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El buen vivir y la búsqueda de la inclusión

CAPÍTULO 2: MARCO TEÓRICO DE LA INVESTIGACIÓN

2.1. El buen vivir y la búsqueda de la inclusión

En relación a la historia de más de 500 años de marginación y exclusión, la Asamblea de Montecristi (Ecuador, 2008) planteó el buen vivir (sumak kawsay), como una oportunidad para construir una sociedad apoyada en la convivencia en diversidad y en armonía con la naturaleza, cimentándose en los valores culturales existentes en el país y el mundo. Se sustentó, no solo en los saberes indígenas sino también en algunos principios filosóficos universales, aristotélicos, marxistas, ecologistas, feministas, cooperativistas, humanistas, entre otros (Acosta, 2012).

Para Sandoval (2015) el buen vivir es concebido como una alternativa de desarrollo reivindicado como política pública, que pretende instaurar la armonía y el equilibrio en la naturaleza, como parte del desarrollo de los pueblos, siendo este término una nueva forma de analizar la vida en sociedad y comunidad que permite la convivencia pacífica con valores morales como la equidad, la justicia, la solidaridad, la empatía, la igualdad, entre otros.

Gudynas (2011) afirmó que el buen vivir ―(…) es un concepto vivo donde,

como es común escuchar en muchos valles andinos, están germinando nuevas alternativas de vida‖ (p.19). Se concibe como una estrategia para promover valores en armonía con la naturaleza y el respeto a la diversidad, con espacios de diálogo para generar políticas que contribuyan a la defensa de la pluralidad cultural.

Choquehuanca (2010) exhorta que ―Vivir Bien es recuperar la vivencia de nuestros pueblos, recuperar la Cultura de la Vida y, recuperar nuestra vida en completa armonía y respeto mutuo con la madre naturaleza, con la Pachamama, donde todo es vida, donde todos somos uywas, criados de la naturaleza y del cosmos‖ (452). Asimismo, Larrea (2010) señala que el sumak kawsay es una vida

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de plenitud, tarea del sabio que consiste en lograr una armonía total con la comunidad y con los cosmos. Sostiene que todos y todas somos parte de naturaleza, donde respiramos, sentimos y vivimos, por tanto, debemos cuidarla, preservarla y defenderla.

Para Cubillo y Hidalgo (2015) el buen vivir es un fenómeno social, refiriéndose a la forma de vida de las culturas indígenas que viven en la región amazónica que persiste desde tiempos ancestrales en armonía con la naturaleza, como una manera ideal de vida y de desarrollo, mediatizada por los mitos, creencias de estas culturas que tienden a inmortalizarse a través del tiempo.

Para Lajo (2010) el buen vivir no hace referencia a un asunto ético sino a un asunto de orden natural para actuar sintiendo y pensando, que obliga al ciudadano y ciudadana a entender sus obligaciones de cuidado y respeto con la naturaleza, para desenvolverse en equilibrio con la Pachamama. Por ello, está interacción del ser humano y entorno nos lleva a analizar concepciones nuevas que están en permanente construcción.

Ecuador en el proceso de reconstrucción del sumak Kawsay, término

kichwa, cuya traducción básica en español es el buen vivir, pretendió desarrollar un paradigma con un panorama innovador de la sociedad, a partir de la cosmovisión de las culturas ancestrales de la región andina, tomado como una forma de recuperar el Estado, de reencontrar el horizonte para brindar felicidad y armonía con uno mismo, con los otros.

Ortiz (2014) señaló, que desde el año 2007, Ecuador ejecuta un modelo económico, social y político alternativo y propio basado en el buen vivir que consiste en la reconstrucción de un Estado al servicio de las grandes mayorías, en este caso

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pobres y extremadamente pobres, con el objetivo principal de consolidar un proyecto social que construya una sociedad más justa, solidaria, equitativa y feliz que evolucione, para que todos y todas puedan ser tratados con respeto y sean partícipes del proceso de transformación que requiere este país.

Stefanoni (2012) sustentó que los planteamientos de Ecuador a través del buen vivir mantenían una misión y visión bien definidas para garantizar la inclusión a traves de un modelo social integral, con politicas, metas e indicadores que tuvo como eje principal al ser humano en función de las necesidades básicas que requería para vivir con dignidad.En este contexto, el buen vivir será posible si existe respaldo efectivo de un Estado democrático con un enfoque inclusivo (Quijano 2006, Walsh, 2009).

