Muchas escuelas de ocultismo citan como obstáculos esenciales los seres de evolución inferior, a los cuales han dado nombres especiales. Es verdad que en la substancia espesa y oscura de los mundos inferiores hormiguean elementos de vida sobre los cuales juzgo completamente inútil demorarme. Me contentaré con citar algunos ejemplos, en que he tenido ocasión de luchar con seres malhechores.
El día de esta experiencia me había desdoblado con la idea bien neta de visitar un plano superior; Como todavía tenía poco adiestramiento, ignoraba la manera de proceder. Mi desprendimiento se efectuó fácilmente. Poseía el máximo "control" posible sobre mí mismo, y mi conciencia estaba tan lúcida cuanto es posible. Me lancé al espacio. La atmósfera estaba bastante clara. En medio de un hermoso cielo azul, en una dirección oblicua, percibí hacia lo alto una casa rodeada de nubes bastante espesas. Comenzaba a dirigirme hacia ese lado cuando vi un Ser que avanzaba a mi encuentro, vestido de una especie de capa cuyo color gris no me inspiraba confianza; sin embargo, seguí mi ruta con él. Pronto me encontré en medio de una ciudad, perseguido por hombres vestidos de negro. Pasando a través de las formas así creadas, me refugiaba de casa en casa, hasta que finalmente me encontré encerrado en una especie de cueva sin salida alguna. Inmediatamente fui librado de las formas creadas por esas gentes. Todo rastro de habitación, de ciudad, había desaparecido, estaba en la atmósfera del plano, sin imagen alguna, rodeado por unos quince individuos, incapaces de disimular la oscuridad de sus atracciones. Curiosamente, contemplaba sus caras envidiosas y amenazantes, e hice sobre ellos el signo protector de la cruz. Hicieron un leve retroceso, pero se aproximaron. de nuevo riendo y discutiendo groseramente. Aproveché esta ocasión para experimentar la virtud de los signos llamados mágicos: triángulo, pentágono, nombres divinos, ete. No solamente no tenían ninguna influencia, sino que ellos los repetían y se mofaban de mí; consiguieron hasta agarrar mi brazo para detener mi acción, lo cual me encolerizó, error que me hizo perder todo control, y volví a mi cuerpo, furioso, los dientes apretados, sin otro daño; felizmente. Algunos instantes después, efectuaba un segundo desdoblamiento, pero no fui ya objeto de un trabajo de ese género.
Después, aprendí que el mejor y más potente de todos los signos mágicos es la emisión de un pensamiento de amor que se puede simbolizar por el signo de la cruz.
En otra experiencia era perseguido por un individuo cuyos pensamientos creaban formas cúbicas en las cuales me encerraba. En cierto momento me asaltó; tuve la sensación de recibir un choque, como si me hubiesen dado dos fuertes puntapiés en la cabeza. Sobreponiéndome a este dolor conseguí, sin embargo, desprenderme y tomar la ofensiva. Yo destruía sus formas pensadas y me elevaba por encima de él en una densidad ligeramente inferior a la substancia de ese plano. A pesar de todo, persistía en seguirme. No pudiéndome alcanzar, su poderosa voluntad me llegaba bajo la imagen de piedras que me lanzaba. Cansado de tanta insistencia decidí castigado, levantando un enorme banco encima de su cabeza... pero no lo dejé caer, sólo lo amenacé y le perdoné. En seguida se operó una curiosa transformación: vi a ese individuo convertirse en un perro. Durante las peripecias de esta lucha no cesé un instante de orar mentalmente, y a medida que me elevaba por encima de mi adversario sentía mi energía aumentada.
Sería interesante, en esas experiencias, estudiar las relaciones existentes entre el nacimiento de las formas y la idea a ejecutar. Constituiría la verdadera clave de los sueños. Sería necesario, naturalmente, anotar y observar la asociación de ideas, sentimientos y deseos correspondientes a las formas y a la densidad de la
substancia en la cual ellos se manifiestan. Así, en este ejemplo, con el espíritu ocupado en orar y defenderme, ¿ cuál es la relación existente entre ese sentimiento de defensa y la imagen del banco? ¿Por qué ese banco tenía la forma rústica de esos que se ven en el campo, una gruesa tabla clavada a otras dos más cortas, utilizadas como patas? ¿No estaría más indicada la imagen de un revólver?
