L
A
E
RA
DE
LA
R
ESTAURACIÓN
Un estudio de los libros de Esdras y Nehemías
Título original: The Restoration Era: A Study of Ezrah and Nehemiah Copyright © 2003 Brian J. Bailey
All rights reserved under International Copyright Law. Título en español:
La Era de la Restauración:
Un estudio de los libros de Esdraas y Nehemías.
Traducción y edición: Equipo de traducción de Instituto Bíblico Jesucristo, Guatemala.
Todas las referencias bíblicas en este libro son tomadas de la versión Reina-Valera 1960, © Sociedades Bíblicas Unidas, a menos que se indique lo contrario.
Ninguna parte de este libro puede ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperación, o transmitida por cualquier vía o bajo ninguna forma — electrónica, mecánica, fotocopiado, grabado o cualquier otra — sin
la autorización escrita que exprese el consentimiento del autor.
Primera edición, octubre de 2006. Para mayor información, diríjase a:
Para mayor información o copias adicionales diríjase a esta dirección: Zion Christian Publishers
PO Box 70 Waverly, NY 14892 Sin cargo: 1-877-768-7466
Fax: (607) 565- 3329
Website: www.zionfellowship.org/zcpublishers/ Dirección electrónica: [email protected]
ÌN D I C E
Prefacio 1
EL LIBRO DE ESDRAS
Introducción 7
PARTE I El primer regreso a Jerusalén bajo el mando de Zorobabel 11
Capítulo 1 El decreto de Ciro 11
Capítulo 2 Israel regresa a morar en su ciudad 14
PARTE II La edificación del Templo 19
Capítulo 3 El fundamento es puesto 19
Capítulo 4 La construcción cesa 24
Capítulo 5 El año de los profetas 28
Capítulo 6 El Templo es completado 31
PARTE III El segundo regreso 37
Capítulo 7 La genealogía, vida y ministerio de Esdras 38
Capítulo 8 El segundo viaje bajo el mando de Esdras 44
PARTE IV La restauración del pueblo 49
Capítulo 9 Israel se une en matrimonio con los paganos 49
Capítulo 10 Separación de Israel de las esposas extranjeras 54
Epílogo 58
EL LIBRO DE NEHEMÍAS
Introducción 61
Capítulo 1 La oración de Nehemías 62
Capítulo 2 La petición del rey y el regreso a Jerusalén 64
Capítulo 3 La división de los constructores del muro 67
Capítulo 4 Las precauciones para la defensa 74
Capítulo 5 La restauración de la tierra de los pobres 77
Capítulo 7 El registro de las genealogías 85
Capítulo 8 La lectura de la Ley 88
Capítulo 9 Un repaso de su historia 93
Capítulo 10 Los que sellaron el pacto 100
Capítulo 11 Aquellos que habitaron en Jerusalén 103
Capítulo 12 Aquellos que subieron con Zorobabel 106
Capítulo 13 El regreso de Nehemías y una limpieza mayor 110
Epílogo 115
Resumen del Periodo de la Restauración
Cielo Nuevo y Tierra Nueva Segunda Venida Restauración Cristo Era de la Iglesia Era del Milenio Noé Cautividad Babilónica El Diluvio David Adán AbrahamL
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DE
LA
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ESTAURACIÓN
Un estudio de los libros de Esdras y Nehemías
Título original: The Restoration Era: A Study of Ezrah and Nehemiah Copyright © 2003 Brian J. Bailey
All rights reserved under International Copyright Law. Título en español:
La Era de la Restauración:
Un estudio de los libros de Esdraas y Nehemías.
Traducción y edición: Equipo de traducción de Instituto Bíblico Jesucristo, Guatemala.
Todas las referencias bíblicas en este libro son tomadas de la versión Reina-Valera 1960, © Sociedades Bíblicas Unidas, a menos que se indique lo contrario.
Ninguna parte de este libro puede ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperación, o transmitida por cualquier vía o bajo ninguna forma — electrónica, mecánica, fotocopiado, grabado o cualquier otra — sin
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Primera edición, octubre de 2006. Para mayor información, diríjase a:
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Website: www.zionfellowship.org/zcpublishers/ Dirección electrónica: [email protected]
ÌN D I C E
Prefacio 1
EL LIBRO DE ESDRAS
Introducción 7
PARTE I El primer regreso a Jerusalén bajo el mando de Zorobabel 11
Capítulo 1 El decreto de Ciro 11
Capítulo 2 Israel regresa a morar en su ciudad 14
PARTE II La edificación del Templo 19
Capítulo 3 El fundamento es puesto 19
Capítulo 4 La construcción cesa 24
Capítulo 5 El año de los profetas 28
Capítulo 6 El Templo es completado 31
PARTE III El segundo regreso 37
Capítulo 7 La genealogía, vida y ministerio de Esdras 38
Capítulo 8 El segundo viaje bajo el mando de Esdras 44
PARTE IV La restauración del pueblo 49
Capítulo 9 Israel se une en matrimonio con los paganos 49
Capítulo 10 Separación de Israel de las esposas extranjeras 54
Epílogo 58
EL LIBRO DE NEHEMÍAS
Introducción 61
Capítulo 1 La oración de Nehemías 62
Capítulo 2 La petición del rey y el regreso a Jerusalén 64
Capítulo 3 La división de los constructores del muro 67
Capítulo 4 Las precauciones para la defensa 74
Capítulo 5 La restauración de la tierra de los pobres 77
Capítulo 7 El registro de las genealogías 85
Capítulo 8 La lectura de la Ley 88
Capítulo 9 Un repaso de su historia 93
Capítulo 10 Los que sellaron el pacto 100
Capítulo 11 Aquellos que habitaron en Jerusalén 103
Capítulo 12 Aquellos que subieron con Zorobabel 106
Capítulo 13 El regreso de Nehemías y una limpieza mayor 110
Epílogo 115
Resumen del Periodo de la Restauración
Cielo Nuevo y Tierra Nueva Segunda Venida Restauración Cristo Era de la Iglesia Era del Milenio Noé Cautividad Babilónica El Diluvio David Adán AbrahamPREFACIO
El tema de la restauración es el mensaje universal de las Santas Escrituras, desde Génesis hasta Apoca-lipsis. El propósito: restaurar la relación del hombre con Dios después de la caída de Adán. Esto se logró a través de la muerte de Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dios fervientemente desea que aquellos de Su pueblo, que han caído de su posición de redimidos después de la salvación (o han errado en las verdades que ellos han recibido) puedan, una vez más, ser puestos sobre el camino de justicia y santidad.
Sin embargo, como siempre, el Señor necesita a aquellos que clamarán para que ocurra la restauración de Su pueblo. La mano de Dios es movida por las oraciones y la intercesión de Su pueblo, aunque debemos tener en mente que el Señor tiene tiempos establecidos para la restauración. Esto es verdad en el destino de las naciones así como en el de los individuos.
Daniel comprendió, por medio de los escritos de Jeremías (Jer. 25:11-12), que había sido determinado un periodo de 70 años de cautividad sobre Jerusalén antes que fuera restaurada (Dn. 9:2). Esta verdad fue vivificada en Daniel en el primer año de Darío, el rey de los medas que venció a Babilonia. Esto sucedió, justo tres años antes de que se cumplieran los 70 años. Así, Daniel comenzó a orar desde este tiempo pre-establecido. Eclesiastés 3:3 declara que hay un tiempo para derribar y un tiempo para edificar. ¡Para todo hay un tiempo!
La restauración definitivamente está en el corazón de Dios. Fluye a través de toda Su Palabra, de generación a generación. En realidad es el significado de la religión, que básicamente está uniendo nuevamente aquello que una vez estuvo unido. Debemos darnos cuenta que la meta suprema de Dios es cumplir la restauración. Esto se originó en el corazón de Dios, Quien conoce el fin desde el principio. Él supo, cuando creó al hombre, que el hombre caería y que la restauración sería necesaria mediante Su Hijo. Por esta misma razón, antes de la fundación del mundo, Él le reveló esto a Su amado Hijo. Leemos en Romanos 8:29-30, “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos confor-mes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó”. Dios, en Su presciencia, sabe exactamente quién le responderá y qué pasará con nuestra vida. Hay cuatro áreas principales de restauración: la restauración del hombre, la restauración de la nación de Israel, la restauración de la Iglesia y la restauración de esta creación, refiriéndose a esta tierra en el ámbito natural (Ro. 8:22).
