La comprensión de la eternidad de la vida:
EL BUDISMO Y LA SALUD
La salud es tan importante para todas las obligaciones y los placeres de la vida, que el delito de desaprovecharla es una locura.
Samuel Jahnson
Nam-myoho-rengue-kyo es como el rugido del león. ¿Qué enfermedad puede ser un obstáculo?
Nichiren
AUNQUE EL BUDA SHAKYAMUNI no era médico, muchas veces le llamaban "el gran rey de la medicina". Mediante la contemplación, consiguió darse cuenta de que la iluminación, o budeidad, es la mejor medicina, porque gracias a sus virtudes sacamos la sabiduría interior y la fuerza vital necesaria para curar nuestras enfermedades físicas y mentales. Por lo tanto, el principal objetivo de la medicina budista es ayudar a los individuos a desarrollar sus poderes naturales de auto- curación cultivando la iluminación mediante la práctica budista.
Esta visión cada vez está más generalizada, no sólo entre los practicantes del budismo. El preámbulo de la carta de la Organización Mundial de la Salud afirma: "La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades".
Somos todos seres humanos, hechos de carne y sangre. Es innegable que nadie puede evitar caer enfermo en un momento u otro. Pero las raíces de la enfermedad están en lo más profundo de nuestro ser. Desde la perspectiva budista, la enfermedad no puede destruir nuestra felicidad (a menos que lo permitamos) y, como llevamos inherente la causa de la enfermedad, la solución básica a la enfermedad la llevamos también dentro. Es importante recordarlo. Así pues, no hay ninguna
razón para que nos controle la enfermedad, ninguna razón para llenamos de sufrimiento, miedo o angustia.
El budismo nos enseña que poseemos la capacidad no sólo para transformar lo negativo en un estado neutro sino para ir más allá y alcanzar un estado positivo. Podemos superar el sufrimiento de la enfermedad y, al hacerlo, hasta la experiencia de la enfermedad enriquecerá nuestras vidas y hará que merezcan más la pena, dándonos el material para lograr todo el dramatismo de la satisfacción que se despliega día tras día.
Helen Keller escribió en su autobiografía, La historia de mi vida: "Todo tiene sus maravillas, hasta la oscuridad y el silencio, y aprendí a conformarme con eso, cualquiera que fuera el estado en que me encontrara". Del mismo modo que la verdadera felicidad no es sólo la ausencia de problemas, sino un estado de vida interno que nos permite enfrentamos a los obstáculos que nos hallamos para llegar a la felicidad, la salud no es sólo la ausencia de enfermedad. Es más bien un estado de vida interior que nos permite superar la enfermedad y los obstáculos relacionados con nuestra salud. Lo importante es si vencemos la enfermedad cuando llega o si ésta es la que nos vence. El budismo nos muestra la fuente de la sabiduría y la fuerza vital necesaria para derrotar la enfermedad. Dado que la salud y la enfermedad existen en nosotros en potencia, podemos provocar nuestra enfermedad o nuestra salud. Una historia que salió en las noticias de los últimos años ilustra esta verdad.
En un partido de fútbol de bachillerato, varias personas enfermaron con síntomas de envenenamiento. El interrogatorio inicial parecía indicar que la culpa la tenían unos refrescos contaminados. Se cerró el bar y se pidió por megafonía a la gente que no bebiera bebidas con gas. Poco después de este anuncio, los espectadores de todo el estadio empezaron a vomitar y desmayarse.
Muchos dejaron rápidamente sus asientos para ir a ver a sus médicos ya urgencias. Más de cien personas fueron hospitalizadas.
El día siguiente, se descubrió que los refrescos no tenían nada que ver con la enfermedad de los pacientes iniciales, que habían contraído una especie de gripe. En cuanto se propagó esta información, los espectadores enfermos se curaron "por milagro". Sus síntomas desaparecieron de repente y hasta los que estaban hospitalizados, se levantaron de la cama y se fueron. El culpable no era un agente patógeno; fue simplemente la idea expresada en palabras lo que tuvo un efecto inmediato y espectacular tanto para traer la enfermedad como para provocar la recuperación.
En otro ejemplo, un hombre joven con una fuerte práctica budista y un tratamiento médico excelente se recuperó de un cáncer, no una sino dos veces. Cuando apareció el cáncer por tercera vez en la sangre, le dije- ron que era incurable. No le daban más que unos meses de vida. Aunque había superado el cáncer dos veces, este pronóstico era demasiado para él y su salud empezó a empeorar rápidamente. Sus amigos, su familia y hasta sus médicos pensaban que se estaba muriendo. Pero, sorprendentemente, se descubrió que se habían confundido las muestras de sangre. Le dijeron que no había ni rastro de células cancerígenas en su cuerpo. Enseguida se curó y recuperó la fuerza. .
Éste es el poder de creer, lo que puede ocurrir cuando estamos muy influidos por el diagnóstico de la enfermedad y lo que puede ocurrir cuando nos recuperamos reuniendo fuerzas para superarla. . Una demostración parecida del poder de creer es lo que se denomina el efecto placebo. Las investigaciones médicas demostraron hace mucho que las sustancias inertes pueden tener un efecto positivo en pacientes si creen que están recibiendo una medicación eficaz. En numerosos estudios, un porcentaje considerable de pacientes que reciben pastillas de azúcar en lugar de medicación muestra síntomas de recuperación. Y cabe destacar que, cuando se Ies dice cómo les haría sentir la medicación, muestran esos mismos efectos.