La crisis del Imperialismo
VII. La crisis general del capitalismo Primera fase: 1967-
4. C ONSECUENCIAS DE LA CRISIS PARA LA POLÍTICA EXTERNA NORTEAMERICANA
La política externa de los gobiernos demócratas de la primera mitad de la década del 60 estuvo marcada por una posición ofensiva que reflejaba la confianza de la administración demócrata en las posibilidades de realizar una política reformista interna y asegurar un periodo de crecimiento económico ininterrumpido. Desde el punto de vista económico, el crecimiento de Estados Unidos a una tasa anual media de 5% parecía asegurar un valor absoluto del producto nacional suficiente para considerar a Estados Unidos como “la única potencia mundial” y a la Unión Soviética como una potencia mediana al lado de Japón, Alemania e Inglaterra.
El hecho de que la economía creciera de manera ininterrumpida en el mayor boom económico de la historia norteamericana permitía anunciar el fin del capitalismo cíclico y la era de la sociedad opulenta, en la cual los conocimientos prácticos de política económica (particularmente fiscal) permitían asegurar el crecimiento ininterrumpido de la economía. El optimismo económico permitía alimentar un gran optimismo político interno e internacional. La crisis de los cohetes espaciales cubanos fue el inicio de una ofensiva militar y diplomática que permitió a Estados Unidos recuperarse de inmediato del fracaso provocado por la malograda invasión de Bahía Cochinos y aplicar enseguida una sucesión de golpes militares antipopulares cuyas expresiones más evidentes fueron Brasil e Indonesia. La ofensiva militar en Vietnam y la invasión de la República Dominicana revelaban la confianza en la capacidad de Estados Unidos para generalizar los pequeños conflictos, transformándolos en amenazas de guerra más amplias y obteniendo así la hegemonía militar en la situación. En América Latina, la aplicación de una política antiguerrillera y de seguridad nacional con tropas entrenadas y la formación de cuerpos especializados en las técnicas de antiguerrilla y antimotines, la asistencia a las policías locales, la ayuda militar a esta nueva orientación estratégica, permitieron destruir o aislar a los focos guerrilleros. Esta política represiva se combinaba con la imagen de una política de reformas: la lucha por los derechos civiles y contra la pobreza en el interior de Estados Unidos, ligada a una política de “ayuda” externa consustanciada en programas aparentemente reformistas como la Alianza para el Progreso, el apoyo a las reformas sociales moderadas, a la “revolución en libertad” de la Democracia Cristiana en Chile, la ampliación de las relaciones económicas con el bloque socialista.
Se trataba de una política ofensiva a todos los niveles que parecía abrir a Estados Unidos una era de dominio político mundial incontrastable.
En el plano económico interno, la política de crecimiento acelerado mostró las limitaciones de la economía norteamericana. En pleno auge económico, el desempleo no bajó de menos de 3.4% de la fuerza de trabajo (hay varios autores que duplican las cifras oficiales de desempleo; en tal caso, el porcentaje real se elevaría al 6.8%), y es necesario considerar que gran parte de la fuerza de trabajo ocupada se encuentra no sólo en las actividades industriales, comerciales y de servicio que sirven a la economía militar sino también reclutada por las fuerzas armadas debido a la guerra.
Por otro lado, a la amenaza de crisis de 1966 se respondió con un gran aumento del consumo militar estimulado por los bombardeos a Vietnam del Norte y una ampliación de las inversiones militares muy superior a las posibilidades de la demanda. Era claro que el único estímulo a las inversiones capaz de paralizar el proceso recesivo eran las compras militares. La militarización de la economía había alcanzado un gran auge y los gastos militares en el interior y en el exterior llevaban a un creciente déficit del presupuesto y de la balanza de pagos, respectivamente. Sin embargo, aun así estas medidas no permitieron liquidar la amenaza de recesión. En el segundo semestre de1969, la recesión empieza a hacerse realidad. En 1970 se llega a una baja absoluta de la producción, de las inversiones, de la demanda y a una tasa de desempleo del 5.6%. La aparición de una inflación de muy difícil control venía a completar este cuadro que señalaba el fin del boom económico a los seis años de la política pos cíclica.