Cuando vemos cuidadosamente en la Palabra de Dios, encontramos que Adán fue llamado “hijo de Dios” (Lc. 3:38). Adán fue formado a la imagen y semejanza de Dios. Esto significa que Adán fue hecho
semejante a Dios. Por lo tanto, si estamos viendo al hombre, en cierto sentido, estamos viendo a Dios. Dios quiso tener comunión con Adán, pero para Él poder tener comunión con el hombre, tenía que haber una prueba. Adán fue creado en un estado de inocencia. La diferencia entre la inocencia y la santidad es que la inocencia no ha sido probada. A menudo hablamos de la inocencia de un niño, cosa que cierta-mente es maravillosa. Un niño es inocente simplecierta-mente porque él no ha tenido la oportunidad de hacer el mal. Sin embargo, Dios no quiere inocencia; Él desea la santidad. La santidad sólo se puede alcanzar mediante pruebas, en medio de las cuales uno escoge el bien y rechaza el mal. Adán fue probado exactamente en el área que revela el corazón de Dios: el amor. Adán fue probado para ver si su amor por Dios era lo primero, sobre todas las otras cosas. Adán fracasó en esta prueba, porque cuando Eva tomó del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, y se hizo pecado al desobedecer a Dios, Adán prefirió a Eva antes que a Dios.
Al leer a través de los primeros capítulos de Génesis, normalmente no consideramos a Dios en este asunto. Lo que consideramos es la decisión equivocada de Adán, la desobediencia de Eva y las astutas trampas de la serpiente, pero se nos olvida que el corazón de Dios fue completamente quebrantado, por cuando Adán eligió a Eva antes que a Él. Dios debe ser el primero en nuestra vida, sobre todo lo demás, incluyendo a otras personas. En realidad, Adán rechazó a Dios pero Dios no rechazó a Adán. Esta misma experiencia se repetirá muchas veces en nuestra vida. Seremos rechazados por los que amamos, pero nosotros no debemos rechazarlos a ellos.
Hay tres parábolas en la Palabra de Dios que específicamente tratan con la restauración: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo perdido (el hijo pródigo). Cada una de estas parábolas describe una categoría de creyentes que necesitan restauración. La primera la encontramos en Lucas 15:4-7:
“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento”.
Consideremos por un momento a las ovejas. En la Palabra de Dios, nosotros somos comparados con ovejas. Isaías 53:6 dice: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros”. En esta parábola, tenemos el pensamiento de estar perdidos por ignorancia. Una oveja a menudo se aparta del camino por causa de la ignorancia, sin darse cuenta que debe seguir al pastor. De forma similar, un creyente también puede perderse por ignorancia. La siguiente parábola la encontramos en Lucas 15:8-10:
“¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido. Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”.
Una moneda no puede perderse por si sola, pero una oveja sí. Una moneda se pierde por negligencia. En este caso, debe buscarse con diligencia. Nosotros, como pastores y líderes, somos responsables de
cuidar de algunos creyentes, por cuanto ellos pueden perderse por la negligencia. Así, algunos pueden perderse por ignorancia propia y algunos pueden perderse por negligencia nuestra. Así mismo, existe una tercera categoría. Lucas 15:11-32 relata la historia del Hijo Pródigo:
“También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente” (Lc. 15:11-13).
El hijo menor pidió la porción de su herencia para tenerla y seguir su propio camino. Este es un caso de voluntad propia. El hijo menor decide irse. No fue ni por negligencia ni por ignorancia sino por volun-tad propia. Él determinó dejar la casa de su padre. Hay muchos jóvenes y ancianos, también, que deciden abandonar los caminos de Dios. Ellos determinan en su mente que van a irse, y nada que digamos los detendrá. Al igual que con las dos primeras parábolas, solamente por la misericordia de Dios puede ser restaurado uno que se ha descarriado.
“Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y co-menzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros” (Lc. 15:14-19).
Lo que es interesante es el hecho que el padre no salió a buscarlo. Él esperó hasta que su hijo regresara. Aquellos que se van por voluntad propia a menudo tienen que seguir un camino muy peligroso. Se dice que el camino de los descarriados es muy duro. A menudo, ellos descienden a los pozos del pecado más profundo y grotesco y son afligidos por la enfermedad, la tristeza y la dificultad. Solamente cuando están en el fondo recobran sus sentidos. Lamentablemente, no todos recobran la cordura, pero yo creo que hay mucha más esperanza para el descarriado de la que nosotros pensamos.
Al estudiar el avivamiento en la Palabra de Dios, vemos que una de las características del avivamiento es la restauración del descarriado. Por esto, cuando leemos estas tres parábolas, vemos que una persona se descarrió por ignorancia, y fue encontrada por el pastor; otra se perdió por la negligencia y tuvo que ser buscada; pero una tercera, que se perdió por propia voluntad, no fue restaurada sino hasta que recobró su cordura.
“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y haga-mos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro
gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado” (Lc. 15:20-32).
El padre no pensó dos veces acerca de la recepción que le daría a su hijo cuando regresara. Él preparó una maravillosa fiesta y recibió en la casa al hijo pródigo, con los brazos abiertos. Sin embargo, el hermano mayor estaba furioso, ya que él había sido fiel mientras su hermano mayor había dilapidado toda su porción. Luego, cuando su hermano menor regresó a casa, se esperaba que él también le diera la bienvenida. El hermano mayor no tenía el corazón del padre. El padre sabía muy bien que si el hijo pródigo no hubiese regresado, estaba muerto, perdido en sus transgresiones y pecados, y que se iría infierno.
El padre, sin duda alguna, había estado orando y clamando a Dios, pidiéndole restauración. El padre no tenía ninguna duda acerca de que su hijo menor estaba muerto a los ojos de Dios. En un sentido muy real, debemos darnos cuenta que a menos que un descarriado sea restaurado, él ya está perdido.
En el pasado, he quedado asombrado ante lo que algunas personas han hecho, y pensé que no había esperanza alguna para ellas, sin embargo, lo sorprendente fue que han regresado a la iglesia, restaurados. Así, vemos que esto depende de nuestras oraciones. El Señor desea la restauración. Dios quiere que nosotros nos demos cuenta que Él está casado con el descarriado (Jer. 3:14) y que anhela restaurarlo.
Es muy importante ver que cuando Dios pone a una persona en nuestro corazón, debemos ser fieles en orar por ellos. Si ellos se han perdido por ignorancia o por negligencia, podemos participar en el proceso de guiarlos de regreso al Señor; pero si se han salido voluntariamente del camino, lo único que podemos hacer es orar por ellos.
Hace muchos años, asistí a una iglesia que estaba llena de borrachos redimidos. Ellos amaban saltar y dar sus testimonios acerca de cómo Dios los había redimido. ¡Oh, que gozo tiene Dios cuando aquellos que eligieron apartarse, regresan! Hay mucho gozo en el cielo. Pero hubo otra persona, en esa misma iglesia, que se levantó a dar su testimonio después de que los otros pasaron, y dijo: “Mi testimonio es mayor que el de todos ustedes, porque Él me ha preservado de caer en el alcoholismo”. El mayor milagro es ser preservados. Por esto, debemos clamar pidiendo misericordia para ser guardados. Sin embargo, si uno ha caído, podemos poner nuestra esperanza en el Dios de la restauración. ¡Dios quiere restaurar!
EL LIBRO DE ESDRAS
Introducción
Debido a la desobediencia del rey Salomón, el hijo de David, el reino unido de Israel fue divido después de su muerte. Israel fue dividido en dos partes: el Reino del Norte (conformado por diez tribus) y el Reino del Sur, Judá.
Las diez tribus del norte, bajo el rey Jeroboam hijo de Nabat, cayeron en idolatría. Después de que 20 reyes reinaron sucesivamente (casi todos ellos fueron malvados) el reino cayó ante los asirios, bajo el mando de Sargón, en el año 722 a.C. Bajo el reinado de los reyes que sucedieron a Sargón (Senaquerib, Esarhadón y Asurbanipal), Israel experimentó sucesivas deportaciones a la tierra de los paganos.
El reino del Sur fue fiel durante muchos años, en sus primeros años de existencia, pero eventualmente también se volvió malvado, particularmente bajo el rey Manasés. Por esto, Dios anunció 70 años de cautividad babilónica sobre ellos. Esta cautividad inició el año 606 a.C. y terminó en 536 a.C. con el decreto de Ciro el Grande, rey de Persia, de reedificar el Templo en Jerusalén. Aquellos que iniciaron esta obra fueron Zorobabel, el gobernador (un descendiente de David en el linaje de Cristo), y Josué, el sumo sacerdote.
