planeado para la tercera parte del libro, qu e debía tra tar la form a de la creación poética de Baudelaire en sus “condicio nes m ateriales” (I, 1091), es decir, en las condiciones históri- co-sociales. Las siguientes indicaciones sobre el m odo en que aparece la historia en el proyecto sobre Baudelaire no preten den ser más que un prolegóm eno.
B en jam in presenta a Baudelaire sobre el trasfo n d o so cioeconóm ico del Segundo Im perio. El golpe de Estado del 2 de diciem bre de 1851 puso un sello sobre la m atanza de los insurgentes de tres años antes, p or la que el proletariado re volucionario habría de desaparecer de la escena de la historia francesa por más de dos décadas; Blanqui, su líder más sobre saliente, ya había sido puesto fuera de juego después de las m anifestaciones del 15 de m ayo de 1848. Al m ism o tiem po que la am pliación de la industria -h a sta entonces, com parada con la de Inglaterra, en la retaguardia-, surgió bajo la protec ción del aparato de Estado bonapartista esa form a de la socie d ad de in tercam b io cuya expresión, en el á m b ito del arte, B enjam in investigó para el caso de Baudelaire. La “devalua ción del en torno hum ano a través de la econom ía de m ercan cías tiene un p ro fu n d o efecto en la experiencia histórica. Acontece ‘siem pre lo m ism o’. El spleen no es más que la qu in
taesencia de la experiencia histórica. N ada parece más digno de desprecio que aducir la idea de progreso en contra de esta experiencia... Pero la em presa de Baudelaire adquiere su im portancia histórica solo allí do nd e la experiencia de lo siem- pre-igual, d o n d e se hace m edible, experim enta su signatura histórica. Esto ocurre tan to en N ietzsche com o en Blanqui. La idea del eterno retorno es aquí i o nuevo’ que hace estallar el anillo del eterno retorno al ratificarlo. La obra de Baudelai re aparece bajo una nueva luz en la conjunción con Nietzsche y ante todo con Blanqui, quien había desarrollado diez años antes la doctrina del eterno retorno” (I, 1151). La experiencia de lo siem pre-igual en que cualquier perspectiva de progreso
en la historia, de trabajo hu m an o productivo, que es gracias a lo único que progresa la historia, aparece cortada, tiene su razón económ ica, identificada p o r M arx en u n a frase de E l capital que Benjam ín cita: “El proceso de producción se ex
tin g u e en la m ercancía”.23 D el m ism o m o d o se extingue el trabajo hum ano en el alienado, la historia se convierte en fan tasm agoría de lo ahistórico. La m ism a experiencia encontra mos en el desdén de Baudelaire hacia el progreso,24 pero tam bién está en la p rop ia ten tativ a de B enjam in de “fu n d a r el concepto de historia... en la idea de la catástrofe” (I, 683, cf. V, 592). U na política acorde con esta concepción de la histo ria es la del Blanquismo: el levantam iento preparado por una elite de conspiradores, desatado por un golpe de Estado. “Para B lanqui, la historia es la paja co rtad a con q ue se rellena el tiem po infinito” (V, 460). Blanqui desarrolló su d octrina del retorno de lo siempre-igual en la teoría cosmológica LEternité par les Astres, un libro que se originó en la cárcel en 1871,
cuando aún luchaba la C o m u n a en las calles de París. El des cubrim iento de este libro tuvo una “influencia decisiva” en el proyecto sobre Baudelaire: Benjam in vio en este libro “en la figura de u n orden natural el com plem ento del orden social que Blanqui, hacia el ocaso de su vida, debió reconocer como aquel que lo había vencido” (I, 1071); y sin em bargo, al m is m o tiem p o reconocía allí un com plem ento del golpism o es- catológico de la praxis política de Blanqui d u ran te los años treinta y cuarenta.
