La enseñanza de la Danza ha empezado a estar en mi proceso formativo como bailarina creadora desde que ingresé a la Universidad Distrital con el Proyecto Curricular Arte Danzario. Desde el momento en que le abrí paso a la enseñanza como manera de proceso formativo, he podido dar y conocer más a fondo la importancia de la educación en Danza en mi municipio de Soacha y en la ciudad de Bogotá. En donde he logrado reconocer y descubrir poco a poco las transformaciones que he obtenido bajo los elementos o didácticas que he utilizado para realizar una clase. Lo que ha permitido encontrar maneras de entrenarme y autocorregirme, poniendo a prueba mis habilidades y fortalezas para aportarle a mi trabajo como intérprete gracias al trabajo en equipo que se hace con los estudiantes.
Cuando empecé la enseñanza en Danza Contemporánea a los niños del municipio de Soacha, lo veía como un medio para adquirir dinero y experiencia en el área formativa y educativa en la Danza. Pero a medida que iba pasando el tiempo empecé a notar cambios en mí, no solo desde la Danza Contemporánea sino también desde mi vida personal. Reconocía en las clases que más que ser un guía para mis estudiantes también era un estudiante más, en donde mis errores y mis destrezas se iban transformando llegando a tal punto de dejar en los estudiantes y en mí, mis deseos y pasiones en cuanto a la creación, en cómo se ejecuta el movimiento y como a partir de lo ya estructurado en la clase y en la técnica, empiezo a darle un toque personal, en la manera en que me muevo y me expreso en la clase y en la escena, permitiendo cada vez más crecer como docente y como bailarina.
“El profesor también puede autogestionarse probando su saber disciplinario. Con el grupo amplía sus habilidades, compromete sus pasiones intelectuales y afectivas y adquiere tanto identidad como un sello personal frente a determinados temas
o sucesos, sino que actúa en función de ellos. En suma, convierte el trabajo de aula en experiencias de crecimiento personal” (Samper, 2004)
En ese orden de ideas es importante traer a colación lo dice De Zubiria cuando señala la labor del maestro en los procesos pedagógicos, he tomado en cuenta que mi labor de enseñanza en Danza Contemporánea me ha permitido progresar en diversos aspectos. Tanto los físicos, como los emocionales y psicológicos, de modo tal que mi manera de bailar y percibir la danza ha abierto caminos muchos más claros y conscientes para escucharme corporalmente, entender la técnica y estar en la escena.
Mi primera experiencia de enseñanza ocurrió a mis dieciocho años en un jardín infantil, en este lugar enseñaba todo tipo de Danza que conocía en aquel entonces que era Ballet Clásico y Danza Tradicional. Fui la profesora de niños entre los 3 a 5 años de edad, en este momento empecé a darme cuenta cómo los niños utilizaban sus apoyos para hacer mucho más fácil el trabajo de estabilidad y coordinación, aunque el piso no era el adecuado para la clase de Danza, lograba solucionar cuales movimientos dentro del Ballet y la Danza Tradicional permitían hacer un trabajo motor, de coordinación, equilibrio y estabilidad siendo esto una lección para mi aprendizaje como bailarina de Ballet en ese entonces.
Luego de esta primera aproximación, tuve la ocasión de vincularme a la escuela de Ballet Arte y Estudio y allí pude dimensionar de una manera más formal mi papel como maestra. Trabajé los días sábados durante dos horas en una escuela de Ballet dirigida por la maestra Adriana Leguizamón en el municipio de Soacha. En la escuela trabajaba con niñas en donde les enseñaba Danza Contemporánea con elementos teóricos y prácticos de maestros y procesos reconocidos tales como el de Martha Graham, José Limón, Lester Horton y Piso móvil.
Pude notar que era un punto de partida valioso para entender la técnica y la interpretación; descubriendo además cuáles eran esos caminos por los que podía transitar, para que en mi cuerpo la técnica y el movimiento fuese más claro y preciso al momento de ser explicado y bailado.
Preparaba todas mis clases haciendo un cronograma de todo el año, ubicando en cada mes qué teníamos que ver. Para mí era muy importante hacer una lista de cómo iba hacer el calentamiento, después de esto se realizaban unos ejercicios claves para la comprensión de la técnica y concluía con una frase de movimiento. En este punto mi intención se centraba en que los conceptos trabajados se interiorizaran en su cuerpo y movimiento, es decir que su Danza más que técnica fuera expresiva.
