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Racismo cultural, colonialidad e interculturalidad

CAPÍTULO 2: MARCO TEÓRICO DE LA INVESTIGACIÓN

2.4. Racismo cultural, colonialidad e interculturalidad

Al referirse Walsh (2009) a sociedades monoculturales y excluyentes, la interculturalidad genera un enfoque que lleva a repensar y reconstruir las entidades sociales y políticas de la sociedad, permitiendo desarrollar interacciones sociales, culturales, políticas y económicas en las cuales tienen cabida la consideración de las diferentes identidades en pie de igualdad. Para este autor la defensa de plurinacionalidad y la decolonialidad van de la mano. Ambas se manifiestan en contra de los procesos de deshumanización que representa la negación y/o la represión de identidades y el desarrollo de prácticas de dominación al respecto en los más diversos marcos institucionales, entre ellos la escuela, convertidas muchas veces en estructurales. Las escuelas constituyen lugares sociales para cuestionar

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identidades, acciones y discursos que ensalzan la legitimidad de determinados poderes, dominaciones y jerarquías, que convierten la existencia de unos grupos culturales en más legítima que la de otros y, por lo tanto, en diferentes en cuanto a ostentadores de derechos.

En Ecuador aún existen anquilosadas y reiteradas formas de desigualdad, inequidad social, racismo y discriminación, atentatorias con los supuestos del Buen Vivir y los derechos fundamentales de las personas. Los más afectados han sido los indígenas y afro-descendientes, situación que vivimos en la escuela investigada, siendo competencia del Estado y la ciudadanía crear espacios inclusivos en el entorno escolar y comunitario (Constitución de la República, 2008). Sin embargo, debemos analizar situaciones que han incidido a través de la historia en la negación de la diferencia cultural en Ecuador y que, actualmente, su discusión forma parte de las estrategias de lucha contra el racismo y la falta de un enfoque intercultural en todo tipo de instituciones, entre las que se encuentra la escuela, en un país donde, contradictoriamente, prevalecen los derechos y libertad para ejercerlos sin ningún tipo de discriminación.

Acosta (2017), escritor ecuatoriano, analiza el significado de la epistemología del sur del autor portugués De Sousa Santos (2011), recurriendo a una concepción metafórica del sufrimiento humano como provocado por el colonialismo y la resistencia a ser superado, asumiendo su conocimiento como anticapitalista, anticolonial y antiimperialista. Esta epistemología pertenece a poblaciones excluidas, silenciadas y marginadas, como son los migrantes, las minorías étnicas y religiosas, el colectivo de homosexuales, entre otros grupos vulnerables. Para este autor hay dos ideas fundamentales para el cambio social: el mundo se ha de comprender para ser transformado y la diversidad del mundo es

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infinita, consolidando diferentes formas de ser, pensar, sentir, convivir en el presente y pasado.

Rudel y Horowitz (1993) analizaron el intento que se produjo en el siglo XX por parte del gobierno ecuatoriano que, apoyado por la comunidad europea, trató de colonizar la región amazónica, firmando acuerdos con países como Francia, Italia, Austria Checoslovaquia y España, con la pretensión de llevarse la riqueza petrolera, explotando la zona, acuerdos que fracasaron al no cumplir Ecuador con lo pactado. En realidad, los indígenas que poblaban dicho territorio históricamente, no eran tomados en cuenta en las negociaciones políticas y sociales, que convertían sus lugares de vida en espacios deshabitados, evidenciando la discriminación y atropello de los derechos que existían, por las autoridades de la época, donde se omitía radicalmente el valor de esta región y sus gentes, más allá del enriquecimiento rápido movido por los intereses económicos.

Jarrin, Tapia y Zamora (2016) afirman que la colonización interna de la región amazónica, provocó la migración de los indígenas a las ciudades, proceso desordenado que empobreció más al país, consolidando en esta región bases petroleras, con lo que a la vez se colonizaba la tierra, devastando el medio ambiente. El gobierno ecuatoriano, sin respeto a los derechos humanos de los indígenas y a estos territorios ancestrales, construyó varias vías de acceso apoyados por las empresas multinacionales y locales con lo que se generaban medios para continuar con esta abrumadora colonización de la Amazonía. La actividad minera en la zona permitió la formación de nuevas ciudades, sectores no planificados con servicios insuficientes para la población, que acrecentaron los problemas sociales, económicos y ambientales; y por ende, los problemas en las

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propias instituciones escolares, entre los que se encontraban, su insuficiencia, su inadecuación y su conflictividad.