El periodo de Restauración inició 500 años antes de Cristo y sirvió para preparar a Israel para Su venida. Este periodo de la historia de Israel es análogo al periodo de la Reforma, que inició hace 500 años para preparar a la Iglesia para la Segunda Venida de nuestro Señor. Sin duda, no podemos sobre enfatizar la importancia de esta Era en la historia de la humanidad. Esta Era vio la reedificación del templo físico, la restauración del templo de adoración, la resurrección de las verdades de Dios y la enseñanza de la Ley por Esdras. Esdras, el sacerdote y maestro, recopiló las Escrituras y escribió muchos salmos, así como también los libros históricos de Crónicas y Ester. Este hombre fue tan grande que los judíos lo llaman el “segundo Moisés”, por su devoción a la ley.
Satanás obviamente reconoció lo peligrosa que era esta Era para su reino de tinieblas, por lo tanto él levantó tres protagonistas importantes durante este tiempo:
1. Gautama Buda (560-480 a.C.) estaba en la India dando a luz las enseñanzas diabólicas del budismo. 2. Confucio (551-479 a.C.), en la China, dio a luz el confucionismo, las enseñanzas de un hombre que
no conoció a Dios.
3. Sócrates (470-399 a.C.) estaba en Grecia propagando la filosofía, acerca de la cual Pablo advirtió a los colosenses, de no permitir que ningún hombre contaminara a los creyentes con estas huecas sutilezas (Col. 2:8). Platón (428-347 a.C.) continuó con las enseñanzas de Sócrates. Su principal pupilo fue Aristóteles (384-322 a.C.) quien, a su vez, fue el tutor de Alejandro Magno.
El periodo de la Restauración abarca seis libros de las Escrituras: los libros históricos de Ester, Esdras y Nehemías, y los profetas Hageo, Zacarías y Malaquías. En este estudio solamente estudiaremos los libros de Esdras y Nehemías, ya que el libro de Ester ha sido publicado anteriormente en un volumen separado titulado Ester y los profetas han sido incluidos juntos en el libro titulado, Los Profetas
Meno-res Tomo TMeno-res. Este volumen contiene el libro de Esdras y Nehemías y cubre el periodo entre el año 536
y el 425 a.C.
La relación cronológica de estos libros, junto a Ester y los profetas, es la siguiente:
Antecedentes Históricos
Datos Cronológicos
LIBROS PERSONJES FECHAS EVENTOS
Esdras 1-6 Zorobabel 536-516/5 a.C. El Primer Regreso
Hageo 520 a.C.
Zacarías 520 a.C.
Ester Ester y Mardoqueo 483-473 a.C.
Esdras 7-10 Esdras 457 a.C. El Segundo Regreso
Nehemías 1-13 Nehemías y Esdras 444-425 a.C. El Tercer Regreso
Malaquías Malaquías 432-425 a.C. El Último Regreso
En tiempos cuando Israel moró en su tierra, las siguientes naciones la gobernaron o la afligieron: Egipto: en los días de Roboam, Sisac, el rey de Egipto, subió en contra de Jerusalén y tomó todos los tesoros de la casa del Señor (1 R. 14:25-26).
Asiria: ocurrieron invasiones progresivas por Asiria como se describen a continuación: 1. Pul, rey de Asiria, vino en contra de Israel durante el reinado de Máname, rey de Israel.
2. Tiglat-pileser, rey de Asiria, conquistó la región de Galilea y toda la tierra de Neftalí, durante el reinado de Peka, rey de Israel.
3. Salmansar, rey de Asiria, sitió a Samaria, la capital de Israel en el año 725 a.C. 4. Sargón, rey de Asiria, invadió Samaria en el año 722 a.C.
5. Senaquerib, rey de Asiria, invadió Judá y tomó (conforme a lo que está escrito sobre su prisma) 46 fortalezas en Judá, antes de sitiar Jerusalén, lugar donde su ejército de 185,000 hombres fueron muertos por la espada del ángel del Señor (Is. 37:35-36).
6. Esar-hadón, rey de Asiria, ordenó la deportación de las doce tribus de Israel. 7. Asurbanipal, rey de Asiria, ordenó más deportaciones.
8. Nínive, la capital de Asiria, cayó en poder de los babilonios en el año 612 a.C.
Babilonia: hubo tres sitios y deportaciones principales de judíos a Babilonia, por Nabucodonosor. 1. Durante el tercer año de Joacim, rey de Judá (606 a.C.), el profeta Daniel y otros nobles fueron
llevados al cautiverio en Babilonia.
2. En el tercer mes del reinado de Joacim, rey de Judá (597 a.C.), Ezequiel fue deportado con los cautivos. Estos eran los “higos buenos”, mencionados en Jeremías capítulo 24.
3. En el décimo primer año del reinado de Sedequías, rey de Judá (586 a.C.), Jerusalén y el Templo fueron destruidos.
Hubo también tres grupos que regresaron de Babilonia a Jerusalén: 1. Zorobabel 536 a.C.
2. Esdras 457 a.C. 3. Nehemías 444 a.C. El Imperio Medo-Persa
Darío el medo, tomó Babilonia 539 a.C.
Ciro el persa, reinó 536-530 a.C.
Cambises 530-522 a.C.
Smerdis 522 a.C.
Darío I 522-486 a.C.
Jerjes (Asuero) 486-465 a.C.
Artajerjes I 465-423 a.C.
Darío II 423-404 a.C.
Artajerjes II 404-359 a.C.
Artajerjes III 359-338 a.C.
Arsés 338-336 a.C.
Darío III 336-331 a.C.
Los Griegos
Alejandro Magno 331-323 a.C.
(Él reinó sobre Persia después de derrotar a Darío III).
Bosquejo
1. El Primer Regreso a Jerusalén bajo el mando de Zorobabel 1:1-2:70
2. La Edificación del Templo 3:1-6:22
a. Son puestos los fundamentos 3:1-13
b. Se detiene la Construcción 4:1-24
c. Año de los profetas 5:1-17
d. Es terminado el Templo 6:1-22
3. El Segundo Regreso a Jerusalén 7:1-8:36
PARTE I
El Primer Regreso a Jerusalén bajo el mando de Zorobabel
En la Era de la Restauración conocemos hombres de carácter y piedad extraordinarios:
· Ciro, el rey persa y un tipo de Cristo como el gran Rey sobre toda la tierra (Is. 44:26-45:6). · Zorobabel, el líder y constructor del Templo, a quien se le prometió que sería como anillo de sellar,
porque el Señor lo había elegido (Hag. 2:23).
· Josué, el sumo sacerdote, quien recibió nuevas vestiduras (Zac. 3:1-10). · Hageo, el profeta.
· Zacarías, el profeta.
· Esdras, el sacerdote y maestro.
· Nehemías, el gobernador de Jerusalén.
Estos hombres fueron corona de gloria en la mano del Señor, y una diadema real en la mano del Dios de ellos (Is. 62:3).
Esto también debe ser nuestro deseo: permitirle al Señor obrar en lo profundo de nuestro corazón para que también podamos convertirnos en coronas de belleza y gloria en las manos de nuestro Dios y Su Cristo, y traigamos agrado eterno a la Deidad. En este libro, solamente veremos tres hombres preemi-nentes: Ciro, Esdras y Nehemías. Los otros son mencionados en sus libros respectivos; Zorobabel está incluido en Hageo y Josué es mencionado en Zacarías.
Capítulo 1
El Decreto de Ciro
1:1-2 “En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca
de Jeremías, despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su reino, diciendo: Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusa-lén, que está en Judá.”