A raíz de esta experiencia, por medio de este cronograma que era de gran apoyo para tener más claridad y eficacia de mis clases, descubría que en mi cuerpo y en mi interior sucedían cambios, cada vez que aprendía algo nuevo con mi cuerpo, se los enseñaba a las niñas del ballet. Estos cambios me permitían tanto a mí como a ellas reconocer donde nace y donde termina el movimiento aprendido y de qué forma era mucho más fácil ejecutar la técnica siendo mucho más consciente de lo que realizaban. Gracias a esto lograba ser más precisa y clara cuando estaba en clase y en escena mejorando mis aptitudes como artista de la danza.
Sucedieron por entonces varios cambios físicos, pero narraré los que más hicieron relevancia en mi proceso, puesto que se me dificultaban desarrollarlos correctamente
La posición de los pies: observaba mucho como estaban puesto mis arcos cuando estábamos en posición vertical haciendo ejercicios de contracción, o en primera posición de Ballet en la barra, observando que los arcos no se cayeran, manejo del releve, de sentir más
presente la textura, la temperatura, el grosor del suelo, cuando se realizaban trabajos de desplazamientos como deslizar, saltar, girar.
El manejo de la columna vertebral: observando la alineación cuando estábamos sentados o parados si ejecutábamos movimientos estáticos donde solo se incluyeran movimientos en las piernas.
Manejo del suelo: en la utilización de los apoyos, en empezar hacer mucho más recursivos, con las manos y los pies y otras partes del cuerpo sin golpearnos o lesionarnos.
Contracción y relajación: desde el centro de mi cuerpo dándole flexibilidad para poderla manejar en diferentes direcciones.
El trabajo de reléase: con el manejo de los brazos cuando algunos ejercicios requerían de lentitud, rapidez.
Mirada periférica: como empieza ampliarse y hacerse más precisa para poder observar cuando todas las alumnas ejecutan las frases de movimiento o cuando improvisaban, detallando el manejo de sus propias creatividades para así, yo poder ir reflexionando la manera en cómo “yo” como docente, me muevo.
Manejo de la voz: descubrir la importancia de manejar el tono y un lenguaje mucho más adecuado para dirigir, permitiéndome ser contundente, rigurosa y precisa con cada explicación del movimiento.
Trabajo del espacio: observaba mucho en las estudiantes en como manejaban su propio espacio y el espacio compartido y entendía que tanto en la técnica, como la música y otros elementos que constituyen la Danza, el tema del espacio hace parte de muchas de las falencias
que tenemos muchos bailarines. Entendiendo que no solo es un tema del propio bailarín sino también del docente, en como sus recursos creativos permite ser de recurso para manejar el espacio cuando se está dando información coreográfica.
La música: creaba con diferentes géneros musicales mis propias propuestas, arriesgándome a crear mis propias frases, reconociendo mis propios conocimientos corporales y manera de bailar.
Aunque mi trabajo en enseñanza ha sido empírico, buscaba documentos bibliográficos de contenido pedagógico, centrándome en las didácticas que pudiesen aplicarse en danza, que me permitieran hacer las clases diferentes y productivas. Uno de los documentos que fue de gran utilidad fue “incluyendo al cuerpo, cartilla para el trabajo con niños y niñas diversos a través de la Danza Contemporánea integrada” realizada por la corporación ConCuerpos. Esta cartilla fue de gran utilidad puesto que me dio bases para entender la importancia de jugar con elementos de la danza desde el calentamiento y la culminación de la clase, quedaran aprendizajes y preguntas en cuanto a cómo enfrento mis miedos, mis inquietudes y que le aporto a la clase desde mi posición como docente- estudiante en interlocución con mis alumnos. Uno de los ejercicios que me permitió ser consciente de la alineación y la respiración.
Para la realización de este ejercicio primero que todo, tuve que hacerlo por mí misma para que fuera mucho más claro al momento de ser explicado, reconociendo en mi cuerpo qué sucedía con mi columna vertebral, mi estómago, la respiración, y como mis propias imaginaciones o sensaciones lograban ir más a profundidad el ejercicio. Este ejercicio tan sencillo permitió manejar la respiración y mi estado de conciencia en la columna cuando hacia cambré en clases de Ballet o cuando tenía funciones de Danza Moderna y Contemporánea.
Logrando crear otras posibilidades de movimientos, y dejando también que los estudiantes propusieran otras maneras de realizar los ejercicios con sus otras partes del cuerpo.
Ilustración 2. Manos flotantes
La habilidad para adaptarme a condiciones inesperadas sigue siendo un descubrimiento de gran impacto en este camino, ya que, en ocasiones, cuando un paso no era claro para las niñas; buscaba otras alternativas para lograr la comprensión en mi explicación.
