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L A RECUPERACIÓN ECONÓMICA EN E STADOS U NIDOS

In document Imperialismo y dependencia (página 187-193)

La crisis del Imperialismo

VIII. 1972-73: La recuperación económica y sus límites

1. L A RECUPERACIÓN ECONÓMICA EN E STADOS U NIDOS

A partir del segundo semestre de 1971, se puede decir que hay una recuperación económica en Estados Unidos. Sin embargo, hay que calificarla y entender sus alcances. Estados Unidos se recuperó entre 1972 y 1973 de la crisis de coyuntura que se definió entre 1969 y 1971. Pero en esta recuperación no se tocó ninguno de los problemas estructurales que padece Estados Unidos, y que son la verdadera causa de sus crisis. La principal causa es la supervivencia de la forma capitalista de producción, basada en la gran empresa multinacional contemporánea. Evidentemente, no se puede esperar que las fuerzas políticas del establishment norteamericano se propongan cambiar radicalmente el sistema que las sustenta. Pero los problemas básicos del sistema capitalista se manifiestan como problemas inmediatos, que exigen alguna forma de actuación. Entre ellos, está el problema del desempleo estructural que vive la economía norteamericana, que no va a ser resuelto de manera definitiva y que a pesar de alcanzar de manera absoluta a una mayoría blanca, desde el punto de vista relativo afecta más fuertemente a las minorías nacionales (los negros, chicanos y puertorriqueños) ; está la militarización de la industria, a un nivel que no sólo sacrifica enormemente a los contribuyentes, sino que empieza a crear una burocracia militar y un parasitismo peligrosos para la propia clase dominante; está la ausencia de un mercado interno capaz de absorber los grandes excedentes de capital que existen en las grandes empresas; está, en fin, el problema de las tendencias estructurales del comercio mundial, que desfavorecen a aquellas industrias norteamericanas que utilizan mayor proporción de mano de obra.

La imposibilidad de resolver estos problemas es lo que impide que haya, una solución definitiva para la crisis norteamericana.

El estudio detenido de los datos respecto de la recuperación que se produjo entre el segundo semestre de 1971 y octubre de 1973 nos permite comprender la dimensión de estos problemas, cuya no solución llevó a la depresión de 1974-75, que estudiaremos a partir del próximo capítulo,

El primer dato que nos cabe destacar es el repunte del crecimiento económico. Después de una baja acentuada en 1967, 1969 y 1971, tenemos dos años de relativo auge. En 1972 y 1973 el producto nacional bruto de

Estados Unidos creció anualmente en 5.9%. Lo importante es señalar que esta recuperación de la tasa de crecimiento tuvo un carácter generalizado entre los países capitalistas desarrollados.

En Japón, por ejemplo, después de una rebaja de su ritmo de crecimiento entre 1970-71 retorna en 1972 una alta tasa de crecimiento del PNB(8.9%) y en 1973 (11%).

Francia, que fue menos afectada por la recesión de 1970-71, creció el 5.4% en 1972 y el 6.7% en 1971. Italia, que llegó a bajar su tasa de crecimiento al 1.2% en el depresivo año de 1971, se recupera en parte en 1972 (3.4%) y sensiblemente en 1973 (5%).

El Reino Unido, cuyas tasas de crecimiento son las que más reflejan la gravedad de la crisis capitalista, después de haber rebajado el ritmo de aumento del PNB a 2.31% en 1971, se recuperó en parte en 1972 (3.8%) y sensiblemente en 1973 (5.8%).

Alemania Federal, que bajó su fuerte ritmo de crecimiento al 3.1% en1971, presentó un ritmo aún bajo en 1972 (3.7%) pero ya presentaba claras señales de recuperación en 1973 con el 5.3%.

Estos datos permitieron el repunte del optimismo en los países industriales así como las afirmaciones más petulantes respecto de las excelencias del capitalismo. Ello se reflejaba aún a principios de 1974, en el Informe Económico Internacional del Presidente de Estados Unid0s.l “El año pasado, dice el informe, las mayores naciones idustriales experimentaron, por primera vez desde 1951, condiciones simultáneas de auge económico.”

El auge se manifestaba sobre todo en el comercio mundial, que alcanzó un nivel muy alto de operaciones. Este crecimiento de las compras internacionales afectó muy favorablemente la balanza comercial de Estados Unidos. De un déficit de 917 millones de dólares en 1971, presentó un superávit de 714 millones en el tercer trimestre de 1973. A partir del cuarto trimestre el aumento del precio del petróleo y la baja del comercio mun- dial llevarán a un desgaste progresivo de este resultado.

1 International Economic Report of the President (Together With the Annual Report of the Council on International Economic Policy), presentado en el Congreso en febrero de 1974. Washington.

