obra pictórica donde personajes, naturaleza y arquitectura se confunden en un mundo de formas y colores, de manera similar a lo que hacen muchos arquitectos que actúan entre 1920 y 1950 para quienes la obra que proyectan es concebida como parte de un cosmos que ellos mismos contribuyen a construir, donde los seres vivos y las cosas inertes, el hombre y la arquitectura, se confunden en una sola armonía vital.

No son ajenos a las inquietudes de Figari los problemas de la ciudad moderna, transformada por la industria y el automóvil45. En un poema, realiza una descripción donde

resuenan tanto los ecos del estilo expresionista Marinetti como el rechazo moderno - racionalista al caos y a la contaminación:

“La urbe trepida con zumbidos de gigantesca colmena y crepita; //se arremolinan con ruidos múltiples los vehículos a bencina, //por entre el hormigueo de los viandantes, turba que pulula alerta, //…// Autobuses, autos y camiones con entraña bulliciosa y maloliente, llevan más arrogantes a los conductores que a los amos,…”

A continuación, al cúmulo de sensaciones que incluyen olores desagradables y caos sonoro se agregan alusiones visuales a las formas “rectangulares” - que no son otras

44 FIGARI, Pedro: “El Arquitecto”. Impresora de los Pocitos (1998). Montevideo,

Uruguay.

45 Debe señalarse que las observaciones que aparecen en esta obra fueran

38

sino las de la arquitectura moderna - y a su coexistencia con las formas del pasado:

“…y los palacios, ufanos, con sus ojos fijos y sus bocas rectangulares, cuando no tragan, vomitan, tragan y vomitan gente,...//En tanto que las chimeneas van despidiendo humo, suenan las campanas; // son las iglesias que, desde lo alto, al verlo todo, todo// se preguntan despavoridas si es verdad que el mundo se ha vuelto loco”.46

Como Rodó y, más adelante, Vaz Ferreira, Figari reafirma el subjetivismo y la libertad de pensamiento como valores fundamentales del ser humano:

“Nuestros pensamientos dan revuelos ágiles como las gaviotas, y libres, // libérrimos por sobre las aguas que tortura o abanica el viento; // pensamientos albos entonces, los pensamientos nuestros, // como el pecho de esas aves caprichosas.” (París, julio de 1927)47

La búsqueda de la identidad constituye una línea argumental a la que dedica varios capítulos, en los que trasmite su visión paradisíaca del continente americano, esa tierra inexplorada que encontraron los europeos navegando hacia el oeste, “un Mundo Nuevo, manso, inocente, gacela en la loma”.

Adhiere luego a las visiones de principios del siglo XX que revierten el concepto tradicional del gaucho, contribuyendo

46 FIGARI, Pedro (1928): “El Arquitecto”. Impresora de los Pocitos (1998).

Montevideo, Uruguay. Pág. 70.

47 FIGARI, Pedro (1928): “Vida interior”, extraído de “El Arquitecto”.

39

a dibujar una imagen idealizada, confluencia de la herencia hispana y el aporte americano:

“…un germen, el óvulo hispano, germen de auspicio, identificado al ambiente de América, //…// Óseo embrión de nueva y lozana varonil estirpe, // de humano bronce elástico y de alma sutil y máscula,// ecuánime, de sagaz ingenio y de cepa nobiliaria,//plástica y recia; sufrida, dura y diáfana como el diamante.”48

Sin lugar a dudas, hay una clara intención de intentar un camino nuevo, que centre su atención en las características propias del territorio y del pueblo que allí habita49. El

positivismo, que abre las puertas de la Modernidad, se atempera con una mirada romántica de alto contenido social, que busca la reafirmación de una nacionalidad idealizada, siguiendo la línea americanista que José Enrique Rodó dotará de un nuevo perfil a través del Ariel, su principal obra.