II. EL PAPEL DE LA LIBERTAD PERSONAL EN EL BIEN COMÚN
1.2. Libertad, bien y bien común
Según lo visto, el ejercicio de la libertad humana no se agota en el elegir ni en el carecer de coacción –interna o externa–, ni siquiera en una apertura a muchísimas posibilidades. Encuentra su sentido en ele- gir el bien. Con dicha elección, ante la persona se abren mejores y mayores posibilidades, tanto desde la perspectiva de hacer cosas como en su capacidad de destinarse, de dar finalidades a las cosas que hace73
. Pero para ello debe haber un bien presente que puede adquirir libre- mente. Un bien que es más que un deseo personal, o lo que suele lla- marse un “bien aparente”: debe ser un bien real.
En el caso de la empresa, el fenómeno de la libertad y su relación con el bien puede contemplarse de dos maneras: la primera, desde el pun- to de vista del tipo de bien que le propone al hombre. Si es un bien que no le es propio –en este caso, el deseo privado de otro– no se ve cómo el hombre pueda ejercer realmente su libertad, por más que los dos
estén de acuerdo en conseguirlo, pues la libertad moral no radica en haberse puesto de acuerdo –esto es libertad de elección u opción– sino en estar en la disposición de poseer los bienes propios de la naturale- za humana. Por muy coincidentes que sean los intereses monetarios del trabajador (su salario) y del empleador (las utilidades), obtener dinero no puede ser un fin propio de nadie: tiene un carácter de medio, o si se quiere, de fin instrumental –fin para algo más– y eso sólo hasta cierto punto. El dinero no es un factor de cohesión social. Por eso no puede pedirse compromiso con la empresa a una persona a la que solamente le interesa el dinero. ¿Qué razón puede esgrimirse para convencer a alguien de quedarse en una empresa si el dinero es lo único que ésta le da? Sólo más dinero.
El dinero no da más libertad: sin lugar a dudas se puede hacer que otros hagan muchas cosas por dinero, pero la libertad se refiere a lo que personalmente se puede hacer. Si se necesita el dinero para llevar a cabo cualquier actividad, no se es libre respecto al dinero, sino “escla- vo”. El dinero es necesario en su carácter de medio para realizar algu- nas cosas, pero no para las más importantes. La libertad implica aper- tura, posibilidades de hacer de diversas maneras las cosas, y el dinero sólo es una de las muchas maneras de hacerlas, y tal vez no la mejor. También la libertad implica cierta actividad, y mientras la actividad ten- ga como origen el ser personal en exclusiva, más libre será. Esto no acontece si el dinero es lo único que una empresa puede ofrecer a una persona. Luego hace falta que el fin de la empresa, el fin a cuya conse- cución se ordenará la actividad del individuo, sea un bien en sí mismo. La segunda manera de pensar la libertad y el bien en la empresa es desde el punto de vista del miembro de la empresa ¿qué actividades o características debe realizar o tener el hombre para lograr adquirir dicho bien? Sin lugar a dudas, puede haber un bien posible para el hombre, pero es posible que no sea capaz de alcanzarlo. Este tema es propio del liderazgo –en cuanto que se refiere a carencias del individuo–, y de la
teoría de la organización –en cuanto que se refiere a las facilidades que el sistema formal proporciona para alcanzarlo–.
Hasta el momento se ha dicho que el fin de la empresa debería ser un bien común, participable por todos, capaz por tanto de perfeccionar a todos. Por sus mismas características, este bien común sólo es alcan- zable por el mismo ejercicio de la libertad moral cuando nadie puede ser obligado a adquirirlo. Es necesario añadir que la libertad de cada uno no es sólo importante para poder participar en él, sino también para crearlo: la participación en un bien común no es sólo apropiación del bien particular, sino también donación de la persona74
. Es común tanto porque es comunicable como porque requiere que todos partici- pen en él para su existencia. Por eso la existencia de un bien común está íntimamente ligada a la capacidad perfectiva de la libertad moral y de las potencias humanas: porque es una real apertura a mejores bie- nes que los privados y porque para su creación es necesaria la actuali- zación de mayor número de perfecciones en el ser humano que las que implicaría un bien solamente individual.
La existencia de un bien común, pues, no sólo facilita el ejercicio de la libertad, sino que le da un sentido más pleno: pone en marcha la capacidad de destino que implica toda libertad, dado que para que sea “común” es preciso incorporar ese bien dentro de los fines propios: por- que es común a todos puede ser también mío. Ensancha el rango de bienes posibles al hombre –al proponer algo más que los bienes priva- dos– y, al ensanchar los posibles bienes, da lugar a una mayor posibili- dad de perfección.