Una vez más, la paz y la seguridad envolvían a la Península Arábiga, comenzando a experimentar un período de tranquilidad luego de un año de guerra. Los Judíos, sin embargo, con sus intrigas, complots y deslealtades, obtuvieron toda clase de humillaciones. Después de exiliarse en Jaibar, esperaban con mucha ansiedad los resultados de los conflictos entre los musulmanes y los idólatras. Contrario a sus deseos, los enfrentamientos favorecían a los musulmanes; por eso comenzaron una nueva etapa de conspiraciones para destruir definitivamente a los musulmanes. Pero eran demasiado cobardes para enfrentarlos abiertamente, entonces planearon un siniestro plan para llevar a cabo sus malvados objetivos. Veinte dirigentes Judíos con algunas celebridades de Bani Nadîr fueron a la La Meca a negociar una perversa alianza con Quraish.
Comenzaron estimulando a la gente para que ataquen al Mensajero de Allah prometiéndoles su total apoyo y asistencia. La gente de Quraish, que cobardemente evitaron enfrentarse a los musulmanes en la segunda batalla de Badr, tenían la oportunidad de redimirse, demostrando honor para recobrar su debilitada reputación. La misma delegación se entrevistó con la tribu de Gatafán, para convocarlos a lo mismo, respondiendo éstos positivamente. La delegación hebrea recorrió distintas zonas de Arabia para convencer a las distintas tribus de incrédulos a que se unan y destruyan al Profeta , su Mensaje y a los creyentes en Allah. Quraish, Kinânah y otros aliados de Tihâma, en el sur, reunieron y enrolaron a cuatro mil hombres bajo el liderazgo de Abu Sufián. Del Este participaron las tribus de Banu Salim, Gatafán, Bani Murrah, y otras. Todas marcharon hacia Medina y se juntaron cerca de ella en un lugar ya preestablecido. Era un gran ejército compuesto por diez mil soldados. De hecho sobrepasaban en número a todos los musulmanes de Medina, incluidas las mujeres, los niños y los ancianos. La verdad es que si hubiesen atacado a Medina sorpresivamente, hubieran exterminado a todos los musulmanes. Sin embargo, la autoridad dentro de la ciudad estaba alerta gracias a la fuerza de inteligencia que seguía de cerca los movimientos del enemigo y reportaban sus movimientos a los que estaban a cargo en Medina. El Mensajero de Allah convocó a una reunión de urgencia para tratar con total precaución el plan más conveniente para defender Medina. Luego de una prolongada charla entre los líderes militares y la gente, se acordó, seguir la propuesta de Salman Al-Fârisi, de cavar fosas para la defensa. Los musulmanes, con el Profeta a la cabeza dándoles coraje, colaborando con ellos y recordándoles la gran recompensa de la otra vida, con mucho sacrificio y trabajo duro comenzaron a cavar las fosas alrededor de Medina. El hambre y todas las dificultades no disminuyeron en nada el valor y el ímpetu de ellos para cumplir con sus objetivos. Salman había dicho: "¡Oh Mensajero de Allah! Cuando nos iban a atacar en Persia, solíamos cavar fosas para defendernos". Realmente fue un sabio y extraordinario plan. El Mensajero de Allah rápidamente dio las órdenes para implementar el proyecto. Cuarenta yardas de fosa le fueron designados a cada grupo de diez
168 personas para cavar. Sahl bin Sa’d dijo:
"Estábamos junto al Mensajero de Allah , los hombres cavábamos y solíamos cargar la tierra en nuestras espaldas".
Algunos acontecimientos que demostraban la profecía aparecieron en el proceso de la excavación. Yâbir bin ‘Abdullah, viendo al Profeta con mucha hambre, sacrificó un cordero, cocinó algo de cebada y le pidió al Profeta , junto a algunos de sus compañeros, que acepten su invitación. Pero el Profeta reunió a todos los que trabajaban en la excavación, que eran aproximadamente mil personas, y la comida alcanzó para todos ellos e incluso sobró.
