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Ballenas parlantes por Mowgl

Un científico canadiense ha descubierto que las oreas hablan varios idiomas diferentes en varios dialectos distintos. Las diferencias entre los dialectos pueden ser mínimas, como las que distinguen a los dia- lectos regionales de lenguas nacionales, o tan importantes como las que diferencian a las lenguas europeas de las asiáticas.

Un club li ng üístic o s uperi ntelige nte

•Este descubrimiento coloca a estas ballenas en un club lingüístico superinteligente entre los ma míferos: un club que incluye a los seres

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humanos, los primates superiores y las focas comunes. (La investigación actual sugiere que los sonidos producidos por otros ma míferos están determinados genéticamente, aunque un grupo cada vez ma yor de investigadores considera que la mayoría de los animales son mucho más inteligentes desde el punto de vista lingüístico de lo que hasta ahora creía mos, y que en sus comunicaciones son creativos a niv el tanto de individuo como de la especie.)

John Ford, director del departa mento de ma mífe ros marinos del Acuario Público de Vancouver, en Colu mbia Británica, lleva una década estudiando la comunicación entre las oreas. Ford ha observado que los dialectos están compuestos por los silbidos y lla madas que los animales e mp lean para co municarse bajo e l agua. Estas lla madas son totalmente distintas de los «clics» vibrantes, estilo sonar, que las ballenas emiten cuando navegan por ecolocación.

Las oreas, en realidad, son los mie mbros de mayor tamaño de la familia de los delfines. Aunque en algunas lenguas se las lla me «ba- llenas asesinas» —y aunque se las suela tener por tales —, no hay constancia de que hayan atacado jamás a un ser humano; antes bien, se sabe que, como los delfines, los han ayudado en situaciones de emergencia.

Ballenas silbantes

¿No sería una buena idea lanzar una campaña para rebautizarlas? En lugar de llamarlas oreas o ballenas asesinas, «ballenas silbantes» sería mucho más acertado, y tamb ién mucho más onomatopéyico.

La ballena silbante vive en todos los grandes océanos del mun do, desde los más cálidos de los trópicos hasta el Ártico y el Antartico. Las mayores concentraciones de esta especie se encuentran en las costas de países fríos, incluidos Islandia y Canadá.

La población estudiada por Ford contaba con unos 350 e je m- plares que pasaban todo el año en las costas de Columb ia Británica y del Estado septentrional de Washington (EE.UU.). Las ballenas han formado dos comunidades separadas que recorren territorios

adyacentes.

La «comunidad norteña», formada por dieciséis grupos familia res o «manadas», se extiende desde el centro de la isla de Vancouver

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hasta el extre mo suroriental de Alaska. Los mie mbros de la «comu- nidad sureña», más pequeña en número, se dividen en tres manadas y nadan hacia e l sur desde la fronte ra con la co mun idad del no rte hasta Pudget Sound y Gary's Ha rbour.

Por suerte, la mayoría de los sonidos producidos por estas ba- llenas están dentro del alcance del oído humano. Por lo tanto, la in - vestigación de Fo rd es relativa mente senc illa de lleva r a cabo: e l cient ífico se limita a e char un hid ró fono por un lado del barco y a mplifica e l sonido elect rónica mente, reg istrándolo en un magne- tófono.

Grac ias a su invest igac ión, Ford ha conseguido ident ificar e l dialecto de cada manada, y ha descubierto que, por término med io, un grupo familiar hace doce lla madas diferenciadas. Cada mie mbro del grupo es capaz de producir toda la gama de silbidos y lla madas, y lo hace. El sistema de lla madas y silbidos es diferente, cuantitativa y cualitativamente, de los de otros delfines y ballenas.

La mayoría de las lla madas se usan sólo dentro de una manada, pero a veces hay una o más lla madas comunes a distintos grupos fa- miliares.

Ancestr os c omunes

Curiosamente, Ford ha descubierto que estos dialectos se transmiten de generación en generación dentro de cada grupo, lo cual le ha lle- vado a conjeturar que los grupos que comparten lla madas descien den probablemente de un o unos ancestros comunes. Cuantas más lla madas en común tienen dos manadas, más estrecho es el vínculo de parentesco.

Este vínculo filogenético entre un dialecto y un grupo familiar le ha permit ido a Ford calcular el tie mpo que tarda en aparecer un dialecto diferenc iado. «El rit mo de ca mbio parece ser muy lento — asegura Ford—. Se necesitan siglos para que se desarrolle un dialecto.» Dicho de otra manera: algunos dialectos podrían haber aparecido hace miles de años.

Un nuevo centro de interés de esta investigación ha sido la correlac ión entre el comportamiento de las ballenas silbantes y las lla madas que emiten. Si bien hasta ahora no se ha encontrado una

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correlac ión importante, sí se ha descubierto que las lla madas son más rápidas, agudas y frecuentes cuando un anima l está exc itado.

Actualmente, Ford cree que, en conjunto, las lla madas forman un «comple jo código de identidad familiar» que permite a las ballenas silbantes identificar a los ejemp lares mie mbros de su manada, una facultad especialmente importante para mantener a «la familia unida» cuando se reúnen varios grupos de manadas (o «su-permanadas»).

Hasta ahora, nuestro investigador no ha logrado identificar una estructura gramatica l en la comunicac ión entre estas ballenas, pero su comple jidad acústica le ha impresionado: «Parecen tener un me dio de comunicación muy desarrollado y eficaz que hasta ahora sólo podemos comprender parcia lmente —a firma el científico—. Creo que con el tiempo tendremos una idea mucho más ajustada de lo bien adaptadas que están las ballenas a su habitat excepcional».

Parte II: Inteligencia animal. Los delfines