Capítulo 4. Segunda fundación: tiempo de progreso
V.2. b Crisis: la construcción de la verdad y las formas jurídicas
Lo sucedido en la Casa del Pueblo la tarde del 4 de diciembre dio lugar a distintas versiones según los diarios y semanarios que abordaron la noticia. El abismo en los datos nos hace pensar en una pugna discursiva en términos de construcción de la Verdad –en tanto régimen de verdad, como propone Foucault (1996).
En pro de justificar la actividad represiva, el discurso de los medios hegemónicos operó con la información, difundiéndola en un orden que jerarquizaba, en primer lugar, datos de índole científica y legal; en un segundo momento, la voz de los oficiales represores; y en tercero y último término, los testimonios de las y los obreros. La versión resultante fue controvertida a su turno por la prensa obrera que, denunciando lo ocurrido, reescribió la Verdad. En palabras de Voloshinov «Varias clases diferentes usan la misma lengua. Como resultado, en cada signo ideológico se intersectan acentos con distinta orientación. El signo se convierte en la arena de la lucha de clases» (Voloshinov, 1976: 36).
Dentro de lo que ha sido denominado un «nítido perfil empresario» (Cernadas y Orbe, 2013: 29), se consultaron dos diarios locales -La Nueva Provincia85 y Bahía Blanca86, el primero en sus ediciones del 1 al 27 de diciembre de 1917, período durante
el cual se sucedieron referencias a los acontecimientos en cuestión-, con el resultado que expondremos.
En búsqueda de otra voz acerca de los episodios, nos decidimos por consultar Lucha de clases, que se publicaba en ese momento preciso (diciembre de 1917)87. Este
semanario se definía como el órgano de los centros socialistas de Bahía Blanca y circuló desde 1914 a 1918, año en que pasó a denominarse Nuevos Tiempos «… a fin de
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Como señala María del Rosario Sánchez, La Nueva Provincia adscribía «...a una ideología liberal-conservadora, [pensada] desde los sectores oligárquicos que dominaban el espectro político del país en el siglo XIX» (2012: 255). El diario fue fundado en 1898 y se publica actualmente. Uno de sus propietarios estuvo investigado por actividades delictivas durante la última dictadura cívico-militar. En marzo de 2014, cambió su nombre por La Nueva, a la vez que modificó su tradicional formato sábana por el tamaño tabloide y redujo su publicación en papel a los fines de semana. En 2017, dejó de pertenecer a la familia fundadora (Julio – Massot). 86
A diferencia de LNP, este diario se dejó de publicar hace mucho tiempo. 87
Fue seleccionado entre otros periódicos obreros, de fuerte presencia en la época, algunos escritos en italiano, por ejemplo, L'Eco d'Italia: settimanale independente o Nuova Italia.
vencer las resistencias que generaba el título anterior en los lectores no afiliados» (Cernadas y Orbe, 2013: 29).
Una distinción que encontramos entre medios de comunicación hegemónicos y subalternos es la temporalidad. Mientras que los primeros se caracterizaban por una tirada diaria (diarios), los segundos -generalmente prensa obrera- presentaban ediciones semanales (semanarios) los días sábado o domingo. Martín-Barbero señala que la periodicidad de las ediciones concuerda con «…la fragmentación de la temporalidad en las clases populares: la cantidad y organización del texto en su relación a los hábitos de consumo, a las necesidades y posibilidades de lectura, semanal como el tiempo del descanso y el cobro del salario» (Martín-Barbero, 1991:145).
Las acciones represivas que produjeron la muerte de Lavandera y heridas en mujeres y niños ocurrieron el martes 4 de diciembre, a la noche. Ese día, LNP publicó una nota titulada «Los obreros de los frigoríficos. Huelga que fracasará» y calificó de intransigentes a los huelguistas, acusándolos de actuar con ligereza al no ceder ante las gestiones de las «… empresas de los frigoríficos para llegar a un arreglo amistoso ...». El diario explicaba a sus lectores que la huelga no causaría perjuicios a los frigoríficos «… tanto porque tienen las cámaras repletas de carne congelada cuanto porque el personal empleado era superior al que realmente necesitaban en estas circunstancias» (LNP, edición del 4 diciembre 1917: pág. 7, col. 4), aclarando que el stock sería suficiente para tres meses de exportación.
Recordemos que se atravesaba un período de restricción de las exportaciones a la Europa en guerra y podremos ver cómo, también en este caso, el dominio de la ideología coincidió con el dominio de los signos, dado que las condiciones materiales vigentes admitían la proliferación de un discurso anti-obrero. Al respecto, escribe Voloshinov: «Todo signo ideológico es no solo un reflejo, una sombra, de la realidad, sino también un segmento material de esa misma realidad. Todo fenómeno que funciona como un signo ideológico tiene algún tipo de corporización material...» (Voloshinov, 1976: 21).
