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La naturaleza del EPP ha sido interpretada en formas muy contrapuestas en Paraguay. En una actitud parecida de lo que prevaleció en Lima, Perú, en la primera mitad de la década de 1980 durante la aparición de SL, al- gunos científicos sociales y activistas niegan la existencia del EPP como movimiento insurgente. En cambio, proponen que es nada más que una organización ‘títere’, orquestada por poderosos terratenientes para crimi- nalizar la protesta social de los campesinos sin tierra, así justificando su reclamo al gobierno de turno por una dura represión a la misma protesta, y así asegurando un fuerte blindaje en contra de la muy anhelada reforma agraria (Cáceres y Valiente, 2009; Pereira, 2016). Se ha construido una percepción alternativa en turno al creciente papel de narcóticos en la eco- nomía del norte del país. Según esta visión, expresada en los medios de comunicación por oficiales de SENAD y representantes de la ARP, las poderosas pandillas de narcotraficantes han creado el EPP para proteger

75 áreas de cultivo ilegal y tránsito de la mira de los servicios de las fuerzas de seguridad (ABC Color, 2017).

Aun cuando estas interpretaciones alternativas se diferencian considera- blemente, comparten la ‘comprensión’ en común de que el EPP es un ins- trumento utilizado por grupos de interés de mayor envergadura – sea al legitimar la criminalización de la protesta social para el beneficio de pode- rosos intereses agro comerciales dedicados al cultivo y exportación de soja y carne, o sea por proveer un blindaje para pandillas de narcotraficantes. Sin embargo, al contrario de estos intentos de negarle cualquier ‘actuación’ independiente, dos analistas de seguridad latinoamericana coinciden de que su existencia depende de un cierto nivel de apoyo de pobladores en su área de operación. Como Spencer (2012: 52) nota: “... el estado nunca aborda la principal fuerza del EPP, o sea la significante simpatía y vínculos que tiene entre los campesinos ‘sin tierra’ en el norte de Paraguay”. Por su lado, McDermott (2015: 9) afirma: “Sin embargo, el verdadero secreto que explica la sobrevivencia del EPP es el apoyo que recibe de la pobla- ción local en la región [donde] tiene presencia”. Haciendo eco de estos puntos de vista, y en una marcada divergencia de la caracterización de “criminales comunes” hecha por gobiernos anteriores, en septiembre de 2011 el ministro del interior Carlos Filizzola y el entonces vicepresidente Federico Franco por primera vez hicieron referencia al EPP como un “gru- po guerrillero”. Filizzola también admitió que el EPP “cuenta con una amplia aceptación de la ciudadanía residente en su zona de influencia” en el empobrecido norte del país, donde dijo que “ya está arraigada […] hace más de diez años” (Última Hora, 2011a). Además, un estudio de campo durante tres años en su zona principal concluyó que su ‘impuesto revolu- cionario’ y los rescates por secuestro, y no las actividades de narcotráfico, fueron de lejos sus fuentes principales de ingreso, lo cual permitió hasta financiar un programa de becas educacionales para jóvenes en su área de influencia (Martens, 2017).

Investigaciones recientes sobre la violencia intra-estado enfatizan que los escenarios de guerra civil con un solo grupo insurgente son cada vez más escasos. Al contrario, el escenario más común es el de múltiples actores no estatales, cuyas motivaciones económicas y políticas son borrosas y capa- ces de transformarse con el tiempo. Como Idler (2012) ha señalado, como consecuencia de su vulnerabilidad a una insurgencia de larga duración y la lucha por el control del tráfico global de cocaína, las regiones fronterizas de Colombia representan un caso paradigmático de esta convergencia de con- flicto, en donde grupos insurgentes, paramilitares y criminales compiten y cooperan en estos espacios. Por eso, una interpretación más matizada su-

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giere que el EPP ha demostrado un alto nivel de actuación independiente, dentro de similar territorio en conflicto, mediante el uso de fluidos arreglos de conveniencia con poderosos narco-ganaderos (terratenientes criminales involucrados en el cultivo de narcóticos). Ha logrado contar con cierto nivel de respaldo de estos grupos narcotraficantes que operan en el norte de Paraguay, de la misma manera que aquellos proveen dinero a corruptas autoridades locales (políticos, policía y fiscales) y a terratenientes para el cultivo clandestino de narcóticos y el uso de remotas pistas de aterrizaje. Al establecer zonas prohibidas, gracias a su oposición a la deforestación, la insurgencia sirve como cubierta protectora para el tránsito de cocaína y la pervivencia de marihuana como un cultivo principal en el norte del país. Tres influencias interrelacionadas han determinado esta ‘actuación’ inde- pendiente del EPP: la teología de la liberación, el marxismo y el naciona- lismo. La influencia del catolicismo radical sobre el EPP es significativa. Aun cuando solo uno de sus cuadros principales - Lucio Silva (nacido en 1958) – pertenece a la generación que sufrió la destrucción de las LAC en la década de sesenta, otros tienen padres quienes fueron activos en ese movimiento. Por más que su impacto en Paraguay haya sido escaso en comparación con el resto de América Latina, el marxismo también ha tenido influencia en sus cuadros a través de los escritos antiimperialistas de Eduardo Galeano y José Martí. Sin embargo, de lejos la influencia más potente sobre el EPP es el nacionalismo.

