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Bases teórico – científicas

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CAPÍTULO II: MARCO TEÓRICO

2.2. Bases teórico – científicas

2.2.1. Teoría científica que sostiene la investigación

A fin de comprender el porqué de la violencia entre pares por medio de los avances tecnológicos, se debe investigar los motivos que ofrecen una explicación sobre las conductas agresivas y la violencia entre menores, el estudio se sustenta bajo dos enfoques teóricos muy importantes, el primero desde la visión psicológica y el segundo desde los postulados de la teoría de la educación, ambas se han centrado en explicar la cibervictimización mediante la importancia de los factores externos de nivel ambiental como centro facilitador del desenvolvimiento del comportamiento violento y agresivo.

La teoría del aprendizaje social de Albert Bandura (1987) bajo un experimento que ganó mucha fama, el muñeco bobo, buscó explicar que toda conducta agresiva es aprendida mediante la imitación. Planteó que todo modelo agresivo se origina partiendo de los primeros años por medio de la imitación, efectuada por el infante, ya que observa y adquiere informaciones sobre los modos y espacios específicos para la agresión, Paraguay y Salcedo (2015), señalan que Bandura refiere en este modelo teórico que una gran parte de los aprendizajes del sujeto son obtenidos dentro de la sociedad, donde participan mínimamente dos personas: la encargada de ejecutar las conductas y el individuo que las observa.

Al respecto Choynowski, (1977) a partir de los aportes de la teoría social, considera que las personas especialmente niños y adolescentes van imitando las conductas, no efectúan réplicas exactas, más bien, van introduciendo alguna conducta novedosa o transformando las que ya adquirieron, lo que comprueba que el modelo puede liberar la inhibición. Asimismo, la información mostrada en televisión, en los libros, vía web, redes sociales, el cine, las series, y

demás., también cumple con las características de modelo, a esto Bandura (1987) denominó aprendizaje vicario.

Se puede indicar que mediante este modelo teórico se explica que la conducta agresiva ofrecida mediante el internet empleando alguna red social, mensajes en línea, conversaciones, WhatsApp, se adquirió mediante el aprendizaje social, debido a que se observa que, a diario, los individuos expresan insultos por medio de aparatos tecnológicos, suben material audiovisual ofensivo, o se burlan de los demás. Asimismo, Bandura, indica que la producción de la conducta agresiva ocurre debido a que están en juego una serie de ideas de las personas agresoras, que vienen a ser mecanismos de desvinculación moral, abriendo paso a conductas agresivas o acoso, ocurren una vez disueltas las consideraciones o cuando se reflexiona sobre como perjudican las conductas agresivas a las víctimas (Gonzales, 2015).

La teoría del aprendizaje social de Albert Bandura, resulta de utilidad para la presente investigación porque explica la conducta agresiva como predictor de un comportamiento agresivo a través de la redes sociales y mensajería telefónica, además hace hincapié de la vinculación con los modelos familiares y sociales en el que se desarrolla el adolescente los cuales se convierten en predictores para explicar el comportamiento del adolescente en el problema del cyberbullying minimizando la gravedad de los acontecimientos dentro de la red, y como afecta a la víctima.

El segundo modelo teórico que sustenta el estudio está relacionado con los orígenes del cyberbullying, surge junto a Mason (2008) nuevas ideas fundamentadas en la teoría de Tresca (1998). En esta parte refiere que la aparición de las conductas de ciberacoso se relaciona con tres causas: el efecto de la desinhibición, la transición de la identidad desde el self privado al self social y la escasa interacción con los adultos. Estos tres factores, se encargan de fundamentar la aparición y los posibles detonantes del cyberbullying. Partiendo de este enfoque, es posible plantear que la conducta agresiva realizada por la juventud mediante la tecnología recibe la influencia de la desinhibición adoptada por las personas cuando se encuentran inmersas en los espacios virtuales.

Por ende, el respaldo proporcionado por esta sociedad digital al joven le abre paso a realizar actos que no podrían ser posibles en persona.

Por otra parte, el usar desmedidamente la tecnología, esa angustia por conectarse siempre y el estar constantemente expuestos ante el público, son riesgos potenciales para la cibervictimización. Por ende, el pasar del self privado al self social, hace que el sujeto se encuentre vulnerable ante el acoso. Por último, los estudios han considerado la importancia de la

comunicación y relación de la población adolescente y sus tutores, para prevenir el cyberbullying.

