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2. INTRODUCCIÓN

2.6. CÁNCER DE TIROIDES Y CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS

Las ondas electromagnéticas son ondas transversales en las que el campo eléctrico y magnético son perpendiculares entre sí y a su vez perpendiculares a la dirección de propagación. Estas ondas transportan cierta energía y cierta cantidad de movimiento de un punto a otro del espacio, sin que exista un transporte neto materia. La velocidad de propagación de las ondas es la velocidad de la luz y su origen es la irradiación de energía de las cargas eléctricas al ser aceleradas.

En función de su efecto biológico, las ondas electromagnéticas se pueden clasificar en dos grandes grupos: Radiaciones ionizantes y no ionizantes (Fig. 4). Las radiaciones ionizantes son ondas electromagnéticas de muy alta frecuencia (sobre los 2400 millones de MHz) que tienen la suficiente energía como para producir ionización, rompiendo los enlaces atómicos que mantienen a las moléculas unidas en las células. Las radiaciones no ionizantes son ondas electromagnéticas de menor frecuencia que no tienen la suficiente energía como para romper los átomos. En esta se incluye la radiación ultravioleta, visible, infrarroja, las microondas, la radiofrecuencia y los campos electromagnéticos (CEM) de muy baja frecuencia.

Fig. 4: Espectro delas radiaciones electromagnéticas.

En cuanto a la medición de los campos electromagnéticos y sus efectos, es importante también tener en cuenta las diferencias entre campos eléctricos y magnéticos. Los campos eléctricos:

1) tienen su origen en diferencias de voltaje.

2) Su intensidad se mide en voltios por metro (V/m).

3) El campo eléctrico puede existir incluso cuando el aparato eléctrico no está en marcha.

4) la intensidad del campo disminuye conforme aumenta la distancia desde la fuente.

5) La mayoría de los materiales de construcción protegen en cierta medida de los campos

eléctricos.

Por el contrario, los campos magnéticos:

1) tienen su origen en la corriente eléctrica.

2) Su intensidad se mide en amperios por metro (A/m) o más frecuentemente en unidades de

densidad de flujo (microteslas µT o militeslas mT) donde 1 A/m = 1,2 µT.

3) Los campos magnéticos se originan cuando se pone en marcha un aparato eléctrico y fluye

la corriente.

4) La intensidad del campo disminuye conforme aumenta la distancia desde la fuente.

Los CEM pueden ser estáticos o dinámicos. Los primeros constituyen la corriente continua, que es una corriente eléctrica que fluye siempre en el mismo sentido. Los aparatos eléctricos alimentados con pilas o el campo magnético terrestre son ejemplos de campos estáticos. Por el contrario, las corrientes alternas forman CEM variables en el tiempo. Estas corrientes invierten su sentido de forma periódica, de forma que en la mayoría de los países de Europa la corriente alterna cambia de sentido con una frecuencia de 50 ciclos por segundo, o 50 Hz (185).

Los CEM variables en el tiempo que producen los aparatos eléctricos son un ejemplo de campos de muy baja frecuencia, con frecuencias generalmente de hasta 300 Hz. Otras tecnologías producen campos de frecuencia intermedia (de 300 Hz a 10 MHz), y campos de radiofrecuencia (de 10 MHz a 300 GHz). Los efectos de estos campos sobre el organismo no sólo dependen de su intensidad sino también de su frecuencia y energía. Las principales fuentes de CEM de muy baja frecuencia son la red de suministro eléctrico y todos los aparatos eléctricos. Las pantallas de los ordenadores, los dispositivos antirrobo y los sistemas de seguridad son las principales fuentes de CEM de frecuencia intermedia. Por último, la radio, la televisión, las antenas de radares, los móviles y los hornos microondas constituyen las principales fuentes de campos de radiofrecuencia (185).

2.6.1. Efectos biológicos de la radiación electromagnética

En los últimos años hemos asistido a un incremento sin precedentes de fuentes de CEM, utilizados con fines individuales, industriales o comerciales. La creciente demanda de electricidad, el constante avance de las tecnologías y los cambios en los hábitos sociales han generado cada vez más fuentes artificiales. Todos estos avances están creando una alarma social por los posibles riesgos sanitarios asociados a su uso, por lo que muchos científicos han investigado activamente en este terreno. Los CEM de muy baja frecuencia pueden producir efectos biológicos que pueden a veces, pero no siempre, desembocar en efectos adversos para la salud. De esta forma, existen estudios que han descrito efectos sobre el embarazo, cataratas, cáncer, depresión, ansiedad, suicidios, etc (185). Los niveles de CEM de muy baja frecuencia en la población son generalmente

de 5-50 V/m para los campos eléctricos y de 0,01-0,2 µT para los campos magnéticos (186).

Existen normativas para prevenir la exposición excesiva a los CEM presentes en el entorno. Cada país establece sus propias normativas nacionales relativas a la exposición a estas radiaciones. Sin embargo, la mayoría de ellas se basan en las recomendaciones de la Comisión Internacional de Protección contra la Radiaición no Ionizante (ICNIRP). Esta organización no gubernamental, reconocida formalmente por la Organización mundial de la Salud (OMS), evalúa los resultados de

estudios científicos realizados en todo el mundo, y elabora unas directrices en las que establece límites de exposición recomendados. Estas directrices se revisan periódicamente y, en caso necesario, se actualizan (185).

