El dilema sobre "Ciencia y Materialismo", que con antelación propusimos a nuestros lectores, ha permanecido intacto. Las alegaciones de don Francisco Zamora son clarísimo ejemplo del sofisma que estriba en "ignorar la cuestión". Cuando, precisamente, se discute si la materia puede ser destinada como la esencia universal, premisa indeclinable de todo materialismo congruo, el señor Zamora argumenta (ignorando la cuestión a debate), sobre si es posible negar el pensamiento. Lo que recuerdo, agravándolo, el insulso diálogo de los libros en que suelen practicarse el aprendizaje inicial de las lenguas: ¡Tiene usted los zapatos de mi vecino! – "No señor; pero sí el bastón de mi hermano".¡ IGNORATIO ELENCHI! PARALOGISMO TÍPICO de la confusión de ideas.
Este innoble recurso tan gastado y corrompido, es la muletilla de los dialécticos zurdos. Los literatos metidos a filósofos, piensan tal vez engañar a los ignaros sirviéndoles a guisa de razones, estas pobres Falacias; pero en buena lógica están vedadas y descalifican a quien de ellas se sirven para suplir cultura y ciencia; son armas viles en el desarrollo orgánico de la buena dialéctica. Dejan inmaculados los dilemas que pretenden retorcer. Pensar no consiste en el amontonamiento de citaciones inoportunas, que sólo deslumbran a los bobos; sino en deducir de principios evidentes, argumentaciones oportunas. Es ley de la razón humana que no pueda suplirse con subterfugios, ni anonadarse con frases rimbombantes. La escritura consigna que "es infinito el número de los estultos". A ellos llegarán los párrafos marxistas que el señor Zamora extrae, trabajosamente de sus "clásicos" materialistas históricos.
Y, por lo que mira al dilema de la dialéctica y el materialismo, nuestro impugnador recurre a una nueva sofistería, tan burda como la primera. Distingue entre la "materia en su acepción física" y la "materia como categoría filosófica". Tan informe bagatela se formula así: "La tranquilidad consiste en barajar, confundiéndolos, el significado físico del término 'materia' –que es también el corriente– con la acepción filosófica del mismo". Según el señor Zamora la "materia" de la especulación ontológica nada tiene que hacer con la que palpamos con las manos y vemos con los ojos. Una, la de los metafísicos, es abstracción, "categoría"; la otra, la de los físicos "es la sustancia extensa e impenetrable, capaz de revestir todas las formas".
Al leer los conceptos transcritos, hemos quedado en actitud de asombro. Sería, en verdad, el caso de aplicar (¡de nuevo muchas gracias señor Zamora!), la sentencia de Freud, que nos sirvió el articulista aludido en su próxima pasada producción: "Cuando pensamos abstractamente, corremos el riesgo de desatender las relaciones de las palabras con las representaciones objetivas. No puede negarse que nuestro filosofar alcanza entonces una indeseada analogía de expresión y de contenido, con la labor mental de los esquizofrénicos".
¿Qué querrá decir el señor Zamora cuando asegura que una es la "materia física" y otra la misma materia como "categoría filosófica"? ¡Nadie puede averiguarlo! Ni Marx, ni Engels, ni Lenin; ¡tal vez sí lo pudiera, Freud! La palabra "categoría", según Aristóteles, vale tanto como modo de atribución de un predicado a un sujetó; procede, el término, del verbo griego que significa "afirmar". Por ende, la materia como "categoría filosófica" si no resulta en sí ininteligible, no puede ser diversa de la materia desde el punto de vista físico. El materialismo exalta al puesto supremo, ontológico y universal, lo que otros sistemas no ponen en tan exclusivo punto. Diga lo que quiera el señor Zamora, la "categoría filosófica" y la "materia" de los laboratorios, se identifican en la significación unívoca del propio vocablo.
Mas, algo aún se columbra, a través de la brumosa, abracadabrante sofistería que se nos exhibe; algo que justifica, acaso el rótulo elegantísimo de este artículo. Helo aquí, íntegro: "El socialismo materialista no niega la existencia del pensamiento (¡retorno de la "idea fija" de la negación del pensamiento!); ni afirma que es una realidad material física, en el sentido de que ocupe un lugar en el espacio, o de que pueda tocarse con el dedo. TAMPOCO SON TANGIBLES NI OCUPAN LUGAR PROPIO EN EL ESPACIO LAS IMÁGENES DE LOS ESPEJOS, cuya realidad puramente ideal no se atreverá a afirmar ningún filósofo por idealista que sea".
¡Esto que acaba de leerse es alcanzar el ápice de lo sublime esquizofrénico! Nos hallamos transidos de la más pura y reverente admiración, luego de enterarnos del texto inmortal. El señor Zamora juzga que "NO OCUPAN LUGAR PROPIO EN EL ESPACIO LAS IMÁGENES DE LOS ESPEJOS". Según el caballero, cuando uno se mira al espejo, su imagen no ocupa "lugar propio en el espacio". Si el señor Zamora no está frente al espejo, es material, ocupa un "lugar propio en el espacio 2"; pero si el señor Zamora se contempla en el espejo, su imagen ya no ocupa "un lugar propio en el espacio". El señor Zamora es tan inmaterial, entonces, como San Rafael o San Miguel. ¡Maravillosamente freudiano es esto, y aún, un tanto esquizofrénico!... Ahora sí nos explicamos el difícil tránsito, "la tranquila", que dice don Francisco. Ya pasamos de la "materia extensa e impenetrable", que ocupa su sitio en el espacio, a la "categoría metafísica". Así se filosofa, con espejismos. Por medio de este útil maravilloso, un simple espejo, se efectúa el tránsito ontológico del materialismo físico al metafísico, fundamento indeclinable del "socialismo materialista y científico". ¡Apoteosis!
Agrega el señor Zamora, refiriéndose a las imágenes de los espejos: "cuya realidad puramente ideal no se atrevería a afirmar ningún filósofo por idealista (íbamos a leer «por filosófico») que, sea". Tiene razón que le sobra nuestro impugnador. Ningún filósofo idealista, en efecto, tomará nunca nada material, nada que se extienda en el espacio, como idea. La materia no es pensamiento, ni siquiera adelgazada o sublimada en imágenes. La idea tiene otra realidad, otra esencia; pero, en su inconsútil ser, es tan real, que sirve para convencer de falsedad a los discípulos de Marx.
Cuando en un artículo, que pretende ser filosófico, se llega al absurdo de sostener, por sostener algo, que "no ocupan lugar propio en el espacio las imágenes de los espejos", se ha juzgado uno, ya, a sí mismo. Semejante tesis, contradictoria en sí, con evidencia intelectiva, ahorra todo comentario. Las imágenes que los espejos copian, señor Zamora, pueden medirse y se miden con exactitud, como los lienzos que se expenden en las tiendas de ropa. Los astrónomos efectúan sus mediaciones y cálculos, precisamente con las imágenes de los astros, a través de los espejos de sus telescopios.
Nuestro próximo artículo versará sobre una nueva antinomia: la que existe entre MATERIALISMO e HISTORIA; porque en la MATERIA no se dan ni pueden darse LOS VALORES; y en cambio, se exhiben siempre, positiva o negativamente, a través de las vicisitudes de las sociedades humanas en la historia.
EL RECULAMIENTO DEL ESPIRITUALISMO