2. BAJA ACEPTACIÓN SOCIOMÉTRICA E INADAPTACIÓN SOCIOEMOCIONAL
2.3. Modelos explicativos de la relación entre baja aceptación sociométrica e
2.3.2. La baja aceptación sociométrica y los estilos de afrontamiento
En el estudio de la asociación entre relaciones interpersonales y psicopatología, además de atender a la evaluación de experiencias estresantes cotidianas para explicar las negativas consecuencias en el desarrollo evolutivo, hay que valorar el repertorio de estrategias de afrontamiento del niño, las cuales parecen definirse como una segunda clave en la comprensión del proceso de desarrollo de psicopatología (Nolan et al., 2003; Prinstein y Aikins, 2004; Reijntjes, Stegge y Meerum-Terwogt, 2006; Reijntjes, Stegge, Meerum- Terwogt, Kamphuis et al., 2006; Sandstrom, 2004; Zakriski, Jacobs y Coie, 1997). Así pues, el afrontamiento es un segundo factor explicativo de las respuestas emocionales ante situaciones de baja aceptación sociométrica, de ahí que la presente investigación, además de contemplar el estrés autopercibido, estudie el afrontamiento que realizan los alumnos.
Actualmente existe una amplia literatura sobre las estrategias de afrontamiento que son empleadas en la niñez y la adolescencia (Compas et al., 2001; Wolchik y Sandler, 1997), parte de la cual se revisará en el sexto capítulo de esta tesis. Sin embargo, la investigación sobre el papel que el afrontamiento juega en el dominio específico de las relaciones entre iguales ha comenzado a adquirir mayor importancia recientemente (Bowker, Bukowski, Hymel y Sippola, 2000; Reijntjes, Stegge y Meerum-Terwogt, 2006; Reijntjes, Stegge, Meerum-Terwogt, Kamphuis et al., 2006; Sandstrom, 2004). Algunos de los citados estudios destacan la importancia de valorar los efectos de las estrategias de afrontamiento sobre la relación entre aceptación sociométrica e inadaptación emocional.
Uno de los estudios en esta línea es el de Sandstrom (2004), que examina las estrategias de afrontamiento empleadas por 225 niños de 9 a 12 años, con diferentes niveles de aceptación sociométrica, en respuesta a estresores interpersonales, analizándose además la relación entre las estrategias de afrontamiento y su asociación con ajuste social y conductual. Los resultados de este estudio revelan que el empleo de estrategias de
afrontamiento improductivas (por ejemplo, conductas agresivas y rumiación) ante estresores interpersonales se asocia a inadaptación socioemocional en situaciones de rechazo social, que incluye ansiedad social y síntomas depresivos. A modo de ejemplo, niños que responden o afrontan las burlas de los iguales con humor desarrollan diferentes consecuencias emocionales que aquellos que responden con venganza. Igualmente, niños que responden a la exclusión social del grupo con tentativas y nuevas destrezas para integrarse en éste presentarán menos impacto emocional que aquellos que se aíslan completamente del grupo (Sandstrom, 2004). Por consiguiente, se observa que las diferentes estrategias de afrontamiento desplegadas ante interacciones sociales negativas permiten entender las diferencias individuales en el ajuste socioemocional, actual y posterior.
Asimismo, Causey y Dubow (1992) examinaron la asociación entre estrategias de afrontamiento, dificultades con los iguales e índices globales de ajuste. Para la evaluación del afrontamiento se empleó una escala diseñada para medir estrategias de afrontamiento de aproximación (por ejemplo, búsqueda de apoyo social y resolución del problema) y de evitación del problema (por ejemplo, distanciamiento y desarrollo de conductas emocionales internalizadas y externalizadas). Los resultados mostraron una asociación positiva entre estrategias de afrontamiento de búsqueda de apoyo social y autoestima, y entre afrontamiento mediante conductas internalizadas (por ejemplo, rumiación y/o preocupación) y ansiedad. Igualmente, encontraron una relación inversa entre empleo de estrategias de afrontamiento basadas en conductas externalizadas (por ejemplo, gritar, enfadarse, insultar, tirar algo o golpear) y autoestima. Por tanto, se apoya la evidencia de que estilos de afrontamiento de aproximación al problema se vinculan a un mejor ajuste emocional.
En la misma línea, Compas et al. (1988) han evaluado las respuestas de afrontamiento de niños ante estresores interpersonales. Los resultados encontrados ponen de manifiesto que estilos de afrontamiento orientados a la emoción se asocian positivamente a inadaptación emocional, informada por el propio niño así como por sus padres, mientras
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que estilos de afrontamiento orientados al problema se asocian negativamente al desarrollo de inadaptación emocional.