Como señaló Sandoval (2015), los pueblos indígenas amazónicos del Ecuador han sido administradores responsables de su territorio reconocidos por su resistencia y sus reivindicaciones. Se trata de comunidades con diferentes culturas, lenguas y tradiciones que, frente a las adversidades que han enfrentado, subsisten a través de siglos, colonizados bajo acciones de explotación y destrucción de la tierra, discriminados e ignorados por su propio país. Esta es la realidad de vivir, afirma este autor, en una región desigual, en un país en vía de desarrollo para tratar de alcanzar a países desarrollados, como una utopía, situaciones que representan particularidades de Ecuador, sino también de otros países latinoamericanos.

Para Jácome (2013), los latinoamericanos mantienen una herencia común desde la colonización, donde los seres humanos de los territorios conquistados fueron tipificados en castas y/o etnias, clasificaciones que han sido parte de la marginación y exclusión, donde blancos, criollos, indios, mulatos, afros, indígenas y campesinos no han superado los estigmas sociales, convirtiéndose en parte de la historia. La cultura, que interfiere en las sensaciones, donde unas personas sienten que sobresale sobre otras por su lenguaje, etnia, costumbres, clase social, entre otros aspectos, ha provocado, a través de la historia, continuas luchas sociales destinadas a ser vistos como iguales en derechos en un mundo diverso, donde deberían respetarse las diferencias individuales y promoverse una convivencia armónica con conciencia social que asume y defiende la existencia de diversidad de culturas y formas de vida humana sobre el planeta, capaces de respetar la condición de humanidad.

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Grosfoguel (2011a) afirma que ―el extractivismo se transforma en una forma de fascismo descarado que va desde el ―(…) cristianízate o te mato del siglo XVI hasta el civilízate o te mato del siglo XIX, al desarróllate o te mato del siglo XX y al democratízate o te mato del siglo XXI‖ (p.28). Esto se refiere a la apropiación de

formas de vida, conocimientos, culturas, costumbres que se pretenden aplicar en la las sociedades modernas, desconociendo su procedencia, apropiándose las élites de conocimientos que no le corresponden, colonizando estas aportaciones, sin dejar huella. Este autor señala a países Latinoamericanos como Ecuador, Bolivia y Perú, con gobiernos de izquierda, como estados que comparten una visión eurocéntrica del universo, donde el neoliberalismo con su carga ideológica campa a sus anchas (Grosfoguel, 2016b), capaz de filtrarse en las más diversas instituciones.

Rivera (2010), investigadora boliviana, utilizó como herramienta metodológica la “sociología de la imagen” para evidenciar “lo no dicho” por las bases hegemónicas del estado, con la finalidad de implementar prácticas descolonizadoras que den sustento crítico a la situación de su pueblo, capaz de desenmascarar las distintas formas de colonialismo. Para ello recurre a las imágenes que pertenecían al cronista Waman Puma y a los registros de otras épocas, con el propósito de hacer visible la historia. Para esta autora, no puede haber un discurso de la descolonización, una teoría de la descolonización, sin una práctica descolonizadora.‖ (62).

En este sentido, tendría que darse mérito a los pueblos y nacionalidades indígenas que desde hace más de 40 años luchan por el reconocimiento de sus derechos, cultura, formas de vida, entre otros aspectos, abriendo y construyendo lentamente un espacio en las sociedades modernas. Un hito importante tuvo lugar

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en 1978, cuando por primera vez votaron los analfabetos, quienes en su mayoría fueron parte de la población excluida (UNICEF, 2004).

Viteri (2013) señaló que la firma del tratado de paz entre Ecuador y Perú fue una oportunidad para considerar los pronunciamientos de las comunidades indígenas afectadas de procesos excluyentes por décadas y construir una identidad amazónica. Resultaba desastroso el hecho de no poder transitar libremente por las montañas y ríos por los enfrentamientos entre ambos países, de manera que finalmente se conseguiría restituir los derechos a los indígenas. Los pueblos indígenas han venido siendo en Ecuador una población importante afectada por procesos de marginación y/o exclusión. Enfrentando esta situación, la actual Carta Magna ecuatoriana, tomaría en consideración los derechos de los indígenas, a través de la Pachamama y Sumak Kawsay, como una forma de reconocimiento y respeto a su cultura ancestral. Diversos autores y autoras han examinado en su trabajo desde diferentes ámbitos la situación de estas comunidades excluidas, pero a través de la Constitución de Ecuador se trata ir mucho más allá al visibilizar y reconocer los saberes ancestrales de los indígenas como valiosos y necesarios, así como parte esencial de la propia identidad del país.

Santos (2011) señaló que las epistemologías del sur muestran que el saber sobre la vida, la salud, la naturaleza, la sociedad y el espíritu que han producido las comunidades indígenas, certifican conocimientos mucho más elaborados que los considerados científicos. El buen vivir trata de rescatar formas de entender el mundo que recuperan visiones indígenas olvidadas, ignoradas y/o denigradas injustamente. Está colonización dejó atrás los saberes ancestrales, producidos a lo largo del tiempo, como una práctica oscura que no podría ser

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considerada al instalarse la ciencia y el conocimiento científico como la única verdad y certeza.