Asimismo, una mujer le entregó al Profeta cierta cantidad de dátiles, los puso sobre su túnica y estos se incrementaron alcanzando para que coman todos sus seguidores. Otra muestra milagrosa de la profecía fue que se encontraron con una gran roca que les impedía seguir excavando. El Profeta tomó la pala y al tocarla (a la roca) se convirtió inmediatamente en arena. En otra versión, Al-Bara’ dijo: “en el día de AI-Jandaq (la fosa) nos topamos con una gran roca que era muy dura para que nosotros la podamos partir. Entonces fuimos a ver al Mensajero de Allah buscando una solución. Entonces tomó la pala y, golpeando la roca, dijo “En el Nombre de Allah, Allah es el más Grande, las llaves de Ash-Shâm (Siria) me pertenecen, juro por Allah, que puedo ver sus palacios en este momento;” en el segundo golpe pronunció: “Allah es el más Grande, Persia me pertenece, juro por Allah, que puedo ver ahora el palacio blanco de Madain;” y cuando golpeó la roca por tercera vez, esta se hizo añicos. Dijo: “Allah es el más Grande, se me han otorgados las llaves del Yemen, juro por Allah, que puedo ver las puertas de San’a mientras estoy en este lugar.” La zona norte de Medina era la más vulnerable, los demás lugares estaban rodeados de montañas y huertos con palmeras, el Profeta en el rol de experto estratega militar, comprendió que los aliados marcharían en esa dirección, por eso se cavó alrededor de la zona más vulnerable. Los musulmanes solían excavar durante el día y regresaban a sus hogares por la noche. Terminaron antes de que los idólatras,[1] llegasen y se establezcan en las proximidades de Medina en Al-Asÿal y Uhud.
Dios menciona en el Corán cual fue la reacción de los creyentes al divisar finalmente a las tropas de los aliados que eran más de diez mil:
Y cuando los creyentes vieron al ejercito de Al-Ahzâb (los aliados), dijeron: ‘esto es lo que Allah y Su Mensajero nos han prometido, y Allah y Su Mensajero dijeron la verdad, y esto no hizo sino aumentarles la fe y su sumisión a Allah. [33:22]
Tres mil musulmanes, liderados por Muhammad , salieron a enfrentar al enemigo politeísta, con la absoluta convicción de la victoria proveniente de Allah. Se ubicaron en la montaña de Sila’ con la fosa como barrera entre ellos y los incrédulos.
Cuando intentaron atacar a los musulmanes y destruir Medina, los incrédulos se sorprendieron al ver una profunda fosa, esto era una nueva estratagema desconocida por los árabes. Consecuentemente, decidieron sitiar Medina comenzando a buscar alrededor de la fosa algún lugar vulnerable que les permita acceder a la ciudad. Para impedir que el enemigo se aproxime o encuentre alguna entrada, los musulmanes arrojaban flechas. Los veteranos de guerra de Quraish estaban disgustados por esta situación esperando en vano una resolución favorable. Entonces decidieron que un grupo de combatientes liderados por ‘Amr bin ‘Abdel Uudd, ‘Ikrima bin
169 Abi Yahl y Dirar bin Al-Jattâb, busquen una solución.
De hecho, sus jinetes ocuparon una zona pantanosa entre la fosa y la montaña de Sila’. ‘Amr desafió a los musulmanes a un duelo, y ‘Ali bin Abi Tâlib fue designado para que lo enfrente. Luego de un corto pero feroz encuentro, ‘Ali logró matar a ‘Amr obligando a los otros a que huyan con terror y pánico. No obstante, algunos días más tarde, los incrédulos intentaron desesperados ataques que no tuvieron resultado debido a la heroica y valerosa firmeza que demostraron los musulmanes.