He aquí otro caso del que conservo un recuerdo bien claro. Desde hacía algunos días sentía una especie de indisposición. Fuese lo que fuese, fui desdoblado por un torbellino que me llevó hacia una dirección desconocida. Inmediatamente, consciente de las prerrogativas de ese estado ,ensayaba colocarme en pie en la corriente magnética que me transportaba; alcanzado esto, no sin gran esfuerzo, tuve una gran sorpresa; vi un individuo avanzar hacia mi con aspecto amenazante, y encerrarme en un ángulo de un cubo cerrado por todas partes, del que acababa de crear la imagen. Muy consciente de mí mismo, sin ninguna traza de sueño, experimenté en el acto una emoción bien natural; ese sentimiento de temor no fue más que un relámpago pronto disipado. Retornando confianza, quedé en pie, pegado contra el obstáculo infranqueable que acababa de ser creado, y sonriendo, los brazos cruzados, esperé a mi enemigo a pie firme. Sin una palabra, sin un gesto, le dejaba aproximarse, y cuando hubo llegado cerca de mí y levantaba el brazo para golpearme, yo invocaba mentalmente a mis protectores. Inmóvil, el brazo levantado, no había acabado su acto, pero conservaba su actitud amenazante. Por último, tuvo un ligero retroceso, se detuvo, retrocedió de nuevo, lentamente al principio, después más ligero, y lo hice desaparecer definitivamente extendiendo el índice y el mayor de la mano derecha en su dirección. Continué tranquilamente mi desdoblamiento, la corriente retomó su curso; en la atmósfera bastante oscura se producían claros, y a través de ellos podía ver el panorama, bajo mis pies, de valles verdeantes, colinas boscosas, ríos y casas. Llegué, en fin, a una ciudad que había expresado el deseo mental de visitarla. Cuando retorné mi envoltura física estaba completamente curado de mi indisposición de los días anteriores. Es útil agregar que en la época de esta experiencia tenía dieciocho meses de adiestramiento.
Independientemente de las imágenes, de las formas creadas por los seres atrasados, la influencia que los envuelve es netamente significativa. Así, en el primer ejemplo, la mala influencia de las gentes que me rodeaban me llegaba bajo la sensación de una invisible onda electromagnética de extraordinaria resistencia. Aunque no visible, era un verdadero muro de energía, de una potencia considerable.
Esta percepción puede ser útil en ciertas circunstancias, cuando puede tener que relacionarse uno con Inteligencias más adelantadas, pero desequilibradas por su inferioridad moral. He aquí un ejemplo. Estaba desdoblado con el pensamiento de conocer a Seres superiores a nuestro grado de civilización, y me sentía subir en una atmósfera brumosa. De repente, sin otra sensación preliminar me encontré en presencia de un Ser sentado sobre una especie de trono adornado de violentas tintas multicolores. De aspecto frío y severo, ese personaje me hizo mala impresión. Pero, como me aseguraba que él era uno de mis guías, juzgaba yo esta impresión equivocada, y sobreponiéndome a mi antipatía quise conversarle de mi trabajo en la tierra. Entonces, cosa extraña, la memoria me falló súbitamente. Vuelto a mi forma física, deduje que los Seres realmente buenos no tienen necesidad de otro distingo.
En efecto, aprendí en consecuencia, a apreciar el afecto sublime de los Seres verdaderamente superiores. Sin forma, sin color, la radiación de su ambiente, de su energía vital os impregna, os penetra de un AMOR tal, de una fuerza atractiva tan confiada y tan devota, que no existe expresión alguna terrestre capaz de definir la potencia y las cualidades sintéticas de esta energía.