Hay gente que necesita pocas horas de sueño para sentirse descansada y hay quién necesita más. Pero, independientemente de las horas que dormimos, parece haber un patrón que se repite en todos los humanos. De acuerdo a los más recientes estu- dios sobre los sueños, el organismo atraviesa por tres fases distintas a lo largo del tiempo que cada quien dedica para dormir. Los investigadores han medido varios factores como la frecuencia de las ondas cerebrales, las constantes vitales del orga- nismo y lo que las personas recuerdan al ser despertadas en medio de cada fase. Gracias a esta información han descubierto que entre la vigilia y el sueño, hay un breve periodo que se conoce como estado Hipnagógico (H); y el resto de la noche se intercalan periodos de sueño ligero, llamados Sueño de Ondas Largas (SOL), con periodos de sueño profundo caracterizador por un Movimiento Ocular
Rápido (MOR).
En el estado H, el cuerpo se queda inmóvil y se presentan movimientos oculares lentos debajo de los párpados cerrados. Las personas que se despiertan en esta fase reportan ensoñaciones cortas, muy vívidas, en las que se perciben imágenes colori- das y con mucho detalle que se suceden unas a otras con mucha rapidez. Este pe- riodo dura ente 1 y 7 minutos como máximo. A esta fase también se le llama ensue- ño.
En los periodos SOL, el soñador permanece tranquilo, se mueve poco y sólo pre- senta la actividad cerebral necesaria para el mantenimiento de las funciones vitales. Si se les despierta en esta fase, las personas suelen reportar que no recuerdan nada o que recuerdan imágenes realistas, con pensamientos y experiencias similares a las de la vida diurna.
En los periodos MOR el soñador realiza algunos movimientos físicos involunta- rios, sus ondas cerebrales presentan una elevada actividad y bajo los párpados ce- rrados se advierten movimientos oculares rápidos. Cuando se despierta a las perso- nas en medio de una de estas fases la mayoría pueden recordar lo que comúnmente se conoce como sueños. Éstos son imágenes propiamente oníricas, o sea, aquellas en las que pueden suceder cosas que resultan imposibles en la dimensión material. También pueden aparecer escenarios y personajes que no conocemos o que actual- mente ya no existen o que ya no son de la manera en que aparecen en nuestros sue-
ños. Para los fines del trabajo de interpretación onírica, es importante despertar en las fases MOR recordando la mayor cantidad de secuencias oníricas que podamos.
Estadísticamente se calcula que el sueño MOR ocupa una cuarta parte del tiempo que pasamos dormidos y el estado SOL tres cuartas partes. Se ha confirmado que ambos estados van intercalándose durante todo el periodo de sueño. El primer es- tado MOR se presenta alrededor de 90 a 100 minutos después de comenzar a dor- mir y dura entre 5 y 10 minutos. De 90 a 100 minutos más tarde se da otro periodo MOR ligeramente más largo y así sucesivamente; de tal forma que el último periodo MOR puede llegar a durar hasta unos 30 minutos. Cuando nos despertamos de forma natural, la última fase siempre suele ser una fase MOR. O sea que, al menos en teoría, el último sueño antes de despertar sería el más largo de todos y el más fácil de recordar.
Es probable que quienes despiertan sin retener ninguna imagen en la memoria, despiertan en una fase SOL y no en una MOR debido a sus particulares hábitos de sueño. Si consideras que éste puede ser tu caso, intenta cambiar tus horarios de sue- ño. Pon tu despertador físico o biológico un poco antes o un poco después. Calcula el tiempo que dura cada periodo, de manera que logres despertarte dentro del trans- curso de una fase MOR.
A todas las personas, ya sea que recuerden sus sueños o no, les conviene expresar su intención de recordarlos antes de dormir. Si quieres, puedes escribir tu intención en una pizarra imaginaria antes de entrar en la fase hipnagógica. O puedes repetir una frase varias veces mientras te duermes; algo así como: “Mañana voy a recordar mis sueños con gran facilidad”. En caso de que tengas un despertador estridente que te altere o te despierte con brusquedad, cámbialo por uno que haga sonar músi- ca suave. O duérmete más temprano para que puedas levantarte de forma natural a la hora que más te convenga.
