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II. EL PAPEL DE LA LIBERTAD PERSONAL EN EL BIEN COMÚN

1.1. Breve conceptualización de la libertad

El punto de partida es la libertad entendida como capacidad huma- na de autodeterminación hacia el bien66

. Se concreta hacia el bien por- que no es posible imaginar una determinación hacia el mal en la medi- da en que éste –tomado en sí mismo– más que determinar, indetermina. Con autodeterminación se quiere decir que la fuente de la acción es la misma persona, y nadie le obliga a realizarla. Por otra par-

te, a través de ésta definición se muestra que la libertad adquiere sen- tido al ser puesta en relación con el mismo crecimiento y perfecciona- miento del hombre, es decir, con su bien.

¿Por qué se ha escogido esta definición y no otra? Fundamentalmen- te porque incluye lo cierto que contienen todas las demás. Ciertas corrientes filosóficas han caracterizado la libertad humana centrándose solamente en uno de sus aspectos: por ejemplo, en la ausencia de coac- ción, tal como la entendían la mayoría de los empiristas ingleses; o en la posibilidad de elegir múltiples alternativas. Sin lugar a dudas, estas dos caracterizaciones de la libertad son verdaderas, pero no agotan la libertad humana: son manifestaciones de una libertad más profunda que tienen su origen en la forma peculiar del ser personal.

Una aproximación a la noción de libertad debe enraizarse en el pecu- liar ser del hombre: un ser cuya esencia consiste en disponer, y que dis- pone de todo según el disponer de su esencia67

. El hombre debe elegir, claro está, pero no puede elegir su esencia, como algunos han dicho: estos han confundido la libertad con la capacidad de elección, incluso cuando esa elección anula al mismo hombre68

, como sería el caso del que elige el suicidio.

Cuando se dice “la libertad es la autodeterminación hacia el bien” se está diciendo, precisamente, que sólo el bien propio del hombre, aque- llo que le hace crecer como tal, le hace libre. Pero, como se ha expues- to en los primeros apartados del primer capítulo, también se está diciendo que el hecho de que “deba” elegir el bien no es límite en cuan- to constricción, sino límite en cuanto perfección.

Hace falta añadir que, el hecho de que sea un hombre particular el que se autodetermina hacia “su bien”, no significa que ese bien sea pri- mordialmente individual, en el sentido de que lo que es bien de un hombre es suyo y de nadie más. Como también se ha visto, el bien

humano, por el hecho de ser humano, cuanto mejor bien sea, más uni- versal –para todos los hombres– será. El hecho de elegir el bien propio no enclaustra al hombre en su individualidad, sino que, todo lo contra- rio, le abre a los demás. En este sentido, la libertad es apertura, como se explica a continuación.

Al abordar la temática de la libertad en las organizaciones humanas, Polo descubre distintos ámbitos en los que ésta se ejerce: espaciosidad, intimidad y destino69

.

- En la espaciosidad la libertad es más limitada, en cuanto que el espacio y sus configuraciones materiales y humanas ya tienen un orden determinado y al hombre sólo le cabe su aceptación o rechazo. El espa- cio es un ámbito primordialmente medial y pragmático, pues siempre se organiza “para algo”.

- El segundo ámbito, la intimidad, muestra la libertad de apertura ya señalada por Alvira y Millán Puelles: “la persona es libre en cuanto es capaz de dar sin perder”. El ejercicio de la libertad en la intimidad seña- la especialmente el carácter relacional de la persona en cuanto que ésta no queda encerrada en su “autorrealización” sino que, precisamente porque ella puede ser más, es capaz de dar más: da su intimidad –se manifiesta– sin tener que perder algo. De ahí se desprende la necesidad de participar con los demás.

- Finalmente, el ámbito del destino muestra que la libertad no se agota sólo en elegir: los fines han de tenerse en cuenta. El destino está conectado con el tiempo humano, pues el tiempo se ordena con los fines. Así como la espaciosidad es el ámbito más restringido de la liber- tad y está relacionada con el espacio configurado, el destino es el ámbi- to más amplio y está relacionado con el tiempo por configurar. El des- tinarse máximamente humano es el destinarse hacia la finalidad

inscrita en su naturaleza, en cuanto ésta es el culmen de perfecciones humanas.

Según Millán Puelles, aquel tipo de libertad en la que se pueden con- templar todos los aspectos señalados es la libertad moral70

. A través de ella el hombre adquiere “el hábito de no someterse a sus pasiones y de trascender (sin excluir) su personal bien privado”71

. Es precisamente la libertad moral la que es vital recuperar dentro de la empresa si de lo que se trata es de proponer un bien común. La libertad moral se orde- na a la adquisición de virtudes morales y bienes que perfeccionen la naturaleza del hombre, por lo que si la empresa, dada su organización, no proporciona los medios para desarrollar las virtudes y no propone bienes que puedan alcanzarse, el hombre no podrá ser plenamente libre72

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