Ciro, este hermoso hombre de Dios, es uno de los dos reyes (el otro es Josías) que son mencionados proféticamente en la Santa Escritura, antes de nacer. Dios habló de Ciro, más o menos, 100 años antes que naciera (Is. 44:28), y de Josías cerca de 350 años antes de su nacimiento (1 R.13:2). Esdras 1:1-2 sugiere que Ciro dio la gloria de sus proezas militares al Único y Verdadero Dios. Esto es confirmado en Isaías 45:1, donde dice: “Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán…”
Aparte de ser un general brillante, Ciro fue llamado un “hombre Justo” en Isaías 41:2, “¿Quién despertó del oriente al [hombre] justo, lo llamó para que le siguiese, entregó delante de él naciones, y le hizo enseñorear de reyes; los entregó a su espada como polvo, como hojarasca que su arco arrebata?” Jenofonte, el soldado griego y autor, describió a Ciro, en una de sus obras, Ciropedia, como un monarca tolerante e ideal. Ciro fue llamado “el padre de su pueblo” por los antiguos persas. Él ciertamente trató a sus enemigos con magnanimidad, y fue admirado no solamente por su pueblo, sino también por otras naciones, incluyendo a los griegos. Él fue reconocido como un hábil administrador, siendo también osado y valiente. Por todo esto, fue considerado por los griegos como un modelo de gobernante por excelencia, tanto por Heródoto, el historiador, como por Jenofonte.
Dios llamó a Ciro “Mi pastor” en Isaías 44:28, indicando su naturaleza de cuidado hacia aquellos bajo su autoridad. En el primer año de su reinado (536 a.C.), Ciro dio el mandato de liberar a los judíos cautivos, y ordenó que el Templo en Jerusalén fuera reedificado, cumpliendo así tanto Isaías 44:28 como Isaías 45:13: “Yo lo desperté en justicia, y enderezaré todos sus caminos; él edificará mi ciudad, y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos”. Esta última frase indica la magnanimidad de Ciro, en que no buscó recibir recompensa de los judíos a cambio de su libertad. 1:3 “Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y
edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén”. Ciro, al dar sus
órdenes de liberar y mandar reedificar el Templo, añade su propia bendición sobre los que subirían. Notemos su declaración de fe en el único y verdadero Dios vivo, el Dios de Israel. Esto fue algo muy diferente a los reyes paganos que reinaron antes y después de él; reyes que adoraban ídolos. Ciro estuvo dispuesto a dar de su propia riqueza. Él se aseguró de que todas las necesidades de los judíos fueran suplidas, poniendo a la disposición de ellos la hospitalidad ilimitada de todos los reinos bajo su mando, a través de los que pudieran pasar.
1:4 “Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde more, ayúdenle los hombres de su lugar
con plata, oro, bienes y ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de Dios, la cual está en Jerusalén”. Una vez más, Ciro deja bien claro que él cree que en esa dispensación, solamente hay
una casa digna de ser llamada la Casa de Dios, es decir, principalmente el lugar designado por Dios como Su ciudad, Jerusalén.
Regalos de Judá y Ciro
1:5 “Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y
levitas, todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios para subir a edificar la casa de Jehová, la cual está en Jerusalén”. En este versículo, vemos la soberanía de Dios. Nos llena de asombro ver que Él es
quien elige nuestra herencia, y que Sus propósitos son cumplidos por aquellos que Él elige. En este tiempo establecido para la restauración, solamente aquellos que Dios eligió pudieron regresar a Jerusalén. Hoy, este principio es el mismo: solamente aquellos que Dios elige serán restaurados. Hebreos 6:1-3, confirma esta verdad, “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios… Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite”. Por esto, al acercarnos al tiempo de la gran restauración de la Iglesia, debemos darnos cuenta que tenemos que procurar agradarlo, para tener parte
en el mover de Dios en el tiempo del Fin. Al humillarnos bajo la poderosa mano de Dios, Él nos levantará en Su tiempo. Específicamente, son aquellos que ordenan su conversación de manera correcta, a quienes Él les muestra Su salvación y restauración (Salmo 50:23).
1:6 “Y todos los que estaban en sus alrededores les ayudaron con plata y oro, con bienes y ganado, y
con cosas preciosas, además de todo lo que se ofreció voluntariamente”. Aquí vemos un segundo
grupo de creyentes que decidieron aceptar un llamado menor: aquellos que no fueron elegidos para regresar a edificar el Templo, pero quienes tenían buen corazón, ya que reconocieron los tiempos y la voluntad de Dios y dando, ayudaron a impulsar la obra de Dios, a través de sus hijos elegidos.
1:7 “Y el rey Ciro sacó los utensilios de la casa de Jehová, que Nabucodonosor había sacado de
Jerusalén, y los había puesto en la casa de sus dioses”. Cuando Dios levanta gobernadores sobre la
tierra, ellos están a Su disposición. Salomón declara, en Proverbios 21:1, “En las manos del Señor el corazón del rey es como un río: sigue el curso que el Señor le ha trazado” (NVI). Así, Dios guió el corazón de Ciro para sacar las vasijas que estaban en Babilonia, desde el tiempo de la caída de Jerusalén. Algunas vasijas habían sido usados en forma blasfema por el último rey de Babilonia, Belsasar, en su orgía de borrachera, como está registrado en Daniel 5:2. Cuando probó el vino, Belsasar mandó que las vasijas de oro y de plata (que su padre Nabucodonosor había sacado del templo en Jerusalén) fueran traídas para que él, sus príncipes, sus esposas y sus concubinas pudieran tomar de ellas. Es importante notar que incluso aquí, vemos el principio de la restauración obrando. Estas vasijas que habían sido usadas por el enemigo, ahora estaban siendo restauradas a su propósito original de servicio para Dios, en la Casa del Señor.
Podemos explicar mejor esto usando una analogía de un vaso sucio. Si llenamos un vaso con lodo y suciedad, podemos decir que ese vaso ya no se puede usar. Sin embargo, es posible que el lodo sea quitado y el vaso sea lavado, para que ya no quede ningún rastro de lodo. El vaso, una vez más, está en condiciones de embellecer la mesa y puede ser llenado de refresco o agua.
Nosotros somos templos vivos de Dios y debemos sentirnos animados al saber que, por Su gracia seremos restaurados a nuestro lugar y servicio en los tiempos del Fin. En un sentido, todos estamos viviendo muy debajo de nuestros privilegios y propósitos en Dios. Sin embargo, en estos tiempos, conoceremos Su gran restauración en nuestra vida, en poder, privilegios y posición que la Iglesia Primi-tiva experimentó al servicio de Su maestro.
1:8 “Los sacó, pues, Ciro, rey de Persia, por medio del tesorero Mitrídates, el cual los contó y se los
entregó a Sesbasar, príncipe de Judá” (RV95). El hecho que las Santas Escrituras registren el número
exacto de estas vasijas es algo asombroso.
Esto nos muestra que hay un mensaje y una verdad en esos números para nosotros. La numerología bíblica es fascinante y su estudio es satisfactorio, en la medida que vamos encontrando importantes verdades espirituales que se aplican a nuestras vidas y a los días en que vivimos.
1:9 “Y esta es la cuenta de ellos: treinta tazones de oro, mil tazones de plata, veintinueve cuchillos”. Treinta es la edad en que un levita entraba al servicio en el Tabernáculo (Nm. 4:3), y fue la edad en que Jesús inició Su ministerio (Lc. 3:23).
Mil es el número del Milenio; solamente aquellos que participen de la Primera Resurrección (Ap. 20:6) reinarán y gobernarán con Jesús durante el Milenio. Esto puede ser comparado con el grupo pequeño que figurativamente había sido levantado de la muerte del cautiverio babilónico, y que había sido vivificado con el poder de Dios, para entrar a la nueva dispensación de gracia: el Periodo de la Restau-ración. Veintinueve es un número inusual y lo encontramos solamente dos veces más en la Escritura. Fue la edad de Nacor cuando concibió a Taré (Gn. 11:24), y es el número de años que reinó Ezequías (2 Cr. 29:1). Dependiendo del punto de vista de la persona, uno podría decir que 29 es la suma del número 14 y 15, por cuanto a Ezequías le fueron añadidos 15 años a su vida. Catorce nos habla espiritualmente de la perfección o de la bendición de la doble porción; sin embargo, de acuerdo a la ley de primera mención, el 15 representa gracia divina para preservar la vida.
Vemos que esto es así por cuanto el arca flotó 15 codos sobre el nivel de la tierra (Gn. 7:20). Sin embargo, otra interpretación para el número 29 es la suma de 20 más 9. Veinte es madurez y nueve es fructífero, por cuanto hay nueve frutos del Espíritu (Gá. 5:22-23). Por esto, podemos decir que 29 representa ser fructíferos en la madurez. Ciertamente, ambas interpretaciones son aplicables al grupo que estaba siendo preparado para regresar de la cautividad babilónica.
