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EL TRABAJO Y LA CARRERA

In document Buda en Tu Espejo (página 101-105)

La comprensión de la eternidad de la vida:

EL TRABAJO Y LA CARRERA

El trabajo y las relaciones que entablamos en él son una I escena importante de la lucha por la iluminación. En cierto modo, los asuntos de la vida y el trabajo son el terreno donde poner a prueba la práctica personal. La carrera que uno elige tiene poco que ver con su felicidad. La diferencia no está en lo que hacemos para ganamos la vida sino en cómo lo hacemos y si nos sentimos útiles y encontramos un significado a nuestro trabajo. Por lo tanto, si invocamos la Ley Mística para elegir una carrera profesional acorde con lo que hay en nuestros corazones, si nos atormentamos pensando en la elección de la carrera no podremos establecer una vida feliz.

Esto no significa que no haya mucha gente infeliz con su trabajo. Sí que la hay. Pero no hay que echarle la culpa al trabajo, sino a quienes muestran actitudes y creencias sobre el trabajo que no les dan la felicidad ni les llenan.

Tsunesaburo Makiguchi, el primer presidente de Soka Gakkai (la organización laica de Budistas de Nichiren en Japón; véase el capítulo 8 para obtener información sobre la organización americana, la SGI-USA), enseñaba que hay tres tipos de valor: belleza, beneficios y bien. El trabajo perfecto tendría los tres. En el mundo laboral, el valor de la belleza significa encontrar un trabajo que te guste, el valor de la economía o los beneficios es un trabajo que te dé un sueldo para mantenerte día a día; el valor del bien significa un trabajo que ayude a los demás y contribuya a la sociedad. El trabajo ideal sería el que a ti te guste, te ofrezca seguridad financiera y te permita contribuir a la sociedad. Suena maravilloso. Pero pocas veces se consigue. Pocos pueden encontrar el trabajo perfecto desde el principio. Hay quienes tienen un trabajo que les gusta, pero no les permite vivir de él; o está bien pagado, pero lo odian. Así son las cosas a veces. Por otra parte, algunos descubren que no están hechos para la carrera con la que soñaron 'y a la que aspiraron.

Lo más importante para sentirse satisfecho en el trabajo es hacerte indispensable allá donde estés. El mejor modo de encontrar el mejor trabajo es convertirte en el mejor empleado. No son las circunstancias adecuadas lo que hace buena a la gente; sino que es la gente buena la que consigue crear un "ambiente de trabajo adecuado. Si aprendes a ser ejemplar en el trabajo, las oportunidades se presentarán solas, abriéndote un camino hacia la siguiente fase de tu vida, durante la cual habrás de seguir dándolo todo. Estos esfuerzos constantes garantizarán empleos que te gusten, que respaldarán tu vida y que te permitirán contribuir a tu sociedad. Más tarde, cuando mires hacia atrás, verás que tus esfuerzos pasados se han convertido en maravillosos activos para tu campo ideal. Te darás cuenta de que tus esfuerzos y dificultades no han sido en vano.

En el ámbito inmobiliario se dice que las tres cosas más importantes son la ubicación, la ubicación y la ubicación. Pues bien, para encontrar la felicidad en el trabajo las tres cosas más importantes son la actitud, la actitud y la actitud. Al primer principio importante para triunfar en el

trabajo, hacerse indispensable, habría que añadir otro más: crear armonía en el trabajo.

Cuando trabajas en una empresa, que es como una sociedad o comunidad de por sí, es importante crear relaciones armoniosas con todos tus compañeros, incluso con tus superiores y subordinados, utilizando la sabiduría y la discreción en todo momento. Si no agradas a tus compañeros por egoísta, serás un perdedor en el trabajo y en la sociedad. La sabiduría, que implica tacto, es fundamental para triunfar en el trabajo.

La experiencia de Brandon: “el mal karma del dinero"

Hace varios años, Brandon, un joven de treinta años, pidió consejo a un compañero budista para cambiar lo que denominaba su "mal karma del dinero". Estaba desesperado. Había dejado su trabajo hacía poco y estaba a punto de perder su casa, y su mujer estaba pensando en irse con los niños por su irresponsabilidad financiera. Tenía muy claro que necesitaba un trabajo-un trabajo que le diera mucho dinero - inmediatamente. Quería saber cómo orar. Le habían dicho que invocar Nam-myoho-rengue-kyo no era una fórmula mágica como abracadabra (aunque a veces lo parezca). Ese sería el cuento de hadas del budismo. La noticia le sorprendió y decepcionó un poco. Le preguntaron sobre su experiencia laboral y cómo había entrado en esa crisis. Admitió que le costaba mantener un trabajo mucho tiempo. Había tenido ocho empleos en menos de diez años. "¿Por qué tengo este mal karma del trabajo?" se preguntaba. "Los trabajos que consigo parecen estar bien al principio pero luego, por alguna razón, nunca funcionan. ¿Cómo puedo orar para conseguir un trabajo mejor que me dure?"

Siempre le habían" echado o se había ido él motivado por la actitud de un jefe. Sencillamente, no se llevaba bien con ellos. ¿Veía Brandon alguna constante en estos sucesos? "Sí, claro", dijo, "Lo que quiero saber es por qué tengo este mal karma de los jefes. Todos los que he

tenido hasta ahora han sido autoritarios y era imposible trabajar con ellos. ¿Cómo puedo invocar para conseguir un jefe mejor?"

Brandon era un programador informático muy calificado con excelentes credenciales. Su confidente budista le contó cómo el yo inferior destruye la armonía de las relaciones, y le explicó que una de las virtudes más importantes de un buen empleado es la capacidad para trabajar con otros y recibir instrucciones de los supervisores (que controlan las nóminas directa o indirectamente).

Su consejero le dijo que la constante de trabajos perdidos, malos jefes e inestabilidad financiera era el síntoma de una persona que no puede salvar las diferencias para trabajar con otros. A pesar de que era una opinión dura, fue capaz de reconocer su naturaleza arrogante y furiosa y admitió que tenía este problema desde niño.

Luego dijo: "He estado pensando en crear mi propio negocio. Así no tendré que trabajar para nadie. ¿Cómo puedo invocar para eso?" Le advirtieron de que para tener tu propio negocio necesitas todavía más don de gentes. Ya sea que abriese su propio negocio o trabajase para otros, tenía que superar su egocentrismo y aprender a respetar a los demás; debía superar su arrogancia. Si lo conseguía, podría transformar su situación laboral y resolver sus problemas en casa, ya que se debían al mismo motivo.

Su amigo budista también le advirtió que seguramente se enfrentaría otra situación laboral donde sentiría que no funcionaba y querría dejar el trabajo o enfrentarse a la dirección (su comportamiento habitual). Le dijo que cuando sucediese, no debía actuar, sólo esperar y orar.

En efecto, tres meses después; Brandon estaba dispuesto a dejar otro empleo. Su mentor le pidió que pos- pusiese esa decisión dos semanas y, mientras, ejercitase la práctica budista con la determinación de controlar su arrogancia respetando y escuchando a su jefe. Le animó a Brandon a esforzarse por hacerse indispensable. Siguió estos consejos y, para su sorpresa, en lugar de echarle, le promocionaron. Al encontrar

estabilidad en el trabajo, su situación financiera empezó a mejorar, se reconcilió con su mujer y, al final, compraron una casa nueva.

Todo esto no ocurrió "milagrosamente" de la noche a la mañana. Fue el resultado de un cambio interior, conseguido mediante la práctica budista, que se manifestó gradualmente en el entorno de Brandon. Éste es el poder de la revolución humana.

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