3. La víctima y los efectos de la agresión sexual
3.6. Efectos psicosociales de la victimización sexual
3.6.2. Cambios en los sistemas de creencias
Todo proceso de victimización delictivo implica un cambio en el sistema de creencias de la víctima (Bard y Sangrey, 1979). Para Janoff-Bulman, uno de los primeros autores en teorizar sobre en problema, las personas estructu- ramos la comprensión del mundo en función de diversos sistemas conceptua- les como «asunciones sobre el mundo», «teoría de la realidad», «modelos del mundo», y «estructuras de significado», posibilitando el mantenimiento del mundo bajo un significado con una forma ordenada y predecible.
El delito acaba con todo ello alterando tres creencias básicas, la creencia de invulnerabilidad, la percepción del mundo bajo control o significado y la percepción de uno mismo como positivo (Janoff-Bulman y Frieze, 1983; Ja- noff-Bulman, 1985; Koss y Harvey, 1987). Dicha alteración en la comprensión del mundo es posible al basarse ésta en dos creencias: el mundo justo (Lerner, 1980) y el control (Peterson y Seligman, 1983).
Todo delito afecta de forma variable la concepción de invulnerabilidad y control del entorno de la víctima, así la persona se vuelve vulnerable (posibili-
dad de repetición del suceso) y observa el entorno fuera de todo orden o con- trol personal (efectos de su conducta) y social (efectos de la conducta de los demás —policía, personas, etc.—).
A. Cambios en la «creencia de invulnerabilidad»
Wills, según recogen Snyder y Ford (1987) afirma que las víctimas de los de- litos, al igual que el resto de la sociedad, tenían previamente el mismo sentido de invulnerabilidad y también infraestimaban la probabilidad de ser victimiza- dos, tendiendo a verse como menos atractivas al agresor (Weinstein, 1980).
Toda persona opera día a día con la «ilusión de invulnerabilidad» (Bard y Sangrey, 1979; Perloff, 1983; Scheppele y Bart, 1983) que, generalmente, favo- rece la adaptabilidad pero, en ciertos casos, puede dificultarla al impedir reco- nocer el delito tal como es, en sus tasas reales, sus características y efectos (Lejeune y Alex, 1973).
Diversos autores han señalado, y hasta la fecha no se ha rebatido que a ma- yor creencia de invulnerabilidad predelictual mayores dificultades de afronta- miento postdelictual tendrá la víctima. (Scheppele y Bart, 1983; Perloff, 1983).
El grado de vulnerabilidad postdelictual está relacionado con otros facto- res, correlacionando positivamente con la impotencia ante la vida (Silbert, 1982) y negativamente con el Locus de Control Interno y el grado de opti- mismo hacia el futuro (Peterson y Franzese, 1988).
La vulnerabilidad se manifiesta en el temor a la recurrencia del delito y aparece en todos los delitos y muy especialmente en la agresión sexual (Bur- gess y Holmstrom, 1974). Como consecuencia del cambio de creencia se desa- rrolla la visión del mundo como «un lugar hostil» (Bard y Sangrey, 1979; Ha- rris, 1984; Janoff-Bulman, 1985). Si bien el apoyo social formal reduce estos efectos, pasando del 53 % al 45 % (Harris, 1984). Las dificultades de la víc- tima sexual para integrar una nueva concepción del mundo a medio plazo per- manecen, pues tiende a afrontar el suceso de forma orientada a la «evitación», restringiéndose los contactos interpersonales, alterando la conducta cotidiana y no deseando comentar sus sentimientos con nadie (Lejeune y Alex, 1973; Burt y Katz, 1985).
B. Cambios en la «creencia de control»
Hasta el momento de la agresión, la víctima tiende a ver el mundo como un lugar con sentido y controlable, percibido positivamente, sabiendo lo espera- ble de él y porque (Janoff-Bulman y Frieze, 1983).
Uniendo la pérdida de control a los procesos atribucionales, Cohn (1978) recoge trabajos anteriores y considera que las víctimas no pueden aceptar la ocurrencia de los hechos al azar y se esfuerzan en mantener la «ilusión de con- trol». No obstante, al perder la creencia de control sobre el entorno se pro- duce una doble reacción en la víctima:
• Reactancia. La víctima consideraba que tenía o podía tener control sobre el entorno y, por ello, se muestra enojada y enfadada tras el su- ceso.
• Refuerza la indefensión aprendida a medio-largo plazo al sentirse inde- fensa y vulnerable ante el entorno (Silver y Wortman, 1980).
La pérdida de control sobre el entorno refuerza los efectos de la vulnerabi- lidad y pasa a percibirse el mundo como peligroso e impredecible. Todo ello lleva a la víctima a una pérdida en su grado de autonomía y al desarrollo de conductas o actividades no realizadas habitualmente, como conductas de pro- tección personal, cambios de rutina, etc. (Bard y Sangrey, 1979).
Los procesos atribucionales de culpabilidad permiten a la víctima restable- cer la creencia de control a medio plazo (Bard y Sangrey, 1979) y reducir el sentimiento de indefensión (Burgess, 1985).
En 1966 Walster elaboró el concepto de «control autoprotector» (cuanto más negativo resulta el suceso para la víctima, más necesita percibir el suceso y su entorno como controlables y, por lo tanto, hacer responsable a alguien del mismo). Si bien algunos estudios posteriores no lograron replicar los resul- tados (Rosenbaum, 1980), otros sí (Lejeune y Alex, 1973).
Harris (1984) observó en un 82 % de las víctimas una pérdida significativa de control, pero la vulnerabilidad se reducía al existir un apoyo social formal (79 %).
C. Cambios en la «creencia del mundo justo» (MJ)
Tras el delito la víctima modifica su concepción previa del mundo como un lugar esencialmente justo y donde las personas «obtienen lo que se merecen». La amenaza del delito sexual a dicha creencia está ampliamente aceptada si- guiendo el principio de que «a las personas buenas no les pueden pasar cosas malas» (Lerner, 1980; Janoff-Bulman y Frieze, 1983).
Al ponerse en crisis dicha creencia como consecuencia del delito, la víctima utiliza dos fórmulas para restablecerla (Lerner, 1980):
• «Tácticas» para eliminar la amenaza al MJ.
• «Estrategias» actúan protegiendo la creencia de MJ de evidencias con- tradictorias.
De forma similar al resto de creencias, las víctimas con unas creencias de MJ más arraigadas de forma previa al delito, muestran una mayor dificultad en el afrontamiento al considerarse más protegidas contra la mala fortuna (Ja- noff-Bulman y Frieze, 1983).