CAPÍTULO III LOS ADOLESCENTES ANTE LA VIOLENCIA ESCOLAR
3.2 La violencia entre iguales en la adolescencia
3.2.3 Cambios sociales
Como antes se señalara, los cambios a nivel del exosistema y macrosistema del individuo influirán también en su desarrollo (Bronfrenbrenner, 1987), y en el caso del adolescente, la nueva perspectiva acerca del mundo que le rodea, de la sociedad en general y del futuro se verán condicionadas por cambios externos a él (Coleman y Hendry, 2003). A modo de ejemplo, cuestiones referentes al mercado laboral: el ingreso de los jóvenes al mercado laboral ha disminuido en cantidad, en calidad y se inicia a edades cada vez mayores. Esto lleva a condicionar la dependencia económica de los jóvenes y su perspectiva de futuro. Otro factor, corresponde a la situación familiar que se ha modificado en la sociedad en general, el aumento de divorcios y de familias monoparentales, es un cambio que el adolescente ha de afrontar y que también incide en su visión de futuro sobre la pareja o el matrimonio. Otro tema, es la cuestión de género, la situación de la mujer respecto al hombre, aunque ha variado, presenta diferencias que le colocan en desventaja. Los cambios de la imagen de la mujer en el mercado laboral, han influenciado en forma negativa en la situación laboral de varones jóvenes. Además de temas sociales en general como el racismo, la discriminación, la xenofobia, los radicalismos, la política, la economía, la corrupción. Todo influirá de diferente forma en el desarrollo del adolescente.
Todos estos aspectos señalados hasta el momento (Coleman y Hendry, 2003), referentes principalmente a Gran Bretaña y Europa, sin duda son de importancia en América Latina. Las crisis económicas de los países latinoamericanos vividas en los últimos decenios han provocado un aumento de pobreza y desempleo importante a todo nivel y que sin duda condiciona el acceso al mercado laboral, de gran parte de la población y de los adolescentes en particular. La ruptura de la estructura familiar tradicional también es un hecho en este continente, como la situación de género en que la mujer se ha visto desvalorizada y relegada en muchos campos, a pesar de ciertos avances en los últimos años. El racismo es un tema también presente a pesar de la diversidad y riqueza racial de América. La convivencia, en el continente americano de diversos grupos indígenas, negros y blancos principalmente; se ha visto condicionada por diferentes luchas internas así como por agentes externos, como la llegada de multinacionales a América que por cierto enriqueció a algunos grupos desde el punto de vista económico, como así sumió en la indigencia a otros.
A modo de ejemplo, datos del Observatorio Nacional sobre Violencia y Criminalidad en Uruguay, en 2008, dejaron ver acerca de los autores de los delitos procesados en el país, más de un 90% son hombres. Respecto a las edades de los que comenten actos delictivos, el rango se encuentra en jóvenes de edades correspondiente a los últimos años de la adolescencia y los 24-25 años. El informe señala la existencia de
una relación inversa entre las edades de los individuos y el riesgo de involucrarse en actos delictivos, con lo cual, se entiende que los de menor edad, dentro de este rango señalado son los que se vinculan mayoritariamente a los actos delictivos. Las denuncias y los procesamientos por diferentes actos delictivos, aumentaron según el informe en el país, mas de un 200%. Las mayores tasas de victimización de estos delitos se encuentran también durante los últimos años de la adolescencia, hacia los 20 años. Esto demuestra en cifras una situación crítica asociada a los adolescentes y jóvenes que puede estar vinculada a cambios sociales ocurridos en los últimos tiempos, y que resultan una llamada de atención al sistema político en general, y al sistema educativo en particular, ya que se habla de edades en que los adolescentes deberían estar aún vinculados al mismo.