Del mismo modo, Kliewer (1991) destaca que aquellos niños que son descritos como socialmente competentes por sus profesores muestras respuestas de afrontamiento más adaptativas. En este estudio, se observa que ante estresores identificados como incontrolables los niños con mayores competencias sociales emplean con más frecuencia estrategias de afrontamiento de evitación cognitiva y conductual, que representan en esta situación específica respuestas más adaptativas.
Igualmente en el estudio de Reijntjes, Stegge y Meerum-Terwogt (2006) basado en las reacciones de los niños ante situaciones hipotéticas de rechazo de los iguales, se observa que, independientemente de la sintomatología depresiva, niños que puntúan alto en competencia social percibida informan de un mayor uso de estrategias de afrontamiento activas y orientadas al problema en respuesta a los estresores interpersonales.
En la misma línea, Fabes y Eisenberg (1992) han examinado la asociación entre aceptación sociométrica y respuestas de afrontamiento ante la provocación de los iguales. Los resultados sugieren diferencias importantes en las formas de afrontamiento en función de la experiencia social previa. Concretamente, los niños socialmente competentes y con buena aceptación sociométrica se enfrentaron a los conflictos con los iguales mediante estrategias activas, no agresivas. En cambio, aquellos niños con menos aceptación sociométrica afrontaron las dificultades interpersonales mediante estrategias más agresivas o mediante estrategias indirectas tales como la ventilación emocional o la búsqueda de ayuda de adultos. En otros estudios de Eisenberg y colegas también se ha confirmado la asociación entre afrontamiento y competencia social en niños. Los resultados demuestran que estrategias de afrontamiento no constructivas (por ejemplo, agresión y ventilación emocional), informadas por los profesores, se asocian a pobres destrezas sociales. Por el contrario, el uso de estrategias de afrontamiento constructivas (por ejemplo, búsqueda de apoyo y solución instrumental del problema) se vincula positivamente a destrezas sociales y
estatus sociométrico (Eisenberg, Fabes, Bernzweig, Karbon, Poulin y Hanish, 1993; Eisenberg et al., 1994).
Otro estudio que analiza las estrategias de afrontamiento de adolescentes para afrontar estresores interpersonales es el de Bowker et al. (2000), en el que se examinaron los efectos conjuntos de la aceptación sociométrica y el estilo conductual (agresivo o inhibido) sobre las estrategias para manejar los estresores interpersonales en la adolescencia temprana. Los resultados mostraron que niños de ambos sexos agresivos/ impopulares presentan una mayor tendencia a emplear estrategias de afrontamiento agresivas, mientras que niñas agresivas/populares emplean más estrategias de afrontamiento orientadas al problema. Asimismo, niños y niñas inhibidos, independientemente de su nivel de aceptación social, muestran altos niveles en el empleo de estrategias de afrontamiento orientadas a la emoción, así como bajos niveles en el empleo de afrontamiento orientado al problema. Otros autores han mostrado que concretamente los niños que demuestran mayor flexibilidad en la alternancia entre estrategias orientadas al problema y a la emoción son también socialmente más competentes (Caplan, Benneto y Weissberg, 1991). Del mismo modo, D' Amico (1994 citado en Pincus y Friedman, 2004) ha encontrado que los niños que obtienen bajas puntuaciones en competencia social exhiben mayor rigidez en sus respuestas de afrontamiento en comparación con aquellos que presentan altas puntuaciones. Cabe destacar finalmente que la investigación ha confirmado asociaciones más fuertes entre problemas de comportamiento y afrontamiento ante estresores interpersonales en comparación con estresores de otra índole, tales como académicos, sugiriendo por tanto que la resolución o afrontamiento de estresores interpersonales parece adquirir especial relevancia, en la infancia y adolescencia, en relación con el ajuste conductual (Compas et al., 1988).
En resumen, el desarrollo de un modelo sobre las consecuencias de sufrir baja aceptación sociométrica en el que se contemplen los estilos de afrontamiento facilitará la comprensión de las diferencias individuales ante la baja aceptación sociométrica, es decir, la variabilidad en respuestas cognitivas, conductuales y emocionales de niños y adolescentes,
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arrojando luz acerca de por qué algunos niños superan con éxito las experiencias de rechazo mientras que otros desarrollan inadaptación emocional. Este conocimiento va a permitir una prevención e intervención más eficaz para los casos en situación de riesgo.