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2.2 DESAPARICIÓN DE VARIEDADES CÍTRICAS

2.2.8 CAMPO

2.2.7 VIVEROS.

En países como Colombia es común colocar las semillas en un germinador con substrato húmedo lo que proporciona una germinación mucho más rápida. Luego se hace el almacigado que consiste en maniobrar las plántulas del semillero en bolsas plásticas pudiendo hacerse en 2 o 3 meses después de la germinación o cuando las plántulas presentan de 7 a 10 cm. de altura y de 6 a 10 cm. las hojas. Las plántulas permanecen en el vivero por 6 a 9 meses, cuando tienen una altura de más o menos 25 cm., o hasta 12 meses, alcanzando de 35 a 50 cm.

Según Pinedo et al., 1981, Chávez y Clement, 1984, “El control ambiental del vivero consiste en controlar la luminosidad. En la fase de germinación y desarrollo de las plántulas de los almácigos, el sombreado debe ser de 50-75%; mientras que la fase de aclimatación, antes del trasplante debe ser de 15-25%” (p. 95).

Los principales cuidados en el vivero son el riego, el control de malezas y el control de plagas y enfermedades. La ayuda o trabajo, se lo debe realizarse diariamente en las horas de la mañana o al finalizar la tarde, de acuerdo a las condiciones climáticas del sector. La eliminación de las malezas es manual por tratarse de plantas muy pequeñas, debe efectuarse periódicamente en las bolsas de los almácigos y en los corredores del vivero. Se deben realizar inspecciones constantes para observar presencia de plagas y enfermedades, tomando las precauciones del caso cuando sea necesario a fin de evitar que algún problema que se presentare se agrave.

2.2.8 CAMPO.

Antes del trasplante a campo, es necesario realizar las siguientes actividades:

1. Preparación del terreno: Consiste en la limpieza del área con anterioridad y escogiendo terrenos preferiblemente planos o con poco declive, con suelos profundos y bien drenados.

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2. Marcación de los hoyos: Esta se efectúa conforme al espaciamiento escogido.

3. Preparación de los hoyos: Sus dimensiones como: ancho, largo y profundidad, pueden variar de 30 a 50 cm., mientras más grandes sean, estos ofrecerán mejores condiciones para que las plantas se establezcan en el campo.

Cuando las plantas de arazá alcanzan los 25 cm. de altura en adelante, dentro de los 6 meses después del trasplante, están listos para su traslado al lugar definitivo. Las plantas de menor tamaño o edad deben evitarse pues tienen dificultad para adaptarse y por ende encarecen los costos de cuidado de las mismas.

Después de un año, se trasladan las mudas al sitio definitivo, por poner un ejemplo, en el Puyo se han adoptado distancias de 3 por 3 metros, cavándose hoyos de 50 cm. de profundidad y 30 por 50 cm. de diámetro. El suelo es mezclado con 0,50 kg de estiércol.

Se recomienda quitar las malezas mensualmente en la plantación, incorporando la materia orgánica al suelo. Los resultados experimentales de fertilización sugieren que el abono orgánico con estiércol es preferible a los abonos químicos.

El espaciamiento adecuado de cualquier especie depende, entre otros factores, del tamaño y estructura de la planta, así como de la fertilidad del suelo en donde ésta se establecerá, si estos son suelos más pobres se pueden adoptar espaciamientos menores, en cuanto que en suelos de buena fertilidad, en donde hay un mayor desarrollo vegetativo, las plantas requieren de un mayor distanciamiento a fin de expresar mejor todo su potencial reproductivo. El Arazá se maneja en sistemas agroforestales definidos estos como sistemas de uso del suelo donde podemos relacionar árboles de diferentes especies con cultivos bajo un mismo espacio.

No obstante que el arazá es una especie de cierta rusticidad, adaptada a las condiciones adversas del trópico húmedo, responde favorablemente a todos y cualquier tratamiento en el campo, como acontece con diversas especies frutales. El

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arazá a pesar de la poca información disponible sobre el manejo más adecuado de la especie, es posible elevar significativamente su producción atendiendo algunas recomendaciones básicas reportadas por la literatura.

En principio, la fertilización del Arazá se debe formular en base a los requerimientos de las especies y la disponibilidad de nutrientes del suelo donde se establecerá. Una vez que se conocen los elementos minerales importantes y la proporción de ellos para cada especie, se procede al análisis del suelo a fin de identificar la deficiencia en nutrientes, para adicionarlos. Esta sería la manera más recomendable para proceder, sin embargo, como sucede con muchas frutas nativas de la Amazonia, no se conocen muy bien las necesidades nutricionales del arazá.

Debido a que la fertilización del arazá se ha desarrollado de forma empírica, con la fertilización orgánica en especial de estiércol, esto ha contribuido a elevar la producción, además de posibilitar una mejor distribución del suelo con una recomposición de la fauna del mismo.

Se recomienda la fertilización del arazá utilizando estiércol de gallina: en el primer año ya que este posee una gran cantidad de fertilizantes y se recomienda la aplicación de 1 Kg aproximadamente por planta cada tres meses; luego del segundo año, 2 kg por planta cada tres meses y así sucesivamente, aumentando un kg por cada año hasta que la planta tenga su vida útil según la climatología del sector.

“En Manaos (Brasil), estudiaron el efecto de la fertilización química realizada en cobertura después del primer año de la plantación, en la producción de frutos y desarrollo vegetativo de arazá en un lato-suelo Amarillo de textura media. Ellos comprobaron que a partir del cuarto año de la plantación, la fertilización mineral pasa a influenciar positivamente, suponiendo que la falta de respuesta en los años anteriores se debió al efecto residual del estiércol de corral aplicado en el hoyo (10 kg).Además, obtuvieron mejores resultados en las parcelas que recibieron mayores dosis de fósforo (60-180- 120 g de N2, P2O5 yK2O/planta), sugiriendo que entre los nutrientes estudiados es probable que el fósforo sea el principal elemento responsable

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del aumento en la productividad. Picón (1989), plantea una sugerencia, afirmando duplicar el rendimiento de la planta con una dosis de 800 g de urea, 600 g de superfosfato triple y 300 g de cloruro de potasio por planta/año”. (Alfaiaet al., 1988, p. 14).

En la Amazonia se recomienda no usar abonos químicos, pues se desconoce su posible repercusión sobre el medio ambiente. Además el coste de estas aportaciones puede no hacer viable económicamente el cultivo. En ensayos de fertilización los abonos químicos no influyeron ni en la formación de los frutos (entre 20 y 40 por ciento, promedio de 25 por ciento) ni en la producción total, lo que justifica no aconsejar su uso en la región.

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