Estudios a nivel celular han mostrado que no existe evidencia de que la exposición a CEM de muy baja frecuencia sea genotóxica, ni que puedan provocar la transformación de células en cultivo (187). En estudios animales no existe suficiente evidencia de que la exposición a CEM aumente el riesgo de cáncer (186-188) aunque sólo se han realizado un número muy limitado de estudios para probar esta hipótesis. En estudios de carcinogenicidad en humanos sí existe una evidencia limitada de asociación entre estas radiaciones y la incidencia de leucemia en niños (111;187;189), lo cual condujo a la IARC a clasificarlas como “posible carcinógeno en humanos” (186). Ahlbom y Greenland (190;191), en sendos análisis de revisión de estudios epidemiológicos sobre la exposición a CEM, sugirieron que residir cerca de líneas de alta tensión estaba asociado con un exceso de leucemia en niños, con un riesgo de 1,5-2,0. No existen estudios publicados que examinen posibles diferencias en la influencia de estas radiaciones en mujeres o la posible influencia de exposiciones prolongadas (188).

En el análisis de la exposición humana son interesantes los estudios ocupacionales, ya que el medio laboral supone en muchos casos una oportunidad de exposición considerablemente mayor. Estos estudios han utilizado generalmente categorías ocupacionales, a veces en combinación con medidas directas en el lugar de trabajo, para determinar si existe asociación entre la exposición a estos campos y cáncer (188). Se han descrito riesgos elevados de leucemias, tumores del sistema nervioso y cáncer de mama en ocupaciones con niveles de exposición a CEM por encima de la media (186;188). Sin embargo es difícil la interpretación de estos estudios debido a limitaciones metodológicas y a la falta de medidas de exposición apropiadas (186). De hecho, los estudios epidemiológicos que evalúan la exposición a CEM de muy baja frecuencia están sujetos a ciertas dificultades: 1) la exposición es imperceptible, ubicua, tiene múltiples fuentes y puede variar con el tiempo y en pequeñas distancias. 2) El periodo de exposición relevante es anterior a la fecha en la que las mediciones fueron obtenidas, siendo desconocidas la duración y el periodo de inducción. 3) No se conoce la medida de exposición más apropiada y no hay un mecanismo biológico conocido que ayude a identificar dicha medida y a interpretar los resultados. (189).

En la literatura existen estudios que no han encontrado ninguna asociación entre la exposición ocupacional a CEM de baja frecuencia y el riesgo de cáncer de tiroides (192;193). Sin embargo, sí existen evidencias de que la glándula pituitaria es susceptible de alterarse por los CEM de baja frecuencia, por lo que los órganos hormo-dependientes podrían verse afectados por esta exposición (194;195). De hecho, se ha llegado a sugerir que las alteraciones funcionales del sistema endocrino

como consecuencia de la exposición a CEM de baja frecuencia, podrían seguir una relación dosis- respuesta no lineal (196). Un tipo de cáncer que sí se ha asociado con la exposición a CEM es el cáncer de mama. Un posible mecanismo biológico, que ha recibido considerable atención, tiene que ver con los niveles de melatonina. Los CEM de muy baja frecuencia pueden influir sobre la glándula pineal disminuyendo la secreción de esta hormona en determinadas especies animales (197). Esta hipótesis sugiere que la pérdida de melatonina puede afectar a una gran variedad de procesos hormonales, tales como la homeostasis de los estrógenos, e inducir tumores de mama y

otros tumores dependientes de las hormonas esteroides.Sin embargo, pocos estudios han analizado

los efectos de los CEM sobre las hormonas pituitarias u otras glándulas endocrinas (186). Hakansson et al, en un estudio de casos y controles realizado en soldadores suecos, afirmaron que el incremento de riesgo observado de tumores endocrinos podría estar relacionado con la exposición a altos niveles de CEM de muy baja frecuencia (198). En otro estudio anterior, 32 jóvenes fueron expuestos durante una noche a campos magnéticos de 50m HZ para medir posibles alteraciones en las hormonas pituitarias, tiroideas y adenocorticales. La exposición aguda a campos magnéticos de forma continua o intermitente no afectó, bajo condiciones experimentales, a la función endocrina (199).

Por otra parte, en estudios experimentales con roedores, existen 4 grandes bioensayos publicados que evaluaron el efecto carcinógeno de estas radiaciones en 40 tejidos diferentes de roedores usando diseños de toxicidad. Tres de ellos no mostraron asociación con ningún órgano. El cuarto detectó una mayor incidencia de tumores tiroideos de células C (adenomas y carcinomas) en ratas macho expuestas a dos densidades de corriente intermedias (sin una relación dosis respuesta), así como un incremento marginal en el de mayor intensidad. En el grupo de menor exposición, el número de carcinomas de células C fue mucho mayor. Este efecto no se observó ni en ratones ni en ratas hembra (186). Varios estudios con roedores han mostrado alteraciones de las hormonas tiroideas en sangre tras la exposición de éstos a CEM de baja frecuencia. Katola et al observaron cambios en los niveles hormonales en ratas expuestas a CEM de forma permanente (200). En otro estudio, ratas que habían sido expuestas 1 hora al día a CEM durante 10 días seguidos mostraron concentraciones elevadas de T3 y T4 en sangre entre el tercer y el séptimo día (201). El efecto contrario se observó en otro artículo donde ratas macho, expuestas a CEM de 50 Hz durante 3 meses, vieron disminuidas sus concentraciones de T3 y T4 en sangre. Según este autor, la glándula tiroides es sensible a la influencia de los CEM de muy baja frecuencia, y los cambios morfológicos causados son reversibles (202). Otros estudios han observado también adenomas de células C y carcinomas tiroideos en roedores expuestos a CEM de muy baja frecuencia (203;204).