1:10 “treinta tazas de oro, otras cuatrocientas diez tazas de plata, y otros mil utensilios”. Como ya dijimos, 30 es el número que indica el servicio de Dios. El oro es el símbolo de la Deidad o la divinidad. Cuatrocientos fue el precio que Abraham pagó por Hebrón (Gn. 23:15) y tiene el sentido espiritual de fidelidad y también de ser fructífero universalmente (4 x 100).
Diez es el número de la ley (Ex. 34:28). Por lo tanto, este número 410 representa aquellos que serán fieles en cumplir la ley. Todos los otros vasos, 1,000 en total, habían sido resucitados figurativamente, para el mover de Dios.
1:11 “Todos los utensilios de oro y de plata eran cinco mil cuatrocientos. Todos los hizo llevar
Sesbasar con los que subieron del cautiverio de Babilonia a Jerusalén”. Aunque el número de
artícu-los específicamente mencionado es solamente es de 2009, el número total dado aquí es de 5400. Esto significa que es por la gracia (5 es el número de gracia), y solamente por la gracia que podemos participar de la Primera Resurrección; también que aquellos que estén en la Primera Resurrección son fructíferos universalmente.
Capítulo 2
Israel regresa a morar en su ciudad
2:1-2 “Estos son los hijos de la provincia que subieron del cautiverio, de aquellos que Nabucodonosor
rey de Babilonia había llevado cautivos a Babilonia, y que volvieron a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad; los cuales vinieron con Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Seraías, Reelaías, Mardoqueo, Bilsán, Mispar, Bigvai, Rehum y Baana. El número de los varones del pueblo de Israel.”
El hecho que 11 son mencionados específicamente nos revela otra verdad. Once es el número de após-toles que quedaron después que Judas fue removido. Por esto, once es el número de los purificados. En un tiempo de restauración, solamente aquellos que han sido purificados estarán en el liderazgo del nuevo mover de Dios.
El Carácter Excelente de Zorobabel
Zorobabel está en el linaje de David y, por lo tanto, también en el linaje de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (Mt. 1:12-13). Él fue nieto de Joaquín, el último rey conocido de Judá. Su tío, Sedequías, había sido nombrado el vigésimo rey por el rey Nabucodonosor, pero no fue reconocido como rey por los judíos. Zorobabel comandó a los 50,000 exiliados en su regreso a su tierra natal, convirtiéndose en el gobernador de Judá (Hag. 1:1).
A él se le había confiado la tarea de poner los cimientos del Templo, lo cual terminó de hacer a pesar de la intensa oposición que duró 16 años. Zorobabel no solamente logró completar el edificio físico, sino también la obra espiritual de la restauración. Este relato aparece en Zacarías 4:10, donde se nos dice que a él le fue dada una plomada, o cinta para medir, que en realidad eran los Siete Espíritus del Señor. Él fue el responsable de ver que los hijos de Judá se adhirieran a la ley. Tan amado fue este hombre de Dios que el Señor le prometió que él sería anillo en la mano del Todopoderoso, en el reinado Milenial (Hag. 2:23). El anillo es símbolo de deleitarse en el amado tal como lo ejemplifica y testifica el anillo de bodas. El concepto del pueblo de Dios siendo objeto de gozo en Su mano es mencionado también en Isaías 62:3: “Y serás corona de gloria en la mano de Jehová, y diadema de reino en la mano del Dios tuyo”. Que nosotros podamos aprender de la vida de este gran hombre y procuremos ser gobernadores justos y fieles, que terminen la obra que el Señor nos ha confiado. Que podamos ser el objeto de gozo y regocijo para nuestro Señor, en la medida que Él nos toma en Sus manos y contempla la obra que Él ha hecho en nuestra vida.
Ahora, continúa enumerando a aquellos que fueron con Zorobabel en el primer grupo de los hijos de Israel que salió de Babilonia. Ellos están incluidos en la Santa Escritura para ayudar a los judíos a determinar su genealogía (1 Cr. 9:1). Sin embargo, para nuestro aprendizaje debemos darnos cuenta que el Señor registra todo lugar al que vamos y todo lo que hacemos. Debemos procurar estar en los libros del cielo y tener nuestro libro personal lleno de buenas cosas (Ap. 20:12-15). Nosotros queremos ser incluidos, como estas personas lo fueron, entre aquellos que prosiguen con Dios y reciben todo lo que Dios tiene para ellos.
2:3-59 “Los hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos. Los hijos de Sefatías, trescientos setenta y
dos. Los hijos de Ara, setecientos setenta y cinco. Los hijos de Pahat-moab, de los hijos de Jesúa y de Joab, dos mil ochocientos doce. Los hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. Los hijos de Zatu, novecientos cuarenta y cinco. Los hijos de Zacai, setecientos sesenta. Los hijos de Bani, seis-cientos cuarenta y dos. Los hijos de Bebai, seisseis-cientos veintitrés. Los hijos de Azgad, mil dosseis-cientos veintidós. Los hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis. Los hijos de Bigvai, dos mil cincuenta y seis. Los hijos de Adín, cuatrocientos cincuenta y cuatro. Los hijos de Ater, de Ezequías, noventa y ocho. Los hijos de Bezai, trescientos veintitrés. Los hijos de Jora, ciento doce. Los hijos de Hasum, doscientos veintitrés. Los hijos de Gibar, noventa y cinco. Los hijos de Belén, ciento veintitrés. Los varones de Netofa, cincuenta y seis. Los varones de Anatot, ciento veintiocho. Los hijos de Azmavet, cuarenta y dos. Los hijos de Quiriat-jearim, Cafira y Beerot, setecientos cuarenta y tres. Los hijos de Ramá y Geba, seiscientos veintiuno. Los varones de Micmas, ciento veintidós. Los varones de Bet-el y Hai, doscientos veintitrés. Los hijos de Nebo, cincuenta y dos. Los hijos de Magbis, ciento cincuen-ta y seis. Los hijos del otro Elam, mil doscientos cincuencincuen-ta y cuatro. Los hijos de Harim, trescientos veinte. Los hijos de Lod, Hadid y Ono, setecientos veinticinco. Los hijos de Jericó, trescientos
cua-renta y cinco. Los hijos de Senaa, tres mil seiscientos treinta. Los sacerdotes: los hijos de Jedaías, de la casa de Jesúa, novecientos setenta y tres. Los hijos de Imer, mil cincuenta y dos. Los hijos de Pasur, mil doscientos cuarenta y siete. Los hijos de Harim, mil diecisiete. Los levitas: los hijos de Jesúa y de Cadmiel, de los hijos de Hodavías, setenta y cuatro. Los cantores: los hijos de Asaf, ciento veintiocho. Los hijos de los porteros: los hijos de Salum, los hijos de Ater, los hijos de Talmón, los hijos de Acub, los hijos de Hatita, los hijos de Sobai; por todos, ciento treinta y nueve. Los sirvientes del templo: los hijos de Ziha, los hijos de Hasufa, los hijos de Tabaot, los hijos de Queros, los hijos de Siaha, los hijos de Padón, los hijos de Lebana, los hijos de Hagaba, los hijos de Acub, los hijos de Hagab, los hijos de Salmai, los hijos de Hanán, los hijos de Gidel, los hijos de Gahar, los hijos de Reaía, los hijos de Rezín, los hijos de Necoda, los hijos de Gazam, los hijos de Uza, los hijos de Paseah, los hijos de Besai, los hijos de Asena, los hijos de Meunim, los hijos de Nefusim, los hijos de Bacbuc, los hijos de Hacufa, los hijos de Harhur, los hijos de Bazlut, los hijos de Mehída, los hijos de Harsa, los hijos de Barcos, los hijos de Sísara, los hijos de Tema, los hijos de Nezía, los hijos de Hatifa. Los hijos de los siervos de Salomón: los hijos de Sotai, los hijos de Soferet, los hijos de Peruda, los hijos de Jaala, los hijos de Darcón, los hijos de Gidel, los hijos de Sefatías, los hijos de Hatil, los hijos de Poqueret-hazebaim, los hijos de Ami. Todos los sirvientes del templo, e hijos de los siervos de Salomón, trescientos noventa y dos. Estos fueron los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Addán e Imer que no pudieron demostrar la casa de sus padres, ni su linaje, si eran de Israel”.
Pertenecer a la genealogía correcta era esencial para los judíos, para poder ser incluidos en la obra de Dios y en el servicio del Templo. Sin embargo, para nosotros, es esencial que nuestro nombre esté escrito en Su Libro de la Vida (Ap. 21:27).
