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Hemos mencionado que el Mensajero de Allâh llegó a Medina el Viernes 12 de Rabi‘ Al-Auual del año primero de la Hégira, equivalente al 27 de Septiembre del año 622 d.C. Y se hospedó momentáneamente en la casa de Abu Aiub.

Construyendo la Mezquita del Profeta

El primer trabajo que emprendió el Profeta cuando llegó a Medina fue la construcción de una Mezquita, en el lugar donde se arrodilló su camello. El terreno, el cual pertenecía a dos huérfanos, fue comprado. El Profeta mismo colaboró con la construcción de la Mezquita cargando ladrillos de adobe y piedras mientras recitaba:

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“¡Allâh! no hay deleite excepto en la otra Vida, te imploro para que perdones a los Muhâÿirún y a los ansâr .”

Había en ese terreno palmeras, tumbas de los idólatras y ruinas. Se trasladaron las tumbas de los idólatras, se cortaron las palmeras y se niveló el suelo. La Qiblah (la dirección usada por los musulmanes cuando cumplen con sus oraciones) fue construida en dirección a Jerusalén; dos vigas fueron puestas para sostener el techo. La mezquita era cuadrada, cada lado medía aproximadamente 100 yardas, mirando hacia el norte y tenía tres entradas. Cerca estaban las habitaciones reservadas para la familia del Profeta que fueron construidas con piedras y ladrillos de adobe y un techo de hojas de palmeras.106[1] En el sector norte de la Mezquita, se destinó

un lugar para aquellos musulmanes que no poseían familia ni hogar. El Adhán (el llamado para convocar a los musulmanes a orar) fue iniciado en esta temprana etapa posterior a la emigración. La Mezquita no era un espacio limitado únicamente para rezar, sino también un lugar donde los musulmanes se instruían sobre el Islam y su doctrina. Servía como lugar de asamblea donde los conflictos eran solucionados; era el cuartel central donde todos los asuntos de los musulmanes eran administrados, consultados y ejecutados.

La hermandad entre los musulmanes

Luego de que la Mezquita fuese construida, el Profeta se ocupó de fortalecer los vínculos de hermandad entre los musulmanes de Medina, Al-Ansar (los Socorredores ) y Al-muhâÿirún (los Emigrantes). Fue algo único en la historia de la humanidad. Este histórico hecho se dio en una reunión con 90 hombres, la mitad pertenecían a los Muhâÿirún y la otra mitad a los ansâr , reunidos en la casa de Anas Ibn Malik, donde el Profeta los hermanó. Cuando cualquiera de las dos personas hermanadas moría la otra lo heredaba. Esta práctica continuó hasta que el siguiente versículo fue revelado durante la batalla de Badr, y legisló sobre el tema de la herencia:

Y los que tienen lazos de parentesco tienen más derecho respecto a la herencia 106[1]. [8:75]

La hermandad en la fe no tenía en cuenta ninguna diferencia racial estableciéndose como precepto islámico:

nadie supera a otro excepto por su piedad y el temor a Allâh .

El Profeta estableció con esta hermandad un compromiso serio; no eran meras palabras sino algo que se llevaba a la práctica con respecto a los bienes materiales y no un capricho que tomaba la forma de un saludo casual.

La atmósfera de hermandad creó un espíritu de desapego y solidaridad arraigado en lo más profundo de los corazones de sus seguidores. Por ejemplo, Sa‘d Ibn Ar-Rabi‘, un ansarí, le dijo a su hermano emigrante ‘Abdur Rahmân Ibn ‘Auf, “Soy el más rico de los Ansar. Me gustaría compartir contigo la mitad de mis bienes. Tengo dos esposas, y estoy listo para divorciarme de la que tu elijas si te acepta para que puedas desposarla.” Pero ‘Abdur Rahmân Ibn ‘Auf no aceptó: ni bienes ni hogar, pidiéndole a Allâh que bendiga sus bienes y le dijo: “Indícame donde queda el mercado para que pueda ganarme la vida con mis propias manos.” Por la gracia de Allâh prosperó y se casó al poco tiempo gracias a su propio esfuerzo.106[2]

Los ansar fueron extremadamente generosos con sus hermanos creyentes. Abu Hurairah narró que en cierta ocasión al Profeta le solicitaron que los huertos sean distribuidos en partes iguales entre los musulmanes de Medina y sus hermanos que vinieron de La Meca. Pero el Profeta no aceptó cargar con semejante peso sobre ellos. Sin embargo; se acordó que los muhâÿirún trabajasen en los huertos de los ansâr y que repartan en términos iguales lo producido.106[3]

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Estos ejemplos demuestran el espíritu de sacrificio, generosidad y cordialidad de los ansar; como también el sentimiento de gratitud, respeto y agradecimiento de los muhâÿirún que sólo tomaron lo que los ayudaba a vivir dignamente. En resumen, esta política de hermandad fue tan sabia y adecuada que ayudó rápidamente a resolver los distintos problemas con éxito.