Para Lajo (2010), las culturas indígenas, a través de la historia, tienen diferentes formas de organización, por ello, la creación, acopio, sistematización, almacenamiento y trasmisión de la sabiduría y conocimiento varia, según las tradiciones y costumbres. Los educandos andino-amazónicos no aprenden el ―cómo hacer las cosas‖ sino directamente a ―hacer las cosas‖. Este salto epistemológico es un reflejo condicionado que permite al niño y niña resolver los problemas en la realidad objetiva, determinando ―su forma de pensar, sentir y actuar‖. Sin embargo,

los modelos educativos tienden a obligar a los estudiantes a nivel nacional a moldearse conforme a modelos estandarizados sin respetar o rescatar estas formas ancestrales en los procesos de aprender. Este es un asunto que bien puede poner en situación de desventaja en las escuelas a estos grupos sociales.

Para Fanon, citado por Grosfoguel (2011a), ―el racismo es una jerarquía

global de superioridad e inferioridad sobre la línea de lo humano que ha sido reproducida durante siglos por el sistema‖ (p.98). Es así, como se evidencia la

exclusión social que puede generarse por color de piel, etnicidad, género, cultura, religión, refiriéndose al ―sentir del estar y no estar‖ en un determinado contexto,

como sinónimo de ubicación social, haciendo una analogía entre la guerra y la paz.

Dussel (1998), a través de la ética de la liberación, se refería a la categoría de pueblo, que en su conjunto representan a los oprimidos, refiriéndose a la clase trabajadora, indígena, campesina, afro descendientes, entre otros, como sujetos oprimidos. Uno de los desafíos de Ecuador, es enfrentar los problemas de interculturalidad, en torno a los derechos lingüísticos, autonomía regional y

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representación política, con un enfoque inclusivo, en relación a los marcos legales que estandarizan criterios para una educación intercultural, siguiendo estrategias que promuevan el mestizaje cultural como reto para superar esa jerarquía de identidades que etiqueta a las personas y las excluye en algunos casos (Cruz, 2015).

El Estado ha de ofrecer las condiciones necesarias para que sus habitantes puedan ejercer sus libertades, derechos y obligaciones, impulsando políticas nacionales iguales para todos y todas, donde aquellos grupos sociales de riesgo que tienen especiales dificultades tengan la oportunidad de compartir con los demás en igualdad de condiciones, fortaleciendo espacios de emancipación (Higuera y Castillo, 2015), como son las escuelas en las cuales la interculturalidad busca la inclusión, frente a la exclusión de todos los sujetos, sea cuales fueren sus características.

La interculturalidad es concebida como el reconocimiento de los otros, pero en condiciones de igualdad de derechos, de equidad, de respeto y de valoración. En este sentido, UNICEF (2015) impulsó una propuesta educativa intercultural que contemplaba el respeto a todas las etnias, con el propósito de mejorar sus niveles de vida en democracia, reivindicando la creación de condiciones sociales que hicieran posible la igualdad de oportunidades para todos pueblos y nacionalidades.

Según Fernández et al. (2016) afirman:

Cada estudiante desde sus fortalezas, motivaciones, aspiraciones, vivencias, experiencias y estilo personal, debe ser capaz de interactuar con todo el colectivo, de expresar sus ideas y vivencias, asumiendo una posición

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personal desde un conocimiento científico sin interesar etnia, creencia o discapacidad (p.12).

Por tanto, el profesorado ha de incorporar la interculturalidad como componente esencial en las prácticas pedagógicas, atendiendo a los estudiantes con un enfoque de reconocimiento de su legitimidad personal y cultural, aplicando estrategias de cooperación, solidaridad, empatía y confianza (Melero, 2015). Al hacer referencia a un mundo diverso, la diferencia de los individuos debería ser parte de lo cotidiano y natural, porque cada uno posee características únicas, atributos que deberán ser conocidos por los docentes, para aprovechar, fortalecer y desarrollar al máximo las capacidades del individuo y su participación.

La interculturalidad es parte de la construcción de un país con enfoque inclusivo, aceptando que hay diversas culturas y que no todas tienen el mismo reconocimiento y poder, obligando a la ciudadanía, a través de las instituciones educativa, a cuestionar dichas desigualdades y sus consecuencias, como son la pobreza, la discriminación, el racismo y la xenofobia, entre otras. Para mitigar estas diferencias, se exige a través de las diferentes administraciones del estado, medidas que garanticen el cumplimiento de libertades, derechos y obligaciones con la misión de construir políticas nacionales iguales para todos y todas (Higuera y Castillo, 2015).