• No se han encontrado resultados

Capítulo IV: Disqueras y justificaciones teológicas

5. Busca a Dios en tu dial

Franklin Villamizar no quiere dejarse amedrentar por las experiencias fallidas del pasado o por pronósticos reservados. Está convencido de que su propuesta puede calar en el mercado comercial y de que sus muchachos tienen la capacidad y el talento para apelar al gusto de audiencias más masivas y exigentes que la que constituyen sus hermanos de fe. Franklin está haciendo todo cuanto está en su poder para que sus muchachos alcancen la fama: envía sus demos a las radios, a las televisoras, los apoya con la organización de eventos y conciertos, los pone a sonar en sus propios

programas. Pero ninguno de esos esfuerzos sería posible sin dinero. Y a estos artistas cristianos no les sobra.

Franklin asegura que nada de lo que hace sería posible si no fuera por la ayuda de un grupo de patrocinantes que apoyan su labor y pagan espacios publicitarios en sus programas de radio que conduce, entre otras contribuciones. En la lista están diferentes organizaciones, vinculadas en mayor o menor medida con el mundo cristiano, como la empresa de sonido Audioson, el Bandes y el Metro de Caracas. Si bien la organización que lidera Franklin tiene otras fuentes de financiamiento, la mayor parte de los recursos con los que cuenta vienen de ahí. Las entradas a los conciertos están pensadas para ser muy accesibles, por lo que normalmente sólo sirven para pagar los gastos.

“La mayor parte de los ingresos son para alimentar la red radial, pero cuando podemos inyectarle algo de dinero a algún grupo, lo hacemos. Es una estructura que está creciendo y nadie la va a parar, porque las bases están bien consolidadas”.Esa red se sostiene en forma de toma y dame con las emisoras de radio. Es un intercambio ventajoso para las dos partes, porque los artistas se benefician del tiempo al aire, mientras la radio hace lo propio con la sintonía y receptividad de la audiencia que busca a estos músicos. “El cantante necesita más de la radio que la radio del cantante, pero ambos se necesitan”, sentencia Franklin.

Son las 9:30 de la mañana y el programa de radio de Explosión Tercer Milenio sigue al aire. Franklin Villamizar se acomoda en el poco espacio libre que queda en la pequeña cabina de grabación de la emisora Ondas de Libertad y sigue hablando con su audiencia después del corte musical. “Muchas gracias a todos y muchas gracias a ustedes, que son nuestra inspiración, y esto no se trata de ser muy chévere, no se trata

de tratar de caerte bien a ti, se trata de llevarte información, noticias, y por supuesto, el mensaje positivo de la buena noticia. De eso se trata, de decirte la verdad”.

Villamizar no quiere quedarse donde está. Además de seguir organizando conciertos, eventos, presentaciones en televisión y demás, sigue buscando nuevas voces que alimenten el semillero cristiano. Sus intereses inmediatos se enfocan en la música criolla, y no quiere perder la temporada gaitera de diciembre para enganchar a algún grupo que responda a la orientación cristiana de la organización. Ese esfuerzo es, según Franklin, la mejor manera de cambiar a la juventud en su propio terreno, porque “la música es como un alimento de consumo: si es buena, vas a digerir algo bueno, si es mala, vas a digerir algo malo. Si la música es negativa, la persona terminará siendo negativa. La música es la influencia de esta generación, gran parte de la influencia negativa de la sociedad viene de la música”

El objetivo principal de Franklin Villamizar es que la música de los grupos que promociona llegue a audiencias masivas, y no tiene ningún inconveniente en decirlo. Aún cuando muchas voces dentro de la iglesia critican la orientación comercial en una música que, según ellos, debería servir sólo para alabar a Dios. Franklin no parece hacerle mucho caso a las críticas, se defiende diciendo que las muchas ramificaciones de la iglesia evangélica han dado pie a muchas doctrinas diferentes, doctrinas que además siguen practicándose desde los tiempos de Lutero y Calvino. Entonces, su labor tendría que ver también con romper paradigmas dentro de la propia iglesia. “Yo estoy seguro de que si Jesucristo estuviera aquí, de vez en cuando se echaría un bailecito de reggaetón y también de rocanrol, para llegarle a la juventud y decirle: Tú puedes ser chévere sin necesidad de hacer cosas malas. Tú puedes ser santo” .

Sin entrar en discusiones acerca de la facultad de esta música de acercar a las personas a la santidad, o incluso en su potencial para cambiar las actitudes de quienes

la escuchan, está claro que las permanentes contradicciones que han acechado a la música cristiana desde sus primeros días de existencia están lejos de resolverse. Productores como Franklin Villamizar y José Luis Acuña no escapan a ellas. En un mercado local que parece reflejar muchos de los problemas que han acechado a la industria norteamericana de la música cristiana, son muchas las preguntas que quedan pendientes y a las que nadie parece tener la capacidad de dar respuesta. ¿Tiene la música cristiana contemporánea la capacidad de convertirse en un contrapeso válido para su contraparte secular? Pero, más aún ¿Tiene la música cristiana la posibilidad de hacerse de una audiencia diferenciada que la coloque dentro del panorama musical venezolano? Sus promotores parecen estar seguros de su apuesta. Falta aún saber si, llegado el momento decisivo, la música cristiana contemporánea podrá disputarse un lugar en la contienda.