Hay personas que cuando despiertan necesitan permanecer completamente in- móviles para poder capturar sus recuerdos oníricos. Hay otras que los captan mejor si se giran al costado contrario y permanecen en la cama el tiempo necesario. Y hay otras que nunca recuerdan sus sueños por la mañana, sino súbitamente durante el día. Lo ideal es que encuentres tu propio sistema. Ensaya diferentes cosas hasta en- contrar lo que mejor funcione para ti de acuerdo a tus particulares horarios y cos- tumbres.
Una buena forma de medir tu progreso consiste en contar el número de sueños que eres capaz de recordar cada semana y tratar de aumentar poco a poco esa canti- dad. Se trata de un entrenamiento gradual en el que, mediante la práctica constante e ininterrumpida, poco a poco vas ensanchando tus límites de partida.
Antes de comenzar mi propio entrenamiento, cada semana recordaba alguna ima- gen o escena, pero como no encontraba ninguna utilidad al hecho de recordarlas, no
me esforzaba lo más mínimo y sólo se me quedaba grabado algún sueño completo de forma ocasional, en caso de que me hubiera impactado por algún motivo. Cuan- do decidí comenzar a llevar un Diario de Sueños los primeros días sólo podía recordar fragmentos de sueños y tenía que permanecer inmóvil para poder capturarlos. Pero poco a poco fue resultando más fácil y comencé a recordar con mayor frecuencia sueños completos y con más detalles. Cada año tenía que comprar cuadernos más voluminosos porque llegó un momento en el que fui capaz de recordar seis o siete veces a la semana mi último sueño de la mañana. Y había ocasiones en que también recordaba el sueño anterior completo. Además los retenía con todo lujo de detalles. ¡Incluso a veces despertaba en medio de la noche y también recordaba el sueño que había tenido en ese último periodo!
Cuando llegué a este punto pensé que mi entusiasmo se había desbordado y que si estuviera entrenando para un maratón deportivo, ya habría sobrepasado mi meta… Así que decidí relajarme. De esta forma constaté que los recursos de nuestra psique son impresionantes cuando se trata de construir nuevos hábitos y convertirlos en actividades automáticas. Cuando le enseñé a mi mente lo que quería conseguir, que era recordar mis sueños, me esforcé durante un tiempo hasta que ella lo captó y comenzó a hacerlo de manera natural y de forma cada vez más eficiente. Como un deportista novato que se propone correr 100 metros en X tiempo y comienza es- forzándose hasta que llega a un nivel en el que, ya sin ningún esfuerzo, esa marca se convierte en su tiempo mínimo normal.
Para que puedas comenzar a trabajar con tus sueños no necesitas invertir mucho tiempo ni mucha energía. Como ya mencioné en la presentación, basta con que de- diques 5 minutos antes de dormir a fin de auto programarte para recordar tus sue- ños y luego otros 10 minutos al despertar para que puedas recordarlos y consignar- los. Todos los alumnos de mis cursos han podido mejorar de forma rápida y sustan- cial el recuerdo de sus sueños con este sistema. La mayoría de ellos tienen poco tiempo y horarios laborales estrictos. De hecho hay algunas personas que sólo pue- den consignar sus sueños una o dos veces por semana, en sus días libres. Y aún así han obtenido excelentes resultados. Sus mentes se programan para recordar única- mente los fines de semana y se organizan bastante bien. Así es que realmente no importa cómo lo hagas, lo que cuenta es que consigas una buena materia prima con la cual trabajar. En este caso nuestra materia prima son los sueños bien recordados y bien consignados, lo cual se puede conseguir observando las pautas que se comen- tan a continuación.