2:60-62 “Los hijos de Delaía, los hijos de Tobías, los hijos de Necoda, seiscientos cincuenta y dos. Y
de los hijos de los sacerdotes: los hijos de Habaía, los hijos de Cos, los hijos de Barzilai, el cual tomó mujer de las hijas de Barzilai galaadita, y fue llamado por el nombre de ellas. Estos buscaron su registro de genealogías, y no fue hallado; y fueron excluidos del sacerdocio”. Aquí está contenida una
solemne advertencia: si nuestro nombre no es encontrado en el Libro de la Vida del Cordero, cuando éste sea abierto, no podremos entrar al cielo.
Sin embargo, aquí encontramos otro aspecto de la verdad: si Dios no nos ha llamado a una obra en particular, algo que estemos realizando para Él, no será agregado a nuestro crédito en aquel gran día, cuando los libros sean abiertos. Estos sacerdotes, por cuanto no fueron anotados, fueron sacados del sacerdocio. En Hebreos 5:1,4-6 dice:
“Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados…Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar:
Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec.”
Es Dios quien elige nuestra herencia y nuestro ministerio (Sal. 47:4; Ef. 4:11). Esto fue muy evidente en la rebelión de Coré en contra de Aarón y Moisés, como está registrado en Números 16:5, 9-10: “y habló a Coré y a todo su séquito, diciendo: Mañana mostrará Jehová quién es suyo, y quién es santo, y hará que se acerque a él; al que él escogiere, él lo acercará a sí… y el varón a quien Jehová escogiere, aquel será
el santo; esto os baste, hijos de Leví. Dijo más Moisés a Coré: Oíd ahora, hijos de Leví: ¿Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel, acercándoos a él para que ministréis en el servicio del tabernáculo de Jehová, y estéis delante de la congregación para ministrarles, y que te hizo acercar a ti, y a todos tus hermanos los hijos de Leví contigo? ¿Procuráis también el sacerdocio?” 2:63 “Y el gobernador les dijo que no comiesen de las cosas más santas, hasta que hubiese sacerdote
para consultar con Urim y Tumim”. El gobernador, Zorobabel, estaba aquí asegurando que él no
cometería el mismo error que David había cometido cuando llevó el Arca de la forma contraria a lo que la Ley de Dios establece, trayéndola en un carro jalado por bueyes y no sobre los hombros de los sacerdotes (2 S. 6:1-17). Él también quiso estar seguro de no repetir el mismo pecado que el rey Saúl cometió, quien presumió ofrecer sacrificios por sí mismo, un privilegio reservado para los sacerdotes (1 S. 13:8-10).
2:64-65 “Toda la congregación, unida como un solo hombre, era de cuarenta y dos mil trescientos
sesenta, sin contar sus siervos y siervas, los cuales eran siete mil trescientos treinta y siete; y tenían doscientos cantores y cantoras”. ¡Esta era una compañía hermosa! Que Dios permita que en Su Iglesia,
haya muchos que tengan el ministerio de la música y el canto. Si estamos en este grupo selecto, que podamos usar nuestro talento para cantar para la gloria de Dios, y no para complacer al mundo. 2:66-68 “Sus caballos eran setecientos treinta y seis; sus mulas, doscientas cuarenta y cinco; sus
camellos, cuatrocientos treinta y cinco; asnos, seis mil setecientos veinte. Y algunos de los jefes de casas paternas, cuando vinieron a la casa de Jehová que estaba en Jerusalén, hicieron ofrendas voluntarias para la casa de Dios, para reedificarla en su sitio.”
Qué hermoso es cuando Dios nos ha bendecido con los bienes de este mundo, y podemos dar con libertad de nuestra sustancia para bendecir la casa de Dios. Nunca debemos olvidar que el Señor cuenta el porcentaje que nosotros damos y no el dato exacto. Esto nos explica el reconocimiento que le da a la viuda, quien dio todo lo que tenía, más que el hombre rico que vació todos todas sus monedas (Mc. 12: 41:44). Además, nuestra actitud al dar es muy importante, porque el Señor ama al dador alegre (2 Co. 9:7).
2:69-70 “Según sus fuerzas dieron al tesorero de la obra sesenta y un mil dracmas de oro, cinco mil
libras de plata, y cien túnicas sacerdotales. Y habitaron los sacerdotes, los levitas, los del pueblo, los cantores, los porteros y los sirvientes del templo en sus ciudades; y todo Israel en sus ciudades”.
Aquí vemos la división de los ministerios. Estaban los sacerdotes, quienes eran de la tribu de Leví pero más específicamente de los hijos de Aarón (Lv. 1:5). Luego estaban los levitas, cuyo deber era atender el servicio de la Casa de Dios. Números 1:50 dice: “Sino que pondrás a los levitas en el tabernáculo del testimonio, y sobre todos sus utensilios, y sobre todas las cosas que le pertenecen; ellos llevarán el tabernáculo y todos sus enseres, y ellos servirán en él, y acamparán alrededor del tabernáculo”. Ellos eran seguidos por los cantores, quienes eran elegidos para el ministerio especial de cantar alabanzas al Señor. Siguiéndoles estaban los porteros, quienes eran parte de la compañía de los levitas (1 Cr. 9:18), elegidos para hacer el trabajo de servir en las puertas del Tabernáculo y en la entrada al Tabernáculo y más tarde, en el Templo (1 Cr. 9:22).
Se nos dice que para estos levitas, los cuatro porteros principales estaban en su oficio establecido, cuidando las cámaras y tesoros de la casa de Dios (1 Cr. 9:26). Este oficio era considerado muy importante, ya que David y Samuel ordenaron que ellos desempeñaran ese oficio (1 Cr. 9:22).
Por lo tanto, en la Iglesia, estos hombres de Dios harían el trabajo de los ujieres y diáconos, por lo que deben ser establecidos en su oficio por Dios, a través de sus pastores. El llamado es muy solemne. Finalmente, estaban los sirvientes del Templo que servían a los levitas, los ministros de Dios (Esd. 8:20). Asimismo en nuestros días, el Señor levanta a aquellos que deben servir y facilitar el servicio de los pastores en la Iglesia.
PARTE II
La Edificación del Templo
Capítulo 3
El fundamento es puesto
3:1 “Cuando llegó el mes séptimo, y estando los hijos de Israel ya establecidos en las ciudades, se
juntó el pueblo como un solo hombre en Jerusalén”. Ahora, en el séptimo mes, había llegado el tiempo
de las últimas tres fiestas: la Fiesta de las Trompetas, cuando Dios daba el llamado fresco a Su pueblo para continuar; el Día de la Expiación, que era el tiempo de una profunda limpieza para el pueblo de Dios; y finalmente la Fiesta de los Tabernáculos, que era la manifestación de la gloria y el poder de Dios para traer la cosecha del tiempo del fin.
Esta tercera fiesta gobernó el periodo de la Restauración, y por lo tanto, nos muestra que su cumplimien-to espiritual ciertamente gobernará a la Iglesia Postrera. Esta fiesta también es un tiempo cuando el pueblo de Dios se moverá en la bendición del Espíritu Santo, en unidad, para cumplir Su voluntad por toda la Iglesia en los días inmediatos que preceden la Segunda Venida de Cristo.
3:2 “Entonces se levantaron Jesúa hijo de Josadac y sus hermanos los sacerdotes, y Zorobabel hijo
de Salatiel y sus hermanos, y edificaron el altar del Dios de Israel, para ofrecer sobre él holocaustos, como está escrito en la ley de Moisés varón de Dios”. Este acto es un principio para formar una nueva
obra de Dios. El grupo de adoración traerá la presencia de Dios al campo.
Su presencia permitirá a Su pueblo completar la obra de edificar una iglesia o base de misiones. La verdadera adoración es la clave para la restauración, porque Dios es Espíritu y aquellos que lo adoran deben adorarlo en Espíritu y en verdad (Jn. 4:23-24).
3:3 “Y colocaron el altar sobre su base, porque tenían miedo de los pueblos de las tierras, y
ofrecie-ron sobre él holocaustos a Jehová, holocaustos por la mañana y por la tarde”. Así como los
sacerdo-tes ofrecieron holocausto sobre el altar para Dios, debemos ofrecernos sobre el altar como un sacrificio vivo para el Señor, en medio de nuestros enemigos (Ro. 12:1).