Todo esto estaba tremendamente agravado por los mismos fenómenos que habían permitido el boom. La guerra y la redistribución del ingreso a favor de las ganancias y de la reinversión masiva no sólo no permitían poner en práctica una real política de reformas en el interior, sino que llevaban al crecimiento de un vasto movimiento de oposición: la lucha de los negros por los derechos civiles (el SCLC de Luther King) se convierte en lucha por el del pueblo negro y de las clases oprimidas de la sociedad blanca (Panteras Negras); la lucha contra la extensión de la guerra de Vietnam y contra el reclutamiento militar se convierte en lucha contra el imperialismo norteamericano en Asia; la lucha contra la pobreza abre un gran frente negro, puertorriqueño, mexicano y de blancos pobres; aparece el movimiento de liberación de las mujeres contra la “opresión del sistema”, comparada a la ejercida sobre los negros; el frente sindical empieza a quebrarse con la aparición de los sindicatos negros revolucionarios en Detroit y el aumento de las luchas salariales y huelgas provocadas en parte por la inflación (según la Oficina del Trabajo,. el año 1969 fue el de mayor número de conflictos laborales en Estados Unidos desde la posguerra); aparecen los movimientos contra la contaminación provocada por las empresas “irresponsables”, hoy día ligados a la defensa del ambiente y en contra de la destrucción capitalista; finalmente, la violencia social llega a un gran auge, la muerte de los negros en la calle es seguida por la muerte directa de sus dirigentes; la violenta represión a la Convención Democrática en Chicago es
seguida por la masacre en el People’s Park y por la muerte de los estudiantes de Kent; aparece el movimiento terrorista contra las empresas ligadas a la guerra, los locales militares y la policía; el movimiento de los GI alcanza un gran auge.
Se ve así que el frente interno de Estados Unidos en 1970, más que parecerse a la Nueva Era de Kennedy o a la Gran Sociedad de Johnson, se parece a la gran desarmonía y a la gran crisis que llenan las páginas de los periódicos norteamericanos.
En el frente internacional, la situación no era menos grave. Las aspiraciones de hegemonía mundial norteamericana fueron en gran parte afectadas a nivel económico por la pérdida constante de posición de Estados Unidos en el comercio mundial y la crisis del dólar.
La expansión de los capitales norteamericanos en el exterior se ve amenazada por el gigantismo de su propia dinámica y genera una enorme reacción en su contra por parte de sus propios aliados. La inversión extranjera muestra también la estagnación económica interna y la preferencia del capital por los otros mercados, lo que se agrega a la baja relativa de las exportaciones en relación a las europeas y japonesas.
El resultado a nivel económico es, pues, muy diferente de lo que las previsiones optimistas apuntaban. Estados Unidos no aparece al fin de la década como la única potencia mundial cuyo producto nacional bruto crece anualmente en una cantidad igual al ingreso nacional de Francia, Alemania y Japón se presentan como amenazantes competidores de Estados Unidos; a pesar de una baja general del crecimiento de los países capitalistas, su coyuntura no era entonces tan crítica como la norteamericana. (La situación cambió a partir de 1972, cuando Estados Unidos empezó una recuperación al mismo tiempo que Europa continuaba una recesión bastante grave.
La Unión Soviética había continuado su crecimiento económico, que, pese a haber perdido parte de su vitalidad en la década del 60, fue mucho mayor que la tasa de crecimiento norteamericana. En el plano militar, alcanza al final de la década el equilibrio estratégico con Estados Unidos y tiende a sobrepasarlo. Los avances en el plano de la conquista espacial, que buscaban consolidar la superioridad norteamericana, no parecen ser tan significativos frente a la diferencia de orientación de la Unión Soviética; menos espectacular pero bastante efectiva. Por otro lado, la industria espacial norteamericana entró en una aguda crisis y los gastos gubernamentales en la industria espacial bajaron significativamente.
La presencia militar soviética empieza a crecer en todas partes, en Asia, en África, en el Mediterráneo, en América Latina.
Más grave aún, la derrota de las tropas norteamericanas en Vietnam se hace manifiesta. Vietnam había sido convertido en un trágico laboratorio de la guerra anti guerrilla para demostrar la posibilidad de derrotarla. El resultado fue desastroso; quebró el frente interno, no logró la victoria en Vietnam y la guerra se extendió a toda Indochina.
