1. La oración de Nehemías por el remanente en Jerusalén (1:1-11). 2. La petición del rey y el regreso a Jerusalén (2:1-20).
3. La división de los edificadores del muro y la construcción de las puertas (3:1-32). 4. Las precauciones para la defensa del muro en contra del enemigo (4:1-23).
5. La restauración de la tierra al pobre (5:1-19).
6. La conclusión del muro ante las amenazas del enemigo (6:1-19).
7. El registro de la genealogía de los que salieron de la cautividad (7:1-73). 8. La lectura de la Ley (8:1-18).
9. El repaso de la historia de los hijos de Israel, y la confesión de sus pecados (9:1-38).
10. La lista de los que sellaron el pacto y una promesa de no abandonar la casa de Dios (10:1-39). 11. La lista de aquellos que moraron en Jerusalén y en las ciudades de Judá (11:1-36).
12. La lista de aquellos que subieron con Zorobabel y sus descendientes, y la dedicación del muro de Jerusalén (12:1-47).
13. El retorno de Nehemías de su visita al rey y una limpieza más profunda del pueblo (13:1-31).
Capítulo 1
La oración de Nehemías
1:1 “Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte,
estando yo en Susa, capital del reino”. Esta introducción es la forma usual en que los libros proféticos
son presentados, en donde el nombre del autor es dado al inicio.
El vigésimo año se refiere al reinado de Artajerjes; esta es la manera en que antiguamente se reconocía la cronología. Susa era la capital política del Imperio Persa, en donde el rey generalmente residía. Las otras capitales de importancia eran Persépolis, la capital ceremonial, y Acmeta, el palacio en la provin-cia de los medos. Quisleu, el noveno mes, que corresponde a mediados de noviembre y diciembre de nuestro calendario, fue el periodo en que este libro se inició.
1:2 “Que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los
judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén”. Han pasado
como 13 años desde que Esdras había recibido permiso del mismo rey para ir y poner en orden la adoración del templo.
Por esto, Nehemías, siendo un hombre compasivo y piadoso, con un profundo amor por el pueblo de Dios, inquirió el estado de aquellos que todavía estaban en Jerusalén. Esto parece sugerir que algunos habían regresado a sus antiguas moradas en Babilonia y en otras regiones. Esto no era algo inusual, porque cualquiera que está familiarizado con las personas sabe que muchos comienzan pero, a menudo, un buen número regresan al punto de inicio y no terminan. De hecho, ese fue el caso con los hijos de
Israel, que consistentemente deseaban regresar a Egipto, cuando los tiempos de dificultad ocurrieron en su viaje a través del desierto.
También hay una seria advertencia que podemos leer en Hebreos 11:15: “pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver”. He visto a tantos volverse atrás antes de llegar al momento que cambiaría todo en sus ministerios, sea en casa o en un campo extranjero. Su decisión resultó en una pérdida eterna para ellos, ya que se conformaron con una posición mucho menor a lo que el Señor les estaba ofreciendo. Necesitamos presionar para recibir todo lo que Dios tiene para nosotros, y no conformarnos con lo segundo mejor.
1:3 “Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en
gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego”. Así, aun
después de que Israel había reocupado la tierra por casi 100 años (536 444 a.C.), la ciudad de Jerusalén todavía estaba en una situación deplorable. La gente había ciertamente reedificado el templo, pero estaban viviendo en pobreza. Este pensamiento es desarrollado por el profeta Hageo, un contemporáneo de Zorobabel, en el primer regreso: “Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfe-chos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto” (Hag. 1:5-6). Ellos habían edificado sus propias casas, pero no la casa del Señor. Esto se refiere al tiempo cuando dejaron de edificar por 16 años, después de haber echado solamente el fundamento del Templo, por causa de la oposición durante el reinado de Ciro, hasta el segundo año del reinado de Darío. Malaquías (un contemporáneo de Esdras y Nehemías) los reprendió en su tiempo, diciéndoles que ellos estaban malditos económicamente porque no estaban diezmando (Mal. 3:7-10).
Así, parece como que tuvieron ciclos de relativa prosperidad y de dificultades, debido a su falta de devoción al Señor. Nosotros debemos recordar esto, porque el Señor bendice cuando le obedecemos, a menos que sea una prueba que Él desea que pasemos para nuestro enriquecimiento espiritual. La bendi-ción depende del grado de triunfo que logramos en la prueba.
1:4 “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante
del Dios de los cielos”. Cuando le contaron acerca del estado en que se encontraba Jerusalén y su gente,
Nehemías experimentó una tristeza divina y reconoció que esta pobreza era el resultado de sus caminos pecaminosos. Así como Esdras y Daniel antes que él, Nehemías comenzó a hacer oración de penitencia por su propia nación de Israel. Él reconoció el pasado pecaminoso de ellos y se identificó con sus pecados. Esta debe ser siempre la actitud del justo, como vemos en los siguientes versículos.
