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C ONCLUSIONES : P ROPUESTAS TEÓRICAS PARA UNA INTERPRETACIÓN

Las propuestas interpretativas basadas en la aplicación de esquemas teóricos que se han formulado hasta el momento no han sido planteadas expresamente para el estudio de las aldeas ugaríticas y su relación con el palacio. Su perspectiva ha pretendido ser global, abarcando el conjunto del reino, aunque concediendo especial importancia a su ámbito urbano.

Desde aquí, en cambio, no estamos en disposición de intervenir en análisis generales de ese tipo. En las páginas que siguen nos centraremos en el espacio que dichas propuestas concedieron a las aldeas, por lo que las referencias a cuestiones relacionadas, por ejemplo, con la estructura y administración de la organización palatina se abordarán únicamente cuando resulte imprescindible en el tratamiento de nuestro tema.

Por todo ello es necesario reconocer ya a priori que el resultado final de nuestro trabajo nunca podrá ser una crítica, rechazo, aceptación y/o alternativa de alguno de los modelos propuestos, sino en todo caso de una parte de los mismos. Propuestas de carácter más amplio y, reconozcámoslo, de mayor trascendencia por lo que al análisis histórico se refiere, hubieran requerido de un estudio monográfico paralelo que tuviera en cuenta la estructura económica, social, política y administrativa de la organización palatina y urbana del reino de Ugarit, algo que, de momento, queda fuera de nuestro alcance.

§1. El feudalismo ugarítico

La interpretación de la sociedad de Ugarit como una sociedad feudal, interpretación desarrollada básicamente por A. Alt, J. Gray, D. Boyer, C. Schwarzenberg y A. Rainey, tenía como nexo de unión la aplicación a la realidad ugarítica de la terminología feudal enunciada para la Edad Media europea. La mayoría de autores coincidieron en remarcar la existencia de un sistema de posesión de la tierra basado en la concesión de feudos por parte de la corona a cambio de prestaciones personales y otros servicios. Sin embargo, discreparon de manera tan radical en cuestiones fundamentales, como por ejemplo sobre el papel desempeñado por la monarquía, que su inclusión bajo un mismo epígrafe no deja de resultar hasta cierto punto arbitraria.

Por otra parte, cabe destacar que las propuestas de dichos autores fueron formuladas mayoritariamente a mediados del siglo pasado, con lo que el posterior progreso de la ugaritología se ha encargado de superar muchos de los planteamientos de detalle propuestos entonces. En cualquier caso, su inclusión en este capítulo nos ha parecido pertinente dada la repercusión que conlleva la aplicación del modelo feudal para la comprensión del papel de las aldeas en el marco del reino de Ugarit.

§2. A. Alt (ALT 1959) forma parte de este grupo de investigadores debido a la

interpretación que propuso de la fórmula bn - NP, tan habitual en la documentación administrativa ugarítica. En su opinión un individuo era mencionado de esta forma cuando se trataba del beneficiario actual de un oficio hereditario originalmente concedido al NP al que hacia referencia esa fórmula.

El hecho de que en las listas aparezcan también personas referidas únicamente a partir de su NP se debe a que en esos casos no se trataba de herederos de un primer beneficiario sino de los recientes primeros titulares de la profesión en cuestión.

En cualquier caso, el empleo de la fórmula bn - NP, también atestiguada en las cartas de El-Amarna y la Biblia Hebrea, reflejaba la vigencia de una antigua institución cananea de tipo feudal consistente en la concesión hereditaria por parte del rey a una familia determinada del ejercicio de una profesión.

La propuesta de Alt, sin embargo, ha sido finalmente desmentida tras la publicación de nuevos textos, inéditos o no recuperados en la fecha de publicación de su artículo. Así, ha podido comprobarse que en determinadas ocasiones personas que habitualmente aparecían mencionadas únicamente como bn – NP eran nombradas también con su NP

(HELTZER 1982:12), como se aprecia en la siguiente tabla comparativa confeccionada por

D. Schloen (SCHLOEN 2001:211):

RS 16.126B+ (= PRU RS 11.715+ RS 19.86A RS 34.123 3 199):III 37ss (= KTU 4.69):VI (= KTU 4.633) (= KTU 4.761)