Hinduja y Patchin (2013), manifiestan la influencia de la monitorización de las acciones online de los hijos como factor protector frente al ciberacoso.

2.2.2. Base conceptual de la variable

2.2.2.1. Conceptualizaciones de cibervictimización (Cyberbullying)

La cibervictimización resulta ser una problemática que requiere revisión constantemente, las conceptualizaciones han ido variando en el tiempo, últimamente ha sido posible observar el acelerado progreso en sus modalidades pasando del bullying al cyberbullying (CB) (también llamado ciberacoso, acoso cibernético, electrónico, digital… entre iguales). El cyberbullying viene a ser la disposición a efectuar conductas agresivas e intencionales de modo repetitivo en el tiempo, empleando modos electrónicos de contacto, por la persona o conjunto de individuos en contra de una víctima que simplemente es incapaz de mostrar defensa por sí solo (Smith et al., 2008).

Desde la perspectiva de Smith (2000) el CB se trata de conductas agresivas e intencionadas realizadas repetitivamente y de modo continuo, por medio de la utilización de estilos de contacto electrónicos por parte de una agrupación o una persona hacia un individuo que es incapaz de mostrar defensa alguna. Willard (2005) comenta que el CB se trata de enviar y subir (sending y posting) información o alguna imagen dañina o cruel mediante la red o demás medios de difusión digital. Belsey (2005) sostiene que el CB se trata del acto de usar constantemente ciertas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), por ejemplo, mediante correos electrónicos, algún mensaje de teléfono móvil, aplicaciones de mensajes instantáneos, redes sociales… y/o el comportamiento personal en línea difamatorio, de una persona o conjunto de estas, que, de manera deliberada, y de modo repetitivo y hostil, buscan ejercer daño sobre algún sujeto en especial.

Investigadores más recientes como Kowalski et al. (2010) definen el cibervictimización, en una perspectiva amplia, incluyendo la utilización del correo electrónico, mensajerías instantáneas, mensajes de texto e imágenes digitales enviadas por medio del teléfono móvil, páginas web, bitácoras web (blogs), alguna sala de chat o coloquio en línea, y otros avances asociados a la comunicación digital. Por su parte Álvarez et al. (2015); hacen una definición mucha más clara y lo denominan cibervictimización y para ellos es el padecimiento de cualquier tipo de agresión que se genera mediante los teléfonos móviles o internet, sin tener en cuenta el tiempo o las relaciones existentes entre los agresores y agredidos (pág. 33).

La revisión de las conceptualizaciones concuerdan en que la cibervictimización (Cyberbullying) viene a ser la conducta agresiva, intencionada, repetitiva en la cual se utilizan las TIC para perpetrar el acoso a un individuo o grupos de individuos para dañar la honra y tranquilidad. Es una problemática en ascendencia que va tomando nuevas formas por lo que requiere la vigilancia constante de los padres y educadores.

2.2.2.2. Características de la cibervictimización (Cyberbullying)

El cyberbullying viene a ser una modalidad de acoso digital muy conocida y utilizada por la población adolescente a fin de dañarse entre sí. El fenómeno “cyberbullying” presenta características derivadas de la influencia tecnológica, concediendo una identidad propia (Sticca y Perren, 2013; Avilés, 2013; Buelga et al., 2010).

a) Anonimato

Hace referencia a que no es indispensable encontrarse “cara a cara” al momento del cyberbullying, elevando así la falta de equilibrio de poder entre las partes implicadas. Cabe resaltar que, teóricamente se indica que el permanecer en anonimato es la característica fundamental que posibilita la presencia de este fenómeno, pero también es matiz de gran influencia en el aumento de la frecuencia del desequilibrio de poderes y la disposición a dañar a otro (Raskauskas, 2010;

Smith et al., 2008).

b) Intencionalidad

Para producir una acción de ciberacoso, es necesario que los comportamientos empleados busquen ejercer daño o molestia sobre las víctimas. A. veces ha sido posible observar que el menor considera estos comportamientos como bromas y desconocen sus repercusiones. En base a las apreciaciones de Nocentini et al. (2010), lo que nos lleva a considerar el CB, como un fenómeno de gran importancia es el objetivo del agresor y la forma en que las victimas perciben los daños.

c) Repetición y permanencia

La conducta agresiva en el CB de la misma manera que el acoso convencional se repite.