1:5-8 “Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y
la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos;”
Esta es una referencia a una cita de Deuteronomio 28:49 y 65, unos 1,000 años antes, cuando el Señor habló diciendo que Él traería en contra de ellos, una nación de gente fiera (Babilonia); y que después los
esparciría entre todas las naciones por causa de su maldad. Esto fue dicho antes de que los hijos de Israel entraran a la Tierra Prometida de Canaán (hoy conocida como Palestina o Israel). Esto ilustra la verdad que el Testimonio de Jesús es ciertamente el Espíritu de Profecía (Ap. 19:10).
1:9 “Pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque
vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre”. Es tan maravilloso que a pesar de sus caminos de maldad,
el Señor les había dado estas maravillosas promesas de restauración si se convertían de su maldad y se arrepentían. En esa promesa ellos tendrían esperanza. Ciertamente a cada uno nos ha sido dada esta misma esperanza, si caemos en algún abismo de pecado y desesperación. Podemos ver esto ilustrado en las palabras de Job 14:7: “Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; Retoñará aún, y sus renuevos no faltarán”. Por tanto, amados, en nuestro tiempo de necesidad, tengamos esperanza en las tiernas misericordias de nuestro Señor.
1:10-11 “Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu
mano poderosa. Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey”. Así, Nehemías concluyó su
oración pidiéndole a Dios que encontrara favor delante del rey, de quien él era un copero.
La última frase de este versículo significa que él estaba en la presencia del rey continuamente, y disfru-taba de la confianza del rey. Sin embargo, él no presumió de su relación con el rey sino por el contrario, buscó a Dios, en cuyas manos está el corazón de todos los hombres, porque Él dirige el corazón de los hombres por donde Él quiere (Pr. 1:1).
Capítulo 2
La petición del rey y el regreso a Jerusalén
2:1 “Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de
él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia”. El mes de
Nisán equivale al mes de abril.
Esta era la responsabilidad del copero del rey: ser llamado a la presencia del rey cuando él quisiera tomar vino. El copero primero debía dar un sorbo de vino, esto significaba que no había sido envenenado y luego lo presentaba delante del rey para que bebiera. El vino es un símbolo universal del gozo; por esto, cualquiera que se acercaba al rey en tales momentos, naturalmente lo hacía con gozo. Además, parece que Nehemías por naturaleza era un hombre feliz, quien anterior-mente no había mostrado tristeza alguna.
2:2 “Me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino
quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera”. La inferencia del rey, extraída de la
tristeza que mostraba el rostro de Nehemías, fue que estaba triste de ser un súbdito del rey. Esto, por supuesto, es un reflejo del carácter y la administración del rey. Como cristianos, no debemos mostrar que es difícil ser súbditos del Rey de reyes. ¡Estemos gozosos y manifestémosle nuestra gratitud por habernos salvado!
2:3 “Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad,
casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?”
Como vemos, Nehemías tuvo mucho temor porque pudo haberle costado su vida. Por esto, procuró disipar rápidamente este pensamiento de la mente del rey. Esta es una ilustración de la condición espiritual de la Iglesia de nuestros tiempos.
Muchos lugares de adoración, que en algún momento conocieron el precioso mover y la visitación de Dios, ahora están desolados y vacíos. Al pasar por allí, queremos lamentarnos y golpear nuestro pecho por el dolor, ante estos monumentos de avivamientos pasados. El libro de Nehemías nos da la esperanza que Dios una vez más, reedificará Su Iglesia en nuestra generación, y veremos mani-festaciones mucho más poderosas del Espíritu Santo que las que generaciones anteriores tuvieron el privilegio de ver. Regocijémonos y estemos gozosos, porque estos huesos muertos vivirán otra vez, ¡Alabado sea el Señor!
2:4 “Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos”. Este es un ejemplo de una de esas oraciones “rayo” que no pueden ser pronunciadas, pero que nuestro precioso Señor escucha cuando clamamos a Él desde nuestro corazón en un momento de gran necesidad.
Debemos practicar orar durante el día para que en un momento de desesperación, sin dudar, busquemos al Señor orando en silencio, para recibir Su ayuda inmediatamente. Entonces veremos al Señor alinear el corazón de otros a Su voluntad para nuestra vida. Él también nos dará aceptación a los ojos de las autoridades, y favor con los hombres y mujeres que están en posiciones importantes.
2:5 “Y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la
ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré”. Esto confirma que Nehemías era de la tribu de
Judá, como lo declaran los historiadores de la Iglesia: Jerónimo y Eusebio.
2:6 “Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo
volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo”. Aquí encontramos una verdad
muy importante que no debemos dejar pasar por alto. Es evidente que Nehemías había oído de Dios, cuánto tiempo duraría su misión. Así también nosotros podemos saber el tiempo en la voluntad de Dios, y conocer cuándo iniciará y cuánto durará (al menos aproximadamente).