[L]Ú.MEŠ SANGA khnm khnm k[h]n[m]

[l]ÌR-du DUMU am-ma-da-na bn . amdn bn . amd[n bn amd[n

[l]ÌR-DINGIR-ti DUMU ka-bi-iz-zi

ltag-DINGIR-U DUMU da-ti-ni bn . dtn bn . [d?t?][n? [l]ia-an-ƒa-am-mu DUMU pí-zu-ni bn . pzny bn . pz[n][y bn p[zn]y [l]ku-un-am-mu DUMU ni-qa-la-a bn . nqly bn . nq[l][y bn nqly la-gáp-ŠEŠ DUMU ku-ni-yi

la-bur

5-ša-un DUMU <na> ma-ag-li-bi bn . mglb bn . mg[l][b bn mgl[b]

lSUM-DINGIR-U DUMU sí-na-ra-na bn . snrn bn . sn[r][n bn sn[rn

lia-an-ƒa-am-mu DUMU ši-gu-dì bn . ¢gd bn . ¢g[d] bn ¢g[d]

§3. J. Gray (GRAY 1952; 1952b; 1966), por su parte, creyó identificar en la documentación

tres elementos que permitían definir a la sociedad ugarítica como una sociedad de tipo feudal. En primer lugar destacó la estructura gremial según la que, en su opinión, se organizaban las diferentes agrupaciones profesionales. Mayor relevancia concedía, sin embargo, al ascendente socio-político del que gozaban los maryann , los principales integrantes de una clase guerrera especialmente vinculada con la corona. Por último, la expresión šd ubdy confirmaba la utilización por parte de la misma administración ugarítica de una terminología inequívocamente feudal. Gray relacionaba el término ubdy con la raíz árabe /’-b-d/ (‘to endure’), de donde deriva el adjetivo ’abad (‘perpetual’) lo que le llevaba a proponer el significado de ‘perpetual fief’ para la expresión ugarítica. Los responsables de la introducción de este régimen feudal en Ugarit serían individuos arios y hurritas procedentes del noreste, que invadieron la zona en torno al s. XIX a.n.e. En este sentido, sin embargo, posteriores estudios lexicográficos han demostrado el origen indoeuropeo de la palabra ubdy, cuyo significado real sería ‘land, plot, farming’1.

§4. D. Boyer (BOYER 1955:293ss)2, en su estudio de los textos jurídicos de Ugarit, efectuó

una distinción entre dos tipos de prestaciones feudales: ‘féodalité foncière’ vs ‘féodalité de fonction ou personelle’, modalidad esta última, que afectaba a los titulares de una función pública o a los miembros de una corporación profesional. De ella, sin embargo, no hablaremos aquí por cuanto no guarda relación con las aldeas.

1 DULAT p. 7.

2 En una visión virtualmente idéntica a la ofrecida más tarde por Schwarzenberg (S

Boyer consideraba que durante el período que cubren los archivos, Ugarit se caracterizó, en un proceso análogo al experimentado en el resto del Próximo Oriente, por la acentuación del carácter patrimonial de los feudos. Mientras que en tiempos de ¥ammurapi de Babilonia los feudos no eran ni hereditarios ni alienables, el debilitamiento de la autoridad real durante el Bronce Final provocó la transición hacia unos feudos que, ahora sí, eran susceptibles de compra, venta o donación, y cuyos servicios asociados fueron despojados del vínculo personal que poseían antaño.

El carácter patrimonial que atribuye al feudo creyó identificarlo en la proliferación de documentación que reflejaba la capacidad que tenía el propietario de disponer libremente del mismo para su venta, intercambio o donación. La presencia del rey en la celebración de estos actos, lejos de representar la existencia de algún tipo de control por parte de la monarquía, revestía un carácter únicamente testimonial.

Por otro lado, el feudo concedido por el palacio a un particular llevaba asociada la prestación de un servicio feudal en favor de la monarquía. El que no se precise la naturaleza de este servicio se debe, con toda probabilidad, a que no debió tratarse de un trabajo cualificado, pudiendo ser ejecutado o hecho ejecutar por cualquier propietario sin una preparación específica. Durante este período los servicios asociados a la concesión de un feudo se transformaron ellos también en un valor patrimonial susceptible de apropiación privada y pudiendo ser concedido en lugar, o además, de un bien inmueble.