3.2.4 La formación de grupos en la vida adolescente y el desarrollo de la violencia
Encontrándose entonces los adolescentes en esta etapa de re-conocimiento de sí mismos y del mundo que le rodea, resultan relevantes, como en cada etapa de su desarrollo, las relaciones interpersonales de cara a la adquisición de diferentes habilidades sociales, tanto en relaciones con la familia, con otros adultos y con los compañeros y/o amigos de igual y/o diferentes edades. Pero en la adolescencia hemos de prestar particular atención a la relación del adolescente con sus iguales y con los amigos (Coleman y Hendry, 2003; Díaz-Aguado y cols., 2004; Shaffer, 2002). La formación de grupos entre adolescentes, influyen en la conformación de una identidad en un contexto determinado, al desarrollo del pensamiento formal del adolescente en torno a la capacidad de vinculación y comprensión del entorno social. Se establecen redes complejas de relacionamiento entre los adolescentes, que son reflejo de la construcción personal de si mismo, como así del desarrollo de habilidades de vinculación social. Las relaciones en estos grupos estarán condicionadas a éxitos y fracasos previos del desarrollo, como así a las nuevas interacciones, influyendo en conjunto en el posible desarrollo y uso de conductas agresivas.
Al referirse a los iguales, se habla de “iguales sociales”, de aquellos que de momento “están operando en niveles similares de complejidad conductual” (Lewis y Rosenblum, 1975, en Shaffer, 2002, p. 465), de aquellos que comparten edades similares, un espacio y un tiempo específico. Con los amigos existen vínculos más estrechos, más íntimos que con las relaciones con los iguales; así mismo es en el grupo de iguales que podrían surgir relaciones de amistad. Las interacciones con adolescentes de diferentes edades también pueden ser positivas, en tanto el adolescente pueda llevarse bien con el grupo, el ser aceptado y apreciado es muy importante a este nivel.
En la presente investigación los iguales corresponden principalmente a compañeros de clase y curso.
La importancia de la conformación de grupos en la vida del adolescente, es fundamental en su desarrollo. Desde muchos estudios (Blanco, Caballero y de la Corte, 2007), la dinámica de los grupos se apoya en resumen, en los siguientes puntos: a) los grupos son inevitables y ubicuos; b) movilizan fuerzas poderosas que producen efectos de la mayor importancia para la vida de los individuos; c) pueden producir consecuencias buenas o malas; d) un correcto entendimiento de la dinámica de grupo mediante la investigación, posibilita el aumentar deliberadamente las consecuencias deseables en los grupos. El ser humano es quien es y toma conciencia de ello en relación a los otros. El ser parte de un grupo afecta al individuo a nivel comportamental, a nivel cognitivo y a nivel emocional. Ser miembro de un grupo, pertenecer o identificarse con él, influirá a la conducta, dependiendo de los procesos de interacción e interdependencia generados allí. Son ejes fundamentales del grupo: las actividades realizadas, la interacción entre las actividades que uno y otro individuo realizan y el sentimiento o las emociones que implica esta interacción. Se va generando en estos procesos una identidad de grupo, es decir una conciencia colectiva diferenciada del resto, que influirá en la identidad individual y la conducta individual.
Coleman y Hendry (2003) destacan ciertos aspectos de la importancia de los grupos de iguales en la adolescencia:
Los grupos de iguales surgen con la necesidad del adolescente de establecer
relaciones horizontales y más equitativas, diferentes a las verticales establecidas con los adultos. En la adolescencia se dan relaciones más íntimas, los jóvenes están dispuestos a participar de actividades compartidas, a intercambiar ideas y opiniones. Los grupos estables permiten el desarrollo en colaboración mutua, hay apoyo emocional, ayuda y aprendizaje social. Se producen las primeras relaciones heterosexuales, románticas. Personal y socialmente el adolescente necesita pertenecer a un grupo, las habilidades sociales adquiridas en la infancia se manifiestan ahora entre los iguales. Los jóvenes se identifican con el grupo, adquieren normas y roles en el mismo.