Durante los acontecimientos ocurridos en la batalla de la fosa el Mensajero de Allah no pudo observar la oración en su debido tiempo. Yâbir narró: “En el día de la batalla de la fosa 'Umar bin Al-Jattâb maldijo a los incrédulos de Quraish y dijo: “Oh Mensajero de Allah no he podido rezar la oración de la tarde y el sol se ha ocultado.” El Profeta le dijo: “Por Allah, tampoco pude rezar.” El Profeta fue a Buzán, realizó la ablución y rezó la oración de la tarde, luego de la misma rezó la oración del anochecer.”[2] Estaba tan indignado que
invocó la ira de Allah sobre sus enemigos y le pidió que llene sus casas y tumbas con fuego porque le habían impedido realizar la oración de la tarde en su debido momento. Fue narrado por Ahmad que debido a los contratiempos de la batalla no pudo rezar las oraciones del mediodía, tarde, anochecer y noche sino que las juntó por la noche. Las diferentes narraciones demuestran que esa situación duró algunos días.[3]
Claramente vemos que debido a la fosa ubicada entre los dos bandos, no hubo un enfrentamiento directo, pero si actividades militares como intercambio de flechas, y, a causa de ello, murieron pocos soldados, siendo las bajas seis de los musulmanes y diez de los incrédulos, y uno o dos muertos en enfrentamiento con espadas.
Durante los acontecimientos de la batalla, Sa’d bin Mu’adh fue alcanzado por una flecha que penetró en su arteria. Dándose cuenta que estaba próximo a morir le pidió a Allah lo siguiente: “Oh, Allah, sabes que nada es más querido para mi corazón que esforzarme en Tu camino enfrentando a esa gente (incrédulos) que insultó a Tu Mensajero y lo expulsó de su ciudad. Oh Allah, creo profundamente que has ordenado que los combatamos, entonces si hay más luchas contra ellos, permíteme estar con vida para continuar enfrentándolos. Si han finalizado, te pido que las reinicies para que pueda morir en ellas.”[4] Concluyó su ruego pidiéndole a Allah no
morir hasta vengarse completamente de Banu Quraidha. En medio de estas dificultosas circunstancias, sumadas a las intrigas causadas en contra de los musulmanes, el jefe de Bani Nadîr, Huiai, se dirigió a Banu Quraidha para incitar a su jefe, Ka’b bin Asad, a que combata contra los musulmanes, pero Ka’b había acordado con el Mensajero de Allah que lo asistiría en tiempos de guerra. Ka’b, al principio desistió de los pedidos de Huiai, pero éste fue suficientemente inteligente como para manipularlo, diciéndole que Quraish y sus notables se reunieron en Al-Asÿal, tanto como Gatafán y sus lideres en Uhud, todos con la misma intención, exterminar a Muhammad y a sus seguidores. Hasta llegó a prometerle que se quedaría en su fuerte exponiéndose a cualquier peligro en caso que Quraish y Gatafán se echen atrás. Insistió con sus argumentos hasta que convenció a Ka’b de que no cumpla con el convenio acordado con los musulmanes [5]. Banu Quraidha empezó
a incursionar con operaciones militares contra los musulmanes especialmente en los lugares donde se encontraban refugiados las mujeres y los niños. Safiah, la hija de ‘Abdul Muttalib, se encontraba en un refugio con Hassán bin Zâbit y también algunas mujeres y niños. Safíah dijo: “Un judío estaba merodeando nuestro lugar, que era muy vulnerable al enemigo debido a que no había ningún hombre para protegerlo. Le informé a Hassán que sospechaba de la presencia de aquel hombre cerca de nosotros. Y que nos podía tomar por sorpresa ahora que el Mensajero de Allah y los musulmanes estaban muy ocupados para venir a nuestro auxilio. ¿Por qué no lo enfrentas y lo matas? Hassán respondió que no lo haría, entonces tomé un palo y ataqué al judío hasta que lo maté [6]. Esto tuvo un gran efecto debido a que desanimó a los Judíos a continuar atacando esos lugares
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debido a que pensaron que estaban custodiados por soldados musulmanes. Sin embargo siguieron asistiendo a los idólatras para destruir a los musulmanes.
