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Baudelaire, ob cit., p 1274.

In document Benjamin Walter El París de Baudelaire (página 33-37)

planeado para la tercera parte del libro, qu e debía tra tar la form a de la creación poética de Baudelaire en sus “condicio­ nes m ateriales” (I, 1091), es decir, en las condiciones históri- co-sociales. Las siguientes indicaciones sobre el m odo en que aparece la historia en el proyecto sobre Baudelaire no preten­ den ser más que un prolegóm eno.

B en jam in presenta a Baudelaire sobre el trasfo n d o so­ cioeconóm ico del Segundo Im perio. El golpe de Estado del 2 de diciem bre de 1851 puso un sello sobre la m atanza de los insurgentes de tres años antes, p or la que el proletariado re­ volucionario habría de desaparecer de la escena de la historia francesa por más de dos décadas; Blanqui, su líder más sobre­ saliente, ya había sido puesto fuera de juego después de las m anifestaciones del 15 de m ayo de 1848. Al m ism o tiem po que la am pliación de la industria -h a sta entonces, com parada con la de Inglaterra, en la retaguardia-, surgió bajo la protec­ ción del aparato de Estado bonapartista esa form a de la socie­ d ad de in tercam b io cuya expresión, en el á m b ito del arte, B enjam in investigó para el caso de Baudelaire. La “devalua­ ción del en torno hum ano a través de la econom ía de m ercan­ cías tiene un p ro fu n d o efecto en la experiencia histórica. Acontece ‘siem pre lo m ism o’. El spleen no es más que la qu in ­

taesencia de la experiencia histórica. N ada parece más digno de desprecio que aducir la idea de progreso en contra de esta experiencia... Pero la em presa de Baudelaire adquiere su im ­ portancia histórica solo allí do nd e la experiencia de lo siem- pre-igual, d o n d e se hace m edible, experim enta su signatura histórica. Esto ocurre tan to en N ietzsche com o en Blanqui. La idea del eterno retorno es aquí i o nuevo’ que hace estallar el anillo del eterno retorno al ratificarlo. La obra de Baudelai­ re aparece bajo una nueva luz en la conjunción con Nietzsche y ante todo con Blanqui, quien había desarrollado diez años antes la doctrina del eterno retorno” (I, 1151). La experiencia de lo siem pre-igual en que cualquier perspectiva de progreso

en la historia, de trabajo hu m an o productivo, que es gracias a lo único que progresa la historia, aparece cortada, tiene su razón económ ica, identificada p o r M arx en u n a frase de E l capital que Benjam ín cita: “El proceso de producción se ex­

tin g u e en la m ercancía”.23 D el m ism o m o d o se extingue el trabajo hum ano en el alienado, la historia se convierte en fan­ tasm agoría de lo ahistórico. La m ism a experiencia encontra­ mos en el desdén de Baudelaire hacia el progreso,24 pero tam ­ bién está en la p rop ia ten tativ a de B enjam in de “fu n d a r el concepto de historia... en la idea de la catástrofe” (I, 683, cf. V, 592). U na política acorde con esta concepción de la histo­ ria es la del Blanquismo: el levantam iento preparado por una elite de conspiradores, desatado por un golpe de Estado. “Para B lanqui, la historia es la paja co rtad a con q ue se rellena el tiem po infinito” (V, 460). Blanqui desarrolló su d octrina del retorno de lo siempre-igual en la teoría cosmológica LEternité par les Astres, un libro que se originó en la cárcel en 1871,

cuando aún luchaba la C o m u n a en las calles de París. El des­ cubrim iento de este libro tuvo una “influencia decisiva” en el proyecto sobre Baudelaire: Benjam in vio en este libro “en la figura de u n orden natural el com plem ento del orden social que Blanqui, hacia el ocaso de su vida, debió reconocer como aquel que lo había vencido” (I, 1071); y sin em bargo, al m is­ m o tiem p o reconocía allí un com plem ento del golpism o es- catológico de la praxis política de Blanqui d u ran te los años treinta y cuarenta.