De esta manera con estos y otros ejercicios que iba desarrollando fui descubriendo que no solo mi cuerpo cambiaba, si no que aspectos de mi personalidad tales como, la seguridad al momento de enfrentarme a un público para dirigir o explicar se fortalecía. Mi temor al dirigirme al público era muy notable, me daba pavor y no lograba desenvolverme adecuadamente ya sea en una discusión o al momento de exponer un tema y esta experiencia ha conseguido que en los debates e interlocuciones mis posiciones sean más firmes y seguras. Por supuesto en la misma escena he logrado mantener poco a poco una postura mucho más firme, más segura, ya que esta seguridad que les doy a mis alumnas cuando les enseño también le doy uso a manera de herramienta para fortalecerme en escena.
Otro de los cambios que se vienen dando a raíz de esta experiencia tiene que ver con mi creatividad ya que empecé a encontrar herramientas útiles para darle un formato personalizado a mis clases. Para arriesgarme a explorar si funcionaba esa metodología desde lo ya estructurado, mi propósito estaba focalizado en hacer uso de diversos elementos para crear mis propias sesiones. Como bien lo dice Snyder (2006) tomando como importancia la creación de movimientos en los alumnos y los maestros para crear en danza: “La creación es un proceso de interrogación, de investigación. Se debería fomentar la formación de maestros que investiguen sus propios procesos creativos y ejerzan la docencia como proceso de investigación de sus propias acciones e investigaciones” ( p. 53)
Crear ha sido un componente importante en mi formación como bailarina, puesto que he logrado descubrir las capacidades y habilidades de poder crear y adaptar a cada condición mis propias clases y coreografías, mis propias metodologías, mis propias maneras de manejar la música con la que armonizo mis clases, formar cuerpos que quieren aprender y hacer que ellos
mismos creen sus propias maneras de bailar; pero sobre todo encontrarme conmigo misma, notando también mis debilidades, y lo que se puede o no lograr en una creación.
El uso de la improvisación, el análisis del movimiento, de la puesta en común verbal, el trabajo colaborativo, la creación de guiones y la utilización de una variedad de lenguajes, además el movimiento (textos, sonidos, espacios arquitectónicos y naturales, la interacción con los públicos) son algunas herramientas de las que se disponen los maestros de danza para promover la creatividad……el maestro puede sistematizar el uso de la investigación- acción para analizar y adecuar su propia práctica docente a sus metas y compartir sus experiencias con otros. (Snyder, 2006,p. 53)
Otra de las situaciones donde se expresaba esta realidad se daba al momento en el que llegaban niñas en edades que no correspondían a las que estaban en el diseño de la clase y esto tenía como consecuencia la modificación de algunas acciones. La manera en la que aclaro mis orientaciones en clase o sencillamente cuando consideraba no planearlas en detalle, cómo activaba mi memoria o mis impulsos para llevar a cabo una clase exitosa.
Después de dar clases, pude notar que era importante utilizar la improvisación como un motor especial para hacer productiva y dinámica las clases dictadas, mis clases de improvisación y por supuesto la escena.
La improvisación se utiliza cada vez más en los procesos inicial es de los montajes coreográficos, y teatrales donde se involucra a los intérpretes a crear movimientos, personajes, diálogos, que sirven de materia prima para el coreógrafo o director de escena. También se usa en escena como es el caso con las formas clásicas del jazz, la música tradicional de la india, los sones barrocos, veracruzanos y de la huasteca y en algunas formas de danza y teatro contemporáneos. (Snyder, 2006, p. 54)
En ocasiones me ocurrió que debía dar clases a diferentes edades sin haberla preparado, sin embargo, al poner a prueba la improvisación, he logrado entender la importancia
de solucionar y actuar ágilmente una clase. Fortaleciendo mi trabajo en escena, en cómo solucionar cuando en momentos de cambios en la música, si hay que salvar la escena en cuanto al olvido o equivocación de la coreografía de algún interprete o mío. Como lo menciona un poco Karppinen (2003) en donde justifica que:
Yo misma no he podido hacer un horario detallado respecto a lo que se hará y al momento en que se hará. Depende mucho de: 1) el grupo, 2) cada individuo del grupo, 3) el ambiente del momento, y 4) todos los aspectos prácticos del espacio material escenográfico y tiempo. De manera que, verdaderamente, el curso y sus talleres siempre tienen la improvisación incluida, sin importar que también planeado este, ni cuantas copias impresas haya acerca de los propósitos y contenidos del curso. (p.33)
Uno de los factores que desarrollaron aún más esta conciencia de improvisación fue cuando me encontraba en la escena, gracias a lo visto y aprendido en las clases que di. Esto se vio reflejado en la obra de montaje de grado “en los ojos y en la piel” dirigido por la maestra Jimena Alviar (2015). En uno de los días cuando fue presentado en el Teatro Libre de la Candelaria, estando en escena por algunos instantes se me alcanzó a olvidar secuencias de la coreografía cuando me tocaba hacer solos, en este instante sabía que tenía que resolverlo, no dejar morir la escena o que se volviera tediosa o no encajara en el ámbito interpretativo, entonces los momentos de improvisación estuvieron activos permitiendo dar continuidad, seguridad y dinámica a lo que daba en ese entonces en la escena.