Los datos parecían pues confirmar las apreciaciones optimistas del presidente Richard Nixon en su informe al Congreso sobre el estado de la economía en febrero de 1974:

Estados Unidos inicia 1974 en una posición de liderazgo en la economía internacional. El dólar está fuerte, tenemos relaciones económicas constructivas a través del mundo, y contamos con una mayor libertad de acción a resultas de nuestra gran capacidad de producir. Tenemos que asumir las responsabilidades y las oportunidades [sic] que esta posición de liderazgo nos ofrece.2

El orgullo del presidente Nixon parecía justificarse aún más porque estos resultados halagüeños habían sido consecuencia de la Nueva Política Económica que él había iniciado a mediados de 1971 y cuyos objetivos centrales eran aumentar la producción y el empleo internamente, corregir el déficit persistente de la balanza de pagos y contener la inflación. Los tres primeros parecían resueltos y sólo el cuarto objetivo causaba problemas, pues la inflación se mantenía superior al 5% y por lo tanto a los índices de1971. Pero ¿pueden estos fenómenos ser vistos aisladamente? El propio presidente de Estados Unidos tenía que reconocer que:

Evidentemente, el progreso en los tres primeros objetivos está conectado con la decepción en relación al cuarto. El rápido avance hacia el pleno empleo [i con 4.6% de desempleados!], la expansión de las exportaciones netas y la reducción del valor del dólar para hacer más competitivo a Estados Unidos, todo eso contribuyó al resurgimiento de la inflación.

¿Qué se puede pues hacer?

Tener “paciencia”, pues para detener la inflación hay que provocar una recesión con baja de la producción y del empleo y para retomar el crecimiento de esos factores hay que aceptar la inflación. “Necesitamos una política muy fina”, comenta el presidente.

Había que acrecentar otra contradicción, que aparece más disfrazada en el planteamiento de Nixon. Para aumentar las exportaciones hay que debilitar el dólar, al debilitar el dólar se debilita el poder de compra de los gastos militares de Estados Unidos en el exterior y la capacidad de expansión de sus empresas en el extranjero, y viceversa.

El optimismo no se justifica por lo tanto. El auge económico de 1972-73 mostró más que cualquier otra cosa los límites del capitalismo contemporáneo y la grave crisis que afronta. Analicemos con un poco de cuidado los datos.

El crecimiento del mercado mundial y el fortalecimiento relativo de Estados Unidos estuvieron ligados muy significativamente a dos fenómenos: el aumento de precio de las materias primas y, sobre todo, de los productos agrícolas como consecuencia de las malas cosechas de 1973 y de las enormes compras que realizaron la URSS y otros países socialistas en los mercados occidentales. Tales hechos no pueden ser permanentes y si lo son representan un factor de preocupación para el gobierno norteamericano.

Asimismo, el enorme aumento de precios que supone esta escasez relativa provocaría necesariamente una alza ulterior en la producción, como sucedió en 1974-75.Asimismo, esta lucha por precios relativos en la economía mundial sólo podía romper el “entendimiento” que de hecho Estados Unidos había impuesto a sus compradores al devaluar el dólar dos veces, aumentar el precio oficial del oro y posteriormente, en 1971, culminar estas agresiones decretando el fin del respaldo en oro al dólar. Sus competidores tenían muy pocas alternativas frente a esta ofensiva pues tanto Japón como Alemania tenían inmensos recursos en dólares. Su única alternativa era apoyar a sus agresivos socios norteamericanos.

El otro factor que revelaba la debilidad estructural de la recuperación eran los angustiantes datos sobre el desempleo. A pesar de haber alcanzado una tasa de aumento de la producción del 5.9% durante dos años, una de las más altas de la posguerra, la tasa de desempleo bajó muy lentamente hasta el 4.6%, en los meses más favorables.

Esto revela que las condiciones de pleno empleo de la economía de este país implican una tasa de desempleo del 4% al 5%. ¡Es decir, 1.2% más alta que la de los años 60! En su testimonio ante la Comisión Conjunta Económica del Congreso sobre el Informe Económico del Presidente en1972, el profesor de Berkeley, R. A. Gordon señalaba:

El objetivo del 4% [de desempleo en relación a la fuerza de trabajo total, que estableció la administración de Kennedy como el ideal a alcanzar] era considerado solamente provisional hasta la adopción de una marca más baja. Ahora escuchamos planteamientos de la actual administración sobre una tasa “provisional” del 4.5% al 5.0%, hasta que los más amplios programas de mano de obra y otras políticas otra vez hagan posible una marca más baja.

Podemos decir lo mismo de las demás economías capitalistas. La recuperación de 1972-73 no produjo una baja significativa de las tasas de desempleo de los países más ricos. Y este dato es aún más grave si consideramos que la tasa media de desempleo ha aumentado desde los últimos años como efecto de la crisis general del capitalismo que estamos estudiando.3

En lo que respecta por tanto a los datos de desempleo, la recuperación capitalista de 1972-73 sólo demostró la tendencia a aumentar lo que se ha llamado “desempleo estructural”, el cual es consecuencia de la incapacidad de la economía para absorber la mano de obra liberada por el progreso técnico.

