4 ¿Cómo se abandona una teoría?
2. Bibliografía de autor.
La bibliografía histórico-cultural “viva”
En 1948, el prehistoriador austriaco Oswald Franz Ambro- sius Menghin (1888-1973) arribó a la Argentina valiéndose de la po- lítica de puertas abiertas promovida por el Estado argentino a favor de migrantes académicos europeos que, como él, se instalaron en el país al término de la Segunda Guerra Mundial, en este caso, a conse- cuencia de sus compromisos ideológico-políticos con el nacional so- cialismo. Menghin se había doctorado en 1910 en Filosofía en la uni- versidad de Viena con especialización en Prehistoria y fue docente e investigador de esta especialidad en las universidades de El Cairo y de Barcelona (1939). Tras su llegada al país, Menghin fue nombra- do profesor en el Instituto de Antropología de la UBA y más tarde, en 1958, al crearse la Licenciatura de Ciencias Antropológicas en la UBA, fue contratado como profesor Extraordinario, cargo que ejer- ció al frente de la cátedra de Prehistoria General y del Viejo Mundo correspondiente al segundo año de la carrera, hasta su retiro en 1968. Fue docente, además, de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de Universidad Nacional de La Plata en una cátedra de Prehistoria.
En su migración académica, Menghin transportó la concep- ción culturalista del difusionismo de la Escuela de Viena y trans- plantó los principios teóricos promovidos por el etnólogo austriaco Wilhelm Schmidt (1868-1954) y el etnólogo alemán Fritz Graebner (1877-1925). Si bien en sus inicios investigativos en la Argentina Menghin abordó problemáticas arqueológicas de diversas regio- nes, tal como lo demuestran artículos referidos al Altoparanaen- se (Menghin 1955/1956), al poblamiento histórico de Misiones (Menghin 1957) o al compartido con Alberto Rex González en el ya- cimiento cordobés de Ongamira (Menghin 1954), el prehistoriador vienés concentró sus investigaciones prehistóricas en las regiones de Pampa, donde compartió el trabajo de campo con su joven cola- borador, el antropólogo romano Marcelo Bórmida (Menghin-Bór- mida 1950), y de Patagonia, donde desarrolló la mayor parte de su producción académica y en la que se centra el presente trabajo.
La filiación difusionista de Menghin lo llevó a trazar una con- cepción ecuménica del desarrollo cultural con la que la prehistoria americana debía ensamblarse. Puesto que, según los difusionistas, el desarrollo cultural americano presentaba caracteres “conservativos y arcaizantes”97, Menghin debió adoptar una nomenclatura apropia-
da a este “peculiar carácter de la evolución cultural” del nuevo con- tinente para detallar su desarrollo cultural. Según esta perspectiva teórica “el hombre” era originario del Viejo Mundo y su llegada a América se habría producido en oleadas sucesivas que ingresaron por distintas vías, produciendo “un verdadero mosaico cultural y racial”. Ante la necesidad de interpretar tal realidad, la perspectiva histórico-cultural se valía, desde el punto de vista de la arqueología prehistórica, de una clasificación cronológica que contemplaba una primera cultura indiferenciada y tres grandes reinos culturales pos- teriores –el del hueso, el de las lascas y el de las hachas de mano, así como de una clasificación tecnológica de los artefactos líticos–. Al inicio de su investigación prehistórica en Pampa y Patagonia, Menghin enfatizó los conceptos de contacto e intercambio cultural para explicar el cambio cultural alineando su búsqueda de evidencia material que le permitiera dar cuenta de las dispersiones mundiales en ambas regiones argentinas.
97 La expresión encodillada por nosotros ha sido extraída de la pagina 18 de la guía numero 4 (Las culturas prehistóricas americanas) correspondiente a la sección Prehistoria y Arqueología de la asignatura “Introducción a las Cs Antropológicas” firmada por la Prof. Marta Pastore, discípula de Amalia Sanguinetti de Bórmida.
Hasta su llegada a la Argentina, Menghin se desempeñaba como docente e investigador en prehistoria histórico-cultural nu- triéndose de bibliografía afín a esta perspectiva y produciendo, a su vez, bibliografía en la misma clave. A poco de su arribo fue anexado al sistema reproductor de la disciplina nacional gracias al apoyo del antropólogo italiano José Imbelloni (1885-1967), ya posicionado en el país desde 1930, merced a su trabajo científico en universidades y museos argentinos (ver Carrizo en este volumen). En 1958 la in- corporación de Menghin consolidó su legitimidad con la creación de la licenciatura porteña. Su trayectoria académica en la Argentina condensó una peculiar instancia bibliográfica pues mientras, por un lado, trajo consigo artículos e informes en clave histórico-cultural, publicados en academias del extranjero de los que él mismo era su autor, por el otro y ya aquí, fue productor de una nueva bibliografía que generaba in situ literatura ajustada al producto de sus trabajos de campo en las áreas de Pampa y Patagonia. De tal forma, la teoría histórico-cultural que migró con Menghin a la Argentina recibió en el traslado un cambio de campo; consecuentemente el soporte teó- rico se relocalizó.
El plan de 1958 que dispuso la creación de la licenciatura en Ciencias Antropológicas en la UBA ofrecía 4 asignaturas tronca- les para aquellos estudiantes que optaran por la formación en ar- queología prehistórica: la parte correspondiente a esa especialidad incluida en la cátedra Introducción a las Ciencias Antropológicas y las asignaturas Prehistoria y Arqueología Americana, Prehistoria del Viejo Mundo también conocida como Prehistoria General y del Viejo Mundo, el Seminario de Arqueología Americana y finalmen- te el cursillo de especialización. Menghin tomó a su cargo el dicta- do junto a los arqueólogos argentinos Fernando Márquez Miranda (1897-1961) y Ciro Rene Lafón (1923-2006). Como señalamos más arriba, la elección de determinados autores e investigaciones para el dictado de diversas asignaturas universitarias se nos ofrece como una vía de acceso al posicionamiento alcanzado por determinada perspectiva teórica así como el alcanzado por los actores que, como en el caso de Menghin, delinearon el campo disciplinar arqueológico del Buenos Aires de entonces, integrando el heterogéneo panorama de lo que usualmente se conoce en arqueología como la perspectiva “histórico-cultural”.