[1] Zad Al-Ma‘ad, 2/56.

Un tratado de Alianza Islámica

El Profeta había establecido un código de hermandad entre los creyentes, con el fin de solucionar los rencores de la era preislámica y solucionar los conflictos entre las tribus. Fue tan detallista que no dejó ningún área que permita a la tradición preislámica violar o perjudicar el ambiente armonioso que quería establecer. Aquí vemos algunos de los puntos.

En el nombre de Allâh, el Más Benefactor, el Más Misericordioso. Este es un documento de Muhammad, el Mensajero de Allâh, respecto a los Muhâÿirún y Ansâr y para aquellos que los siguen y se esfuerzan con ellos. 1. Todos pertenecen a la misma y única nación.

2. Los Muhâÿirún de Quraish están unidos y pagarán una indemnización entre ellos mismos, y rescatarán honorablemente a aquellos que quedaron retenidos. Las tribus de los ansâr están unidas, como lo estaban al comienzo, y cada sector de entre ellos pagará el rescate para liberar a su pariente prisionero.

3. Los Creyentes no dejarán a nadie en la pobreza por no pagar su liberación o una indemnización.

4. Aquel que se rebela o busca sembrar la enemistad y la sedición, sentirá el peso de la mano de todo musulmán temeroso de Allâh que estará en contra de él, aunque fuese su hijo.

5. Un creyente no debe matar a otro creyente, ni deberá ayudar a un incrédulo en contra de un creyente. 6. La protección de Allâh se extiende hacia los humildes de los creyentes.

7. Los creyentes se ayudarán mutuamente.

8. Cualquier judío que se atenga a nuestro pacto tendrá nuestra asistencia y ayuda; no será dañado, tampoco ningún enemigo será apoyado en contra de ellos.

9. La paz de los creyentes es indivisible. No se harán pactos discriminadores cuando los creyentes están combatiendo en la causa de Allâh. Las condiciones serán equitativas para todos.

10.Es ilícito para un creyente, que se adhiere al contenido de este documento y cree en Allâh y en el Día del Juicio, ayudar a un criminal o darle refugio. Aquellos que le den refugio o lo asistan tendrán la maldición y la ira de Allâh en el Día del Juicio. No se les aceptará indemnización.

11.Matar a un creyente intencionalmente sin ningún motivo tendrá como consecuencia la muerte del asesino a no ser que los perjudicados decidan perdonarle.

12.Cuando se difiera en algún asunto deberá ser remitido a Allâh y a Muhammad. [1]

[1] Ibn Hishâm, 1/502,503.

El rol del individuo en la Sociedad

Gracias a su sabiduría y habilidad, el Profeta pudo levantar los pilares de una nueva sociedad. Este acontecimiento sin duda dejó sus marcas en los musulmanes virtuosos. Solía educarlos con la luz de las enseñanzas islámicas, purificando sus almas, recomendándoles la observación de obras piadosas y los buenos

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modales. Se ocupó en infundirles la cordialidad, el honor, la nobleza, la adoración y principalmente la obediencia a Allâh y a Su Mensajero.

Lo siguiente es un resumen de las virtudes que solía inculcarles sus seguidores:

Un hombre le preguntó al Mensajero de Allâh que le informe que acción es meritoria en el Islam. Le respondió:

“Alimentar y saludar a los que conoces y a los que no conoces.”106[1]

‘Abdullah Ibn Salâm dijo: “Cuando el Profeta llegó a Medina lo fui a ver, e inmediatamente lo reconocí por sus características y supe que no podía ser un mentiroso. Lo primero que el Profeta dijo fue:

‘¡Oh gente! Saludaos con el saludo de paz, alimentad al necesitado, mantened unidos los lazos de parentesco, y orad por la noche mientras la gente duerme, así entraréis al Jardín en Paz.’”106[2]

Dijo:

“No entrará al Paraíso aquel cuyo vecino no está a salvo de su maltrato.106[3]”

Dijo:

“El Musulmán es aquella persona de quien los demás musulmanes están a salvo del maltrato de su lengua y de su mano.”106[4]