En la interacción con los iguales desarrollan su identidad, acceden a una
autorregulación y desarrollan destrezas personales que serán útiles para la vida en sociedad. Se dan relaciones mas estrechas, se comparten más intimidades, problemas, consejos, opiniones. Cambia la relación con los amigos respecto a la infancia, como cambia con los padres.
Son los propios adolescentes los que señalan estos aspectos, puntualmente en la investigación realizada por O’Brien & Bierman (1988) para conocer sus percepciones y
concepciones acerca de las relaciones con el grupo de iguales. Aquí, se pudo comprobar la influencia que perciben los jóvenes respecto al rechazo o aceptación de sus iguales. Los adolescentes mayores construyen representaciones abstractas del grupo como unidad social, con fundamentos consensuados de actitudes y normas. La influencia del grupo de iguales incide en su personalidad, en actitudes y en comportamiento. El grupo de iguales y las normas que allí existen, son la referencia que afecta la propia autoevaluación del adolescente. Se dan cambios en el desarrollo mental del adolescente, condicionados a la vida en el grupo de iguales. Esta investigación permitió conocer el impacto de la aceptación grupal referido al soporte social y autoestima del adolescente. Entendiendo que la ruptura de las redes sociales entre adolescentes, puede desencadenar, dificultades en la salud mental (Bronfenbrenner, 1987). Su percepción de la realidad gira en torno al grupo, desde allí enfocará su conducta, el grupo será su campo de experiencias sociales y “los ojos” por donde contemplará el mundo (Melendo 1997, citado en Fernández, 1998).
De acuerdo a lo dicho, la influencia del grupo puede ser positiva, como así negativa. En el proceso de formación de grupos, los jóvenes utilizan estrategias para relacionarse. Algunos jóvenes que carecen de ciertas habilidades sociales, pueden verse rechazados (Coleman y Hendry, 2003). Algunos adolescentes se “esfuerzan demasiado” por ser aceptados. Los jóvenes impopulares, tímidos, ignorados se perciben diferentes, como así lo perciben sus compañeros y pueden ser víctimas de maltrato o aislados. Otros pueden ser agresivos, incapaces de cooperar y de formar amistades. Respecto a la dinámica de estos grupos, en general los miembros son similares entre si, y se influencian mutuamente, incluso algunos adolescentes pueden verse sometidos, presionados a adquirir ciertas normas grupales. Las presiones a este nivel pueden ser productivas y constructivas, aunque en casos se asocian a conductas negativas. Hay una necesidad del adolescente a involucrarse en el grupo de iguales. Las interacciones con los iguales especialmente en la escuela, revelan complejas redes de significados de identidad. Es muy importante aquí la “popularidad”; ser popular en general es significativo en el grupo, mas si estos individuos son inteligentes y atractivos, son en muchos casos líderes del grupo. Relacionarse con los populares, puede ser una forma de acceder al grupo.
Existen varios modelos que intentan dilucidar acerca de la influencia del grupo en el comportamiento individual. Berger (2009) señala entre otros procesos la socialización y la selección. Socialización refiere al grupo que influye moldeando las características individuales hacia un perfil esperado por el mismo. Los cambios individuales seguirán un patrón aceptado a nivel grupal. La selección refiere a la formación de grupos con miembros de perfiles semejantes. El grupo en esta perspectiva surge del proceso de interacción de los individuos. Estos dos procesos no son
excluyentes, pudiendo coexistir. Otro modelo es el de las normas grupales, modelo que señala las normas como referentes identitarios del grupo, en el que el cumplimiento de las mismas, será garantía de inclusión y aceptación.