Por esto, por medio de Su gracia, ofrezcamos el sacrificio de la alabanza a Dios, dándole gracias continuamente a Su nombre, con nuestra boca (He. 13:15).
3:4 “Celebraron asimismo la fiesta solemne de los tabernáculos, como está escrito, y holocaustos
cada día por orden conforme al rito, cada cosa en su día”. Números capítulo 29, especifica las
de siete días de duración. Esencialmente, las ofrendas eran 13 toros jóvenes en el primer día, disminu-yendo un toro cada día de la fiesta.
El Primer Día: Trece es el número para expiar la rebelión. Por ejemplo, en el Tabernáculo de Moisés, vemos trece pilares que significan lo mismo que en el servicio del Tabernáculo: el poder de expiar la rebelión.
El Segundo Día: Doce es el número de gobierno y administración. El Señor desea que todos Sus líderes estén en perfecta unidad y en paz con Él, para que Su obra en el ámbito administrativo pueda funcionar sin tropiezos. Es digno de notar que los reinos de David y Salomón fueron divididos en distritos administrativos (1 Cr. 27).
El Tercer Día: Once significa pureza o que el liderazgo ha sido purificado.
El Cuarto Día: Diez significa que la Ley fue escrita sobre las tablas de carne del corazón del hombre. El Quinto Día: Nueve habla de la llenura del Espíritu, desde el aspecto de poder y de la naturaleza de Dios, así como de la plenitud de los dones y del fruto del Espíritu.
El Sexto Día: Ocho significa que este era un nuevo día y un nuevo comienzo para la vida espiritual de ellos. Era un tiempo de entrar a un nuevo pacto con el Señor, y de intensa unión y comunión espiritual. El Séptimo Día: Siete toros jóvenes eran ofrecidos, hablándonos de la plenitud y la perfección. Dos carneros eran ofrecidos, representando la consagración. Catorce corderos sin mancha, equivalente a dos veces siete (1 R. 8:65) y hablándonos del testimonio de la belleza y perfección de Cristo, el Cordero de Dios sin mancha ni defecto. Un cabrito era dado para ser ofrenda por el pecado. Esta ofrenda trataba con la naturaleza de pecado, y para nosotros habla de la vida crucificada.
Todo esto era ofrecido con sus ofrendas de granos (Ver Lv. 2), lo que habla del segundo mandamiento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Como dijo Jesús, si tenemos algo en contra de nuestro prójimo, primero debemos dejar nuestro sacrificio en el altar, reconciliarnos con nuestro prójimo y luego, venir y ofrecer nuestro sacrificio (Mt. 5:24). Aun más, “¿Cómo podemos decir que amamos a Dios y sin embar-go, aborrecemos a nuestro prójimo?” (1 Jn. 4:20).
Las ofrendas de granos debían ser mezclados con aceite, significando que es solamente por medio del Espíritu Santo que podemos ofrecernos sin mancha delante de Dios. Tal como Jesús se ofreció a Sí mismo, por medio del Espíritu, sin mancha ni defecto delante de Dios (He. 9:14). Estas ofrendas debían ser ofrecidas con vino, hablándonos de la actitud de gozo que debemos tener en el servicio del Señor. 3:5 “Además de esto, el holocausto continuo, las nuevas lunas, y todas las fiestas solemnes de Jehová,
y todo sacrificio espontáneo, toda ofrenda voluntaria a Jehová”. Los dos corderos eran ofrecidos
cada día de reposo, hablándonos de ofrecernos continuamente a Dios.
La Ofrenda de las Nuevas Lunas, al inicio de cada mes lunar, aparentemente había sido ordenada por Dios, a través de José (Sal. 81:3-5). Está asociada con el hecho de festejar delante del Señor. Los detalles son dados en Números 28:11: “Al comienzo de vuestros meses ofreceréis en holocausto a Jehová dos becerros de la vacada, un carnero, y siete corderos de un año sin defecto…”
El significado bíblico de esto es el testimonio del cumplimiento de los dos mandamientos: amar a Dios y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Romanos 12:1 habla de consagrar la ofrenda, como vemos en la belleza perfecta del Cordero.
Continuamos en Números 28:12-14:
“Y tres décimas de flor de harina amasada con aceite, como ofrenda con cada bece-rro; y dos décimas de flor de harina amasada con aceite, como ofrenda con cada carnero; y una décima de flor de harina amasada con aceite, en ofrenda que se ofre-cerá con cada cordero; holocausto de olor grato, ofrenda encendida a Jehová. Y sus libaciones de vino, medio hin con cada becerro, y la tercera parte de un hin con cada carnero, y la cuarta parte de un hin con cada cordero. Este es el holocausto de cada mes por todos los meses del año.”
Las tres décimas de flor de harina nos hablan del amor de Dios por el hombre (Lv. 14:10). “Amasada con aceite” nos habla del hecho que debemos estar llenos de la naturaleza de Dios, permitiéndole permear cada punto de nuestro ser. El número tres también nos habla de nuestro cuerpo, alma y espíritu. Así, todo nuestro ser está permeado con amor. Un toro joven representa la fuerza. Se nos manda a amar al Señor con toda nuestra fuerza (Mc. 12:33). El carnero habla de la consagración: guardar los dos mandamientos de amar a Dios y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
3:6 “Desde el primer día del mes séptimo comenzaron a ofrecer holocaustos a Jehová; pero los cimientos
del templo de Jehová no se habían echado todavía”. Estas ofrendas fueron prescritas en Números 29:1-6:
“En el séptimo mes, el primero del mes, tendréis santa convocación; ninguna obra de siervos haréis; os será día de sonar las trompetas. Y ofreceréis holocausto en olor grato a Jehová, un becerro de la vacada, un carnero, siete corderos de un año sin defecto; y la ofrenda de ellos, de flor de harina amasada con aceite, tres décimas de efa con cada becerro, dos décimas con cada carnero, y con cada uno de los siete corderos, una déci-ma; y un macho cabrío por expiación, para reconciliaros, además del holocausto del mes y su ofrenda, y el holocausto continuo y su ofrenda, y sus libaciones conforme a su ley, como ofrenda encendida a Jehová en olor grato.”
Las trompetas que fueron ordenadas a sonar el primer día del mes como son mencionadas en Números capítulo 10. Estas eran sonadas por las siguientes razones:
1. Para llamar a la asamblea a venir a la presencia del Señor.
2. Para continuar el viaje del campamento, cuando Dios quería que continuaran. 3. Para convocar a los principales y a los ancianos.
4. Para ir a la batalla.
Así, en un sentido, el sonar de las trompetas en el primer día del séptimo mes, indicaba que ellos debían continuar en Dios. Era un inicio nuevo. Por esto, en este punto en la historia de Israel, era el tiempo de un nuevo inicio. (Para un estudio más profundo, por favor consulte nuestro libro Fiestas y Ofrendas.) 3:7 “Y dieron dinero a los albañiles y carpinteros; asimismo comida, bebida y aceite a los sidonios y
Ciro rey de Persia acerca de esto”. Este es un cumplimiento parcial de la profecía en Isaías 60:10: “Y
extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia”. Los reyes mencionados fueron Ciro y Darío, de Persia, aunque el cumplimiento total no será sino hasta el Milenio.
3:8 “En el año segundo de su venida a la casa de Dios en Jerusalén, en el mes segundo, comenzaron
Zorobabel hijo de Salatiel, Jesúa hijo de Josadac y los otros sus hermanos, los sacerdotes y los levitas, y todos los que habían venido de la cautividad a Jerusalén; y pusieron a los levitas de veinte años arriba para que activasen la obra de la casa de Jehová.”
La restauración del templo inició en el tiempo de la segunda Pascua, la cual fue reservada para aquellos que no pudieron celebrar la primera Pascua. Esto en sí es muy interesante, por cuanto la primera genera-ción no había cumplido la ley pero ahora se le estaba dando una segunda oportunidad a Israel. Dios muchas veces es un Dios de Segundas Oportunidades, pero no debemos abusar de Su bondad. Por favor, note que esto no sugiere que después de divorciarse una persona puede esperar que un segundo matri-monio, el cual es adulterio, sea bendecido.
