En la tríada del signo es posible ver también el reflejo de la división triádica fundamental que citamos arriba: el representamen, siendo el punto de arranque de la semiosis, remite a la primeridad; el objeto a la secundidad y el interpretante a la terceridad. Desde aquí y enlazando 3 Sebeok, Thomas, en AA.VV.: El signo de los tres, Ed. Lumen, Barcelona, España. 1989, p. 29. 4 Peirce, Charles S., La Ciencia... op. cit.
estas categorías con cada elemento del signo, es posible obtener su división según la siguiente expresión triádica:
Primeridad Secundidad Terceridad Representamen Cualisigno Sinsigno Legisigno
Objeto Ícono Índice Símbolo
Interpretante Rema Dicisigno Argumento
Se trata de una división del signo que toma en cuenta su triple relación: consigo mismo, con el objeto al cual alude y con el interpretante.
División del signo en relación con sí mismo, es decir, con el Representamen
- Cualisigno: es el signo en su aspecto de cualidad (por ej., el “color” del caballo, el tono de voz de un discurso o poesía, el estilo de un grafismo, etc.). Es lo general del signo, pero que le permite subsistir en cuanto tal, sin ser todavía la totalidad del signo.
- Sinsigno: es la presencia concreta del signo (por ej., la presencia del color del caballo en este signo L concreto). Es lo particular del signo.
- Legisigno: es la norma o modelo sobre el cual se construye un sinsigno (por ej., lo que es- tablece el diccionario para la definición semántica de la palabra “caballo").
U. Eco explica con un ejemplo esta división:
“Un billete de banco es un sinsigno cuyo legisigno establece su equivalencia con una cantidad exacta de oro: pero a partir del momento en que la réplica se estudia como provista de características cualisígnicas (la filigrana, la numeración), tam- bién en un cualisigno y, por lo tanto, irreproducible como tal. Se objetará que el oro es cualisigno a causa de su rareza, y en cambio el billete se ha convencionaliza- do como dotado de valor, por arbitrio legisígnico; pero es que también el billete es cualisigno a causa de su rareza, y también el oro se ha convencionalizado como pa- rámetro de valor de una manera arbitraria (podría llegar a ser abandonado como patrón, y sustituido por el uranio).”5
División del signo en relación con su Objeto
Esta es una de las clasificaciones más conocidas de Peirce y que ha suscitado también no pocos debates teóricos. Según el objeto al cual se dirige, Peirce distingue tres clases de signos:
- Ícono: es el signo que se relaciona con su objeto por razones de semejanza: “... relación de razón entre el signo y la cosa significada”. Para Peirce, el ícono es una imagen mental, o sea, de un representamen que representa su objeto, al cual se le parece. El ícono de la palabra “frío” es la imagen que se forma en nuestra mente y que se asemeja a nuestra experiencia del frío. Pero también es un ícono un cuadro de paisaje, una fotografía o un diagrama.
- Índice: es el signo que conecta directamente con su objeto: las huellas de un caballo so- bre el camino, o bien, el pronombre “tú” para indicar la persona con la que se habla. El índice es, pues, indicativo, y remite a alguna cosa para señalarla, como sucede con el mercurio de un termómetro, que esté para señalar la temperatura o el humo para indicar la presencia del fuego.
- Símbolo: es el signo simplemente arbitrario, como las palabras: ellas, en efecto, tienen significado por una ley de convención arbitrariamente establecida.
La dificultad para comprender esta clasificación se disipa si recordamos una vez mas que, para Peirce, el signo es una entidad triádica y, por lo tanto, el icono, el indice y el símbolo no son sino representámenes (signos con algún soporte) que se relacionan con el objeto desde diferentes puntos de vista. En cambio, en otra vertiente de problemas, es sobre todo el tema del iconismo el que sigue provocando polémicas, ya que el pensamiento de Peirce no es del todo claro al respecto.
Peirce dice que “el único modo de comunicar directamente una idea es por medio de un ícono”, lo cual equivale a afirmar que todo ícono es una imagen mental, o sea, algo que existe en el interior de la persona, a manera de imágenes, de esquemas, de formas y colores de las cosas. El conocimiento humano –según Peirce– se genera siempre mediante una relación de signos, de modo que también un ícono es un producto mental, construido mediante la relación de percep- ciones sígnicas y operando con ellas. Es lógico, entonces, que él considere ícono no sólo una foto- grafía, sino también una onomatopeya o un diagrama. Los diagramas son íconos, porque repre- sentan una equivalencia proporcional, un espacio lógico, precisamente aquel que se forma en la mente acerca del diagrama mismo. Como vemos, su concepción de iconismo es muy particular y parece que, en el fondo, Peirce maneja dos conceptos de iconismo. El primero es el que se carac- teriza por ser una percepción mental común a cualquier elaboración sígnica durante el proceso de conocimiento humano: entonces, en rigor de lógica, según Peirce, el cuadro de un caballo no es un ícono sino un índice que atrae nuestra atención sobre el animal allí representado, pero por comodidad –afirma él– se suele extender también a la cosa representada.
Otro concepto más específico de ícono tiene que ver con aquel signo que genera en el in - dividuo una imagen semejante a las cosas representadas. Sin embargo, lo que produce seme- janza no es el objeto, sino la construcción sígnica convencional. Así, por ejemplo, el caballo del cuadro se relaciona con su objeto no por una semejanza física entre la imagen y el animal, sino por una “homología proporcional”, es decir, debido a la similitud de proporciones, en donde cada punto de la figura está colocado en el mismo orden que corresponde al objeto representa- do y cuya convención semiótica aceptamos.