Por tanto, el buen vivir no dará respuesta a todas las necesidades del país, la intención de plasmar está teoría ancestral ha sido y será un impulso que utilizó Ecuador, para implementar una economía solidaria donde todos y todas puedan disfrutar de una vida digna y menos consumista (Acosta 2010, 2009). Se trata de una búsqueda de alternativas de desarrollo e implementación de proyectos que den solución a la problemática del país, proponiendo propuestas que generaran cambios fundamentales para instaurar el buen vivir (Lander, 2011).

Según Casilda (2015) afirma:

Un punto clave que resulta de esa experiencia es que el Buen Vivir representa una alternativa al desarrollo (…) recupera la idea de una buena vida, del bienestar en un sentido más amplio, trascendiendo las limitaciones del consumo material, y recuperando los aspectos afectivos y espirituales (…) el sumak kawsay que es propio de la cultura kichwa, de su historia y de su

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contexto ecológico (…) puede ser entendido como una plataforma de encuentro de diferentes maneras de entender el mundo, y nuestro papel en éste (p.9-12).

Ecuador planteó el buen vivir como una forma de mejorar la cultura de vida los ciudadanos y ciudadanas, para crear espacios de vida afables, armónicos, buen trato, donde las personas puedan ser tratadas con respeto, como sujetos de derechos. Huanacuni (2010a) refirió que el buen vivir tiene su fundamentación en la comunidad que incentiva a una vida armónica y equilibrada en el contexto social, político y económico, en sí, un paradigma indígena, originario, comunitario que motiva a recuperar las costumbres ancestrales, como base visionaria hacia el futuro, siendo la colectividad el escenario donde se promueven las relaciones humanas inclusivas. Es el buen vivir pensado desde lo comunitario como un elemento fundamental para entender la vida. De ahí nace, como un sinónimo de desarrollo y una oportunidad para construir nuevas formas de vida (Acosta, 2015).

El paradigma del buen vivir, se estableció como forma de planificación en Ecuador hasta el año 2017, permitiendo instaurar mecanismos de vida institucional hacia los usuarios internos y externos. La Carta Magna ecuatoriana en el Artículo Nª 340 señala que la inclusión y la equidad social giran alrededor de una visión integral que promueve el ejercicio, garantía y exigibilidad de los derechos del buen vivir y conlleva alcanzar los objetivos del régimen de desarrollo. Un sistema que incluye: educación, salud, seguridad social, gestión de riesgos, cultura física y deporte, hábitat y vivienda, cultura, comunicación e información, disfrute del tiempo libre, ciencia y tecnología, población, seguridad humana y transporte, mismas que están enfocadas en las capacidades humanas. Asimismo, hace referencia a las condiciones que se deben asegurar para la protección integral de sus habitantes,

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refiriéndose a un contexto de igualdad en la diversidad y la no discriminación (Art. 341). Dentro de este marco legal, se debe destacar que el régimen de desarrollo del Ecuador no tiene como prioridad la economía, ni el crecimiento económico, siendo su posición central desplegar actividades de tipo social, político, cultural y ambiental que se basa en las relaciones dinámicas y equilibradas de solidaridad entre Estado y sociedad, en armonía con la naturaleza.

El sumak kawsay o buen vivir es una plataforma para la planificación del Estado, centrada en erradicar un sistema neoliberal, a base de generar propuestas económicas, sociales y políticas que se interrelacionan con la armonía y equilibrio integral (Huanacuni, 2010a). El buen vivir renació para dar un sentido armónico, equilibrado, a los espacios de vida del ser humano, en un marco de reciprocidad, integralidad, competitividad, racionalidad y solidaridad

Zeichner (2016) relacionó el buen vivir con valores como la equidad, igualdad y la libertad, permitiendo que los maestros y maestras se formen con enfoques que lo lleven a incluirse e incluir en el marco de la solidaridad, respeto, empatía, tolerancia y responsabilidad que aportó el transformar los ambientes educativos, como presagios del buen vivir. La inclusión hace referencia a la participación activa de la comunidad educativa, que permitirá a niños y niñas en el contexto escolar desenvolverse en espacios que favorezcan la escucha activa de sus opiniones y toma de decisiones. Contribuirá al desarrollo social, incorporando estrategias de participación, que permitan disminuir brechas de exclusión, un trato justo y equitativo (Figueroa, Gutiérrez y Velázquez, 2017).

En conclusión, este enfoque del buen vivir, cambió la vida de Ecuador y se visualizó a través de este modelo hacia el mundo, posesionó un modo de vida

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diferente, con enfoques de derechos, no solo hacia las personas sino también hacia la tierra, que es parte viva de la vida, donde crecemos, teniendo en sí la intención de que la población ecuatoriana mejore las relaciones humanas y por consiguiente, la convivencia familiar y comunitaria, además, de aspirar a tener un ambiente sano, donde se pueda respirar, vivir bien.