Por ello, Vandebosch y Van Cleemput (2009) permiten afirmar la presencia del ciberacoso, solamente si el comportamiento ocurre en reiteradas oportunidades.

d) Desequilibrio de poder

Distinguiéndose del acoso convencional, en el cual la falta de equilibrio de poderes ocurría en base a las fuerzas de poder físico, psicosocial o social entre el agredido y el victimario. En el

cyberbullying dichas desigualdades se derivan de la vulnerabilidad e indefensión del agredido, el anonimato o las competencias tecnológicas (Hoff y Mitchell, 2009).

e) Amplia audiencia

A causa de las particularidades de las redes o modalidades tecnológicas, la agresión llega a muchas personas, cantidades que se elevan ampliamente frente a las del acoso convencional (Thomas et al. 2015). No obstante, en el cyberbullying es posible apreciar 2 dimensiones, la privada y la pública.

f) Canal abierto y rápida difusión

El cyberbullying es producto de la capacidad tecnológica para llevar a cabo la transmisión de datos y conectarse a muchos sujetos (Stewart et al, 2014). Lo rápido con lo que se transmite cualquier mensaje y ataque, abriendo paso a una propagación en milisegundos, como ocurre dando un clic, los adolescentes pueden divulgar rumores a muchos individuos, por lo que es menester que el victimario realice estas conductas agresivas varias veces. Ejemplo, con solo un clic un adolescente puede difundir un rumor a miles de personas, por lo que no es necesario que el agresor repita sus agresiones.

Todas estas características descritas conllevan a tener clara la posición para poder diferenciar un cyberbullying de un bullying tradicional, para que el primero exista debe estar acompañado de la tecnología a diferencia del segundo que es más bien presencial.

2.2.2.3. Tipos de cyberbullying

En base a la tipología de acciones realizadas, entre las clasificaciones de mayor aceptación, se encuentra la que clasificación que presentó Kowalski et al. (2010), estos estudiosos, proporcionaron 7 conductas específicas de dicho fenómeno:

a. Insultos electrónicos (Flamming): Hace referencia a las discusiones basadas en intercambiar de manera breve y acalorada información por medio de vías electrónicas. Esta tipología de acoso es conocida también como flame war (llama de guerra) en la parte álgida e incendiaria, caracterizada por la acción de descalificar y agredir. Por lo general, se realiza en un contexto privado o público, por ejemplo, en redes sociales o chats.

b. Hostigamiento (Harassment): Hace referencia a un modo de acosar cibernéticamente, por medio de mensajes reiterados orientados a ofender o insultar.

Se distinguen del insulto electrónico, ya que son continuos y unilaterales. Para

hostigar a alguien es posible que haya más de un agresor, por el contrario, los insultos electrónicos son comportamientos más recíprocos.

c. Denigración (Denigration): Hace referencia a la acción de difundir en línea algún rumor o mensaje falso sobre alguien, esperando dañarlo o molestarlo. Es posible que esta tipología de acoso sea concretada difundiendo alguna foto o video del perjudicado.

d. Suplantación (Impersonation / Identity Theft): Hace referencia a la disposición de la parte acosadora a hacerse pasar por la víctima en la red, adquiriendo su información en perfiles electrónicos a fin de enviar datos perjudiciales, algún mensaje ofensivo o hacer públicos contenidos en su nombre a fin de que este se meta en situaciones problemáticas, generando conflictos en alguna relación interpersonal o también dañando su reputación ante la sociedad.

e. Violación de la intimidad (Outing): Hace referencia a la difusión de datos privado de un sujeto buscando humillarlo y/o chantajearlo. Estos datos se obtienen de manera coactiva o entrometiéndose en conversaciones, para después filtrarlos por medios tecnológicos.

f. Exclusión (Exclusión): Se trata del impedimento de la participación de las víctimas en redes o agrupaciones en línea de modo intencionado.

g. Ciberpersecución (Cyberstalking): Hace referencia a la acción de enviar algún mensaje denigrante y en el acoso electrónico continuo y amenazante. Se distingue por su elevada intensidad, dado que busca atemorizar y afectar a las víctimas.