La ‘féodalité foncière’, a pesar de estar ampliamente representada en la documentación, no afectaba a la mayoría de los inmuebles del reino de Ugarit. En cualquier caso sí tuvo una incidencia directa sobre las aldeas. La nueva aristocracia surgida del creciente proceso de feudalización pasó a controlar grandes dominios territoriales que incluían en su interior también aldeas. De esta forma se convirtieron en intermediarios entre el poder público y los pequeños propietarios que se hallaban en el interior de sus dominios. A esos grandes señores correspondía la tarea de asegurarse que los pequeños propietarios cumplieran con sus servicios personales obligatorios, prestaciones militares, pago de impuestos, etc.

§5. El último de los autores que defendió la existencia de un régimen feudal en Ugarit fue

A.F. Rainey (RAINEY 1962:26ss)3. Rainey definió el carácter feudal de la monarquía

ugarítica de acuerdo con unos criterios un tanto particulares, y en abierta oposición en cuestiones fundamentales con las propuestas interpretativas planteadas por Boyer.

Según Rainey, a diferencia de lo que opinaba Boyer, el rey era el propietario de todo el territorio de Ugarit4. Por tanto, a él correspondía la capacidad de dar y tomar tierras u otros beneficios como el cobro de determinados impuestos5, además de modificar el rango o clase social de sus súbditos. La entrega de un feudo variaba desde las grandes posesiones, incluso aldeas enteras, que donaba a altos dignatarios vinculados con la corte, hasta los pequeños lotes de tierras, ubicados alrededor de una determinada aldea6 o distrito7,

3 Además de en su tesis doctoral Rainey ha utilizado continuadamente la terminología feudal en trabajos siguientes (véase RAINEY 1965:18 y 24s, 1965b:112ss, 1965c:13ss, 1967:297s, 1967b:36, 1973:41).

4 RS 17.130 (= PRU 4 104):33s.

5 RS 16.153 (= PRU 3 146); RS 16.244 (= PRU 3 93), RS 16.276 (= PRU 3 69). 6 RS 16.247 (= PRU 3 65).

otorgados a las personas de rango más bajo. Los beneficiarios de esas entregas, a cambio, debían hacer frente al necesario cumplimiento de las ya conocidas obligaciones feudales ilku / pilku / unu¢¢u, consistentes en el desempeño de un cargo público8, la prestación de un servicio militar9, o de un oficio10. Además, la corona podía exigir la entrega de dinero como contrapartida a la donación efectuada. De todas maneras, el rey, una vez realizada la donación, conservaba la capacidad de regular ventas y sucesiones11 al frente de las propiedades otorgadas.

Pero a pesar de la continua utilización del término ‘feudal’, su conclusión sobre la figura del monarca ugarítico no deja de ser paradójica, al considerar que en realidad éste ejerció los poderes propios de un ‘déspota oriental’ (RAINEY 1962:245), una figura que

nada tiene que ver con las monarquías feudales.

§6. Como era de prever, la totalidad de dichas propuestas centran su atención en el mundo

urbano. Las únicas menciones explícitas a las aldeas se realizan en tanto que integrantes de los feudos concedidos a la aristocracia. Sin embargo, a pesar de que explícitamente es poco lo que se nos dice, resulta muy significativo aquello que puede entreverse a tenor del panorama descrito.

De la donación de aldeas enteras como feudos hereditarios hubieron de derivarse consecuencias políticas muy significativas para la vida de esas localidades, como resultado del tránsito de un control palacial a un predominio político de la nobleza territorial. El ejemplo paradigmático de este tipo de situación lo constituye la donación de la aldea de Y n a Amutar nu de forma hereditaria (adi d r ti) por parte de Ammi¢tamru II12. Sin embargo, y a pesar de que el texto en primera instancia parece lo suficientemente explícito, sorprende que la aldea de Y n , poco tiempo después de haberse efectuado la donación, participara como cualquier otra en el pago de impuestos al estado hitita13, en el suministro de personal para el ejército del reino14, o que hubiera en su interior personal del palacio15. A pesar de la donación, es evidente que la aldea continuó prestando servicios militares y pagando impuestos al palacio, de ahí que resultara necesaria la presencia de oficiales estatales para garantizar la transmisión y el cumplimiento de las órdenes.