Ahora bien, en esta compleja dinámica social de los grupos adolescentes y de los procesos en que allí se dan, no es claro aún el como influye el grupo en el desarrollo de la agresividad. Diversos estudios (Berger, 2009) proponen que la comprensión de la agresividad responde a una funcionalidad de la misma para quien la ejerce en un contexto determinado, pudiendo el grupo generar cambios en características individuales asociadas a las normas grupales. Por ejemplo algunos grupos promueven entre sus miembros conductas que les dan más visibilidad a nivel social como grupo, entre ellos conductas agresivas o antisociales. También puede estar asociado a la búsqueda de un protagonismo o “status” en el grupo, pasando a ser entonces la agresividad, una estrategia para el reconocimiento (Pellegrini, 2002). García y Madriaza (2005) en su estudio con adolescentes chilenos, intentan conocer el sentido del uso de la violencia para los adolescentes y señalan la función de la misma como organizador social, más que romper el orden social, la violencia establece un nuevo orden social y permite una nueva organización entre iguales. Además la violencia sería utilizada para testear los límites de los pares, y un medio de obtener reconocimiento social y establecer jerarquías (Berger y Lisboa, 2009; García y Madriaza, 2005; Pellegrini, 2002). Berger (2009) por su parte, también en estudios con adolescentes en Chile, señala la asociación positiva existente entre agresividad y popularidad, aunque negativa entre agresividad y preferencia social.
En el interés de explicar y comprender el desarrollo de la agresividad humana en asociación al grupo, los aportes de Geen (1990, en Palomero y Fernández, 2001) destacan la idea de la “subcultura de la violencia”, alegando que en determinados ambiente o grupos humanos se da una inclinación al uso de la violencia para la resolución de problemas. El trasfondo de variables que se dan a este nivel de grupos y que interaccionan con variables individuales, predisponen al individuo al uso de la violencia. En contraposición señala, que igualmente, a pesar de que todo predisponga a la agresión, el individuo puede no reaccionar en forma violenta. Se destaca en este marco de ideas, el enorme peso del grupo en la adolescencia, es decir, la influencia de un grupo con normas de comportamiento que justifican la violencia, tendrá un efecto diferente, porque no mayor durante la adolescencia que en otras etapas del desarrollo. Esto asociado a la capacidad de ajuste que el adolescente presenta y desarrolla en el interés de ser aceptado (Berger, 2009; Coleman y Hendry, 2003; Saldarriaga, Velásquez, Bruce, Chaux y Bukowski, 2009).
Viscardi (2004) desde Uruguay, aporta que en algunos grupos la violencia y establecer vínculo con los demás se encuentran en oposición. Existen grupos que manifiestan formas de sociabilidad violentas en los cuales la solidaridad se presenta como defensa de los miembros del grupo y antagonismo hacia el resto de los iguales. Estos mecanismos de sociabilidad refuerzan la sobreprotección de los miembros del grupo como así la desconfianza y apartamiento hacia los demás, sin identificarlos como iguales. Este uso de la violencia como forma de sociabilización, no diferencia género, pero si edades, la situación es mas dura para quienes recién se insertan en la Educación Media, disminuyendo con el pasaje de los años, tanto en su utilización como medio, como así en la percepción del misma en el entorno.
Cabe destacar entonces que la participación en grupos de iguales es
fundamental en la adolescencia. En sentido amplio el grupo influirá en el desarrollo del adolescente. La pertenencia a un grupo será fundamental y estará condicionada a características personales y sociales del adolescente en cuestión, que serán producto de sus relaciones anteriores y de las habilidades sociales adquiridas en etapas anteriores del desarrollo. La compleja red de relaciones que se establece a nivel de las dinámicas de grupos es un campo de investigación que requiere aún mucho estudio. A pesar de ello es sabido que el grupo influye en el desarrollo de conductas agresivas o violentas, otorgándoles a las mismas una cierta funcionalidad en el contexto en que se ubican. De cara a la presente investigación, lo señalado hasta el momento resulta fundamental, partiendo de que se estudia la violencia escolar existente en Juan Lacaze, Uruguay, principalmente entre adolescentes. Si bien se pretende conocer la situación actual dando una descripción panorámica de la realidad, para ello es necesario previamente situarnos en el contexto de la misma y por ende en la etapa de desarrollo en que los estudiantes se hallan, la adolescencia.
