Capítulo 2. Políticas Públicas y Gobernabilidad Introducción.
2.1 Breves antecedentes de la Ciencia de las Políticas Públicas.
Los conceptos considerados en este apartado pueden llegar a considerarse sinónimos, debido a que constituyen el objeto de estudio de diferentes ciencias y disciplinas, empleados para la explicación
de fenómenos similares desde diferentes enfoques. Lo político, objeto de estudio de la Ciencia Política; lo social, de la Sociología; lo colectivo, de la Teoría de la Acción Colectiva desde la Economía; y lo público, confluencia de análisis en las Ciencias de las Políticas Públicas. Sin embargo, cada uno refiere a categorías de análisis diferentes.
El enfoque asumido en la investigación considera a lo social como un conjunto universo que contiene a todos los individuos pertenecientes a una sociedad determinada por elementos que se expondrán más adelante; a lo político como un subconjunto que se refiere a aquellos individuos que tienen interés y actúan para alcanzar, ejercer y distribuir el poder; lo colectivo, como el interés y acción desarrollados por un grupo determinado; y lo público como una acción colectiva en donde participa el gobierno. En ese sentido, lo político, lo colectivo y lo público son todos componentes de lo social.
La búsqueda de identidad por parte de las ciencias políticas públicas ha llevado a buscar definir con claridad sus objetos de estudio. Por un lado, Karl Deutch (1974, p. 23) señala que la Ciencia Política es una ciencia aplicada, con tareas prácticas, con la finalidad de “… ayudar a la gente a mantenerse en paz, libres y capaces de cooperar, de manejar sus conflictos y de tomar decisiones comunes sin destruirse”; luego entonces, la Ciencia Política tiene como objeto de estudio a la política y en particular al gobierno, lo cual lleva a buscar diferenciarla de la Administración Pública, las Ciencias de la Administración y las Ciencias de las Políticas Públicas (Montero, 2010).
Al enfocarse en el papel del gobierno, la discusión sobre las funciones gubernamentales y la mejor forma de llevarlas a cabo, ha estado fuera de las teorías políticas. Por ello, Woodrow Wilson y Max Weber, han definido al gobierno como un cuerpo apartado de la lucha por el poder y de la definición institucional del Estado; lo que interesaba a estos autores era que el gobierno funcionara, independientemente del entorno político.
Las Ciencias de la Administración se desarrollaron a partir del pensamiento de Woodrow Wilson y Max Weber, como un modo de tecnificar la acción gubernamental y de hacer eficiente su desempeño, basándose en criterios técnicos, buscando apartar a la burocracia de la discrecionalidad política. Para Weber y Wilson, la respuesta a una sociedad cada vez más compleja –altamente diferenciada-, con problemas cada vez más complejos, era a través de un gobierno ordenado (Majone, 2004). El fin de la Ciencia de la Administración, desde el enfoque de Wilson, es la eficiencia a partir de la alta diferenciación, profesionalización y disciplina.
Este modelo fue criticado por Herbert Simon y Charles Lindblom, quienes lo señalaron como excesivamente optimista y poco aplicable (Harmon y Mayer, 1999). Las críticas parten de reconocer el
papel del gobierno y la burocracia como un elemento determinante para el orden y la estabilidad, pero también como un modelo rígido y poco adaptable, sobre todo, ante los volátiles cambios políticos (Guerrero, 1972).
La teoría de la administración, de acuerdo con Simon, habría de estudiar cómo se toman las decisiones, para lo cual el análisis debe ser lo más objetivo posible, retirando los valores de quien realiza el análisis. Bajo la teoría de Simon, las organizaciones establecen propósitos y metas que determinan la acción organizacional; el objetivo, es crear una tecnología administrativa que haga eficientes las organizaciones; en consecuencia, el principio básico en la Teoría de la Administración de Simon, es la eficiencia en la acción organizacional (Harmon y Mayer, 1999).
El enfoque hacia los procesos de toma de decisiones, constituye el nacimiento de una nueva corriente teórica, basada en el reconocimiento de que la racionalidad individual es limitada, que la realidad es compleja, lo tiene como consecuencia que las decisiones sean limitadas. Las decisiones corresponderán entonces no a un tipo ideal sino a las capacidades para comprender el problema, para elaborar alternativas viables y tomar la mejor decisión, la cual no será “óptima” sino “satisfactoria”. Para tomar una decisión satisfactoria, es necesario que el tomador de decisiones separe del proceso sus valores personales (Simon, 1985).
Las aportaciones de Simon fueron base para la generación de una nueva corriente teórica: las Ciencias de las Políticas Públicas. Desde este nuevo enfoque, se replantea el modo de estudiar al gobierno, destacando diferentes etapas en su desempeño y, en particular, los procesos de toma de decisiones, teniendo en cuenta la influencia que tiene la política sobre estos procesos.
Esta diferenciación es fundamental para el resto de la investigación, toda vez que conduce a separar el análisis político del análisis de políticas públicas. La división sobre el significado de la política pueden conducir a análisis incompletos, ya que el poder se alcanza per se, para ejercerlo y, por lo tanto la lucha política y la política pública están vinculadas (Holloway, 2002; Esposito, 1996). En consecuencia, es incorrecto hablar sólo de la lucha por alcanzar el poder, sin considerar su ejercicio, o analizar el ejercicio del poder sin considerar la lucha política para alcanzarlo.