7 RS 15.91 (= PRU 3 75). 8 RS 16.244 (= PRU 3 93). 9 RS 15.Y (= PRU 3 78). 10 RS 16.142 (= PRU 3 77).

11 Mediante, por ejemplo, el control de las adopciones que tenían por objetivo el mantenimiento de una línea de herencia en ausencia de heredero masculino (RAINEY 1965c:15).

12 RS 15.147 (= PRU 3 125). 13

RS 19.17 (= KTU 4.610). 14 RS Varia 38 (= KTU 4.784).

15 RS 18.99 (= KTU 4.380). Sobre la cronología tardía de los textos administrativos ugaríticos véase

VAN

Los otros tres ejemplos de donaciones de aldeas no resultan demasiado explícitos. En los casos de Šakn 16 y Kumba17, las aldeas, donadas también durante el reinado de Ammi¢tamru II, aparecen atestiguadas en un único documento, precisamente el que hace referencia a su donación. La no existencia de documentos en los archivos palatinos posteriores a esa fecha señalaría, en principio, un tránsito absoluto bajo una jurisdicción señorial. De todas maneras, el hecho de que tampoco exista documentación anterior nos obliga a ser cautos a la hora de hacer valoraciones. Finalmente, no es posible rastrear en la documentación el nombre de la aldea objeto de donación en RS 16.153 (= PRU 3 146), debido al estado fragmentario del documento. En cualquier caso, el ejemplo de Y n , por sí solo, basta para desmentir la existencia de aldeas controladas totalmente por la nobleza, tal y como proponían esos autores.

Además, como ya se ha dicho antes, en dos de los ejemplos de donación de aldeas se hace referencia a situaciones excepcionales como son la destrucción o despoblación de la localidad, con lo que no puede establecerse como una característica del feudalismo ugarítico la donación sistemática de aldeas a la nobleza.

Finalmente, S. Lafont (LAFONT 1998:608) ha llamado la atención sobre la no

aparición en las fuentes ugaríticas de conceptos como ‘vínculo personal’, ‘sumisión jerárquica’ o ‘fidelidad’, conceptos sin los cuales no tiene sentido continuar hablando de feudalismo.

§7. Modos de producción

Sin duda, la mejor síntesis sobre el modo de producción característico de las antiguas civilizaciones orientales es la publicada por M. Liverani (LIVERANI 1976) en el segundo

volumen de la obra colectiva L’alba della civiltà18. Liverani emplea aquí el concepto de modo de producción no en su sentido más amplio (formación socioeconómica), sino centrándose de forma específica en el análisis de la producción, lo que le lleva también al estudio de las características que adoptan las formas de propiedad de los medios de producción, los mecanismos de apropiación de los excedentes y su utilización. Dicho estudio está acompañado del análisis de cuestiones íntimamente vinculadas como pueden ser las relaciones de parentesco, la estratificación social, la circulación de bienes, etc. El autor en todo momento evita emplear la expresión Modo de Producción Asiático (MPA)19 propuesta por Marx20. En su lugar habla de ‘modo de producción palatino’ y ‘modo de

16 RS 15.114 (= PRU 3 112). 17 RS 16.202 (= PRU 3 152).

18 Allí se recogen las principales aportaciones realizadas por la escuela soviética (véase un resumen con bibliografía en ZAMORA 1997:18ss), así como la visión propuesta por las escuelas marxistas de Occidente. Posteriormente Zaccagnini (ZACCAGNINI 1989) retomó el tema, con criterios muy similares a los expresados por Liverani.

19 Nomenclatura que sí reivindica Zaccagnini (Z

ACCAGNINI 1989:55), el cual adecua las propuestas de Marx a la realidad de las antiguas civilizaciones orientales. En contra de la aplicación del MPA al estudio del Próximo Oriente Antiguo se han manifestado, por ejemplo, KOMORÓCZY 1978, DIAKONOFF 1976, 1982 y ZAMORA 1997.

