Corrían apenas, los primeros años del siglo, cuando al sustituir a nuestro ilustre amigo, don Carlos Pereyra, como profesor de Sociología en la Facultad de Jurisprudencia, comenzamos a explicar el "materialismo histórico". A partir de entonces, cada año, durante veinticinco, solemos insistir sobre lo tópicos del determinismo económico. Nuestro conocimiento del marxismo ha sido, consiguientemente, algo directo y constante, exigido por el cumplimiento del deber, alentado por el singular contentamiento que se halla siempre en el estudio.
Hemos procurado enterarnos de la obra de Marx y de Engels. Los viejos comentarios de Croce, Labriola, Paretto, Asturaro, Stammier, Sorel, Richard, Seilliére, etc., se nos ha convertido ya, en vividos recuerdos de juventud. Sus puntos de vista críticos, volviéronse carne y tegumentos de nuestra enseñanza. El "Manifiesto del Partido Comunista", el Prólogo de la "Crítica de la Economía Política Clásica", la "Miseria de la Filosofía" y el "Anti–Dühring" o, por mejor decir, "La Revolución de la Ciencia por Eugenio Dühring" (como se denomina el libro de Engels en alemán), han sido sustento de nuestra aplicación, durante largos años. "El Capital", más próximo, de fijo, a la ciencia económica pura, también fue pasto de nuestra más arduas cavilaciones (a veces, lo confesamos, infructuosas, por el carácter sibilino e imperfecto del célebre libro). En esta virtud, no podemos menos de sonreír discretamente cuando se nos dice que "rebatimos lo que conocemos de trasmano o desconocemos del todo". Apenas si de la infancia salían algunos de los redactores de la prensa periódica, y ya nosotros algo entendíamos en punto de Economía y Sociología. Merced a la deferencia del ilustre sociólogo francés Rene Worms, fuimos promovidos, hace veinte años, a participar como socios del "Instituto Internacional de Sociología", cuya sede radica en París. Todos estos particulares carecen de importancia; pero se aducen aquí para recordar a las gentes nuestra antigua dedicación, nuestra afición notoria hacia esta clase de estudios. Conste, pues, que "no rebatimos lo que desconocemos", sino que discutimos lo que sabemos. Pero esto último puede, también carecer de importancia. Lo que urge en este entreacto semipolémico, es averiguar si el siguiente dilema se sostiene gallardamente, con su fino par de cuernos relucientes, o si es posible retorcerlo, escolásticamente: "O el socialismo deja de ser materialista para merecer el epíteto de científico, o es materialista en su genuina fundamentación marxista; pero entonces no puede merecer el calificativo de científico".
Se nos opone sin proporción ni sindéresis, que el marxismo "no niega el pensamiento"... ¡Hace divinamente el marxismo en no negarlo! Nadie lo ha negado nunca, ni tirios ni troyanos, ni idealistas ni materialistas, ni otomanos ni rusos, ni ortodoxos ni
heteorodoxos... Por la elemental razón de que no puede negarse lo que existe; sobre todo, cuando el que niega lo que niega, es lo mismo que niega al negar. Esto equivaldría a declararse, candidato por derecho propio, a habitar con justificación, una celda principal de alguna casa de orates. Ya lo dijo el gran filósofo: COGITO ERGOSUM. El modo de negar el pensamiento de que usa el materialismo, es afirmarlo como realidad, pero como realidad material; que es negarlo, en suma; porque el que afirma de la esencia de alguna cosa lo que la cosa no es, la niega en su verdadero ser.
Para el materialismo sólo es sustancia LO MATERIAL, no LO IDEAL. Por ende, quien "considera a la Naturaleza como el elemento primordial", niega EO IPSO el pensamiento mismo como elemento primordial; y esto es, cabalmente, el pensamiento en su esencia, un elemento "primordial", tan "primordial" como "la naturaleza". La otra negación que antes apuntamos sólo cabría en la brumosa mente de un puro troglodita. Para este Bujarin, que se nos cita, "el espíritu es UN PRODUCTO de la materia". He aquí, el pensamiento negado en su esencia propia, DIVERSA de la realidad material.
