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En Córdoba se consagraba y exhibía la victoria del bien contra el mal

Será en oportunidad del Día de la Bandera, el 20 de junio de 1980, cuando se inaugure en Córdoba el “Museo de la lucha contra la subversión”. Fue el mismo comandante en jefe del Ejército teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri quien asistió a la ciudad mediterránea a encabezar distintos actos entre los que figuró, con cierta centralidad, la apertura del Museo. La crónica periodística describe:

A poco de arribar a nuestra ciudad, en la sede del Comando del III Cuerpo de Ejército, el co- mandante en jefe del Ejército. Tte. Gral. Leopoldo Fortunato Galtieri presidió el acto inaugural del Museo de la lucha contra la Subversión. Estaban presentes las más altas autoridades civiles y militares, como así también el provicario castrense monseñor Victorio Bonamín quien hizo una invocación religiosa y bendijo las instalaciones (La Voz del Interior, 21/05/80)11.

La muestra en Córdoba, de “carácter permanente”, al igual que la de Campo de Mayo, contenía diversos elementos “secuestrados a los grupos terroristas”, como fotografías que ma-

nifestaban algunas de las acciones cometidas y “sus graves secuelas”, bibliografía extremista, reproducciones en escalas de las cárceles del pueblo, y una réplica de la cárcel móvil en la cual se apresó al teniente coronel Larrabure” (Ibíd.).12En tal sentido, el Acta de creación del Museo

contenía los siguientes fundamentos:

Los pueblos que olvidan su pasado hipotecan su porvenir. Este museo demuestra la superioridad del bien contra el mal, de los hijos del Señor contra los esbirros del príncipe de las tinieblas. Dios está con nosotros en la hora de la victoria, no se olviden jamás de estas páginas que marcan la agonía y muerte de la subversión en la selva tucumana y el coraje de los argentinos que la vencieron (El Pueblo, 22/06/80).

Como puede leerse, la cita anterior posibilita no perder de vista, una vez más, los sentidos de la práctica memorial de la política del Estado terrorista. En el III Cuerpo de Ejército al mando del general Antonio Bussi, se consumaba una apropiación de Dios a favor de las Fuer- zas Armadas, institución que respondía al llamado de la Historia y del Pueblo para actuar a favor del bien y en contra del mal, para luego arribar, sin más, a la victoria. También, un exal- tado llamado al recuerdo permanente podía coadyuvar a que “esas páginas” de “coraje” la- braran una representación sin fisuras del accionar castrense.

La inauguración formal del “Museo de la lucha contra la subversión” en Córdoba crista- lizaba algunas exhibiciones anteriores, en predios feriales o en desfiles militares y se vinculó a otras prácticas de conmemoración, homenaje y apropiación de efemérides por parte del Ejército, como el homenaje al Almirante Browm y el día del Ejército (Philp, 2009: 221 y ss.). En todo caso, el nervio común de esas intervenciones y concreciones libraba su acción en el campo simbólico, recreando el imaginario que el poder instituido en el Estado terrorista refractaba según las oscilaciones de la coyuntura.

Una Editorial del diario del arzobispado cordobés Los Principios13solventaba, con mayor

optimismo, convicción y apoyo al Régimen que otros periódicos cordobeses, su operación política. El editorialista se satisfacía de que los “elementos que sirvieron a los perturbadores para su obra nefasta” pudieran ser ahora expuestos ante la sociedad en su conjunto para que pudiera tener “la impresión aproximada de cómo habían actuado” (Los Principios, 22/07/80). En la

misma dirección, el diario católico saludaba el hecho de que se hubiera colocado con mayor amplitud e información la serie de instrumentos “que sirvieron a quienes estaban en la sub- versión apátrida, para alterar las horas de nuestro país (…) muchos de los elementos que con inocente apariencia provocaban en algunos instantes el descalabro de todo” (Ibíd.). Si bien no es abundante ni precisa la información, puede mencionarse que en semejanza al de Campo de Mayo, en el Museo del III Cuerpo de Ejército podía verse “un edificio con su estallido”, para observar cómo procedía la subversión para retener prisioneros “en las lla- madas “cárceles del pueblo”, a quienes sindicaban los jefes guerrilleros para ser atrapados y torturados”, y “cuáles eran las armas con que contaban los alteradores del orden para ejercitar las disposiciones, muchas de ellas recibían desde afueras de nuestras fronteras” (Ibíd.). Así, por medio de la colección presentada, el enemigo de la Nación era caracterizado en un ac- cionar “inicuo” por medio del cual “destrozaba vidas e instituciones”.

El Museo podía y debía constituirse en la expresión cabal de cómo el país había sopor- tado, con impotencia y por largo tiempo, “la compañía depredadora de los subversivos” (Ibíd). En Los Principios se afirmaba: “Nadie puede tener tan poca memoria como para haber borrado de su espíritu los aletazos de sombra que causaron tantos y tantos episodios, durante los cuales ca- yeron muchas víctimas inocentes” (Ibíd.). Seguidamente, el rol mesiánico de las Fuerzas Arma- das quedaba de esta manera delineado:

cuando parecía que nada podía hacerse para detener el caos de la violencia que estaba en las ca- lles, agobiaba los hogares, alteraba el ritmo de las fábricas, sacaba de quicio los estudios universi- tarios. (…) Finalmente, llegó el trance en que las Fuerzas Armadas de la República salieron a defender a ese pueblo que estaba postrado y agraviado. Los soldados se batieron en todos los terrenos, dejaron en muchos lugares de la Nación, girones de su coraje y de su amor por la li- bertad, y muchos murieron en la demanda (Ibíd.)

Finalmente, se expresaba que el orden había logrado imponerse, las fuerzas de la subversión habían retrocedido y se habían exterminado, con los que “el país entró en el camino de la espe- ranza”: “este museo de todos los elementos que la subversión utilizaba para sus fines, no hay duda que es, en definitiva, un homenaje a los que lograron consolidar la tranquilidad del país”

(Ibíd.). Para el acto de pedagogía patriótica y moral de estudiantes primarios, secundarios y universitarios, y para el adoctrinamiento de civiles y militares, este espacio de memorial insti- tucional también funcionó como museo móvil. Como ha señalado César Tcach, en agosto de 1980 y en instalaciones de la Exposición Rural en el campo La Perla, el comando del Tercer Cuerpo de Ejército dejó habilitado el museo Móvil de la Lucha contra la Subversión: “El acto fue presidido por el comandante de esa gran unidad de batalla, general de división Antonio Domingo Bussi, encontrándose presentes, además, el gobernador de la provincia general de bri- gada (RE) Adolfo Sigwald, el jefe de la Guarnición Aérea Córdoba, brigadier Antonio José Crossetto, y autoridades de la Sociedad Rural de Córdoba” (Tcach, 2014).

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