El grupo más numeroso, y en sí mismo muy heterogéneo, de las bibliotecas científicas lo forman las alrededor de 2.700 bibliotecas especializadas, que pueden ser públicas, eclesiásticas o privadas. Común a todas ellas es el limitarse a un campo específico determinado y el estar ligadas a una institución cuyo suministro bibliográfico tienen a su cargo como tarea exclusiva o principal. En las bibliotecas especializadas, la adquisición de nuevas obras se orienta por completo a satisfacer las necesidades inmediatas y prácticas del equipo de dicha institución, y presta especial atención a los escritos aparecidos al margen del comercio librero. Las publicaciones periódicas, tanto impresas como electrónicas, tienen para estas bibliotecas mucha más importancia que las monografías. De modo particular en las bibliotecas especializadas de orientación científico-técnica, el servicio que facilita informaciones online está desplazando, cada vez con más fuerza, la forma tradicional del suministro bibliográfico; existen ya algunas bibliotecas de empresa que emplean de manera exclusiva o en la mayoría de los casos recursos electrónicos de información. La tarea bibliotecaria suele ir más allá de la catalogación formal y por materias practicada en las bibliotecas científicas;
comprende además una intensa actividad de documentación y la oferta de servicios individuales y a la medida de cada usuario. En general, se trata de bibliotecas de consulta presencial, si bien muchas de ellas están integradas en el sistema alemán de préstamo interbibliotecario. Dado que suelen trabajar para un grupo de usuarios muy determinado, de manera que se sabe cuáles son sus necesidades de información y qué obras desean, la concepción de la tarea bibliotecaria como una prestación de servicios cobra un especial relieve en las bibliotecas especializadas.
Entre las numerosas bibliotecas especializadas, las más de 500 bibliotecas
parlamentarias, administrativas y judiciales forman un grupo notoriamente homogéneo.
Creadas en su mayor parte después de 1945, sirven ante todo a fines administrativos y de jurisprudencia, habiéndose especializado, por tanto, en adquirir literatura jurídica y política. Impresos oficiales y literatura "gris" constituyen gran parte de sus fondos. Son, igualmente, bibliotecas de consulta presencial, permitiéndose el acceso público solo en muy pequeña medida.
Además de las ya mencionadas Biblioteca del Bundestag (Berlín) y las de las dietas y gobiernos de los Länder, debemos hablar ahora de las bibliotecas de los ministerios y
de los organismos federales supremos. En algunos casos concretos pueden alcanzar dimensiones muy notables, como lo demuestran la Biblioteca del Senat en Berlín (466.000 volúmenes, hoy parte de la Biblioteca Central y del Land de Berlín), las bibliotecas del Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín (300.000 volúmenes, 91.000 mapas y atlas), la de la Oficina Alemana de Patentes en Múnich (728.000 volúmenes incluyendo las descripciones de patentes, más 47 millones de documentos de
patentes) y la de la Oficina Federal de Estadística en Wiesbaden (440.000 volúmenes).
Entre las bibliotecas judiciales federales y de los Länder, destacan la de la Corte
Federal de Justicia (405.000 volúmenes) y la de la Corte Constitucional Federal
(344.000 volúmenes), ambas con sede en Karlsruhe. Como en todas las bibliotecas especializadas, en las judiciales, junto a libros y publicaciones periódicas,
microformatos y soportes electrónicos, ocupan un importante lugar otros tipos de obras escritas y de soportes; así, por ejemplo, la Biblioteca de la Corte Constitucional
Federal posee un archivo que contiene 1’2 millones de recortes de prensa, todos debidamente documentados.
Bibliotecas especializadas en sentido estricto son, por una parte, las bibliotecas de los
institutos de investigación federales y de los Länder, las de las sociedades científicas, las de los archivos, museos y clínicas; y también, por otra parte, las de las
corporaciones y entidades eclesiásticas, incluidos conventos y monasterios, y las de las empresas, asociaciones y sociedades. Por más diferencias que existan entre los casos concretos, estas afirmaciones se aplican a todas ellas: centran su selección bibliográfica en su campo de especialización respectivo; adquieren, normalmente en elevada proporción, literatura "gris" o no convencional; emplean de modo
particularmente sistemático recursos electrónicos; realizan una habilitación sistemática de dichas obras editadas marginalmente; ofrecen sus fondos para la consulta
presencial; por último, renuncian al archivo permanente de títulos antiguos y ya en desuso. Las dimensiones de sus fondos muestran enormes diferencias, desde bastante más de un millón de volúmenes hasta unos pocos millares de títulos, variando en esa misma medida la cantidad de su personal: no pocas bibliotecas especializadas pueden denominarse one person libraries.