Dijo:

“Ninguno de vosotros ha completado su fe hasta que desee para su hermano lo que desea para sí mismo.106[5]”

Dijo:

“Los Creyentes en su amor recíproco son como el cuerpo del ser humano, cuando sufre el ojo todo el cuerpo siente el dolor y cuando la cabeza sufre todo el cuerpo siente el dolor.106[6]”

Dijo:

“Los lazos de hermandad entre los musulmanes son como una casa donde cada parte sostiene a la otra.106[7]

Dijo:

“No se odien; no se envidien; no se den la espalda. ¡Siervos de Allâh! sed hermanos. No se le permite al musulmán permanecer enemistado con su hermano por más de tres días.106[8]”

Dijo:

“El musulmán es hermano del musulmán; no lo trata injustamente, no lo decepciona. Aquel que remueve una pena de un creyente en esta vida, Allâh le removerá una pena de las del Día del Juicio. Aquel que resguarde a un musulmán, Allâh lo resguardará en el Día del Juicio.106[9]”

Y dijo:

“Sed misericordiosos con los que están en la Tierra y será misericordioso con vosotros quien está en el cielo.106[10]”

Dijo:

“No es un creyente aquel que se acuesta con su estómago lleno mientras su vecino tiene hambre.106[11]”

Dijo: “Abusar de un musulmán es un acto de desobediencia y combatirlo es incredulidad.106[12]”

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Exhortaba a los creyentes a dar caridades recordándoles las virtudes de hacerlo para ablandar sus corazones. “Las caridades borran los pecados de la misma manera que el agua apaga el fuego.106[14]”

Dijo: “Vestir a un musulmán necesitado, os hace merecedores de que Allâh os conceda una vestimenta del Paraíso; alimentar a un musulmán hambriento os hace merecedores de que Allâh os sustente con las frutas del Paraíso, y si dais de beber a un musulmán sediento, Allâh os hará beber del Néctar sellado.106[15]”

Dijo:

“Evitad el infierno aunque sea con la mitad de un dátil (dado en caridad) y si no podéis decid palabras alentadoras.106[16]”

El Profeta también enseñó a no pedir nada a no ser que sea una necesidad. Solía hablar mucho a sus compañeros sobre los méritos, virtudes y recompensa divina por observar y cumplir los actos obligatorios de adoración. Siempre les daba pruebas para que se adhieran espiritualmente a la Revelación que recibía, consecuentemente les informaba de sus obligaciones y responsabilidades dentro del Llamado Islámico, y al mismo tiempo les enfatizaba la necesidad de conocimiento y analisis.

Esto lo hacía para perfeccionar sus modales y moral e inculcarles nobles valores e ideas para que puedan ser un modelo a imitar para las generaciones venideras.

‘Abdullah Ibn Mas'ûd una vez dijo: “Si desean seguir un buen ejemplo, tienen la tradición de los que murieron, debido a que los que están vivos pueden ser víctimas de la opresión (entonces pueden ser sacudidos en la fe). Sigan los pasos de los Compañeros de Muhammad . Son los mejores de esta nación, los más piadosos, los más sabios y los menos pretenciosos. Allâh los eligió para que acompañen al Profeta y para establecer Su religión. Entonces, buscad sus virtudes, seguid su recto modo de vida, aferraos a sus modales y aprended de sus biografías. Ellos seguían la guía correcta.” 106[17]

Tenemos el gran ejemplo del Mensajero de Allâh : sus excelentes atributos, moral, perfección, talento, virtudes. Noble en sus modales y sus piadosas y admirables acciones, merecedor de ocupar el interior de nuestros corazones. Siempre que decía algo a sus Compañeros, ellos se esmeraban en asimilarlo y llevarlo a la práctica.

Esos eran los atributos y cualidades de aquellos que edificaron junto al Profeta una nueva sociedad, la más maravillosa y honorable sociedad jamás conocida en la historia. En este contexto el Profeta se esforzó en resolver los problemas que existían desde hacía mucho tiempo, y finalmente le dio a la humanidad la oportunidad de poder respirar con alivio, luego de haber estado transitando por el tedioso camino de la oscuridad y el error. Estos elevados principios de moralidad sirvieron para crear una nueva sociedad, integrada por componentes sólidos que le daban firmeza ante los distintos cambios a través del tiempo y suficientemente poderosos para cambiar todo el curso de la historia de la humanidad.

[1] Sahih Al-Bujâri, 1/6, 9.