20 Las características esenciales que Marx supone para las aldeas dentro del MPA son: (1) propiedad comunal de la tierra por parte de las aldeas. Los individuos, como miembros de la comunidad, son sólo poseedores de

producción doméstico’, como las dos formas de producción básicas que conviven en ese ámbito. De ahí que, por ejemplo, D. Schloen (SCHLOEN 2001:221), a la hora de definir esta

corriente teórica en el caso de Ugarit, utilice el término ‘two-sector model’.

Para Liverani la aldea constituía uno de los tres ambientes que conformaban el paisaje típico de los reinos sirio-cananeos. El primero era el ámbito urbano, donde el ejercicio del trabajo dependía del vínculo personal establecido con la administración. Junto a él convivía un sector eminentemente ganadero, en el que los grupos gentilicios controlaban amplias extensiones de tierra, aunque el concepto de propiedad era especialmente intenso en torno a determinadas áreas (pozos, tumbas). Finalmente, el paisaje agrícola se hallaba dominado por las aldeas, con una explotación parcelada del terreno y con una arraigada concepción de la propiedad de la tierra en el seno del núcleo familiar.

Estos tres ambientes, a pesar de ser coetáneos, se encontraban en un distinto estado de desarrollo. Las principales innovaciones tecnológicas y organizativas se concentraban en la ciudad, se difuminaban en las aldeas y prácticamente desaparecían en estepas y bosques. El resultado fue la convivencia de dos modos de producción. Por una parte el modo de producción palatino, que conocía la especialización del trabajo, la concentración del excedente, la escritura, la metalurgia, etc.; y por otro, el modo de producción doméstico, el propio de las aldeas, que permanecía al margen de las características anteriormente descritas. El resultado fue la convivencia de dos tipos de estructuras sociales, una articulada en clases y otra igualitaria, y dos economías distintas, una basada en el excedente y la otra de subsistencia.

La convivencia de esos dos modos de producción se fundamentaba en una relación de dominio por parte del primero, más evolucionado, eficiente y complejo. El modo de producción palatino utilizó en beneficio propio el modo de producción subalterno, a partir de la apropiación de excedentes y fuerza de trabajo, de los que dependía para su funcionamiento. Dentro de este panorama la aldea representó un doble papel. Por una parte, a pesar de su relación con el palacio, no dejaba de constituir el vestigio de un modo de producción no especializado, preurbano, articulado en torno a unidades autónomas y autosuficientes. Pero por otra, suponía la base indispensable del modo de producción hegemónico, aquél basado precisamente en la especialización y la organización palatina.

En el modo de producción doméstico la casa constituía la unidad básica. Los medios de producción, básicamente la tierra y el ganado, pertenecían a la familia, representada por el padre, que los transmitía en herencia a sus hijos. Las principales actividades económicas estaban relacionadas con la subsistencia (producción de alimentos, fabricación de utensilios, almacenamiento de los productos recogidos y de la simiente para el año próximo) siguiendo siempre criterios de autosuficiencia. La única diferenciación en el trabajo era la impuesta por la edad y el sexo de los miembros de la familia. Los aldeanos eran personas libres desde un punto de vista económico, en tanto que propietarios de los medios de producción, lo que les permitía organizar su trabajo en función de sus propias decisiones.

la misma; (2) existe una autoridad superior (déspota) que se presenta como el único propietario de toda la tierra; (3) esa autoridad superior demanda y recibe excedentes en forma de productos y trabajo procedente de las aldeas en forma de tributos y corveas; (4) las unidades productivas son individuales, sin distinguir entre agricultura y manufacturas.

En el interior de la aldea, sin embargo, se daban también vínculos que superaban los estrictamente familiares, para extenderse al conjunto de núcleos que formaban la comunidad. Prueba de ello era el uso comunitario de instalaciones, la reciprocidad en los préstamos, así como la solidaridad en el desarrollo de los trabajos de mayor envergadura.

Por lo que se refiere a sus relaciones con el palacio, la aldea constituía, antes que nada, una unidad de trabajo y obtención de excedentes de producción. De manera unitaria debía proporcionar hombres para corveas, reclutamientos, así como afrontar la fiscalidad impuesta por la autoridad central.

La coexistencia de los dos modos de producción, palatino y doméstico, determinó también dos formas básicas de propiedad de la tierra: la familiar y la palatina. Las tierras familiares podían ser explotadas directamente por la familia propietaria, alquiladas o