Aún podremos citar algunos ejemplos, pocos, de otras bibliotecas especializadas, cuyo amplio espectro abarca todas las disciplinas. Así, en el campo de las ciencias puras y aplicadas y en el tecnológico cuentan con una nutrida representación; citemos a modo de ejemplo: la Biblioteca del Museo Alemán en Múnich, especializada en las ciencias naturales, así como en la técnica y su historia (887.000 volúmenes); la Biblioteca
Kekulè, propiedad de la gran compañía farmacéutica Bayer AG, en Leverkusen
(650.000 volúmenes); la Biblioteca Central del Centro de Investigación Jülich GmbH, especializada en tecnología moderna (400.000 volúmenes, 280.000 informes), y la
Biblioteca de la Academia Alemana Leopoldina de Investigación, en Halle (261.000
volúmenes). En el campo de la medicina, citaremos en representación de todas la Biblioteca Central del Centro Alemán para la Investigación del Cáncer en Heidelberg (100.000 unidades en diversos soportes) y la Biblioteca Médica Central del Hospital
Clínico Universitario de Hamburgo-Eppendorf (262.000 unidades en diversos
soportes).
Dentro de las ciencias humanas, para las que la producción escrita resulta
especialmente importante, las bibliotecas especializadas desempeñan también una destacada función de apoyo a la investigación desarrollada fuera de los cauces
universitarios. Al respecto podemos mencionar: la Biblioteca de la Fundación Friedrich
Ebert en Bonn, cercana al Partido Socialdemócrata alemán y especializada en la
Instituto Iberoamericano de Berlín (880.000 volúmenes); la Biblioteca del Museo Nacional Germánico de Núremberg, cuyos fondos de colección están dedicados al
campo de la historia artística y cultural (600.000 volúmenes); la Biblioteca del Centro
de Investigación de la Historia Militar en Potsdam (250.000 unidades). Merece
mención particular el Archivo Literario Alemán, en Marbach del Neckar (750.000 volúmenes, 1.200 legados escritos póstumos, 200.000 documentos gráficos), que, concebido como centro bibliográfico para la conservación de la literatura en lengua alemana desde la Ilustración hasta el presente, ejerce en la misma medida funciones de archivo y biblioteca.
En el campo de la religión y la teología predominan, lógicamente, las bibliotecas especializadas de titularidad eclesiástica, puestas al servicio de la investigación científica, pero con frecuencia también de la administración eclesiástica y de la
formación en teología. En el ámbito católico, encontramos, por ejemplo, las bibliotecas monásticas (Abadía Benedictina de Beuron, 410.000 volúmenes) y diocesanas
(Biblioteca Arzobispal de la Diócesis y Catedral en Colonia, 462.000 volúmenes; en el ámbito evangélico, las bibliotecas de las regiones eclesiásticas (Biblioteca Eclesiástica
de la Región Norte del Elba en Hamburgo, 180.000 volúmenes). Una fundación
eclesiástica de derecho privado se encarga de mantener en Emden la Biblioteca
Johannes a Lasco (98.000 volúmenes), especializada en el protestantismo reformado
y en la historia religiosa de comienzos de la edad moderna.
En cuanto a las ciencias políticas, jurídicas y económicas, son muy significativas las ya mencionadas bibliotecas parlamentarias, administrativas y judiciales. Tampoco
carecen de importancia los diferentes Institutos Max Planck, especializados en campos jurídicos concretos, con sus respectivas bibliotecas en las sedes de Friburgo (350.000 volúmenes), Fráncfort del Meno (270.000), Hamburgo (430.000), Heidelberg (532.000) y, con dos establecimientos, en Múnich (170.000 y 75.000 volúmenes). De muy
amplios fondos (1’2 millones de volúmenes) dispone la Biblioteca del Archivo
Hamburgués de Economía Mundial (HWWA, desde 2007 integrada en la ZBW), cuyos
ámbitos de colección son las ciencias económicas y sociales, y que además cumple funciones de depósito para los fondos bibliográficos de organizaciones internacionales. Algunas bibliotecas especializadas tienen su sede en el extranjero. Son las bibliotecas del Instituto Arqueológico Alemán en Atenas, Bagdad, Estambul, El Cairo, Lisboa, Madrid, Roma y Teherán; la Biblioteca del Instituto de Historia del Arte en Florencia (221.000 volúmenes, 580.000 fotografías) y la Bibliotheca Hertziana en Roma (254.000 volúmenes), así como las bibliotecas del Instituto Alemán de Historia en Londres, París, Roma, Varsovia y Washington. Dedicadas ante todo a los campos de la arqueología, la historia, la historia del arte y la orientalística, contribuyen, más allá de su labor bibliográfica, al intercambio intelectual con el país que las acoge. Más bien modesta (11.000 volúmenes) es la Biblioteca del Instituto Alemán de Estudios
Japoneses, en Tokio.
Los Institutos Goethe se encargan del mantenimiento de bibliotecas especializadas con libros y medios audiovisuales acerca de Alemania, ofreciendo sus servicios al más amplio público de sus países de acogida. Las bibliotecas realizan esta tarea en
estrecha interacción con la labor lingüística y los programas desarrollados por los institutos. Siendo su propósito ofrecer información actualizada, el fondo bibliográfico se encuentra en un proceso de renovación continuo, aunque lento; no existe una función de archivo. Las bibliotecas Goethe disponen en conjunto de un fondo de en torno a los 2 millones de libros y obras sobre otros soportes.