—¿Qué tal Agustín? —Hola Juan
—¿Cómo va la familia?
— Bien, todo bien, no hemos permitido que las cosas vuelvan atrás, gracias. Mi esposa te manda saludos.
—Gracias, ¿y qué pasa con los negocios?
—Pues igual Juan, batallando. Te acuerdas que te había comentado que las cosas se me hacen muy difíciles, aunque creo que pude haber encontrado una raíz de mis males jeje, bueno ya tú me dirás.
—Bien, pues empecemos, ¿cuál es esa raíz que descubriste?
—Fíjate que respecto a lo que platicamos la otra vez, sobre algo que me haya ocurrido con este tema en la infancia, me costó trabajo pero me acordé de un acontecimiento que puede ser que se relacione con lo que hoy vivo respecto al tema del dinero y de los negocios.
—Cuéntame.
—Claro, yo no me acordaba pero mi hermano menor me ayudó a recordar un evento que, ahora que lo pienso y sí, fue muy doloroso, es más ahora que hice memoria y lo recordé, me di cuenta que me dolió y estuve llorando.
—¿Qué fue Agustín?
—Lo recuerdo de esta manera, mi hermano y yo pedimos permiso para ir a jugar a una unidad deportiva que se encontraba a dos cuadras de la casa, casi siempre que íbamos ahí mi mamá nos daba dinero para que compráramos unas papas cuando regresáramos a casa, ese día se le olvidó darnos el dinero y a nosotros pedirle. Nos fuimos a jugar y al final como era nuestra costumbre, llegamos a la tienda con la
señora de las papas y le pedimos que nos diera una bolsa, ya que nos las había dado nos dimos cuenta que no traíamos dinero para pagarlas, entonces mi hermano menor comenzó a llorar porque él quería las papas, yo intentaba explicarle que después regresaríamos, que fuéramos a pedirle dinero a mi mamá; total para no hacerte el cuento largo, un señor que vio a mi hermano llorar, nos sacó de la tienda y nos dijo —oigan escuché que no tienen dinero, les voy a dar para que compren las papas ¿les parece?—Yo todavía no reaccionaba cuando mi hermano había estirado la mano y tomó el dinero, bueno la verdad pensé que no pasaba nada, así le hicimos, las compramos y nos fuimos a la casa.
—¿Pero hasta ahí no ha pasado nada?, qué fue lo que vino después.
—Al siguiente día, nos fuimos a la escuela mi hermano y yo, todo normal verdad, y bueno ¿por qué no debería de estarlo?, salimos de la escuela, llegamos a casa... (se hace un silencio, grande silencio).
—¿Estás bien Agustín? (se repuso y sigue)...
—Mi madre me dice —ya sé lo que hiciste— yo aún no reaccionaba y en cuestión de segundos, ya tenía mis manos en la estufa encendida, me las estaba quemando.
—¿Qué fue lo que sucedió?
—La señora de la tienda le había dicho a mi mamá que nosotros le habíamos robado el dinero con el que le compramos las papas, porque ella se dio cuenta que no traíamos dinero, pero no se enteró cómo lo obtuvimos, así que le comentó a mi mamá que se lo habíamos robado. Mi madre no me dejaba hablar, me jalaba mientras me decía —en mi casa no quiero ladrones— yo le decía, mamá espera deja te explico y ella me contestaba —no quiero saber nada, sólo quiero que no lo vuelvas a hacer—. Después de mucho rato me dejó hablar y le pude explicar, tuvimos que ir con el señor que nos dio el dinero, ya que era un vecino y entonces fue que mi mamá se convenció, cuando se dio cuenta de la verdad, no sabía qué hacer ella, vi cómo su cara se transformó y con voz muy dolida me decía —perdóname hijo— pero bueno creo por lo que hemos hablado, que el daño estaba hecho.
—¿Qué conclusiones sacas con todo esto?
—Pues no hace falta mucho para darme cuenta que, desde ese momento quedé marcado para toda mi vida, y le empecé a tener mucho miedo al dinero, a partir de ahí cuando mi madre me pedía que le trajera algún mandado, lo hacía con mucho nerviosismo, y conforme fui creciendo, peor. Ahora en mi negocio por miedo a fallar. Me di cuenta que todo eso quedó grabado en mi inconsciente y que ahora me cobra una factura muy alta.
Pero bueno también me doy cuenta que yo elijo cómo vivir, y no quiero vivir mal, no quiero vivir con esta loza toda mi vida, así que dime qué sigue.
—Sigue la sanación de esa herida, la reinterpretación del pasado, para poder liberarte de él.
Agustín descubrió algo muy importante, se dio cuenta que cuando su madre lo corrigió de esa forma lo marcó para toda su vida, y claro la forma fue muy violenta y agresiva, de tal manera que él comenzó a tener miedo a todo lo que pudiera llevarlo a situaciones semejantes, fue como si su cerebro tuviera un mecanismo de defensa el cual le impidiera vivir cualquier situación que lo llevara a ese mismo escenario. Así que la forma más sencilla que encuentra el cerebro es no enfrentar aquello que lo pudiera poner en riesgo, dicho de otra manera, a partir de este momento, ni me arriesgo, ni me expongo a sufrir una situación así por dinero.