2.2.2.4. Roles de las implicancias del cyberbullying

Al producirse situaciones de acoso tecnológico entre iguales, se da la intervención de dos roles primordiales: cibervíctimas y ciberagresor, las aportaciones de Iranzo (2017) han mostrado que hay un tercero que debe tomarse en cuenta y es ciberobservador. En este caso la cibervíctimas son las que reciben la agresión e intimidación electrónicas, trata de ocultar las humillaciones porque los avergüenzan o por temor a alguna represalia, según las investigaciones presentadas por Avilés (2009), la población femenina responde a la victimización mediante las mismas vías electrónicas debido a la agresión recibida, de la misma manera van comunicando en mayor grado que sufren este tipo de acoso, viendo al grupo familiar como un soporte. No obstante, la población masculina, no le resta trascendencia al CB, por ende, obtiene un menor grado de efectos a diferencia de la violencia en la escuela. En líneas generales, los adolescentes víctimas de cyberbullying tienen dificultades en su autoestima y carencia en sus relaciones de tipo social, mismas que irán agravándose mientras más dure la ciberagresión (Iranzo, 2017).

Los ciberagresores, estos ejercen su conducta refugiándose en el anonimato obtenido en las redes tecnológicas. Avilés (2013) revela que, toda conducta intimidatoria del agresor es ejercida a fin de lograr el mantenimiento de un status social e ir incrementando los sentimientos de superioridad frente a las víctimas. No obstante, los efectos de dicha conducta causan que los adolescentes vayan adentrándose en un ciclo de comportamientos conflictivos, por ejemplo, las conductas ilícitas.

Los ciberobservadores, existe una amplia cifra de jóvenes que indirectamente están involucrados en este fenómeno intimidatorio. Es más, la parte observadora, viene a ser todo espectador que se encuentra al tanto de lo que ocurre e inclusive es consciente de cada mensaje intimidatorio, amenaza o video recibido por las víctimas. El espectador, tolerando las humillaciones, apoyando indirectamente al agresor o guardando silencio, posiblemente se encuentre incrementando las situaciones de cibervictimización. Al mismo tiempo, las mismas particularidades del entorno virtual van condicionando la empatía del observador, por lo que al ser un encuentro en línea y no presencial, hace que el observador no muestre empatía por la cibervíctima y, por ende, se abstenga de frenar este comportamiento agresivo (Avilés, 2013; Huang y Chou, 2013).

2.2.2.5. Dimensiones

Respecto a las dimensiones que asume el presente estudio es la propuesta por Nocentini (2010) citado por Álvarez et al. (2014); los cuales clasifican a la cibervictimización en cuatro categorías:

Dimensión, verbal – escrita; que son las agresiones a través de las palabras y/o mensajería enviada a través del internet o telefonía móvil. Viene a ser toda agresión ocurrida mediante palabras o alguna llamada telefónica, mensaje de texto, correo electrónico, mensaje instantáneo, mensaje por el chat, un blog, comunidad en alguna red social, un sitio web (Nocentini, 2010). López (2016) señala que se usa la herramienta de internet como las redes sociales además del uso del teléfono para enviar agresiones escritas por mensajería estos dos medios van facilitando que se propague el acoso, mediante el maltrato, la ridiculización, la amenaza, el chantaje, etc.; muchos de estos se suelen realizar en el anonimato con la finalidad de desconocer al agresor.

Dimensión visual; Referida a las agresiones realizadas por medio de imágenes. Viene a ser toda agresión ocurrida mediante alguna imagen visual, publicando, enviando, compartiendo fotos y videos comprometidos mediante los teléfonos móviles o la internet.

Dimensión exclusión; se refiere al rechazo y aislamiento que se le hace a la víctima por parte del agresor. Hace referencia a rechazos o aislamientos logrando excluir de manera consciente a un individuo de una agrupación online, de las redes sociales, o agrupaciones de mensajes instantáneos (Nocentini, 2010). Por su parte Garaigordobil (2011), señala que aquí no se deja participar al individuo de una red social determinada.

Dimensión suplantación; es cuando el agresor se hace pasar por la otra persona. Este tipo de comportamientos es el más común presentado en la etapa de la juventud. Viene a ser el hecho de hacerse pasar por alguien más, además de robar y revelar datos personales, haciendo uso de su identidad y su cuenta en redes sociales (Nocentini, 2010). Asimismo, la persona que genera el acoso suele hacerse pasar por la víctima, empleando las contraseñas que le permitan ingresar a sus cuentas personales que tiene en las redes, esto lo hace con la finalidad de efectuar el envío de algún mensaje negativo, agresivo a otra persona como si fuese la victima quien los envía (Garaigordobil, 2011).

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