Ahora bien, quien como Bujarin piensa, no hace CIENCIA pura. La ciencia nunca prejuzga sobre la esencia de las cosas. Las leyes científico naturales son uniformidades de la naturaleza, pero nada nos enseñan sobre la "cosa en sí". En Metafísica se investigan causas; en las ciencias, se formulan leyes. Esto es todo. Las ciencias físico naturales se construyen por medio de la observación y la experiencia, y nadie puede OBSERVAR la esencia de nada, como no haya asistido a la Creación! En sí las ciencias no postulan teorías sobre el conocimiento metafísico. Por tanto, todo naturalismo materialista, como el de Bujarin, es falso. De donde se saca la bondad del dilema formulado: "MATERIALISMO O CIENCIA"; pero no "MATERIALISMO CIENTÍFICO"; ¡gallarda contradicción en dos palabras!...
Otro amable contrasentido se formula. Se dice: "la psicología contemporánea, cuyo carácter filosófico no es capaz de negar ningún filósofo por filosófico que sea (los FILÓSOFOS, dicho sea de paso, no son FILOSÓFICOS), no declara ni con mucho absurda, la afirmación de que EL PENSAMIENTO ES PRODUCTO DE UN ÓRGANO FÍSICO Y MATERIAL: EL CEREBRO", ¡otra vez el señor Bujarin!... También Feuerbach, desde mediados del siglo pasado, como doctor y maestro de los marxistas por venir, habría escrito "EL HOMBRE ES LO QUE COME". Y el gran teórico de la gastronomía francesa, el sublime cocinero Brillat–Savarín: "DIME LO QUE COMES Y TE DIRÉ QUIEN ERES". ¡Brillante ingenio... culinario!
Al leer la nota copiada al principio del párrafo anterior, no podemos menos de afirmar que este materialismo psicológico y no histórico, como el de Engels, nada tiene que hacer con la cultura contemporánea. Esto no es CONTEMPORÁNEO, sino EXTEMPORÁNEO. Ningún psicólogo afirmaría, hoy, semejante teoría. Todos los grandes maestros de la ciencia psicológica se inscribirían en contra de la tesis; y esto, por "PSICOLÓGICOS" que quiera considerárseles. ¡Lo mismo Bergson que Lipps, lo mismo los discípulos de Wundt, que los de James, de Natorp o de Brentano!
En conclusión: CIENCIA O MATERIALISMO. No hay término medio. O se admite que el materialismo socialista no se basa en la ciencia, y no será, entonces, CIENTÍFICO, o se admite que en ella se fundamenta: y, entonces, no será MATERIALISTA. ¡Nuestro dilema reluce como oro puro; sus cuernos ágiles tienen el bello dibujo de los del toro mitológico que raptó a Europa!
Por último, las razones de Engels contra los "filisteos", son argumentos de peso, claro está, para "filisteos"; por esto, nosotros no las tomamos en consideración. No entendemos como materialismo, sino como materialismo moral, "la gula, la avaricia, la sed de dinero, la lujuria", etc. Esto no viene al caso, como lo confiesan nuestros propios impugnadores. De tales modulaciones de los pecados capitales, no tratamos, para no perder el tiempo. Nietzsche llamó, con profunda ironía y agudo ingenio, a David Federico Strauss (un hegeliano de las izquierdas como Engels), el tipo del "filisteo cultivado"... ¡Imposible sería denominar de este modo al piadoso discípulo y entrañable colega de Marx! Lo que sí se podría es escribir otra "consideración inactual" sobre su obra.
Respecto de la opinión del profesor Darwin, que se nos cita, ofrecemos guardarla como oro en paño; vamos a reservarla junto con el generoso pensamiento de Platón y de Renan, que vieron en la "Sofocracia" el paradigma del Gobierno perfecto. Muchas gracias.
Así termina, para los lectores de EL UNIVERSAL, el "intermedio semipolémico" de esta mañana.
Pasado este divertimiento, seguirá el drama de las contradicciones del marxismo. En el próximo artículo demostraremos que no puede haber, sin incurrir en contradicción, "materialismo histórico". Es decir, surgirá otro nuevo dilema: HISTORIA O MATERIALISMO. Por fin, probaremos, por medio del dilema final, que el "MATERIALISMO HISTÓRICO" NO ES MATERIALISMO EN SUMA: NI "CIENTÍFICO", NI "DIALÉCTICO", NI "HISTÓRICO" NI... "MATERIALISMO". ¡Transmutación de todos los valores!"
NOTA: Las citaciones que esmaltan este artículo, se han sacado de que con el rótulo de "Un dilema sin cuernos" publicó, hace días, aquí mismo, don Francisco Zamora.
EL CABALLERO DE LOS ESPEJOS