Maíz. Los impactos de las heladas tempranas y la sequía estival en los distintos actores de la cadena
son similares a los de la soja, pero de menor magnitud en términos porcentuales y significación para los productores, dado que la participación del maíz en los ingresos totales de las fincas es bastante menor que la de la soja. Para los productores, implican caídas de ingresos, aumento de endeudamiento y menores disponibilidades para la inversión. Para los demás actores de las cadenas, implican menor actividad, mayores costos unitarios y mayor endeudamiento. En estos casos también se incrementa el riesgo asociado a la menor calidad del grano resultante de los años con heladas y la falta de oportuni- dades para la venta de estos granos. El desarrollo de la industria de bioetanol de maíz puede contribuir a mitigar este riesgo en el futuro. Los factores bióticos que afectan a la soja también afectan al maíz y sus impactos son similares, principalmente reflejados en aumentos de costos y menores márgenes unitarios para los productores, por el aumento en el número de tratamientos que es necesario realizar en algunos años.
Trigo. En general puede señalarse que la mayor estabilidad de rendimientos observada en la última
década y la menor importancia relativa del cultivo en los ingresos totales de los productores, llevan a afirmar que el impacto de los riesgos, a nivel de productores y de otros actores de la cadena, es menor al de la soja y el maíz.
Arroz. En arroz las amenazas de riesgos de contexto conciernen de manera similar a productores,
prestadores de servicios, procesadores y exportadores. Para superar el problema del uso de semillas sin los debidos derechos, algunos productores grandes están en negociación con un semillero uru- guayo para desarrollar una variedad nueva, sobre la cual tendrían los derechos. Los pequeños pro- ductores, quienes poseen menor infraestructura de conservación de agua y almacenamiento y deben arrendar equipo de cosecha, están particularmente expuestos a las sequías, que cuando son extremas, los pueden dejar fuera del mercado. Para mitigar este riesgo tienden a sembrar anticipadamente, en setiembre, y así cosechar antes de enero. Las plagas y las enfermedades tienden a ser controladas, pero a nivel de los pequeños productores, sólo se hace eficientemente cuando están organizados y logran usar colectivamente los recursos individuales (por ejemplo contratando fumigación aérea), de otra manera resultan en costos muy abultados.
Ganadería. La sequía produce una serie de impactos en cadena en los productores y en la industria
cárnica. A nivel de los productores resulta en la disminución del forraje, lo que repercute en incre- mentos de los costos de producción y en la disminución de la rentabilidad por tener que vender los animales con menor peso o, en los casos más extremos, en la pérdida de animales. Para los pequeños ganaderos la sequía es un riesgo mayor, porque su subsistencia depende del consumo de su propia producción de leche y a veces de la carne. La actividad industrial y las exportaciones se resienten de la disponibilidad de ganado con menor peso y en casos extremos puede reducirse drásticamente la oferta de ganado. También las inundaciones son graves para los pequeños productores ganaderos, pero la concentración de ellos es mucho menor en el Chaco, que es la zona más proclive a las inundaciones. La fiebre aftosa es un grave problema para toda la cadena de valor y por eso requiere una vigilancia muy estricta de parte de las autoridades.
Agricultura familiar. La sequía a nivel de la agricultura familiar, cuando es extrema y causa gran-
des daños a los cultivos, puede tener efectos muy graves sobre la economía de los productores, hacien- do que alcancen niveles insostenibles de endeudamiento, al punto de sacarlos del mercado y obligarlos a vender o arrendar la tierra. Esto es así por su bajo nivel de capitalización, por los altos costos del financiamiento a que tienen acceso, por los elevados costos de transacción que enfrentan dada su reducida escala y por la casi absoluta ausencia de créditos de largo plazo, que les permitieran recom- poner la actividad productiva luego del shock económico resultante de la sequía. Para las cooperativas de base (alrededor de las cuales se asocian muchos pequeños productores de soja) implica aumento del costo unitario y dificultad para recuperar créditos, y en definitiva riesgo de quiebra.
Por su parte, las empresas procesadoras/exportadoras se ven afectadas de distinta manera. A los exportadores de sésamo, la pérdida de parte de la producción (sea por efecto de sequías o de plagas y enfermedades) les genera pérdidas monetarias por el dinero que hubieran adelantado a los acopiado- res y por el incumplimiento de contratos de exportación.
En el caso de la mandioca, el descenso de la producción por causa de la sequía ocasiona una dis- minución del abastecimiento a la industria procesadora de almidón y aumenta la exposición de las instituciones intermediarias financieras que financian a los productores que venden mandioca a la industria.
En cuanto al algodón, cuyos riesgos de producción están siendo parcialmente mitigados con la introducción de materiales de siembra transgénicos, no hay que perder de vista el hecho de que la tolerancia del material no alcanza por ahora al picudo, con lo que el productor debe encarar el con- trol oportuno de dicho insecto. Así, el monitoreo de plagas y detección oportuna se convierten en las principales armas de mitigación.