El EPP ha construido una ideología coherente que engrana con una am- plia creencia popular en Paraguay acerca de la historia del país. Al hacer eso, busca recuperar como narrativa revolucionaria la influyente interpre- tación revisionista, expuesta por primera vez en la década de 1920 por escritores tales como Juan O’Leary y Natalicio González, la cual pos- teriormente llegó a ser la narrativa histórica oficial durante la dictadura de Stroessner y más allá (Lambert, 1997; Lambert y Medina, 2007). Esta interpretación se centró en el ‘Periodo nacionalista’ de la posindependen- cia (1811–1870), cuando una serie de gobiernos autoritarios - José Gaspar Rodríguez de Francia (1814–1840), Carlos Antonio López (1840–1862) y Francisco Solano López (1862–1870) – emprendieron una estrategia in- cipiente de desarrollo industrial independiente, en la cual el estado jugó un papel clave y bajo la cual ni la inversión directa extranjera ni los prés- tamos internacionales existían (White, 1978; Lalive d’Epinay y Necker, 1980). Esta estrategia terminó en 1870 con la derrota en la Guerra de la Triple Alianza. Alcides Oviedo, el ideólogo del EPP, ha publicado dos libros desde la cárcel (Oviedo, 2010, 2012). Hace una mínima mención al catolicismo radical y su análisis marxista es elemental. Sin embargo,

77 repetidamente los textos enfatizan tres poderosos e interrelacionados men- sajes nacionalistas: o sea, que durante el siglo diecinueve Paraguay fue uno de los países más desarrollados de América Latina; que este proceso fue parado a consecuencia de una Guerra imperialista, dirigida por países vecinos; y de que la lucha para la liberación nacional encabezada por el EPP recuperará la independencia del país y devolverá su gloria anterior. En su prólogo al segundo libro de Oviedo, Carmen Villalba hasta se re- firió a Francia como “el revolucionario latinoamericano más grande del siglo diecinueve” y como “el verdadero creador del EPP”, así argumen- tando que la lucha del EPP es nada menos que el “Francismo del siglo XXI” (Oviedo, 2012). Su compromiso marxista de reemplazar “el sistema parlamentario burgués liberal” con un “régimen de congresos populares” (Oviedo, 2010) también concuerda con su retórica nacionalista – los con- gresos populares fueron convocados en forma periódica para legitimar los regímenes de Francia y los López.

Aun cuando este triple cóctel de catolicismo radical, marxismo y naciona- lismo ha sido algo que varios movimientos insurgentes latinoamericanos han tenido en común durante la Guerra Fría, sobre todo en el caso del FSLN de Nicaragua; la ideología del EPP incorpora un ingrediente adi- cional de tipo ‘geopolítico’, o sea que Paraguay ha sido anteriormente una gran nación. El EPP ofrece a sus adherentes potenciales un mensaje ‘co- herente’ e inspirador basado en la búsqueda de la ‘segunda independencia’ de Paraguay. Una fe en las ‘posibilidades heroicas’ del EPP de recuperar la ‘dignidad perdida’ del país es un potente mensaje que encuentra eco en la comprensión popular de una historia nacional tan ‘militar’ como la pa- raguaya. Esta interpretación de la historia del país ha sido un importante factor en atraer nuevos reclutas y apoyo al EPP. En particular, establece un paralelismo entre la ‘primera invasión’ de Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza, principalmente por tropas brasileñas, y una ‘segunda invasión’ de brasiguayos en décadas recientes.

La protección ambiental es una interrelacionada preocupación ideológica del EPP. Fue claramente esbozada en un folleto de marzo de 2015 titu- lado ‘Defender nuestro hábitat natural’ enumeró siete prohibiciones es- pecíficas: prohibido el cultivo de soja, maíz y otros productos que utilice agrotóxicos; prohibido a empleados de estancia portar armas; prohibido a empleados de estancia entre en los montes. Mantenerse 500 metros de los montes; prohibido meter vacas en los montes; prohibido arar las orillas de las alambradas; tractoristas y motosierristas prohibidos echar monte; prohibido contaminar arroyos y ríos (ABC Color, 2015). Esta preocupa- ción expresada por el EPP hacia el desarrollo sostenible encaja bien con su

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ideología nacionalista, dado que el principal daño ambiental es resultado de prácticas agrícolas altamente mecanizadas que fueron introducidas por los brasiguayos (Lovera, 2014).