Aunque haya visto improvisación en la academia y en otros espacios de aprendizaje, haber podido resolver las clases que di en la Escuela de Ballet Arte y Estudio me permitió y aún me permite fortalecer esos momentos de riesgo, de solución y de estado de improvisación ya en la escena.
No solo el tema de la improvisación fue tomado para resolver problemáticas que se daban en una clase, sino también para desarrollar y descubrir en mis alumnas su propia manera de bailar y moverse, dándoles diferentes instrucciones de calidades de movimiento, música, objetos, premisas que me dejaban ver y comprender, como los bailarines encontramos salidas y nos desenvolvemos en estados de cambios tanto musicales, como espaciales.
En lecciones de improvisación y composición, por ejemplo, problematizar significa intentar la misma propuesta de diversas maneras (con distintos trajes, cambiando la música, cambiando la dinámica), con otras personas (jugando con el género, la edad, los vestidos) y con diferentes propósitos. (Marques, 2001, p. 39)
Otro aspecto importante que se ha ido manejando es la autoestima y todos los aspectos emocionales que se han tenido que trabajar para llegar a generar más confianza en mí misma. Este aspecto ha sido por momentos difícil de manejar, porque no todas las clases uno las maneja de la misma manera en cuanto a lo emocional, puesto que como docente he tenido que llevar las clases para que logren estados activos, mientras en mi estén sucediendo cosas, como miedo, angustias, tristezas y felicidad entre otras. La danza en si misma puede ser un instrumento de autoestima porque hace ver a los aprendices qué posibilidades de movimiento y creación encierran sus piernas, brazos, pies…por ello hay que concebirla de esa manera. (Cuenca, 2009)
El manejo y control de lo emocional, ha sido de bastante trabajo en cuanto a la ejecución del movimiento, puesto que mientras uno dicta clases se generan muchos sentimientos y más cuando se está iniciando este proceso de enseñar. Además, que en el movimiento también se refleja el estado de ánimo y la disposición que toma mi cuerpo al enseñar danza. Las sensaciones o sentimientos que tenía en ese momento al enseñar, procuraban que no fueran
transmitidas a las alumnas o en su defecto que se generara en la misma escena mientras me encontraba bailando
En cuanto a la autoestima muchas veces pensé que no podía dictar una clase de danza, pero me he dado cuenta que la enseñanza en danza es una de las labores más bellas y satisfactorias que un bailarín puede ejercer, pues no solo generas poder, control, seguridad en la escena sino también en la vida cotidiana.
Y esto se ha venido desarrollando al enfrentarme a realizar clases abiertas para que los padres de familia observen los procesos de los niños o dictarlas para los padres para que aprecien el valor de la Danza en este caso la Danza Contemporánea.
Todo esto me dejó ver cómo en las clases y en la escena todos estos elementos encontrados tomaban mucho más sentido, no solo en las clases técnicas, sino también en las teóricas y en la escena. Tanto así que he logrado encontrar mi propio estilo y esencia al bailar y como esto forma mi propia identidad como bailarina profesional.
Toda enseñanza consiste en activar uno, dos o tres de los siguientes aspectos del ser humano: actitud, habilidad, conocimiento. Así pues, al dedicarnos a enseñar una actividad tan compleja como la Danza, no solamente estamos trabajando con el “vehículo de la actividad (el cuerpo), sino que también intentamos alcanzar y activar el nivel intelectual y emocional del alumno. (Franklin, 2006)
Evidentemente siempre va haber un cambio y transformaciones en el alumno gracias a los conocimientos aportados que hacemos a sus procesos formativos en danza. Pero me he dado cuenta que al enseñar se aprende mucho más, se investigan los procesos individuales de
uno mismo como bailarín y como docente fortaleciendo cada vez más nuestro cuerpo, nuestras sensaciones, nuestras maneras de actuar y pensar frente a la danza, permitiéndonos ser más críticos, analíticos y autónomos en la vida cotidiana y en el arte de danzar.