En 1965-66 Estados Unidos amenazaba con una invasión a China, tal era su optimismo. La revolución cultural china y la preparación de todo su pueblo para esta invasión, la posición internacional revolucionaria del Partido Comunista Chino en el periodo y su entrada en la era atómica no sólo han disuadido cualquier intento de invasión sino que han cambiado la correlación de fuerzas en Asia y han permitido a China, después de los fracasos de su política internacional de 1965 a 1968, retornar la ofensiva política en Asia y aun en África, al reanudar sus relaciones con varios países y recibir delegaciones de varias partes. Esta política es coronada con el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos y su incorporación a las Naciones Unidas con plenos derechos. Se rompió así un aislamiento de años. Posteriormente discutiremos el vuelco a la derecha de la política exterior china y sus consecuencias.
En el Mediterráneo, el estímulo y el apoyo a la victoriosa blitz israelí de1967 lanzaron al gobierno norteamericano a una dificilísima situación con sus aliados árabes, permitieron el desarrollo de la revolución palestina y la radicalización política antiimperialista de los pueblos árabes. Posibilitaron asimismo el avance de la presencia soviética en el área y aun en el Mediterráneo. La consecuencia necesaria lo fueron la contraofensiva árabe de1973 y el bloqueo petrolero.
El frente europeo no fue menos vulnerable. Después de enfrentarse a la ofensiva gaullista intentado ridiculizarla y presentado sus tesis como opuestas a sus intereses, Estados Unidos ve en 1970 parte de las banderas de De Gaulle en manos de la socialdemocracia alemana con la apertura al oriente de Willy Brandt. Y ve también a los monopolios europeos en una rápida política de expansión hacia los mercados de los países socialistas, no pudiendo impedir que Japón y Canadá sigan el mismo camino. Para asegurar la unidad del mundo capitalista y su hegemonía, a Estados Unidos no lo queda más que aplicar la política de división en zonas de influencia en el interior del sistema. Asimismo, esta política se hace desde esta época más urgente debido a la necesidad de disminuir los gastos militares en el interior, los cuales llevan al déficit de la balanza de pagos en el momento de más aguda presión sobre el dólar.
La presión sobre el dólar se hizo aún más violenta cuando su principal aliado europeo, Inglaterra, continuaba sufriendo una intensa crisis interna y externa, con la dudosa posición de la libra y las puertas del Mercado Común Europeo cerradas, en esa época, a su entrada. En América Latina, la política de estimular los regímenes
militares “modernizadores y reformistas” había generado una aguda crisis. Por un lado, los militares no logran acabar completamente con la inquietud social: al persistir en el carácter represivo de sus gobiernos y en una política de reformas de carácter muy limitado, como quedó demostrado en Brasil y Argentina en los años 1967 a 1969. Por otro lado, los militares insisten en consolidarse como poder nacional militar y no quedar limitados a la condición de fuerzas policiales represivas internas; así buscan modernizar sus fuerzas armadas regulares, en contra de los deseos de Estados Unidos.
Otros grupos militares, por su lado, buscan precipitar la política reformista y obligar a Estados Unidos a hacer concesiones, así como al capital extranjero a aceptar la tutela del Estado para reorientar sus inversiones. Este es el caso de Perú, en parte el de Bolivia durante el gobierno de J. J. Torres, y también el de grupos militares en Brasil, Argentina y otros países donde no están, sin embargo, en el poder.
Finalmente, los intentos de reformismo civil, como la “revolución en libertad” en Chile y la “transformación nacional” en Colombia llevan a la derrota electoral en Chile, o a una dudosa victoria, frente a la violenta sorpresa que representó la extraordinaria votación que recibió Rojas Pinilla en Colombia.
Muchos otros hechos podrían ser agregados para demostrar que la ofensiva económica, política y militar de las administraciones Kennedy-Johnson no solo había llegado a un rotundo fracaso, sino que había desgastado todo un universo ideológico bien armado para justificar el optimismo y condujo a una necesaria posición defensiva en los planos interno y externo.
Hay que caracterizar bien esta posición defensiva. Se caracteriza sobre todo por la indefinición política y estratégica, la toma de decisiones extremadamente pragmáticas, la necesidad de aceptar la pérdida de varias posiciones, la tendencia a actuar irracional, violenta y reaccionariamente en otras oportunidades. Por otro lado, no se puede decir que no existía una clara conciencia de los cambios operados en esos años. El diagnóstico existía y asimismo se lanzaron desde entonces las bases para una revisión estratégica global. Esta estrategia es, sin embargo, muy limitada y depende hasta nuestros días de muchos ajustes y clarificaciones.