2:7 “Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado
del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá”. Hay una diferencia clara en la forma
que Esdras y Nehemías manejaron sus respectivas misiones. Esdras había testificado a este mismo rey que el Señor tendría cuidado del regreso de los cautivos; por lo tanto, él no le pidió ayuda al rey para su viaje de regreso. Nehemías, sin embargo, tuvo una compañía de soldados provistos por el rey que cuidaron que regresaran a salvo. Esto puede ser atribuido a que Nehemías tenía un trabajo en la corte. Hay otro factor que no debe ser pasado por alto; en ambos casos, el rey proveyó todo lo necesario para la edificación del templo y para la reedificación de la ciudad de Jerusalén. Esta es una confirmación para las profecías de Isaías 60:10 y Hageo 2:7-8.
2:8-9 “y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las
concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí. Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo”. Se entendía que la frase “del otro lado del río” se refería a la tierra que estaba más
allá del río Éufrates. En ese tiempo, esto se usaba para hablar tanto de Siria como de Israel,. 2:10 “Pero oyéndolo Sanbalat horonita y Tobías el siervo amonita, les disgustó en extremo que
viniese alguno para procurar el bien de los hijos de Israel”. Ahora, conocemos a los hombres que
representan aquellas naciones, que por largo tiempo fueron enemigas de Israel.
Sanbalat, nativo de Horonaim, era un gobernador moabita de Samaria bajo el rey persa. Tobías el amonita, su secretario principal, también era un descendiente de los hijos de Lot, que perpetuamen-te guerreó en contra de Israel. Un Sanbalat de generaciones postreras, persuadió a Alejando Magno a edificar un templo pagano sobre el monte Gerizim. Así, este odio por Israel fue continuo.
2:11 “Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días”. Tres días parece el tiempo normal requerido para ajustarse a un nuevo ambiente, después de un largo viaje. Esdras y sus compañeros tomaron un periodo de tiempo similar. Si esto está incluido en las Santas Escritu-ras entonces es de suma importancia para nosotros. Por esto, cuando viajamos a nuevos lugares, puede ser que necesitemos el mismo tiempo para poder acostumbrarnos al nuevo ambiente, tanto natural como espiritual.
2:12 “Me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo
que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba”. Muchos años antes, el rey Salomón escribió Proverbios
12:23: “El hombre prudente no muestra lo que sabe” (NVI) y Proverbios 17:27: “El que es entendi-do refrena sus palabras” (NVI). Uno no le revela al enemigo, ni aun a los amigos, los planes que uno tiene sino hasta el momento apropiado, ya que a pocos se les puede confiar que cuiden sus labios y mantengan guardada la información que les ha sido confiada.
Es sabio observar la obra antes de hacer los planes, esto fue exactamente lo que hizo Nehemías. Considerar el costo y comprender la extensión del problema siempre es una buena costumbre de negocios; no como otros que saltan a la piscina y luego se dan cuenta que están nadando en un océano de deudas.
Muchos ministros que he conocido personalmente, han comprado edificios o iniciado cons-trucciones, solamente para darse cuenta que los costos y el trabajo eran mucho mayores de lo que inicialmente habían creído. Descubrieron que no tenían ni los fondos ni el poder humano para terminar el proyecto. El resultado fue, y a menudo es, que la iglesia se endeuda tanto que llega a la bancarrota financiera. Esto produce un colapso espiritual y pone sobre la congrega-ción una nube negra de desesperacongrega-ción.
2:13 “Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del
Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego”. La “fuente del Dragón” fue llamada así en el tiempo cuando la
adora-ción al diablo prevalecía, durante el periodo de apostasía de los habitantes de Jerusalén, antes del sitio final y caída de Jerusalén, en el siglo VI a.C. Fue llamada así en honor a Satanás como su
fuente de vida. (El significado espiritual de las otras puertas será examinado con más detalle en el capítulo tres de este comentario.)
2:14-15 “Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por
donde pasase la cabalgadura en que iba. Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví”. El examen que Nehemías hizo por la noche fue muy
meticuloso; él no se hacía ilusiones en relación a la extensión de las reparaciones necesarias para regresar a la ciudad a su antiguo estado de prosperidad.
2:16 “Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había
declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra”.
Fue solamente después que Nehemías había captado plenamente la situación, que pudo comenzar a comunicar a los judíos el propósito de su misión.
2:17-18 “Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y
sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no este-mos más en oprobio. Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifique-mos. Así esforzaron sus manos para bien”. Aquí vemos otra verdad importante que no debemos
dejar pasar. Los dos requisitos para edificar son recibir la comisión de Dios, y el permiso y las licencias de las autoridades pertinentes. Ya que Nehemías tenía ambos, podía recibir el respaldo de su pueblo para la obra.
2:19 “Pero cuanto lo oyeron Sanbalat horonita, Tobías el siervo amonita, y Gesem el árabe, hicieron
escarnio de nosotros, y nos despreciaron, diciendo: ¿Qué es esto que hacéis vosotros? ¿Os rebeláis contra el rey?” Un tercer enemigo emerge ahora: Gesem el árabe, era sin duda alguna, uno de los