Al enterarse de estas malas noticias, el Mensajero de Allah mandó a cuatro destacados lideres de los musulmanes: Sa’d bin Mu’adh, Sa’d bin ‘Ubada, ‘Abdullah bin Rauuâha y Jauat bin Yubair para investigar advirtiéndoles de no alarmar y preocupar a los musulmanes en el caso de que los rumores sean ciertos. Desafortunadamente, los cuatro hombres descubrieron que las noticias eran verídicas y que los Judíos anunciaban abiertamente que no tenían ningún pacto con Muhammad . El Mensajero de Allah fue informado de la situación y los musulmanes entendieron lo delicado del asunto . Sus espaldas quedaban vulnerables a los ataques de Banu Quraidha y un enorme ejército al frente, mientras que sus mujeres y niños quedaban desprotegidos. Al respecto dijo Allah:
Y cuando los ojos se salían de las órbitas, los corazones llegaban hasta la garganta y hacíais suposiciones sobre Allah. Allí los creyentes fueron puestos a prueba y temblaron intensamente. [33:10, 11]
Ahora que los musulmanes tenían a la fosa sirviéndoles de barricada para defenderse, los hipócritas los ridiculizaron por haber tenido falsas esperanzas en vencer al Cosroes, emperador de Persia, y al César, emperador Romano (esto en referencia a la profecía hecha por el Profeta de Allah durante el episodio de la gran roca). Comenzaron a difundir la idea de la derrota y pretendieron regresar para defender sus hogares, a pesar de que no estaban en peligro. Allah dijo:
Y cuando los hipócritas y aquellos que tienen sus corazones enfermos decían: ‘¡Lo que Allah y Su Mensajero nos han prometido es un engaño!’ y cuando un grupo de ellos dijo: ‘Oh habitantes de Yazrib (Al-Medina), no tenéis donde estableceros (contra el ataque del enemigo) volveos!’ hubo algunos que pidieron permiso al Profeta diciendo: ‘Nuestras casas están desnudas (indefensas, vulnerables al ataque del enemigo).’Pero no estaban desnudas. Sino que deseaban huir. [33:12, 13]
El Mensajero de Allah , se envolvió con su manto y comenzó a meditar en la traición de Banu Quraidha. El espíritu de optimismo prevaleció en él y dijo :
“Allah es el más Grande. Albricio a los musulmanes con la victoria y la ayuda de Allah.”
Luego comenzó a planear la protección de las mujeres y niños, enviando a algunos soldados a Medina para protegerlos de cualquier ataque sorpresa del enemigo. El segundo paso fue accionar para conseguir dañar las filas de los incrédulos aliados. Aquí pensó en pactar una especie de reconciliación con los jefes de Gatafán a cambio de darles un tercio de los cultivos de Medina. Pidió la opinión de los jefes de sus compañeros, Sa’d bin Mu’adh y Sa’d bin ‘Ubadah, quienes le respondieron de la siguiente manera:
“¡Oh Mensajero de Allah! si este es el mandato de Allah, lo tenemos que obedecer, pero si se trata de algo que queréis hacer para protegernos, entonces, no lo necesitamos. Hemos tratado a esta gente cuando éramos incrédulos y podemos decir con toda seguridad que no necesitan nuestros cultivos, solo quieren exterminarnos a todos nosotros. Ahora que Allah nos ha honrado con el Islam, creo que la mejor solución es combatirlos con nuestras espadas.” El Profeta les dijo:
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“Mi intención es proveeros seguridad luego de que todos los árabes se unieron para aniquilaros.”
Allah, Alabado, Adorado y Glorificado, creó algo que condujo al desacuerdo en las filas de los enemigos del Islam y más tarde en su total derrota.