23 M arx, Das Kapital II, en MEW, t. 24, 1963, p. 385; cf. V, 804. [El capital, t. II, Fondo de C ultura Económ ica, México, 2000],
24 Cf. Baudelaire, ob. cit., p. 1260, p. 1262 y ss., p. 1276; tam bién del mism o autor, Correspondance genérale, t. 1, C répet, París, 1947, p. 369; t. 3,
1948, p. 37; t. 4, 1948, p. 312; t. 5, 1949, p. 281. [Correspondenciageneral,
“Es posible plantear la siguiente pregunta: si no hay en la acción política de Blanqui rasgos que la caracterizan, precisa m en te, com o acción de ese ho m b re que escribió ya en edad avanzada L ’Eternitépar les Astres (...) Esta idea no ha de des
cartarse. El poco interés que Blanqui dem ostró desde un prin cipio por los fundam entos teóricos del socialismo ha de tener su razón en una desconfianza enraizada frente a esas com pro baciones esperables para quien se sum erja dem asiado profun dam ente en la estructura del m undo y de la vida. Pero al final, en la vejez, Blanqui no debe haber podido evitar un profundo sum ergim iento sem ejante” (I, 1154).
M arx, qu e en 1848 hab ía celebrado a B lanqui com o el v erdad ero rep resen tan te de la clase p ro letaria, desarrolló a p artir de sus im presiones del fracaso de la revolución de Fe brero su propia teoría de la revolución, que lo apartó defini tiv a m e n te del “v o lu n ta rism o activista del ‘P a rtid o de la acción’”;25 más tarde, tam bién Engels se alejó p úblicam ente de la p erso n a de B lan q u i.26 Pero B enjam ín ten ía m ás bien afin id ad co n el co n c ep to de la h isto ria del francés: “M arx dice q u e las revoluciones son la lo co m o to ra de la historia m u n d ial. Pero acaso sea co m p letam en te d istin to . Acaso las revoluciones sean el recurso de la h u m an id a d , qu e viaja en ese tren, de accionar el freno de em ergencia” (I, 1232). Para M arx, la construcción de la sociedad socialista no podría rea lizarse con u n sim ple gesto, representado p o r el acto de ac cionar el freno de emergencia; la hum anidad no se encuentra en n in g ú n tren, ni en uno que vaya a toda velocidad hacia el abism o, ni en uno que m arche en círculos y pase siempre por las m ism as estaciones. C ada revolución supone un cierto ni
25 -K orsch, ob. cit., p. 183.
26 Cf. Engels, “Program m der blanquistischen K om m uneflüchtlinge”, en M EW , t. 18, 1962, p. 529.
vel histórico de las fuerzas de producción, tiene necesidad de u n a “serie de condiciones m ateriales de existencia, que a su vez son el producto natural de un largo y tortuoso desarrollo h istó ric o ”.27 Solo cuand o estas condiciones h an m ad u ra d o hasta ese p u n to en la sociedad burguesa puede ten er lugar el vuelco definitivo en que quedan superadas las oposiciones de clase; y entonces tendrá que ocurrir ese vuelco necesariam en te, siguiendo u n a ley natural de la sociedad. D istin to en el caso de Benjam ín; en su socialismo siem pre resistió con obs tinació n una últim a instancia escatológica; para su mesianis- m o, el desarrollo histórico era dem asiado largo e insop orta blem ente penoso.
“E n realidad no hay n in g ú n m o m en to histórico que no incluya su chance revolucionaria: solo que quiere ser definida com o una específica, es decir, com o chance de un a solución po r com pleto nueva de cara a una tarea com pletam ente nue va. Para el pensador revolucionario, la chance característica m ente revolucionaria de cada m om ento histórico se confirm a a p artir de la situación política. Pero no en m enor m edida se confirm a para él a través de la fuerza de llave de ese m om en to, sobre u na recámara m uy bien definida, hasta entonces ce rrada, del pasado. La entrada en esta recámara coincide estric ta m e n te co n la acción política; y es a través de este ingreso q u e esta acción, no im p o rta cuán destructivam ente, se da a conocer com o mesiánica” (I, 1231).
Esta es una teoría estética, no u n a teoría de la historia. Es el arte el q u e siem pre conoce tareas c o m p letam en te nuevas con soluciones p o r com pleto nuevas —y ante todo el de Bau- delaire en la interpretación de B enjam ín-; la historia no co noce nada sem ejante. La salvación de lo pasado, la “con m e m oración” de la tradición mística, no son, tal com o Benjamín