Queda por señalar el papel creciente de la inflación. La recuperación de 1972-73 no se hubiera producido sin un fuerte estímulo de la inversión y ayuda estatal, sea a través del favorecimiento de la exportación, sea a través de exenciones fiscales, sea a través de rebajas de la tasa de descuento que provocan una baja de la tasa de interés.

Los datos sobre el endeudamiento de las instituciones e individuos en Estados Unidos son impresionantes. El débito total público y privado de Estados Unidos creció de 486 200 millones de dólares en 1950 a 2 billones 525 800millones el 31 de diciembre de 1973. Entre 1960 y 1973 las deudas de las corporaciones crecieron el 267%, las de individuos el 212%, las del gobierno (federal, local y estatal) el 93%4

Este alto nivel de endeudamiento muestra los límites de un crecimiento económico que exige más crédito aún y la sensibilidad de la economía respecto de una depresión prolongada en la cual los deudores son llevados masivamente a la quiebra. Cuando pensamos que un norteamericano medio debe un dólar por cada cuatro que

3 Hasta hace poco las altas tasas de desempleo de Estados Unidos eran consideradas anormales o patológicas y se pretendía que las bajas tasas europeas y de Japón eran las normales hacia las cuales tendía el capitalismo de pleno empleo y poscíclico. Estas perspectivas optimistas no tomaban en consideración los diferentes métodos de cálculo norteamericano y europeo cuyo ajuste estadístico hace aumentar bastante las marcas de estos países. Por otro lado, en los estudios anuales de Monthly Labor Review sobre el desempleo en 8 países, hechos por Somentino y Moy, se puede comprobar que desde 1968 hasta 1973 la tasa de desempleo de Australia creció del 1.5% al 2.2%; la de Canadá, del 4.8% al 6.3%; la de Francia, del 2.7% al 2.9%, la de Gran Bretaña, del 3.7% al 6.2%; Italia, Japón, Suecia y Alemania parecían ser la excepción al conservar más o menos estables sus tasas de desempleo. Esta estabilidad fue sin embargo violentamente rota con la depresión de 1974-75

recibe (después de pagados los impuestos), podemos entender también las dificultades crecientes para provocar un aumento de la demanda a través de mayores créditos.

Es necesario tomar en consideración también los efectos sociales de la inflación. Si el desempleo es causa de constante trastorno y conflicto en Estados Unidos, siendo responsable del incontenible aumento de la criminalidad en este país, la inflación tiene efectos muy duros en el consumo de las masas.

Según cálculos de US News and World Report,5 un obrero típico que ganaba 7 350 dólares anuales con mujer y dos niños quedaba con 6 457 dólares anuales en junio de 1973, después de descontar sus impuestos. Este mismo obrero típico, en junio de 1974 ganaba 7 680 dólares anuales pero, por efecto del aumento de 10.2% en el costo de vida, quedaría con un salario real de 6 095 dólares anuales luego de impuestos, bajando así su consumo real en 362 dólares anuales.

Un ejecutivo de corporación típico con esposa y dos hijos que ganase 25 000 dólares anuales en junio de 1973 y 27 500 en junio de 1974, habría reducido su poder de compra en 434 dólares al final del año (en una proporción bastante menor que el obrero debido a las facilidades que le proporciona la tan exaltada taxación “progresiva” norteamericana).

Un típico pensionado de la seguridad social, viviendo solo, que recibía 2 000 dólares anuales en junio de 1973 y 2 140 en jumo de 1974, habría perdido 58 dólares en poder de compra a fines de año.

Podemos apreciar cómo los sectores de más bajos ingresos son despiadadamente afectados por la inflación, así como los asalariados en general.

Los datos comprueban que el optimismo del presidente Nixon no era justificado. Los años de recuperación de 1972 y 1973 no hicieron otra cosa que mostrar que la crisis capitalista era demasiado grave para resolverse sin transformaciones estructurales profundas y que no podemos esperar un ciclo de acumulación significativo antes de que el sistema pueda enfrentar sus problemas.

Esto no impidió sin embargo que la burguesía norteamericana, con el empirismo que la caracteriza, se aprovechase al máximo posible de las circunstancias favorables de 1972-73, por más efímeras que fuesen, para intentar una ofensiva interna e internacional distribuyendo golpes por todas partes, hiriendo a quien

fuese, saltando todas las barreras morales y aun sobreponiéndose a la mínima sabiduría política, guiada por su aventurero presidente y el ilustrado profesor de “ciencia” política que dirigía su ministerio de relaciones exteriores.

In document Imperialismo y dependencia (página 187-193)