En este sentido, el excedente de producción permitió avanzar sobre el disciplinamiento de los obreros, LNP informó que, ante «la actitud de los obreros», la
patronal había decidido clausurar la planta de Cuatreros, «aprovechando así una oportunidad que le ha sido favorable». Una guardia permanente de cincuenta hombres de la armada nacional custodiaría las instalaciones «mientras dure la huelga». El diario concluyó la nota afirmando que los obreros «… continúan paralizados en sus funciones, esperándose de un momento a otro quede solucionado el conflicto y…reanuden su trabajo» (LNP, edición del 4 de diciembre de 1917: pág. 7, col. 5). El objetivo de disciplinamiento se refleja en dos sentidos, primero con la mención de la presencia de fuerzas represivas, y luego cuando reafirma la necesidad de que «… las cosas [vuelvan] a su lugar y los obreros a sus funciones». Dice Williams, con quien coincidimos:
La verdadera condición de la hegemonía es la efectiva autoidentificación con las formas hegemónicas; una «socialización» específica e internalizada de la que se espera que resulte positiva pero que, si ello no es posible, se apoyará en un (resignado) reconocimiento de lo inevitable y lo necesario. (Williams, 1981:141)
El 5 de diciembre, el Bahía Blanca publicó un relato inicial de los hechos represivos bajo el título La huelga de Cuatreros. CHOQUE SANGRIENTO, basado en fuentes policiales:
Los obreros en huelga estaban celebrando una reunión en la que pronunciaron fogosos discursos excediéndose en improperios e insultos contra el Presidente de la República y la autoridad policial. Tales palabras generaron gran excitación entre el auditorio que la emprendió a golpes de puño e insultos contra los agentes de policía allí destacados para hacer guardar el orden pretendiendo salir en tumultuosa manifestación. (Bahía Blanca, edición del 5 de diciembre de 1917: pág. 4, col. 5)
Así, la prensa transforma a los obreros en monstruos, de quienes ha dicho Foucault (2006) que son aquellos seres que trasgreden no solo las normas jurídicas, sino también las leyes de la naturaleza. Los obreros en huelga, en efecto, sobresalían por su brutalidad, expresada en lanzar improperios, mostrar gran excitación y emprenderla a golpes de puño contra las fuerzas del orden, conductas que los acercaban más a la barbarie desorganizada que a la normalidad de la civilización, y los hacían ingresar al ámbito de lo prohibido por la ley de defensa social.
El semanario Lucha de clases entregó a sus lectores una verdad distinta en su edición siguiente a los hechos. Allí se hizo notar que durante la asamblea de los obreros «… nadie habló mal de la policía, al contrario se elogió la actividad policial». Y se denuncia a través del relato de un obrero que los hechos se desencadenaron así:
El orador decía que teníamos que confiar en el presidente [Hipólito Yrigoyen] que era buen amigo del obrero y después que el oficial [Juan J. Carbia, a cargo del operativo] aplaudió esta frase, salió para ordenar a la tropa que hiciera fuego sobre la masa de los concurrentes (Lucha de Clases, edición del 8 de diciembre de 1917: pág. 1, col. 1).
Por otro lado, aparecen también las mujeres con características monstruosas por irrumpir en el espacio público: «Numerosas mujeres circulan con palos envueltos en diarios» (LNP, edición del 6 de diciembre de 1917: pág. 7, col. 3), a la vez que se las menciona en un juego de invisibilidad dentro del espacio laboral: «Ayer mismo se habían declarado en huelga las mujeres que trabajan en la Compañía y que alcanzan un número de 200. Ignoramos si tomaron parte en el tumulto» (Bahía Blanca, edición del 5 de diciembre de 1917: pág. 4, col. 5. Resaltado propio).
Aparecen mujeres armadas en el espacio público. Ingresan al mundo de lo monstruoso, distantes de la debilidad que se espera para la condición femenina y en su condición de trabajadoras88. El control social es ejercido sobre ellas, tanto por su condición de mujeres, como de trabajadoras situadas en el espacio público. Como señala Lobato, esta presencia femenina en los ámbitos doméstico y público constituyó una contradicción difícil de superar a lo largo de todo el movimiento obrero. Los medios de comunicación subrayaban la «…posición ambigua que tenían frente a una situación que consideraban doblemente peligrosa: en el hogar y en el trabajo» (Lobato, 2007: 141).