Desde la investigación se ha señalado la importancia del rol que pueden desempeñar los compañeros o los amigos en el desarrollo de la violencia escolar, jugando un papel de protección importante, debido a que son estos, en muchos casos, quienes ayudan a defender a las víctimas de violencia escolar. Así lo han destacado los datos del Estudio Estatal de convivencia escolar en España (Díaz-Aguado y cols., 2008) donde se señalan que las actitudes de los estudiantes es detener la violencia tanto si la víctima es amiga (31.8%) como si no lo es (36.3%). Como se puede apreciar, es mayor aún de acuerdo a estas respuestas el porcentaje de alumnos que dicen detener la violencia aunque la víctima no sea amiga. Con lo cual, el rol de los compañeros espectadores de la violencia, es un rol determinante, sobre el que se ha de insistir, de cara a poner freno a la situación, teniendo en cuenta que las diferentes investigaciones los señalan como el grupo más abundante en las situaciones de violencia escolar, en general los espectadores conforman mas de un 70% de la
población estudiantil. De otra parte conviene tener presente que el no tener amigos, puede originar el inicio de una victimización, y esta, aumentar aún más la impopularidad y el aislamiento (Díaz-Aguado y cols., 2004); como así la victimización puede estar asociada al aumento de la agresión (reactiva), en caso de que la víctima la utilice como forma de escape a su situación en el intento a ser aceptada (Pellegrini, 2002).
En este sentido, intentando evaluar el rol de los compañeros espectadores de la violencia escolar, varias investigaciones han consultado a los estudiantes acerca de qué hacen cuando un compañero es agredido, o que creen que deberían hacer. Siendo así, la investigación de Díaz- Aguado y su equipo (2004) con estudiantes de Madrid, España, aporta que el número de espectadores pasivos (quienes no producen violencia ni la evitan, son solo observadores de la situación) es mucho mayor al de agresores, en situaciones de violencia escolar poco graves, como exclusión o agresión verbal. Disminuye esta diferencia en las situaciones de violencia de mayor gravedad, lo cual refleja la poca visibilidad de estos hechos. Al consultar a los estudiantes cuál había sido su actitud cuando algún compañero agredió a otro, se encontró un porcentaje de respuestas positivas que refleja como tendencia más frecuente, el intentar cortar la situación cuando se es amigo de la víctima (70.6%), intentarlo aunque no se sea amigo (45.6%) y pedir ayuda a una persona diferente al profesor (37.5%). En tanto, aunque en menor frecuencia, pero con un porcentaje a tener presente, encontramos que no hacen nada aunque creen que deberían hacerlo (17%), no hace nada porque no es su problema (15%) y se mete con la víctima lo mismo que el grupo (11%). Estas últimas tres opciones de respuesta son relevantes, y fundamentales de considerar, debido a que contribuyen a la violencia escolar en forma directa. De la misma forma, las tres primeras opciones, son fundamentales y reflejan la importancia de trabajar con el grupo de espectadores de la violencia escolar, el cual puede desempeñar un rol interventor de prioridad para cortar la situación.
Así mismo, investigaciones de Lisboa y Koller (2009), desarrolladas en el sur de Brasil con 253 niños de nueve a quince años, demostraron que la amistad recíproca, es decir, entre amigos en el que se da un trato afectivo recíproco, resulta un factor de protección ante la violencia escolar. Incluso la amistad con reciprocidad, se confirmó en esta investigación, como un factor de protección capaz de promover la resiliencia en otras situaciones de riesgo personal y social del contexto del individuo. Entre las conclusiones del estudio, se resalta además, que el hecho de que un niño tenga buen desempeño académico, sea solidario y carismático, no resulta un factor de protección; en tanto la competencia académica de niños con amigos con reciprocidad, si puede ser un factor de protección significativo. Se encontró además que los niños agresivos con amistades con reciprocidad, se hallaban protegidos ante posibles victimizaciones, en casos siendo la víctima defendida con actitudes agresivas de sus amigos hacia los