23 M arx, Das Kapital II, en MEW, t. 24, 1963, p. 385; cf. V, 804. [El capital, t. II, Fondo de C ultura Económ ica, México, 2000],

24 Cf. Baudelaire, ob. cit., p. 1260, p. 1262 y ss., p. 1276; tam bién del mism o autor, Correspondance genérale, t. 1, C répet, París, 1947, p. 369; t. 3,

1948, p. 37; t. 4, 1948, p. 312; t. 5, 1949, p. 281. [Correspondenciageneral,

“Es posible plantear la siguiente pregunta: si no hay en la acción política de Blanqui rasgos que la caracterizan, precisa­ m en te, com o acción de ese ho m b re que escribió ya en edad avanzada L ’Eternitépar les Astres (...) Esta idea no ha de des­

cartarse. El poco interés que Blanqui dem ostró desde un prin­ cipio por los fundam entos teóricos del socialismo ha de tener su razón en una desconfianza enraizada frente a esas com pro­ baciones esperables para quien se sum erja dem asiado profun­ dam ente en la estructura del m undo y de la vida. Pero al final, en la vejez, Blanqui no debe haber podido evitar un profundo sum ergim iento sem ejante” (I, 1154).

M arx, qu e en 1848 hab ía celebrado a B lanqui com o el v erdad ero rep resen tan te de la clase p ro letaria, desarrolló a p artir de sus im presiones del fracaso de la revolución de Fe­ brero su propia teoría de la revolución, que lo apartó defini­ tiv a m e n te del “v o lu n ta rism o activista del ‘P a rtid o de la acción’”;25 más tarde, tam bién Engels se alejó p úblicam ente de la p erso n a de B lan q u i.26 Pero B enjam ín ten ía m ás bien afin id ad co n el co n c ep to de la h isto ria del francés: “M arx dice q u e las revoluciones son la lo co m o to ra de la historia m u n d ial. Pero acaso sea co m p letam en te d istin to . Acaso las revoluciones sean el recurso de la h u m an id a d , qu e viaja en ese tren, de accionar el freno de em ergencia” (I, 1232). Para M arx, la construcción de la sociedad socialista no podría rea­ lizarse con u n sim ple gesto, representado p o r el acto de ac­ cionar el freno de emergencia; la hum anidad no se encuentra en n in g ú n tren, ni en uno que vaya a toda velocidad hacia el abism o, ni en uno que m arche en círculos y pase siempre por las m ism as estaciones. C ada revolución supone un cierto ni­

25 -K orsch, ob. cit., p. 183.

26 Cf. Engels, “Program m der blanquistischen K om m uneflüchtlinge”, en M EW , t. 18, 1962, p. 529.

vel histórico de las fuerzas de producción, tiene necesidad de u n a “serie de condiciones m ateriales de existencia, que a su vez son el producto natural de un largo y tortuoso desarrollo h istó ric o ”.27 Solo cuand o estas condiciones h an m ad u ra d o hasta ese p u n to en la sociedad burguesa puede ten er lugar el vuelco definitivo en que quedan superadas las oposiciones de clase; y entonces tendrá que ocurrir ese vuelco necesariam en­ te, siguiendo u n a ley natural de la sociedad. D istin to en el caso de Benjam ín; en su socialismo siem pre resistió con obs­ tinació n una últim a instancia escatológica; para su mesianis- m o, el desarrollo histórico era dem asiado largo e insop orta­ blem ente penoso.

“E n realidad no hay n in g ú n m o m en to histórico que no incluya su chance revolucionaria: solo que quiere ser definida com o una específica, es decir, com o chance de un a solución po r com pleto nueva de cara a una tarea com pletam ente nue­ va. Para el pensador revolucionario, la chance característica­ m ente revolucionaria de cada m om ento histórico se confirm a a p artir de la situación política. Pero no en m enor m edida se confirm a para él a través de la fuerza de llave de ese m om en­ to, sobre u na recámara m uy bien definida, hasta entonces ce­ rrada, del pasado. La entrada en esta recámara coincide estric­ ta m e n te co n la acción política; y es a través de este ingreso q u e esta acción, no im p o rta cuán destructivam ente, se da a conocer com o mesiánica” (I, 1231).

Esta es una teoría estética, no u n a teoría de la historia. Es el arte el q u e siem pre conoce tareas c o m p letam en te nuevas con soluciones p o r com pleto nuevas —y ante todo el de Bau- delaire en la interpretación de B enjam ín-; la historia no co­ noce nada sem ejante. La salvación de lo pasado, la “con m e­ m oración” de la tradición mística, no son, tal com o Benjamín

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