—¿Qué tal Leopoldo?, hablemos de los acontecimientos que comentábamos la semana pasada, ¿recuerdas?, hablábamos de algunas situaciones que habías vivido en tu infancia.
—Sí claro Doc, pues había comenzado a describirte cómo fue mi vida cuando yo era niño, te había dicho que mi padre nunca se casó con mi madre, yo siempre lo veía porque iba a la casa, pero lo que yo recuerdo es que nunca se quedaba, después me enteré que él estaba casado y tenía otra familia, vivía con ella, pero esto yo no lo supe hasta los 18 años, sólo sabía que no dormía con nosotros y como siempre fue así desde que me acuerdo, nunca lo vi extraño. Fui hijo único de mi madre y los recuerdos que tengo de ella, son siempre de una mujer trabajadora, que me sacó adelante.
—¿Considerarías a tu madre como una mujer sobreprotectora?
—Yo creo que sí, nunca me dejaba ir a ningún lugar por miedo a que me fuera a suceder algo, pero ni siquiera cuando yo ya estaba grande Doc, además tengo recuerdos muy claros, en los que siendo yo ya un joven, llegaba a la casa después de alguna fiesta, a las dos o tres de la mañana, sobre todo un tiempo en el que me rebelé contra ella, y se levantaba a darme de cenar, lo tengo muy grabado porque yo mismo decía, qué barbaridad como puede ser que mi madre se levante a darme de cenar, llegue a la hora que llegue, claro tal vez muchas personas considerarían eso como un halago, yo la verdad lo consideraba como un sacrificio, y un sacrificio un poco absurdo.
—¿Cómo considerarías la relación que tuviste con tu papá?
—Una relación lejana, yo me acostumbré a verlo de vez en cuando y a que no durmiera en la casa, pero eso no me quitaba la necesidad de querer verlo más y convivir de otra forma con él. Un día sucedió algo que me marcó, me llevó al trabajo, a su oficina, él era un hombre muy reconocido en la política, llegó a tener cargos muy altos dentro de la política; recuerdo que ese día que llegamos a su oficina, alguien le preguntó—¿y ese niño de donde lo sacaste?, ¿es tu hijo?— y él respondió —no—, ese día yo no entendí y le podría decir Doc, que ese día tuve uno de los sufrimientos más grandes de mi existencia. Me di cuenta que mi padre me ocultaba, yo no estaba tan chico, pero a partir de ahí empecé a atar cabos, y entonces entendí por qué la soledad, por qué no estaba con nosotros, porque mi madre era la que me sacaba adelante, en fin.
—¿Qué fue lo que hiciste después de que te enteraste de eso?
—A partir de ese momento y en toda mi confusión, comencé a tratar de ganármelo, como que dentro de mí dije, si no me quiere es porque no me conoce y entonces inició un largo camino en el cual yo quería tener el reconociendo de él, las cosas y los proyectos que tenía eran para que él se diera cuenta de ellos y se sintiera orgulloso y satisfecho con el hijo que tenía, muchas veces dije, le voy a demostrar como el hijo con quien no vive, es más que los hijos con los que sí vive.
—Leopoldo, ¿te das cuenta que entonces has vivido para demostrarle a él que tiene un hijo valioso? Y que por tanto si tienes que demostrarle que su hijo es valioso, entonces es porque el hijo no se siente como tal. O sea, dicho de otra manera, has vivido queriendo que tu padre te reconozca, y los logros que tienes, aunque son muchos, son para demostrar que puedes, y no para valorarte y darte cuenta las virtudes y fortalezas que tienes, por eso es que al mismo tiempo te sientes con un vacío interno que nada, ni nadie lo llena. Dicho sea de paso, la relación que tienes con tu esposa, es de total dependencia porque quieres que ella te dé el reconocimiento que toda la vida estuviste esperando de tu padre.
—El que esperaba porque ya murió.
—Está bien, el que esperabas, pero te puedes dar cuenta de dónde viene ese vacío interno que tienes, el por qué todos los días amaneces sin ganas de nada, el por qué a pesar de ser muy creativo e inteligente no estás satisfecho.
—Sí me doy cuenta que toda la vida lo que he querido es agradar a mi padre, y no me fijo en mí, mucho menos en mis logros, y además estoy totalmente dependiente que de mi esposa me apruebe o no algo, tal vez esto por mi padre y si no lo hace, entonces me enfurezco.
—Así es, porque de alguna manera te toca nuevamente una herida hecha en el pasado y que no sana.
Leopoldo se dio cuenta que el abandono de su padre y la sobreprotección de su madre, lo habían llevado a no valorarse, y además, a tener un vacío interno que lo llevó a tomar la decisión de estar siempre teniendo logros económicos, pero nunca se llenaba porque la realidad del vacío que él poseía no era de recursos económicos, sino de la presencia de su padre. Además la codependencia que tenía con su esposa, era la misma situación de querer un reconocimiento de alguien a quien él apreciaba. Finalmente se da cuenta que su depresión es porque no resuelve este dilema que se fragmenta en varias partes.