Antes de que comenzaran el trabajo de echar los cimientos, los levitas tuvieron que organizar y asegurarse que todo estaba en orden. Cuando nosotros vamos a edificar la casa de Dios, sea física o espiritual, debemos preparar a los obreros. Ellos deben estar bien entrenados y ser hábiles para la obra en la casa de Dios. 3:9 “Jesúa también, sus hijos y sus hermanos, Cadmiel y sus hijos, hijos de Judá, como un solo
hombre asistían para activar a los que hacían la obra en la casa de Dios, junto con los hijos de Henadad, sus hijos y sus hermanos, levitas”. Es importante notar que incluso el sumo sacerdote se
remangó y se preparó para trabajar con sus manos. Así debe ser la actitud de los ministros de Dios, siempre que sea posible, mostrar con el ejemplo cómo trabajar en la viña del Señor.
3:10 “Y cuando los albañiles del templo de Jehová echaban los cimientos, pusieron a los sacerdotes
vestidos de sus ropas y con trompetas, y a los levitas hijos de Asaf con címbalos, para que alabasen a Jehová, según la ordenanza de David rey de Israel”. Una parte importante había sido terminada. Los
hijos de Israel se dieron cuenta que el haber terminado de poner los cimientos fue un logro importante. Todos los que han estado involucrados en un proyecto de construcción saben que la calidad y profundi-dad de los cimientos determinan la altura a la que uno puede edificar.
Anteriormente, mencionamos la importancia del orden de la restauración. Antes de iniciar cualquier otra cosa, el altar, representando la alabanza, fue puesto en su lugar. El segundo paso es poner el fundamento. Ciertamente, las verdades fundamentales son muy importantes. No es bueno, hablando de proseguir hacia Sion, que nuestro fundamento no sea el correcto. Los fundamentos de una vida piadosa deben estar firmemen-te enraizados y cimentados en la Palabra de Dios. Cualquier edificio tiene que firmemen-tener un fundamento, el cual determinará qué tan alto podrá ser. Esto también se aplica a la vida de un santo. Entre más profundos sean sus fundamentos en la Palabra de Dios, más alto podrá remontarse a los lugares celestiales.
Queremos poner mucha atención a los fundamentos de la vida cristiana y asimismo poner estos fundamentos: 1. El arrepentimiento de las obras muertas.
3. La doctrina de los bautismos. 4. La imposición de manos. 5. La resurrección de los muertos. 6. El juicio eterno.
Como ya dijimos antes, y como el apóstol Pablo dijo: “Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite” (He. 6:1-3). Oremos para que podamos ser un sabio maestro constructor como lo fue el apóstol Pablo, quien puso un buen fundamento en su congregación, en su propio ministerio y en cada vida que él pastoreó (1 Co. 3:10).
3:11 “Y cantaban, alabando y dando gracias a Jehová, y diciendo: Porque él es bueno, porque para
siempre es su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando a Jehová porque se echaban los cimientos de la casa de Jehová”. ¡Es maravilloso cuando los hombres y
las mujeres reconocen que todo lo que hacen en su vida es por la gracia de Dios! Como Pablo declara en 1 Corintios 15:10: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”. Cierta-mente, el inicio de la restauración del templo fue posible puramente por la gracia de Dios, por cuanto Él movió el corazón de Ciro para que diera la orden y luego toda provisión necesaria. Como veremos más adelante, también el hecho de completar la obra fue posible únicamente por Su gracia (Zac. 4:6-9). 3:12 “Y muchos de los sacerdotes, de los levitas y de los jefes de casas paternas, ancianos que habían
visto la casa primera, viendo echar los cimientos de esta casa, lloraban en alta voz, mientras muchos otros daban grandes gritos de alegría”. Aquí vemos una verdad muy importante. Aquellos que vieron
la gloria del Templo de Salomón lloraron por que del Templo Restaurado (o Segundo Templo como fue llamado) no se comparaba con la del primero. Mencionamos el hecho que esta era fue conocida como el Periodo de la Restauración y es análogo al de la Era de la Reforma, bajo Martín Lutero. Similarmente, esa Era no fue comparable a la gloria de la Iglesia del Nuevo Testamento.
Aun queda para la Iglesia del Fin, traer de vuelta la gloria del tiempo del Nuevo Testamento. Aun más, el Templo de Ezequiel, durante el Reinado Milenial, no solamente tendrá la gloria del Templo de Salomón sino la sobrepasará. Hubo tres cosas que faltaron en el Templo Restaurado:
1. El Arca del pacto (con el Propiciatorio, que tenía la gloria Shekiná de Dios morando entre los querubines), hablando de la presencia literal de Dios.
2. El Urim y Tumim: las dos piedras, blanca y negra, que eran dadas al sumo sacerdote. Cuando una persona venía a buscar al sumo sacerdote ungido, él haría la pregunta que podía ser respondida “sí” o “no”. El sumo sacerdote metía su mano en el pectoral, como era la costumbre, y sacaba una piedra que daba la respuesta. En otras palabras, ellos tenían el discernimiento y conocían la voluntad de Dios en el tabernáculo original de Moisés y en el Templo de Salomón, pero no en el Templo restaurado.
3. El fuego del altar: el fuego original era divino del cielo, pero el fuego en el nuevo templo fue hecho por el hombre.
El edificio no se comparaba a la gloria del Templo de Salomón, y aquellas tres bendiciones faltaban; sin embargo, aun así tuvieron restauración en el templo. Es posible tener una restauración sin esas cosas, por cuanto es perfectamente Escritural.
Sin embargo, en Hageo 2:3 vemos qué dice Dios acerca de esto: “¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora?” En otras palabras, ¿Cuántos de ustedes vieron el Templo de Salomón?” Obviamente algunos de los que estaban presentas sí vieron el Templo de Salomón. Dios continúa diciendo: “¿No es ella como nada delante de vuestros ojos?” 3:13 “Y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro; porque
clamaba el pueblo con gran júbilo, y se oía el ruido hasta de lejos”. La reacción del pueblo fue
abrumadora. Hubo una confusión emocional entre las generaciones. La nueva generación se regocijaba, mientras que la generación anterior se lamentaba. Por cuanto los jóvenes nunca habían visto el aviva-miento, este mover de Dios fue maravilloso, pero los mayores que habían experimentado la realidad del Templo de Salomón, lloraban con tristeza.
Hasta cierto punto, esto refleja a la Iglesia de los tiempos antes del avivamiento: los jóvenes se regoci-jan y se gozan por cualquier mover, mientras que los ancianos, que han visto cómo Dios se ha movido en el pasado, aun tienen pesadez de corazón.
Los ancianos sabían que la plenitud de la restauración no había sido lograda, y que Dios podría hacer cosas mucho mayores, como dice Isaías 64:4: “Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera.”
Para enfatizar esta verdad, el Espíritu Santo hizo que Pablo citara este pasaje en 1 Corintios 2:9. Por lo tanto, es muy importante que comprendamos que cuando hablamos de avivamiento y restauración, esta-mos pidiendo algo mucho más grande que la restauración que ellos tuvieron en el tiempo de Zorobabel.
Capítulo 4
La construcción cesa
4:1 “Oyendo los enemigos de Judá y de Benjamín que los venidos de la cautividad edificaban el templo de
Jehová Dios de Israel”. Siempre que Dios se mueve de una forma nueva, el enemigo procura contraatacar.
Gran parte del pueblo de Dios no se da cuenta de esto; y por lo tanto, cuando ven dificultades, obstácu-los y personas levantándose en contra de elobstácu-los muy a menudo sienten que no están en la voluntad de Dios y ya no siguen adelante con la obra. Así, Satanás obtiene una victoria. En realidad, es lo opuesto. Entre más grande es la batalla, más importante es la obra que nos ha sido encomendada.
4:2 “Vinieron a Zorobabel y a los jefes de casas paternas, y les dijeron: Edificaremos con vosotros,
porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y a él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-hadón rey de Asiria, que nos hizo venir aquí”.
El enemigo no siempre viene de la misma manera y algunas veces viene disfrazado como alguien que ayuda. En esta situación en particular, estas personas que estaban procurando ayudar eran descendientes de las naciones paganas que habían sido plantadas en la tierra de Israel por el rey de Asiria, Esar-hadón. El rey Esar-hadón sucedió a Senaquerib, cuyo ejército fue herido por el ángel del Señor, cuando estaban sitiando a Jerusalén en los días de Ezequías, rey de Judá (Is. 37:36-38). Estos paganos hubiera mancha-do la verdadera alabanza a Dios con sus propias costumbres y hubieran traímancha-do confusión a los servicios.