EN AMÉRICA LATINA*
II. LA CRISIS DEL MODELO DE DESARROLLO DE AMÉRICA LATINA 1) LAS CONDICIONES HISTÓRICAS DEL SUBDESARROLLO
2) EL CAMINO DEL DESARROLLO
Se creía fundamentalmente que:
1) El cambio de un desarrollo “hacia afuera” a un desarrollo “hacia adentro” sacaría a los países subdesarrollados de la dependencia del comercio exterior y generaría una economía controlada desde aden- tro de sus fronteras. Estos cambios se definían como el proceso de “transferencia de los centros de decisión hacia adentro” de las eco- nomías subdesarrolladas. Se hablaba del cambio de un desarrollo “inducido” por las situaciones incontrolables del comercio mundial hacia un desarrollo nacional planeado por su propio poder nacional. 2) Otro efecto que se esperaba como resultado de la industrialización sería el debilitamiento del poder de las oligarquías tradicionales dedicadas a la producción para el comercio exterior (latifundistas, dueños de minas y comerciantes exportadores) y una consecuente redistribución del poder nacional en dirección a una mayor parti- cipación de las clases medias y de los sectores populares, es decir, se esperaba una democratización política.
3) Esta democratización se relaciona con una tendencia hacia una mayor redistribución del ingreso, o mejor, hacia una sociedad de consumo de masas como se creía (y se cree todavía) que es Estados Unidos.8 Es decir, la industrialización integraría las masas rurales 8 En los años 50, la prosperidad del capitalismo mundial generó un optimismo tal que llegaron a negarse incluso las teorías sobre el carácter cíclico del sistema,
en el sistema productivo moderno capitalista en calidad de produc- toras y consumidoras.
4) La creación de un centro de decisión económica nacional a través de la conversión de la economía “hacia adentro”, la consecuente democratización política por medio del debilitamiento de las oli- garquías y el fortalecimiento de las clases medias y la integración económica de los sectores populares en una sociedad de consumo de masas conformarían una sociedad nacional independiente cuya expresión final sería un Estado nacional independiente. Este Esta- do no sería liberal sino intervencionista, pero siempre respetuoso de la iniciativa privada. Tal sería el “Estado desarrollista”.
5) Por fin, en el plano de la conciencia, se esperaba que el desarrollo industrial, al crear las bases de una sociedad independiente, per- mitiría superar nuestro retraso científico, tecnológico y cultural. Básicamente, se esperaba que desaparecerían las bases de la lla- mada “alienación” cultural de América Latina. Por alienación cul- tural se entendía el proceso por el cual la cultura latinoamericana era una simple repetición de la cultura dominante en los centros coloniales. Los intelectuales de América Latina miraban sus países desde la perspectiva de los centros metropolitanos, en función de los intereses, los patrones y los valores de la metrópoli. Esta aliena- ción era la clave de la supervivencia de la situación del subdesarro- llo. De ahí proviene la necesidad de desarrollar una conciencia crí- tica que libere a Latinoamérica de esa condición. Esta conciencia crítica se manifestaría en una “ideología del desarrollo” que uniría las voluntades y los intereses nacionales en torno a las metas de la sociedad nacional independiente.
Claro está que este modelo, aunque predominante, no fue el único que existió en Latinoamérica. Se pueden distinguir además distin-
ampliamente confirmado por la experiencia de la crisis del 29. Tal empirismo afectó incluso al pensamiento marxista desmoralizado por previsiones irresponsables de las crisis que no sucedieron. Los asesores de Kennedy también confiaron en estas teorías que apuntaban hacia un cambio de calidad del capitalismo que lo hacía inmune a las crisis, al subconsumo, etc. La vitalidad del capitalismo ha hecho aumentar este clima optimista revelado en las obras de Galbraith, Rostow, Hoselitz, etc. Sin embargo, tal política hizo más patente el otro lado de la prosperidad capitalista. La explosión del problema negro, la cuestión antes olvidada de la pobreza, la acentuación del Esta- do militarista, la política externa reformista alternada con los golpes militares, las revelaciones sobre la CIA, la rebelión de la juventud universitaria norteamericana, culminan en la crisis mundial del dólar y en el fracaso de la guerra de Vietnam. Todos estos problemas han sido documentados en varios libros, reportajes y artículos, y ha- cen tambalear todas las teorías de la sociedad de masas, sociedad afluente, sociedad industrial, etcétera.
tas posiciones dentro de los marcos generales que queremos abstraer. Estas distintas posiciones más a la derecha, si podemos decir así, podían disminuir la importancia de la condición colonial y hacían hincapié en los cambios menos estructurales, como, por ejemplo, la mayor racionalidad de la conducta, la modernización económica, el desarrollo tecnológico, la ayuda del capital extranjero, la necesidad de una sociología y una economía del desarrollo que no destruyeran, sin embargo, la universalidad de la ciencia, etcétera.
La posición más a la izquierda (como arbitrariamente la estamos clasificando) trataba de acentuar el carácter colonial de la economía, la necesidad de cambios estructurales, rechazaba (excepto bajo es- tricto control) el capital extranjero y planteaba la necesidad de una sociología y una economía latinoamericana que “asumieran” la pers- pectiva de los países subdesarrollados.
Como destacamos en otro trabajo,9 la ideología desarrollista y na-
cionalista ha asumido un carácter dominante en América Latina, par- ticularmente en los países que se industrializaron con más rapidez.
Creemos que este carácter dominante es resultado de los intereses de clase que ella refleja en sus formas más puras. Es decir, la clase burguesa industrial formada en los años 30, en un período de debi- litamiento del capital extranjero en América Latina y en los demás países subdesarrollados debido a la crisis del 29 y a la segunda guerra mundial, se ha convertido en la clase dominante en nuestros países (en los más industrializados ya en los años 40; en los otros países al- canzó predominio en los años 50 y 60, aunque bajo control del capital extranjero).
Así, las clases medias (particularmente los técnicos e intelectua- les), el movimiento obrero (peronistas, varguistas, sectores del apris- mo, etc.) e incluso los movimientos campesinos (Revolución mexi- cana; Cárdenas en particular, con el petróleo y la reforma agraria; Revolución boliviana, guatemalteca, etc.) y todas las clases sociales se mueven culturalmente en el cuadro del pensamiento de la clase hegemónica: el desarrollismo y el nacionalismo.
Éste ha sido el horizonte ideológico que ha delimitado el pensa- miento latinoamericano.10 y es en el marco de este horizonte donde
debemos situar el modelo de desarrollo cuyos elementos comunes
9 “El nuevo carácter de la dependencia”, Cuadernos del Centro de Estudios So-
cio-Económicos, núm. 10, Santiago, 1968.
10 George Luckács, en Histoire et concience de classe, Éditions de Minuit, París, ha creado el concepto de conciencia posible que aplicamos aquí y esclarecemos en nues- tro ensayo sobre clases sociales: “El concepto de clases sociales”, CESO, mimeo, San- tiago, 1967.
pretendemos abstraer de entre las varias posiciones particulares en las ciencias sociales latinoamericanas.