Un hombre perteneciente a la tribu de Gatafán llamado Na'im bin Mas'ud pidió entrevistarse con el Profeta para manifestarle que se había islamizado secretamente y le solicitó que le ordene hacer algo que pueda beneficiar a los musulmanes. El Profeta le pidió que realice lo que pueda para ayudar a los musulmanes en esta hora tan delicada y que se valga de cualquier estrategia. El hombre, usando la astucia, consiguió que los Judíos, Quraish y Gatafán desconfíen entre sí. Fue a ver a los jefes de Banu Quraidha y les susurró que no confíen en Quraish ni combatan a su lado hasta que estos últimos demuestren alguna garantía.
Intentó darle énfasis a sus palabras alegando que Quraish los abandonarían si los musulmanes obtuviesen la victoria, y que los musulmanes luego se vengarían terriblemente de ellos.
Na’im luego se dirigió hacia al campo de Quraish utilizando un método similar, buscando el mismo objetivo. Les dijo que temía que los judíos cumplan con lo pactado con Muhammad y sus seguidores. Les informó que los judíos mantenían regularmente correspondencia con los musulmanes donde constaba el total compromiso de los judíos de asistirlos. Na’im le sugirió a los Quraishíes que no le envíen ninguna garantía a los Judíos.
Como tercera estrategia, dijo lo mismo a la gente de su tribu Gatafán.
La noche del sábado, en el mes de Shawal del año 5 d.H los dos bandos, el de Quraish y Gatafán despacharon mensajes a los Judíos exhortándoles a combatir a Muhammad . Los judíos contestaron que no podían pelear porque era sábado y pidieron garantías de ellos en cuanto a lo tratado. Al recibir esa respuesta de parte de los judíos, Quraish y Gatafán creyeron en lo que había dicho Na’im. Nuevamente mandaron un mensaje a los Judíos para que ataquen los musulmanes y solicitándoles que desistan del pedido de las garantías. La treta de Na'im resultó acertada debido a que comenzaron las sospechas y los desacuerdos dentro de la alianza de los incrédulos provocándoles un gran decaimiento moral.
Mientras los musulmanes permanecían suplicándole a su Señor para la protección de sus hogares y la de sus familias. El Mensajero de Allah por su parte invocó la ira de Allah para que recaiga en los‘Aliados:
"Oh Allah Tu eres el que envió el Libro, Tu eres rápido en juzgar, te pedimos, Oh Allah, que derrotes a los‘Aliados y los extermines." [7]
Allah, Alabado y Glorificado, respondió el pedido del Mensajero de Allah . Infundió la discrepancia y el desacuerdo en los corazones de los incrédulos y envió un fuerte viento con lluvia y frío que hizo volar sus tiendas, instrumentos y demás pertenencias.
Esa helada noche el Mensajero de Allah envió a Hudhaifah bin al Iamán para que recoja información acerca de los movimientos del enemigo. Encontrando que se estaban preparando para partir con mucha frustración debido a que no pudieron cumplir con su objetivo.
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Ciertamente que Allah cumplió con Su promesa, salvó a los musulmanes de enfrentarse a tan numeroso ejército, socorrió a Su siervo (Muhammad ) y produjo un gran fracaso en los‘Aliados.
La Batalla de la Fosa ocurrió durante el quinto año de la Hégira. El ataque empezó en Shauuâl y terminó en Dhul Qa’da, duró aproximadamente un mes. Fue una batalla de voluntades más que física. No hubo enfrentamientos significantes, sin duda fue una de las batallas más importantes de los comienzos del Islam y se comprobó que ninguna fuerza, por más grande que sea, podría exterminar a la creciente comunidad musulmana que se afianzaba cada día más en Medina.
Cuando Allah obligó a los‘Aliados a retirarse, Su Mensajero decidió que a partir de ese momento no esperaría a ser atacado en el territorio del Islam sino que tomaría la iniciativa en la guerra.[8]